Maestros, padres, funcionarios, alumnos y líderes comunitarios tienen una varie- dad de interpretaciones, a veces opuestas y contradictorias entre sí al tratar de asumir una realidad conceptual de bastante complejidad. Los actores miran las Ebids desde muchos puntos de vista: para algunos es una metodología, para otros una estrategia, y no falta quien las vea como el desarrollo de un proyecto. Hay quienes afirman “que se trata de una visión de la educación que quieren las comu- nidades del Magdalena Medio, una organización”.2 Sin embargo, en lo que casi
todos coinciden –sin que esto se constituya en una definición– es en que “las Ebids fueron creadas por nosotros, no nos las hicieron otros”.3
En medio de esta variedad de interpretaciones y de modos de construcción que el camino de las Ebids ha mostrado se encuentran elementos comunes. El primero de ellos es que se trata de una construcción participativa, que asume el
2 Ibíd. 3 Ibíd.
(Ebids)
(Ebids)(Ebids)
(Ebids)(Ebids)
1
territorio como variable determinante, la integralidad como una de sus estrategias y, como propósito, resignificar la educación básica rural.4
Parte de la dificultad de la educación rural se halla en la visión e identidad que los campesinos tienen del campo. Volver a mirar el campo es el reto y la apuesta que han encarado las Ebids: el campo que ahuyenta a jóvenes y los impulsa a migrar a las ciudades, en detrimento de la economía de la región y el país, de la posibilidad de ser ciudadanos en zonas rurales. Sin embargo, el campo es una alternativa de vida.
“La propuesta de las Ebids no se queda solamente en plantear una alternativa a los jóvenes, niños y niñas para que no migren a la ciudad. Es ante todo un proceso educativo que les permite construir sentidos de vida, que se basa en generar sen- tido de pertenencia, de amor a la tierra y reencantamiento por la vida”.5 “Pretende
innovar en una relación más armónica con la naturaleza y el mundo, un encuentro entre la finca campesina y la educación”. 6
Desde su comienzo en 1996, con el proceso de las Ebids se pretendía abrir caminos para “incorporar la diversidad de la cultura campesina, para acercar la escuela a la realidad local, como contribución a los procesos de desarrollo y conso- lidación de la paz”.7 Esta particularidad, ese ánimo de conectar o articular los pro-
cesos a los ritmos de los territorios ha hecho, a su vez, que broten las diferencias y especificidades y que las distintas escuelas en su cotidianidad vayan encontrando y afirmando su propia identidad. Por eso no hay procesos homogéneos ni uniformes a partir de las Ebids en los municipios donde la iniciativa tiene vida, ni siquiera para todas las veredas de un mismo municipio.
No hay una sola manera general y uniforme de concebir y construir el proyec- to de las Ebids, ni un modelo del que todas participen. Por supuesto, hay aspectos y características que las aproximan, pero cada territorio se ha presentado a las puer- tas de las escuelas con sus urgencias y requerimientos específicos. Con el correr del tiempo, la necesidad de dar respuestas a estas demandas particulares permitió dejar en claro la existencia de las diferencias en la construcción de un proyecto colectivo. Las escuelas y las zonas educativas se fueron especializando, haciendo cada una de ellas énfasis en algunos temas: “por ejemplo, para unas el fuerte de nuestro centro educativo es la convivencia, y en otros es lo productivo”.8 Tal vez, al
menos a primera vista, lo único que identifica a todas las escuelas y centros educa-
4 Estrategia Educativa del Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio. Metodología.
5 Ibíd.
6 Entrevista a profesor de El Carmen.
7 Testimonio de Francisco Cruz, coordinador de la subregión de Vélez, 2 de agosto de 2003. 8 Entrevista a Profesora del municipio de El Carmen, 8 de septiembre de 2003.
tivos que se acompañan desde las Ebids sea su mirada territorial, la transformación de las relaciones humanas y el valor que se da a la cultura rural.
En las Ebids es evidente el esfuerzo por no imponer un proyecto predetermi- nado en el territorio. Al contrario, las Escuelas Básicas Integrales para el Desarro- llo Sostenible se han venido construyendo desde lo humano, desde los sujetos territorializados en lo local y con visión regional. Por ello se han desencadenado encuentros entre quienes habitan la escuela y el territorio donde ella se halla; las escuelas vecinas se han hecho amigas entre sí, se ha continuado el trabajo a través de los Microcentros9 y los Núcleos de Desarrollo Educativo.10 “De esta manera se
ha tomado en serio la diversidad de la cultura campesina”,11 que se manifiesta en la
multiplicidad de identidades y que se expresa en las diferencias culturales entre Landázuri, San Vicente, El Carmen y Gamarra (municipios donde el proyecto Ebids ha tenido vida), e incluso dentro de los mismos municipios y sus veredas, sin que eso fuera un mero acto de formalidad.
También hay una pluralidad en los procesos de desarrollo, constitución y puesta en marcha de la iniciativa en los diferentes municipios. No se siguió un recorrido lineal, de acuerdo a unos pasos previamente constituidos con minuciosidad. Como cualquier construcción colectiva, tuvo diferentes y distintos ritmos y velocidades. Sin embargo, al hacer una reconstrucción de sus andanzas y peregrinaciones en el Magdalena Medio santandereano y en el sur del Cesar, podemos encontrar al menos hitos que nos permiten identificar unos momentos característicos de la travesía.