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Una «communitas» de memoria y esperanza: el rito en la Unidad de San Camilo

del acompañamiento en el duelo

7.6. Una «communitas» de memoria y esperanza: el rito en la Unidad de San Camilo

Hemos querido concretar todo lo dicho en este punto con la exposición de dos rituales que se llevan a cabo en la Unidad de Cuidados Paliativos de San Camilo desde hace algún tiempo. La celebración, podríamos decir, constituye un rito o un conjunto de ritos que aprovecha todos los significados que están en juego desde esta experiencia liminal.

En comunicación personal, X. Azcoitia, una de las personas responsables de la reflexión y puesta en marcha de los ritos, nos dio las claves necesarias y que nos parece muy interesante explicar aquí brevemente.

La idea de fondo es que la experiencia ha hecho que las personas acompañen a sus familias y, al mismo tiempo, que acompañen a otros, fomentándose de este modo un sentimiento compartido que se genera de manera espontánea desde la coincidencia. La muerte conlleva una separación de los familiares de esta comunidad espontánea que no suele tener rito, con lo que se acentúa la sensación de soledad.

Dado que, además, los ritos de después de la muerte suelen ser rápidos, por lo «defensivo» que suele ser el tratamiento de la muerte en nuestra sociedad, hecho en el que coincide la totalidad de los tanatólogos o personas que tienen que ver con el acompañamiento en el duelo de nuestro país, esto deja sin un satisfactorio momento de despedida a la familia. Uniendo ambas cosas, y para facilitar un ritual de memoria y despedida, tanto del ser querido fallecido como de la propia unidad, se optó por la organización de un rito único, en el que las personas convocadas eran los familiares de los fallecidos en el curso de tres meses anteriores en la Unidad.

El espacio del ritual es un salón del Centro San Camilo que se encuentra justamente debajo de la Unidad donde falleció el ser querido. Este hecho facilita la memoria y la conexión. Dice Azcoitia que la mayoría de los funerales no tienen nada que ver con el difunto. En efecto, suelen ser celebraciones descontextualizadas. En este caso, la proximidad con el lugar de la muerte favorece la conexión.

El lugar se prepara de modo especial, disponiendo un número de sillas en semicírculo, siendo esta forma la parte inferior de un corazón. Se ponen unas flores al fondo de la sala dispuestas en forma de corazón. Forma que no se ve a simple vista, a menos que se levanten las personas participantes en el rito. La forma del corazón tiene el sentido de referirse al lema de San Camilo que sin duda ellos conocen: «más corazón en las manos». En la sala se disponen velas que, cuando sean encendidas, serán colocadas sobre el agua de una tinaja grande dispuesta también al comienzo del rito. Las velas en el agua serán el componente esencial simbólico del rito.

Las personas invitadas al rito son los familiares, los encargados de estas ceremonias y el personal médico o de asistencia de la unidad, que asisten con los atuendos propios para facilitar la continuidad.

El tiempo es un viernes o un sábado por la tarde y, como ya hemos dicho, pasados tres meses del fallecimiento. La duración del rito es indeterminada. Azcoitia dice que no importa lo que tarden, porque se trata de dar tiempo y espacio para la memoria y la despedida.

La narración del símbolo la hace un miembro del equipo. No es una explicación, sino un modo de hablar de la experiencia del abandono significada desde la imagen de un acantilado. La idea es que desde arriba del acantilado vemos estrellarse las olas, y ello produce una sensación de temor que impresiona. El símbolo invita a contemplar el paisaje desde otro lado, desde el mar que va hacia la costa. Se les invita a considerar a la persona querida como abandonándose encima de una ola y siendo llevado por ella, descansando en ella. Las velas que se encenderán significarán a la persona que despiden, y la vela se dejará flotando en la tinaja. Cada persona va encendiendo la vela en el momento en que se sienta bien para hacerlo.

El momento de expresión verbal viene al ser invitados a expresar lo que se quiera, en un contexto de memoria y de despedida. Lo que les parezca sobre el difunto, o bien lo que ellos quieran desde su tradición religiosa, siendo un rito abierto a todas las confesiones y a ninguna en particular. Es un acto de movilización del espíritu, no necesariamente religioso.

Al final de la celebración hay dos gestos más. Los participantes son invitados a llevarse una flor del fondo de la sala y a entregarla a alguien como signo de vida y de entrega de vida. Por último, el rito termina en mesa compartida, lo que le da un sentido familiar. El rito es único, supone la despedida de los participantes de la Unidad.

Muchos de los que participan en la celebración, suelen decir después que consideran que el verdadero funeral fue este, dice Azcoitia, cuestión que, por un lado, sirve para pensar que los funerales no están sirviendo y, por otro, nos da pistas para que sí sirvan.

El segundo rito ocurre una vez al año, coincidiendo con el día mundial de los Cuidados Paliativos, y también tiene lugar en San Camilo. En el contexto de la jornada de «Familia y Cuidados Paliativos», que lleva celebrándose varios años, se pone en acto lo que se puede llamar una «tarde de rito». El hecho sencillamente explicado es que se invita a todos los familiares de fallecidos en ese año a un rito de memoria que consiste en lanzar globos a lo alto con un post-it con mensajes para los seres queridos. Se trata de un gesto compartido, y el rito un memorial simbólico.

familiares reciben un globo de manos de un voluntario de la Unidad de Cuidados Paliativos donde falleció su ser querido. Los nombres de los fallecidos se unen, y todos ellos son lanzados a lo alto sin diferencias. Una vez salidos, los globos escapan al control, lo que da sentido a la despedida.

Es importante el lugar donde se celebra el rito: la puerta de la unidad donde su ser querido falleció.

El tiempo es especial y nos une con personas de todo el mundo que celebran lo mismo el mismo día.

Todo ello va precedido de un acto musical y cultural en el que se escuchan canciones, poemas y cuentos, y viene seguido de una copa de cava y una eucaristía para las personas que quieran.

Es un acto cuasi-litúrgico, en el que hay presidente y ministros, y es además un acto público, no intimista. No es privado sino que cada difunto se une a otros con los que, posiblemente, incluso coincidió.

Como se ve, los elementos que mencionamos anteriormente (símbolo, acto, palabra, tiempo, testigos...) aparecen y se relacionan de forma rica, proporcionando no solo belleza al rito, sino, además, eficacia.

[1]. R.A. Neimeyer, Aprender la pérdida, Paidós, Barcelona 2007, pp. 109-114.

[2]. http://www.catalunyareligio.cat/articles/3880

[3]. G. Humphrey – D. Zimpfer, Counselling for Grief and Bereavement, SAGE, New York 2006.

[4]. Op cit.

[5]. http://www.yaledailynews.com/news/2012/may/27/keegan-oppo site-loneliness/

[6]. K. Doka, The Power of Ritual: A Gift for Children and Adolescents, en K. Doka – A. Tucci (eds.), Living with Grief: Children and Adolescents, Hospice Foundation of

America, Washington, DC 2008, pp. 287-295.

[7]. Helman, citado en J. PEARS, «Bereavement-rituals-in-counsel ing-psychotherapy», en Bereavement Rituals, 2012.

[8]. D. Brin, «The use of rituals in grieving for a miscarriage or stillbirth», en J. Pears, op. cit., p. 26.

[9]. Avalado por varios de los autores más importantes del mundo en materia de duelo en la actualidad: Prigerson, Bonanno y Neimeyer, entre otros. H.G. Prigerson – M.J. Horowitz – S.C. Jacobs – C.M. Parkes et al., Prolonged Grief Disorder: Psychometric Validation of Criteria Proposed for DSM-V and ICD-11, (2009), en línea,

http://www.plosmedicine.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pmed.1000121

[10]. T. Rando, Creating Therapeutic Rituals in Bereavement Psychotherapy 22 (1985), 236-240.

[11]. Op. cit.

[12]. L. Nomen, Tratando el proceso del duelo y del morir, Pirámide, Madrid 2008.

[13]. M. Allué, «Ritualizar la pérdida»: Anuario de Psicología 29/4 (Universitat de Barcelona 1998), 67-82.

[14]. Op. cit., pp. 101-103.

[15]. K. Kobler – K. Kavanaugh, «Meaningful Moments: The Use of Ritual in Perinatal and Pediatric Death»: American Journal of Maternal Child Nursing (MCN) Vol. 32 - Issue 5, 288-295.

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