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5 Los ritos

5.5. Ritualizar la pérdida

En «Archipiélago de rituales», una obra que revisa las teorías antropológicas del rito, su autor, Rodrigo Díaz[15], trata de definir lo que es ritual y lo que no. Tal como lo él lo entiende, el ritual se sitúa en un punto entre la repetición cotidiana y casi obstinada de actos, algunos de ellos privados y que parecen casi inevitables, y las ceremonias masivas y fastuosas en las que sacerdotes ensangrentados en silencio o meditativos establecen comunicación con seres trascendentes.

Tal como lo entendemos nosotros, el ritual se aleja de una y otra modalidad por una razón importante: en ambos casos estamos hablando de repeticiones que han perdido su significado. Los actos cotidianos que repetimos de forma vacía se constituyen en una tarea, más que en un puente de relación con lo profundo.

En el duelo, el que un rito pase a ser una tarea significa que su vivencia es más un deber que un encuentro saludable. Por alguna razón, la persona es capaz de descubrir que tal rito que antes vivía ya no tiene sentido sin la persona con la que se celebraba, y que al hacerlo duele, pero no es capaz de dejar de hacerlo, se siente culpable si no lo hace así, y de este modo la persona en duelo se ata a prácticas que no son rituales, sino aparentes ritos de conexión que al final no acaban de conectar y transmiten una sensación de vacío.

Esto puede ocurrir sin que haya una pérdida. Si un rito, como el desayunar en un bar tomando «lo de siempre» y a una hora determinada, se convierte en tarea, es porque para un miembro de la familia o para uno mismo ya no tiene sentido. Seguir repitiendo obligadamente el rito es una forma de pensar que, por el mero hecho de repetirlo, el rito será eficaz por sí solo, si se nos permite la comparación con lo que se dice de un sacramento «ex opere operato»: por el mero hecho de realizarlo.

Si el contexto cambia, si la relación no es la misma, si el rostro del otro no se mira igual o si el que nos acompaña a desayunar ya no está, tal rito puede ser un memorial y una forma de recordar; pero si este rito se convierte en obligatorio, entonces es un deber para con el difunto, con la familia, con la sociedad o con uno mismo, y entonces el rito pierde su sentido y se convierte en conducta ritualizada que no procesa el cambio, sino que la atasca.

Por eso, una de las cosas que habrá que hacer en el acompañamiento en duelo será descubrir qué conductas ritualizadas están atascando el proceso y cuáles son potenciadoras del cambio. Sin duda, parte de la elaboración del duelo consistirá en abandonar los ritos que ahora resultan vacíos. Si no es posible abandonarlos, quizá sea preciso dotarles de un sentido nuevo; pero eso puede resultar más difícil.

Rodrigo Díaz, en la obra citada, hace un recorrido por las teorías del ritual señalando los elementos del rito. El ritual es una forma en la que se vacían múltiples contenidos: «el pensamiento, la moral, lo sagrado, la reproducción, el cambio, el poder o la rebelión». En las diferentes formas de ver el rito se dan diferencias en el modo de considerar lo verbal y lo no verbal del mismo, así como la creencia y la acción. Esto nos lleva a hablar de estos elementos, porque nos ayudarán a entender mejor la ritualización del propio duelo.

Por otra parte, forma parte del ritual, como dijimos, el símbolo; pero también importa el entorno donde se vive el rito. Por eso tendremos que hablar del lugar, del tiempo y del proceso de puesta en marcha de la acción simbólica.

El estudioso de los ritos A. Turner, a quien ya nos hemos referido anteriormente, hace un análisis del proceso del ritual y habla especialmente del periodo de umbral, en el que las personas, dice él, encuentran en la communitas, o sea en el grupo social significativo, una gran fortaleza desde el apoyo de las personas en su misma situación.

Turner[16] investigó y escribió acerca de las tres fases de Van Gennep en detalle.

– «La primera fase (de separación) abarca el comportamiento simbólico, que significa que la persona o el grupo es destacado desde el punto de la estructura social donde estaba antes, de un conjunto de condiciones culturales o de ambos».

– La segunda fase (de transición) es considerada «un estado liminar o intermedio que es ambiguo y semejante a la muerte, al parto, a la invisibilidad, a la oscuridad, a la bisexualidad, al desierto y a un eclipse de sol o de luna».

Turner incluye la «communitas» en esta fase, porque surge cuando la estructura social no es presente y tiene una calidad existencial. La liminalidad, el estado de umbral entre un momento y otro que marca el cambio, es una manera de hablar del duelo. En este sentido, hay que decir que la etapa de liminalidad pide un reconocimiento de que es efectivamente tal. Por eso, el ritual post- mortem del duelo –el funeral o los ritos asociados al mismo– tiene la función de inaugurar dicho tiempo.

Entre los judíos existe un ritual que marca esto de forma clara. El rito que ellos llaman el shivá consiste en el comienzo y la autorización social del periodo de duelo y consiste en los siete días de luto siguientes. Para significar esto los familiares reciben comida de los cercanos y son liberados de algunos de los compromisos de la ley. El duelo judío se completa con dos formas de luto más, hasta los doce meses siguientes a la muerte, momento en el que se entiende que el tránsito a la nueva forma de vida está ya preparado para los cercanos.

– Y la tercera fase (de reincorporación) significa que el paso es consumado, y el individuo o grupo (con un estado modificado) se reintegran al sistema social.

En la perspectiva del duelo, cuando a una familia se le muere un ser querido, idealmente, la familia se «separa» de la sociedad; lo cual es celebrado por la comunidad en un ambiente protegido, en un espacio de seguridad, y no se espera que cumplan con las condiciones culturales como de costumbre.

El proceso de duelo es un tiempo de liminalidad, de transición, un viaje plagado de conmoción emocional y la ardua tarea de integrar la pérdida en la psique. Finalmente, la reinversión en la vida y el establecer nuevas relaciones implica que uno ha entrado en la fase de reincorporación.

[1]. E. Erikson, Toys and Reasons: Stages in the Ritualization of the Experience, W.W. Norton, New York 1977, pp. 85ss.

[2]. R. Otto, Lo Santo: lo racional e irracional en la idea de Dios, Alianza Editorial, Madrid 1996.

[3]. E. Erikson, op. cit., pp. 110, 169-170.

[4]. A. Almendros, Psicología transpersonal: conceptos clave, MR, Madrid 2004.

[5]. A.M. Nogués,. El ritual como proceso, en línea, http://www.dip-ali

cante.es/hipokrates/hipokrates_I/pdf/ESP/435e.pdf, consultado el día 3 de abril de 2012.

[6]. O. Van der Hart, Rituals in Psychoterapy, Irvington Publishers, New York 1983. En línea, http://books.google.es/books?hl=es&lr= &id=ldoGYT-

6siIC&oi=fnd&pg=PR7&dq=ritual+in+psychothera

py&ots=ABJdEy2w30&sig=-3aS4scF9iqnvv_lQD5wbLiu4nQ#v= onepage&q=ritual%20in%20psychotherapy&f=false

[7]. C.J. Falicov, Migración, pérdida ambigua y rituales, en línea, http://www.redsistemica.com.ar/migracion.htm

[8]. J. Pears, «Bereavement-rituals-in-counseling-psychotherapy», en Bereavement rituals, 2012. En línea, http://ritualsofthespirit.org/berea vement-rituals-in-counseling-

psychotherapy/

[9]. Bárcena et al., Rituales desde una óptica sistémica, en línea, http://www.revistas.unam.mx/index.php/repi/article/view/18613

[10]. D. Davies, Rites of passage, en línea, http://www.deathreference.com/Py-Se/Rites- of-Passage.html

[11]. Van Gennep. 1909; citado en O. van der Hart, Rituals in Psychoterapy, Irvington Publishers, New York 1983, p 15.

[12]. K. Doka, «The power of ritual: A gift for children and adolescents», en K. Doka – A. Tucci (eds.), Living with Grief: Children and Adolescents, Hospice Foundation of

[13]. D.A. Garrick, «The work of the witnesss in the psychotherapeutic rituals of grief»: The Journal of Ritual Studies 8/2 (1994), 85-113.

[14]. K. Sidorova, «Lenguaje ritual: los usos de la comunicación verbal en rituales y ceremoniales»: Revista Alteridades 10, pp. 93-103. En línea,

http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=74702008

[15]. R. Díaz, Archipiélago de Rituales, Anthropos, Universidad Autónoma Metropolitana 1998.

[16]. V. Turner, The Ritual Process: Structure and Antistructure, Routledge, London 1969. En línea, http://books.google.es/books?

id=rIo9AAAAIAAJ&printsec=frontcover&dq=turner+1969&hl=es&

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