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5 Los ritos

5.4. Elementos de un ritual

Un ritual es una acción compleja en la que entran palabras, gestos, un lugar, un tiempo

determinado y un entorno que hacen que el que participa en él sienta que se encuentra

en un ámbito diferente y se disponga a vivir lo que es propio de este significativo contexto. La conciencia de haber atravesado un umbral, la liminalidad de la que hablábamos, viene facilitada por los elementos del ritual. Vamos a recorrer estos elementos.

5.4.1. Un espacio

Ken Doka[12] afirmó que los cementerios son un «lugar perfecto para rituales», debido a las «significativas conexiones familiares, espirituales y culturales» que le caracterizan. Familias agrupadas para incluir múltiples generaciones pueden verse como un lugar de conexión espiritual con los seres queridos difuntos. También los cementerios funcionan como espacio ritual para individuos y familias durante el día de los difuntos, por ejemplo.

Lugares especiales que fueron visitados o amados por el difunto pueden considerarse también un espacio sagrado. Por ejemplo, un lugar que asociado a un significativa recuerdo (primer beso, lugar de vacaciones, lugar donde se produjo la muerte...) probablemente encerrará más significado para llevar a cabo el ritual que cualquier otro lugar. Es frecuente hacer significativo este lugar marcándolo con algún objeto. Por ejemplo, cuando se planta un árbol en un lugar favorito del ser querido, o se pone un ramo de flores en el lugar de un accidente o, en otro orden de cosas, un corazón y unas iniciales esculpidos sobre un árbol.

El espacio virtual de Internet nos ha ofrecido modos virtuales de marcar espacios. Hay rituales virtuales (memoriales, hacer o pedir una oración, encender una vela en pantalla, etc.) que son cada vez más populares hoy en día, porque proporcionan a las personas una forma de dar expresión a sus sentimientos y proporcionan a las familias y grupos geográficamente dispersos una forma de reunirse y participar.

Sin embargo, Doka señaló también que, debido a la «naturaleza no reglamentada de Internet, el papel terapéutico de dichos memoriales puede verse comprometido si se publican historias negativas o rumores sobre el fallecido».

5.4.2. Un tiempo

Del mismo modo que en el resto de la vida, lo que solemos marcar, además de los espacios, son las fechas del calendario. En el duelo, esto ocurre de tal modo que a veces las fechas de antes desaparecen, y solo quedan fechas relacionadas con el difunto, a

quien se recuerda todos los días del mismo número, o todos los lunes... Si la muerte vino precedida de enfermedades, se señala en el calendario todo el proceso. El tiempo del rito no se refiere a esto, aunque tiene en cuenta las distintas fechas significativas.

Al hablar del tiempo sagrado, nos referimos al hecho de que hacer el ritual implica entrar en un tiempo sagrado, un tiempo aparte de la percepción mundana cotidiana de la realidad, para avanzar en una realidad sagrada temporal. En el ámbito secular, Csikszentmihalyi llama a este tiempo el «flow», tiempo de fluir, en el que el tiempo pasa con una cadencia especial y redunda en una concentración enfocada, donde nada más se percibe, excepto para la tarea que se traiga entre manos.

En un nivel ritual, el tiempo sagrado está entrando en una estructura rítmica de liminalidad que requiere un período de tiempo determinado para facilitar el proceso de integración psicológica.

Miller, terapeuta jungiano y creador del Proyecto Phoenix (un proceso de integración de la pérdida de doce semanas, basado en antiguos ritos de iniciación y de transición), explica que «los seres humanos no están pensados para vivir en tiempo sagrado. Hay solo dos maneras de entrar en liminalidad: o bien viéndose empujados a ella de golpe por alguna tragedia, o bien siendo dirigidos ritualmente». Además, explica que durante el tiempo sagrado lo reprimido vuelve (lo que se necesita resolver), los dioses hablan (sucesos inexplicables brindan una oportunidad para transformar su energía psíquica más profunda), y los contrarios se encuentran (integran aspectos fragmentados). Así, el tiempo sagrado va más allá de la hora y trasciende el tiempo y el espacio.

En otro orden de cosas, al hablar de tiempo del rito asumimos que separamos o reservamos tiempo suficiente como para poder vivir sin prisas todos los elementos. Por eso, para otros autores el rito se relaciona más con la fiesta que con el tiempo sagrado. Por lo común, el tiempo de fiesta no se mide del mismo modo que el tiempo secular. Es el tiempo sin prisa, por el carácter de exceso que conlleva el concepto de fiesta, de derroche de vida. Por eso, con frecuencia los rituales colectivos de duelo se denominan «celebraciones», y entonces su contenido no es el duelo, sino el símbolo de la transición.

5.4.3. Unos testigos

La importancia de los testigos del proceso ritual ha sido señalada por Garrick[13], que escribió extensamente sobre el papel de los testigos en los rituales de duelo. Habla de «las dos funciones fundamentales de los testigos de los rituales de duelo, que son: 1) conceder a los dolientes permiso para revelar quiénes y qué son; y 2) validar las autorrevelaciones de los dolientes». También Neimeyer habla en el mismo sentido.

es seguro y apropiado hacerlo. Al mismo tiempo, dice que es necesario ser observado en el ritual por una red de interlocutores: una promulgación ritual debe ser recibida por otros, quizás el Totalmente Otro (Dios), tal vez los ancestros, tal vez el poder, tal vez un acompañante en duelo...»

En todo ritual espontáneo (¡cuánto más en los organizados!) la presencia de testigos añade fuerza a la carga simbólica, ya que, en cierto sentido, los testigos avalan y permiten el duelo, pero además escuchan la narración del símbolo y buscan compartirla de algún modo. En los rituales personalizados esto tiene una gran importancia para no acentuar el dolor del aislamiento producido por la pérdida.

Hay algunos rituales cuya función consiste en reparar un daño o cerrar heridas pasadas que, vividas en presencia de testigos, adquieren esa fuerza de la que hablamos. Falicov, a quien luego nos referiremos, habla de los rituales de testimonio, que son un modo ritual de procesar abusos sufridos, violencias o traumas infligidos. En este tipo de situaciones, la presencia de testigos valida la queja y la rabia, dando lugar a la elaboración de estas.

Lo mismo ocurre con la reconciliación. No en balde, la liturgia católica ha buscado un modo de reconstruir lo dañado desde la reconciliación, que incluye un testigo al menos del deseo de reparación. Ritos de purificación colectivos ya asumen que son vividos de manera compartida y no precisan de añadidos, pero son algo diferentes.

Doka (2008) indicó que realizar un ritual de reconciliación es una forma de resolver los asuntos pendientes entre los supervivientes y los fallecidos. Puede incluir prácticas de perdón, donando dinero, flores o comida en memoria de alguien, o liberar el pasado a través de la expresión (arte, música, diario...).

El duelo, suele tener en su proceso algo que sanar o recuperar en la relación con lo perdido. Sea una persona o sea una forma de vida, la culpa aparece como la manifestación de que algo no está conforme, más allá de otras cuestiones por las que aparece el sentimiento de culpa.

5.4.4. Unas palabras

La acción simbólica vive de la narración del símbolo. Si el símbolo es la quintaesencia del rito, la palabra que expresa el origen primordial del símbolo es parte de este. Si de lo que hablamos es de un símbolo compartido, entonces la palabra expresa el origen primordial, y en ocasiones se fija en fórmulas. Estas fórmulas se repiten para dar marco al rito. Las canciones de los distintos ritos, por ejemplo, son una forma de narrar el símbolo. Los silencios también forman parte de la comunicación ritual.

Una cosa importante a tener en cuenta en los ritos que acompañan el duelo es que los dolientes se dirigen al difunto, al poder divino o a algo diferente. Con frecuencia, esperando respuesta. Una respuesta que forma parte de la intención que se persigue al celebrar un ritual, especialmente si se pretende conectar con el difunto.

En el duelo es habitual elegir palabras especiales para significar mensajes últimos, y por eso el epitafio o lo que se escribe encima de una lápida es significativamente, además de una forma de marca, un espacio sagrado, una forma de comunicar con el difunto y con quienes contemplen la lápida[14]. El mismo momento de ir a poner la lápida ha pasado a ser un rito más para muchos dolientes, que lo significan de modo especial con presencia de testigos y pronunciando unas palabras propias de la ocasión.

Hablar del difunto es una forma de símbolo que se ha llamado informal y que suele suplir a otros símbolos. Se han señalado en numerosas ocasiones los beneficios que conlleva el que los dolientes sean escuchados al hablar de sus seres fallecidos o al cantar canciones que eran significativas para ellos.

El ritual, como dirá Rogers, tiene un componente de magia buena que hace que las personas lo vivan tanto como el modo de hablar o como el modo de encontrar respuesta de sus seres queridos. De hecho, es corriente que un rito determinado se abandone cuando no se obtiene respuesta.

Narrar la historia del símbolo forma parte de fórmulas verbales fijadas en un rito. Así ocurre con la Shemá, que forma parte del acompañamiento en el duelo en el contexto judío. Al contar la historia primordial del símbolo, tanto la persona que la refiere como los testigos vuelven a tomar conciencia de su relación con esa historia.

El siguiente testimonio habla también del origen de un símbolo. En este caso, al servicio de un recuerdo, de un modo de conectar con un ser querido y con su legado.

«Hubo un día en que me encontraba muy mal y me vi andando sin rumbo. Era uno de esos días en que la tristeza te agarra por los pies y te lleva a llorar sin lágrimas, pero con un peso que parece insoportable. Cada paso es una agonía, porque el pesar se hace lo que significa: pesar; y los kilos de soledad y sinsentido acumulan la gravedad para hacer que levantar un pie y luego el otro resulte un trabajo, una labor de las que cansan hasta el extremo. Si lo cuento así, es porque los pasos me llevaron a fijarme en los zapatos, en aquellos que me ponía desde que mi padre murió y que fueron suyos un tiempo. Para él eran zapatos para una sola vez: los llevó a ese último camino de Santiago antes de marcharse de repente. Eran unas sandalias ya usadas y ahora muy queridas. No me las solía poner tan a menudo, pero ahora sí que me gustaba hacerlo así. Me recordaban lo que era el camino para mi padre. Él solía decir que en Villafranca, en el final de la etapa, había un hombre que solía recibir a los

peregrinos con una frase: “ultreya su stella”. Cuando mi padre se encontraba con dificultades especiales, solía acordarse y la pronunciaba. Hoy, que decido que mi camino es otro que el de mi padre y después de haber vivido con él tantas cosas, he decidido que voy a abandonar las sandalias, y voy a hacerlo repitiendo las palabras de mi padre; después compraré otras, y he pensado grabar la frase en la suela por dentro como una forma de sentir el aliento en las dificultades con las palabras que mi padre hizo suyas. “Ultreya susella”, escritas incorrectamente, de la forma en que solía pronunicarlas él. “Ultreya”, más lejos, y “su stella”, hacia las estrellas. Me gusta pensar que el polvo del camino termina en las estrellas. Por eso hoy quiero hacer que la estrella sea parte de mi firma. Soy parte de mi padre, y él de todos los que compartieron tanto con él. Desde hoy, mi nombre incorpora una pequeña estrella al final. Sé que parece tonto, pero me parece una forma de recoger y llevar conmigo lo que mi padre quiso dejarme, más allá de lo que le pertenecía».

5.4.5. Unos gestos

Los gestos son lo que hace que un ritual sea lo que es. Es una acción o un conjunto de acciones que las personas repetimos con un sentido simbólico. No es preciso insistir en este punto, ya que a lo largo del presente trabajo se han ido viendo ejemplos de acciones que las personas realizamos y que nos hacen sentir cerca de los seres queridos fallecidos o nos ayudan a despedirlos. Los gestos son tan importantes que se puede decir, de manera coloquial, que «un duelo avanza a golpes de haceres, no de pensares». Lo que hace avanzar el duelo no es saber más sobre él, sino lo que se va decidiendo por el camino para pasar etapa tras etapa.