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La comuna en manos paramilitaresLa comuna en manos paramilitaresLa comuna en manos paramilitares

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La comuna en manos paramilitares

La comuna en manos paramilitares

Desde el año 1998 el paramilitarismo comienza a dominar Barrancabermeja, y por supuesto la Comuna 7, “con base en las masacres y en la imposición del terror. Pero también lo hace por medio de estrategias de acercamiento a las comunidades y de cambios de liderazgo. Con una estrategia de combinación de todo tipo de lucha, a partir de la desaparición de líderes comunitarios no simpatizantes con el movimien- to, de inteligencia militar contra activistas y militantes sociales que simpatizan con el movimiento insurgente para obligarlos a desplazarse; cooptando y trabajando políticamente con activistas y militantes del EPL y ELN para obligarlos a desertar y fortalecer las filas y, en algunos casos, convirtiéndolos en comandantes militares de las AUC para que luego señalen a sus antiguos compañeros de grupo e incluso los ejecuten. En una entrevista hecha a ‘Salomón’, comandante paramilitar encargado por Carlos Castaño para tomarse a Barranca, decía: ‘Después de un trabajo de inteligencia y penetración que le hicimos a la subversión, a nuestra llegada ya teníamos reinsertados a 150 del EPL, FARC y ELN. Después de eso, ellos mismos nos decían dónde estaban los demás”.103

Sin duda, el control Paramilitar se facilita por cierto apoyo de los pobladores, hastiados de la guerrilla. Sin embargo, las cosas no han cambiado mucho. Una profesora explica: “Ahora es la misma mierda y peor. Yo lo siento, es una presión mucho más sutil, no directa, pero sí, está ahí, siente uno que asfixia. Ahora son otras las formas de control, otras formas de intervención de ellos, otras formas de hosti- gar. Muy difícil. Igual cuando ellos llegaron y empezaron a posesionarse de esto. Un día se acostaron guerrilleros y al otro día amanecieron paramilitares y eran los mismos, y no nos dio tiempo de ver qué pasó”. 104

La masacre del 16 de mayo está en el recuerdo de todos: “allí cambió toda la vida de Barrancabermeja, por lo menos de la Comuna 7. Cambió nuestra vida de religiosas y cambió mi vida personal. Eso fue como una ruptura con lo que yo había vivido antes. Fue algo muy fuerte el sentir uno desgarrarse a la gente del dolor. El sentir uno a las diez y media de la noche que la gente no sabía qué había pasado, dónde estaba su gente, toda esa tragedia tan terrible, eso no tiene nombre... Esa masacre fue el primer ingreso de los paras a Barranca. Luego, de allí para acá surgieron una serie de masacres muy fuertes. En toda esa época yo personalmente tomé una opción muy grande, y una opción muy clara de camino hacia el acompaña- miento de la gente, sin ningún miedo, con un deseo inmenso...”105

103 Marco Fidel Vargas y Alberto Rincón. (2002) Concepto sobre el Proyecto Ciudadela Educativa para ECOR y ETP, Ba- rrancabermeja, 28 de mayo de 2002. Mimeo.

104 Testimonio. Taller con profesores, 18 de septiembre de 2003. 105 Testimonio de Hermana Norma Bernal, 2 de septiembre de 2003.

Como se ve, en general la vida de la Comuna fue afectada por el ingreso y control de los paramilitares. En Barrancabermeja cada barrio cuenta con dirigentes y activistas políticos que nada tienen que ver con la actividad militar de las AUC pero que lentamente van tejiendo la telaraña del nuevo poder en las comunas, la ciudad y la región.

“Este escenario de hegemonía y transición de un control militar a otro también de tipo militar, ha creado confusión en los pobladores. Por supervivencia se adaptan a las circunstancias, se sienten seguros con el dominio del paramilitarismo sobre el territorio que, además, cuenta con el beneplácito de algunas autoridades civiles y militares. Socialmente el paramilitarismo organiza las comunidades desde la seduc- ción, legitimando la razón de la fuerza, imponiendo el miedo a quien desapruebe su proyecto y a través de la desaparición forzada. Los pobladores entran en el dilema: o se quedan, condicionados a la aceptación tácita o explícita de los ‘nuevos princi- pios’, o se van del barrio, la comuna o el municipio. En el primero de los casos se acomodan a las nuevas circunstancias, a los nuevos actores armados, porque sa- ben, por experiencia, que quien tiene el poder de las armas ejerce control social y del territorio y hay que someterse a ellos. Se da una obediencia ‘voluntaria’ al nuevo orden que garantiza ‘seguridad’, estabilidad, tranquilidad e inversión. Añoran el Estado de la Constitución, el Estado del que siempre se les ha hablado, pero que actualmente es suplantado por un actor armado”.106

Como se ha dicho, uno de los sectores más impactados por las acciones paramilitares fue la Comuna 7. El nuevo orden impuesto despertó temor y descon- fianza entre los habitantes de la comuna y de la ciudad en general. Eso era evidente, ante todo dentro de las distintas organizaciones populares, sociales y religiosas que hacían presencia en la zona, las cuales, a partir de proyectos de organización comunitaria, buscaban mejorar las condiciones de vida de los más pobres.

“Uno de los proyectos afectados por el nuevo orden fue Ciudadela Educativa. El Equipo Gestor soportó un momento sumamente difícil cuando, a comienzos del año 2001, dos de sus miembros tuvieron que marcharse de la ciudad debido a las amenazas efectuadas por el nuevo grupo armado que dominaba la zona. El apoyo brindado a los compañeros desplazados por parte de los que se podían quedar fue mínimo. Algunos abiertamente se negaron a realizar acciones en defensa de ellos, pues consideraban que aquellos no habían sido suficientemente claros con el Equi- po. Este hecho hizo que surgieran serias diferencias entre los que se iban y los que se quedaban, por lo cual se llegó a pensar que sería imposible trabajar en medio de tantas presiones. Sin embargo, el Equipo Gestor no declinó en su empeño aunque sabía que no sería fácil retomar el ritmo.

“Sin duda, después de lo sucedido, el Equipo Gestor quedó sumamente fractu- rado. No existía un ambiente de confianza. Se discutía por cualquier sutileza. Y aunque en general cada uno empujaba para su lado buscando obtener algún bene- ficio particular, a veces se producían alianzas para forzar una decisión que benefi- ciaría a un sector del equipo. Los temores de cada uno hacían que el equipo se cerrara cada vez más, de tal modo que de ninguna manera aceptaban que uno o varios jóvenes llegasen a participar de su organización. Temían ser desplazados por el empuje y creatividad de éstos. Y menos pensaban en abrir las puertas a los docentes. Dicha circunstancia hizo que algunos de la comuna afirmaran que el proyecto había dejado de ser comunitario y se había convertido en algo privado”.107

El arribo de los paramilitares significó muchas dificultades para el proyecto de Ciudadela. Por supuesto, se afectaron los liderazgos, las posibilidades de trabajo conjun- to. Pero no solo surgieron problemas por causa del orden público. También factores institucionales llevaron a que el acompañamiento cambiara, ante la salida del Cinep del profesional responsable de acompañar el proyecto Ciudadela Educativa.108

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