2.1 ¿Una historia contada desde las pérdidas?
2.3. Las diferentes miradas sobre la pérdida
2.3.3. Mirar y crecer: la mirada evolutiva
Todas las personas estamos sujetas casi continuamente a cambio, desarrollo o evolución. En la dinámica del crecimiento, las crisis originadas cuando perdemos son parte de un estado nuevo o de una nueva síntesis de nuestras vidas.
Mirando las cosas que tuvimos que perder para crecer, comprendemos que es posible crecer desde una nueva pérdida. Desde un enfoque de desarrollo evolutivo en el que la identidad se fragua en la dinámica de crisis, las pérdidas amenazan el sentido de identidad, pero no lo rompen. El que se rompa es quizá uno de los miedos más comunes en el tiempo del duelo. Miedo que se expresa de modo sencillo con preguntas como
¿Qué voy a hacer ahora? o ¿qué va a ser de mí? Y también de modo doloroso, con la
sensación de no poder superar el duelo o de que este va a ser demasiado para uno mismo.
Las pérdidas son parte de la vida, del ciclo vital. Esta afirmación es fenoménica: tiende a considerar el hecho como algo que hay que aceptar del mismo modo que se aceptan los bienes; pero, como señala Neimeyer, forman parte de nuestra identidad las que hemos vivido y nos hacen ser quienes somos.
Al enumerar los diferentes tipos de pérdidas se habló, más arriba, de cómo hay algunas que se asocian a unas etapas de la vida. Ahora bien, el hecho es que, aun siendo así, si nos fijamos en el mismo hecho de perder, en la naturaleza de la pérdida, no cambia en función de la fase de la vida en que uno se encuentre: no es mejor en la edad adulta que en la niñez.
En realidad, aceptar que hemos perdido, elaborar este hecho, recuperarse..., todo ello forma parte de un punto de vista negativo de las pérdidas que podemos llamar «defensivo». Erls Footman[13], en la revista «Mortality», señaló que todas las teorías sobre el duelo y las prácticas no dejan de ser una manera de tratar de devaluar la pérdida, como si esta fuera una amenaza de la que defenderse en general.
¿Es posible abrir un enfoque no defensivo? La respuesta es afirmativa. Es posible contemplar con ojos que nos ayuden a ver la pérdida como algo que no es negativo ni positivo, sino que está en la dinámica misma del crecimiento, de modo que sin crisis no se puede crecer.
de desarrollo de la personalidad en el que la persona va adquiriendo una serie de logros, o bien deja de adquirirlos y se estanca. La cuestión que nos ocupa aquí es que la identidad necesita ser puesta en crisis antes de cambiar de estadio de desarrollo. En el proceso de las crisis se suele poner en cuestión el logro más preciado del estadio anterior. La resolución de cada etapa acarrea una pérdida, podríamos decir, de ese logro anterior; pero de este modo las personas vamos avanzando.
La crisis es para Erikson la antesala de una pérdida que pide ser asumida para poder avanzar, como si para crecer hubiera que decrecer al mismo tiempo. En realidad, es parte de la sabiduría popular entender que crecer es parte de dejar partir o comprender que «no volverá el tiempo del esplendor en la hierba».
La pérdida evolutiva es parte del crecimiento. Es cierto que solo hablamos de un tipo de pérdida; pero se entiende, desde Erikson, que si esto es así como dinámica de crecimiento, es posible asumir las otras pérdidas del mismo modo.
Un continuador de la obra de Erikson es James Marcia[15]. Centrándose en la etapa de la adolescencia, Marcia buscó la forma de comprobar y ampliar el pensamiento de Erikson, para lo cual expone el papel de las crisis en el crecimiento desde la necesidad del ser humano de explorar. Su teoría de los estados de identidad muestra cuatro maneras diferentes de afrontar las crisis:
1. Demorar las crisis, ignorando sus llamadas de atención.
2. Resolverlas deprisa, dejando su resolución en manos de otro.
3. Eternizarnos en ellas.
4. Transitar conscientemente por ellas.
Estas cuatro formas dan lugar a cuatro estados de identidad. Estos diferentes modos de construirse son modos diversos de afrontar ese tipo de crisis de crecimiento que viene con el duelo. Cuatro formas diferentes de vivir el duelo, por tanto.
Los ritos de paso ayudan a la persona a dar carta de naturaleza a la crisis y encaminarse a una resolución personalizada de la misma, como luego veremos. La teoría de los estados de identidad de Marcia da a entender que se puede vivir la conexión con la propia identidad de varias maneras sin necesidad de contemplar la pérdida. En este sentido, Erikson es mucho más tajante: si no se pierde lo ganado, o se pone uno en riesgo de perderlo, no se produce crecimiento, sino estancamiento. Por eso Erikson hablará de los ritos de paso y del origen del rito como algo que sirve al crecimiento de la persona.
Plaxats y Millán[16] comentan que el cambio constante en el que vivimos nos lleva a dar la bienvenida a muchos aspectos nuevos, algunos de ellos desagradables, a la vez
que implica que el cambio nos invita a despedirnos constantemente de aspectos que hasta el momento han sido importantes y, al mismo tiempo, a ver cómo podemos aprender de todo ello.
Será la sabiduría, una de las fortalezas personales que Seligman menciona, la que establezca una relación entre crecer con las pérdidas y la espiritualidad.