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La simulación de Arlt: una teoría del teatro desde Saverio el cruel

In document Roberto Arlt en los años treinta (página 55-66)

De la simulación se alimenta el teatro y con ella suele tejer sus redes la novela. Si esas son las formas de producción intelectual que consiguen interesar a mayor número de personas, es precisamente, por la afinidad que existe entre la simulación artística y la simulación habitual del público en la vida ordinaria. Además, el teatro y la novela son útiles a todos los que luchan por la vida por cuanto constituyen una verdadera escuela de simulación, donde al mismo tiempo que se aprende a simular, apréndese a reconocer las simulaciones de los demás.103

José Ingenieros.

Un ejemplo paradigmático para pensar la propuesta teatral de Roberto Arlt lo constituye Saverio el cruel, pues allí, desde la idea de la simulación de José Ingenieros, Arlt delimita las formas de la representación y formula, en términos escénicos, una teoría dramática en 1936. En efecto, las teorizaciones que Ingenieros publica a

103 Ingenieros, José. La simulación en la lucha por la vida, Buenos Aires, Editorial Rosso, 1930,

principios de siglo,104 donde propone y desarrolla la cuestión de la simulación, uno de

los temas cruciales de la época en que se editaron,105 se retoman en la obra de teatro

muy posterior de Roberto Arlt. Ciertamente, no sólo la burla del grupo de jóvenes de esta pieza contra el mantequero reenvía a La Syringa, esa “peña de cachadas” que “el difunto literato José Ingenieros organizó, con otros animales de su especie”,106 tal como

el texto mismo lo manifiesta; también se reiteran y ponen en funcionamiento en Saverio el cruel algunos de los conceptos expresados en los textos de Ingenieros: la simulación de la locura, su disimulación ―o “sobresimulación” como llama Ingenieros al estado por el cual un “alienado verdadero” que comete un delito simula o disimula con algún propósito su condición―, el “simulador sugestionado” o “simulador de segunda mano”, al que “el impulso para simular le viene de otros individuos",107 la simulación que se

apodera del simulador y, finalmente, los simuladores “fumistas”, esos “sujetos intelectualmente superiores, hiperestésicos e hiperactivos a la vez, exuberantes de vida y de alegría, cuya ocupación característica es deleitarse en ‘tomar el pelo’ a sus semejantes, haciendo de ello un verdadero sport”.108

En efecto, la crítica ya ha señalado simetrías entre Arlt e Ingenieros. En su artículo sobre El amor brujo Aníbal Jarkowski establece estos vínculos,109 como

también Josefina Ludmer en su libro El cuerpo del delito. Para Ludmer, Ingenieros

104 En 1903, el médico criminólogo José Ingenieros publica por primera vez su tesis doctoral de

1900, La simulación de la locura, precedida por un texto que amplía sus conceptos y le sirve de introducción, La simulación en la lucha por la vida.

105 Véase: Salessi, Jorge. “La simulación de José Ingenieros”, en Médicos maleantes y maricas,

Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1995, pp. 133-147, y Terán Oscar. José Ingenieros: pensar la nación. Antología de textos, Buenos Aires, Alianza Editorial, 1986, pp. 7-104.

106 Arlt, Roberto. Saverio el cruel, en Obras completas, Buenos Aires. Carlos Lohlé, 1981,

tomo 2, p. 476.

107 Ingenieros, José. La simulación en la lucha por la vida, Op. Cit., p. 142.

108 Ingenieros, José. La simulación en la lucha por la vida, Op. Cit. p. 129. En esas páginas

agrega además Ingenieros: “Su derroche de actividad prueba que el fumista posee un superavit en la lucha por la vida. El inferior limítase a economizar, aprovechando útilmente lo que posee, para no ser vencido: el derroche revela superioridad. Esta última condición le permite gozar a los individuos que, no encontrándose en igual caso, luchan ineptamente por la vida; no le guía el propósito malsano de perjudicar a las víctimas de sus simulaciones: sólo busca el deleite mental de precipitar a otros en los despeñaderos de sus ficciones. [...] El fumista tiene, casi siempre, el orgullo de su propia superioridad; eso, en ciertos casos, le hace cruel para con inferiores vanidosos que elige como víctimas de sus fumisterías”. La obra de Arlt revela, en este sentido y como oposición a Ingenieros, que el fumista es un loco: Susana, la organizadora de la burla, está en verdad loca.

109 Jarkowski, Aníbal. “El amor brujo: la novela “mala” de Roberto Arlt”, en Graciela Montaldo

presenta, en este sentido, “un campo común” “con el tratado de la simulación y el delito de los locos y monstruos de Arlt (con Los siete locos y Los lanzallamas, 1929 y 1931)”.110 “En Arlt ―afirma la autora más adelante― insiste la serie de Ingenieros (o

los límites de la simulación y sus combinaciones): la locura se puede simular, y los simuladores se pueden enloquecer y pueden llegar al delito”,111 aseveración que la lleva

a considerar Saverio el cruel. En este sentido, Ludmer expone dos tesis sobre esta obra que se leen a partir de la cita arltiana de Ingenieros y de las continuidades entre la burla presentada en Saverio el cruel y los titeos de La Syringa. Se trata, en primer lugar, de cómo el drama de Arlt pone en juego una serie de torsiones por las que la representación da vuelta su lógica: “Todo depende de cuantas vueltas o torsiones se haga dar a ‘la representación’ o simulación, un fenómeno de varias caras o un arma de doble filo, siempre presente en Arlt. Y que decide o no si se la lee como máquina de exclusiones. La niña bien, loca y simuladora, mata al pobre mantequero en la estancia: allí la Syringa funciona como un mecanismo de exclusiones sociales, de arriba hacia abajo; [...] Pero si el mantequero ‘es’ lo que simula en su ‘locura’, si es Saverio el cruel [...] la representación se da vuelta” y “ejecuta otro tipo de exclusión, política.”112 La segunda

tesis, ―un poco más difícil de comprobar si sólo se constata, como hace Ludmer, la preocupación de los personajes por que Saverio simule su papel de coronel a partir del cine―, considera la presencia del cine y del psicoanálisis en Arlt, o, más precisamente, los modos en que “La teoría de Arlt de la simulación-representación pasa por el cine y el psicoanálisis, o por el psicoanálisis del cine, y por eso se acerca a la teoría de Lacan y al cine de Hitchcok”, en el sentido de “decir la verdad fingiendo”.113

Ahora bien, al trazar estos vínculos entre los simuladores de Ingenieros y los de Arlt, Ludmer permite interrogar (aunque ella no desarrolle el problema) si a partir de esta idea de la simulación podría pensarse la representación y el teatro arltiano. También Horacio González, que sigue en muchos aspectos la interpretación de Ludmer y señala

110 Ludmer, Josefina. El cuerpo del delito. Un manual, Buenos Aires, Libros Perfil, 1999, p. 126.

Con respecto a Los siete locos y Los lanzallamas Ludmer señala a propósito de la relación con

Ingenieros: “El mundo brechtiano y capitalista del Chicago de Ingenieros con la simulación de

los mendigos, también está en Arlt, en los Espila como simuladores de mendigos ‘víctimas de la ciencia’ ” (p. 127); en otro lugar, también afirma: “Arlt transforma la teoría de la simulación de Ingenieros de 1900 en una ficción politizada de los años veinte: la simulación, la locura y el delito con el dinero, el plan y ‘la revolución’” (p. 128).

111 Ludmer, Josefina. El cuerpo del delito. Un manual, Op. Cit., p. 126

112 Ludmer, Josefina. El cuerpo del delito. Un manual, Op. Cit., p. 362.

además que en Saverio el cruel la simulación produce y “es la forma misma” de la metamorfosis del yo en sus personajes,114 deja en suspenso esta cuestión cuando analiza

la pieza teatral de Arlt.

Por lo tanto, en las páginas que siguen, se intenta dar cuenta del tema de la simulación considerando el hecho de que Saverio el cruel es una obra de teatro ―género que consiste, por otra parte, en que unas personas reales, fingen que son otras, escritas por un autor―, para estudiar cómo en esta obra se conjugan las ideas acerca de la simulación de Ingenieros con una poética del teatro de Arlt o, para ser más precisos, los modos en que algunas ideas de Ingenieros retomadas por Arlt ponen de manifiesto, permiten leer e intervienen en la construcción de una poética del teatro y una teoría dramática en la obra de 1936. ¿De qué modo esta teoría dramática implícita sirve para pensar el funcionamiento del teatro de Arlt y también su interés por el teatro?, ¿cómo se simula en Saverio el cruel?, ¿de qué manera se establece la relación entre el espectáculo y el público?, ¿cuál es la reacción de los espectadores ante lo representado?, ¿cuál es la función de la simulación-representación de ese teatro montado dentro del teatro?, ¿qué ideas tiene Arlt de la función actor?, son algunas de las preguntas que guían este apartado.

En principio, podemos decir que el estatuto de la simulación adquiere en Arlt un énfasis que lo separa de Ingenieros, aún si en su origen la noción es la misma o parecida, y que en su obra se inscriben otras connotaciones que remiten a su propuesta dramática. Así, en primer lugar, Saverio el cruel destaca y acentúa las reacciones y los efectos que produce la simulación: la reacción de Saverio ante la primera representación de Susana cuando se entera de que está loca, el giro de su personalidad ante su propia simulación, el impacto que sufren los jóvenes organizadores de la farsa ante la actuación del mantequero convertido en Coronel, la simulación final de Susana ―o “sobresimulación” como clasificaría Ingenieros a un alienado delincuente que simula o disimula esa condición― por la que ella, estando en verdad loca, “engañó a todos”. Por otra parte, ya desde el comienzo los personajes se interrogan por esos efectos ―“y ustedes no piensan como puede reaccionar el mantequero...” afirma Julia―, y la obra muestra cómo la simulación organizada por el grupo de jóvenes resulta una acción

114 González, Horacio. “Simulación y metamorfosis en el teatro de Roberto Arlt” en Pellettieri,

orientada a producir una reacción ―“yo pongo enormes esperanzas en la reacción que puede provocar esta farsa”, afirma Pedro, otro de los personajes―.115 A partir de aquí,

puede verse nuevamente que es justamente esa capacidad de “acción” y de “reacción” de personajes y espectadores que el teatro posibilita, ―en cierta manera la metamorfosis de la que habla González a propósito de Saverio el Cruel― lo que Arlt encuentra útil en el drama para su proyecto teatral, como aparecía en las teorizaciones sobre la novela comentadas anteriormente.116 En esta pieza, es la acción representada en

el primer acto, la primera simulación de Susana frente a Saverio, lo que insta al mantequero a participar de la farsa, lo que genera su reacción; también es la acción de figurarse un Coronel lo que transforma a este personaje de simple mantequero en un tirano de opereta. Saverio el cruel, por lo tanto, pone el énfasis en las “acciones” y “reacciones” que propicia la simulación. Es decir, en relación con Ingenieros, el teatro de Arlt presenta una puesta en extremo de la cuestión de la simulación en función de su capacidad para producir un efecto, tal como afirma Susana, antes de la escena preparada en la que planean cortarle la cabeza al Coronel: “No conviene que un autor hable de su obra antes de que el desenlace horripile a la concurrencia. Lo único que les digo es que el final les divertirá bárbaramente”.117 Aquí nos encontramos nuevamente con la

preocupación por generar un efecto en el espectador, que el final “horripile”, “divierta”.118 En el caso del verbo “divertir, hay que considerarlo en sus dos sentidos: en

el sentido de “hacer reír” ―pues una alienada puede suponer que un asesinato predispone para ello―, y en el otro sentido de “desviar la atención”, “retener el interés”. Esto último nos reenvía nuevamente al proyecto teatral de Arlt: aquí se describe muy bien la mecánica de los desenlaces sorpresivos de muchas de sus piezas dramáticas, con escenas que “desvían la atención” y “horripilan”, en muchos casos ―recuérdese por ejemplo el final de Trescientos millones y el de La fiesta del Hierro, por ejemplo―.

Otro de los modos por los cuales en Arlt el estatuto de la simulación resulta diferente de la de Ingenieros y aparecen en su pieza otras connotaciones que, a la vez que muestran las preocupaciones del autor de teatro, se distancian del primero, tiene que

115 Arlt, Roberto. Saverio el cruel, Op. Cit., p. 467.

116 Arlt, Roberto. “Confusiones acerca de la novela”, Op. Cit.

117 Arlt, Roberto. Saverio el cruel, Op. Cit., p. 476-477

118 En este sentido, también afirma Susana con respecto a los modos en que la simulación

moviliza: “...quiero seguir siendo loca, porque siendo loca pongo en movimiento a los cuerdos, como muñecos”. Véase: Arlt, Roberto. Saverio el cruel, Op. Cit., p. 484.

ver con el carácter peligroso de la simulación. Hay todo un campo en Saverio el cruel

donde representar y simular se cruzan con soñar. En la escena VII de Saverio el cruel, Susana le dice a Saverio una vez que éste confiesa conocer la farsa y demuestra que es capaz de actuar y posesionarse del papel de coronel: “Usted sí que es capaz de soñar. Vea que mandar a fabricar una guillotina”, con lo cual el soñar está homologado a esa aptitud de asumir como propio un papel que se representa, es decir, en ese sentido el sueño es también representación y simulación (en “El traje del fantasma” también hay simetrías entre sueño y simulación). Entonces, el paralelo que el propio texto formula entre representación, simulación y sueño, permite leer también en Trescientos millones

una teoría dramática; es decir, esta pieza, también puede orientarnos acerca de la concepción de Arlt sobre el teatro.

En este sentido, en las dos obras teatrales puede rastrearse la idea del riesgo que es la contrapartida del sueño y la representación o simulación. Simular ser loco convierte, a quien simula, en loco. A Saverio, simular, soñar, lo lleva a la muerte, igual que a la Sirvienta de Trescientos millones. Simular-representar-soñar es peligroso porque se alteran o se confunden los órdenes de lo real y lo imaginario, de lo verdadero y de lo falso. “―No he valorado mi capacidad real para vivir lo irreal”,119 afirma

Saverio y ese conflicto y los riesgos de abrir con el teatro un mundo de sueños son tematizados aquí. Este matiz, que no está en Ingenieros (en el médico criminólogo el énfasis está puesto más bien en las ventajas de la simulación en la “lucha por la vida”) se relaciona con una idea que está en Saverio el cruel: la del teatro como “fábrica de mentiras”, como “engaño”; resuena así, nuevamente, la aguafuerte de Arlt sobre “La inutilidad de los libros”.

De este modo, como también analizábamos en el apartado anterior, si el teatro y la representación pueden ser peligrosos porque se corre el riesgo de asumir como propio un papel que se inscribe en el orden de la ficción, si el énfasis de Arlt se coloca en el efecto o la “emoción” ―hasta cierto punto catártica― que provoca en el público una obra donde se privilegia la representación de “acciones” y “reacciones”, esto se diferencia del propósito de “educar al pueblo” por el teatro: el acento está en otro lado, no en la potencia pedagógica que propugnaba Barletta. Lo que sí se corresponde con la propuesta del teatro de Barletta en esta poética dramática que es Saverio el cruel, es la

idea sobre la función del actor. Una buena actuación es la que plantea una consustanciación del actor con lo representado. Susana ―“una gran actriz que le pone frío el corazón a uno”―120 y Saverio, comediante trágico, ofrecen lo que sería en

términos de Barletta una representación “sincera”, y constituyen por ello “un carácter” que “interesa y emociona por la fuerza y sinceridad de su pasión...”, “una interpretación” que produce “en el ánimo del espectador la impresión duradera que la genuina obra de arte causa”.121

Pero volviendo a los vínculos entre Saverio el cruel y los textos de Ingenieros, cabe destacar que en Arlt la simulación es literaria, o, en otros términos, los locos y simuladores de Arlt lo hacen con un lenguaje literario y con materiales tomados de la literatura: lo que se representa surge de la literatura y de la cultura libresca. Este carácter de la simulación no está contemplado en las obras del médico criminólogo sobre el tema, pero sí en la cultura finisecular argentina y de principios de siglo, en el modernismo decadentista, por ejemplo, que propugna la pose del escritor decadente inaugurada con Oscar Wilde: que “la vida imite al arte”.

Escenas de un grotesco, el boceto teatral que Arlt publica en la Gaceta de Buenos Aires, es una primera versión de Saverio el cruel;122 este texto representa una

prueba más de la cita arltiana de Ingenieros, y a la vez muestra de modo evidente cómo los locos de Arlt simulan y encuentran su inspiración en retazos literarios. A diferencia de Saverio el cruel, esta pieza se desarrolla en un instituto de enfermos mentales.123 El

Director del Instituto presenta ante un grupo de periodistas “la obra colectiva en la que

120 Esta cualidad y la autoría del drama planeado para el mantequero le confieren a Susana en la

pieza atisbos de genialidad y de ella se afirma que tiene “temperamento artístico” como de los jóvenes que la secundan que “nos estamos haciendo célebres”, frases donde resuenan otros temas finiseculares constantemente referidos por Ingenieros: el parentesco entre genio y locura, “la neurosis de los hombres célebres”.

121 Barletta, Leónidas, Viejo y nuevo teatro, Op. Cit., p. 30.

122 Arlt, Roberto. Escenas de un grotesco, en Gaceta de Buenos Aires, I, n° 2, 4 de agosto de

1934. Reeditado en Proa. En las Letras y en las Artes, n° 30, julio/agosto 1997.

123 Mirta Arlt (Arlt, Mirta. “La locura de la realidad en la ficción de Arlt”, en Pellettieri, Osvaldo

(Ed.) Roberto Arlt. Dramaturgia y Teatro Independiente, Op. Cit.) asegura que fue a instancias

del teatro de Leónidas Barletta que Arlt cambió la situación del primer acto: “En esa fría noche de 1936 Arlt supo [...] que a Saverio el cruel le aguardaba el retorno a las exigencias del Teatro del Pueblo, que, en efecto, impuso la situación del primer acto, con personajes de la burguesía [...], en lugar de la celebración de un aniversario del manicomio donde los internados eran autores y actores del evento, tal como ocurría en el libro que fue la génesis de esa pieza. En efecto, a mi padre, que era un ser de izquierda sentimental, le molestaba profundamente la sujeción a una estética heterónoma y mensajista” (p. 23).

culminan los experimentos psiquiátricos realizados por este instituto frenopático”;124 allí

se pondrá en escena la “representación de una tragedia escrita por un demente”, cuyos actores “han sido seleccionados entre los más conspicuos enfermos mentales que alberga el Instituto”. En la Escena III, y en un episodio de teatro dentro del teatro que es el germen de la simulación de Susana en Saverio el cruel, asistimos a la obra de “los locos”. En ella, el texto se aparta del orden del discurso cotidiano y del “lenguaje de la

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