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CAPÍTULO III: MARCO TEÓRICO

B. REALIDAD PSÍQUICA Y VIDA ONÍRICA

1. El concepto de duelo de S Freud

En su texto Duelo y melancolía Freud señala que existe una unión entre la melancolía y el duelo que se justifica por el cuadro que aparece en estos dos estados y porque parece ser similar aquello que los produce. Para Freud (1917) el duelo es, “por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces” (p. 241), y señala que en ocasiones las mismas experiencias no generan duelo en el sujeto, sino, en lugar de ello, melancolía, la cual se caracteriza en lo anímico por:

una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo (Freud, 1917, p 242).

En términos generales el duelo muestra estas mismas características, a excepción de una, la falta de perturbación del sentimiento de sí. En el duelo hay aflicción frente a la pérdida de la persona querida, pérdida del interes por el mundo exterior, pérdida de la capacidad de escoger un nuevo objeto de amor. Al respecto, Freud señala que “esta inhibición y este angostamiento del yo expresan una entrega incondicional al duelo que nada deja para otros propósitos y otros intereses” (Freud, 1917, p. 242)

En el duelo la realidad muestra que el objeto amado ya no existe más por lo cual se hace necesario quitar toda la libido de los enlaces con ese objeto. Acatar esta realidad no puede hacerse enseguida, esta se ejecuta paso a paso con un gran gasto de tiempo y de energía de investidura, mientras la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico. Por su parte, la melancolía también puede ser una reacción ante la pérdida de un objeto amado, pero a diferencia del duelo esta pérdida puede ser también de naturaleza ideal. Probablemente el objeto no ha muerto pero sí se ha perdido como objeto de amor, hay una pérdida que está sustraída de la conciencia (Freud, 1917, p 243).

Freud señala que en el duelo el mundo se ha hecho pobre y vacío, mientras que en la melancolía ocurre esto mismo pero en el yo. El melancólico destaca el desagrado moral con el propio yo, solo el empobrecimiento del yo ocupa un lugar privilegiado entre sus aseveraciones. Freud (1917) explica que el proceso de la melancolía hubo:

Una elección de objeto, una ligadura de la libido a una persona determinada; por obra de una afrenta real o un desengaño de parte de la persona amada sobrevino un sacudimiento de ese vínculo de objeto. El resultado no fue el normal, que habría sido un quite de la libido de ese objeto y un desplazamiento a uno nuevo, sino otro distinto (…) la investidura de objeto resultó poco resistente, fue cancelada, pero la libido libre no se desplazo a otro objeto sino que se retiro sobre el yo. Pero ahí no encontró un uso cualquiera, sino que sirvió para establecer una identificación del yo con el objeto resignado. La sombra del objeto cayó sobre el yo, quien, en lo sucesivo, pudo ser juzgado por una instancia particular como un objeto, como el objeto abandonado. De esa manera, la pérdida

del objeto hubo de mudarse en una pérdida del yo, y el conflicto entre el yo y la persona amada, en una bipartición entre el yo crítico y el yo alterado por identificación (p. 246/247).

En este proceso, al parecer, la elección de objeto se cumplió sobre una base narcisista, de tal manera que la investidura de objeto pudo regresar al narcisismo al encontrar dificultades. La identificación narcisista con el objeto se convierte en el sustituto de la investidura de amor, lo cual trae por resultado que el vínculo de amor no deba resignarse a pesar del conflicto con la persona que es amada.

Freud (1917) señala que si el amor por el objeto se refugia en la identificación narcisista, el odio se ensaña con ese objeto sustitutivo insultándolo, denigrándolo, haciéndolo sufrir y ganado en ese sufrimiento una satisfacción sádica, lo que daría cuenta de la inclinación al suicidio por la cual la melancolía se vuelve tan interesante y peligrosa (p. 249). Al respecto, Muñoz, C. (2011) señala que en la melancolía, la desilusión o desengaño con el objeto amado que abandona, se convierte en un proceso de identificación masiva del yo con el objeto perdido, que pasa a ser recriminado, ya no como ser amado, sino como parte incompetente e inadecuada del yo (p. 148) En este texto se resalta que la particularidad más notable de la melancolía, es su tendencia a volverse del revés en la manía, la cual no tiene un contenido diferente a la melancolía. Freud (1917) plantea que la manía no es otra cosa en sí que un triunfo, la manía debió haber vencido a la pérdida del objeto, quedando libre el monto de contrainvestidura que el sufrimiento de la melancolía había atraído sobre sí; sin embargo, en la manía queda nuevamente oculto eso que el yo ha vencido.

Respecto a la manía Garma (1993) señala que la manía es la alegría masoquista del yo por realizar actos que engañosamente le llevan a someterse al triunfo destructivo que impone el superyó. En la reacción maníaca el yo realiza actos de apariencia placentera y vital, que en realidad son destructivos (p. 295). Este autor continúa diciendo que en las reacciones maníacas

hay una negación de la realidad externa y psíquica, existe sobre todo una negación de la realidad vital, en sometimiento a la realidad destructiva.

Por su parte Hanna Segal (1970) señala que la resolución de la depresión mediante la reparación es un proceso lento y al yo le lleva mucho tiempo adquirir la fuerza suficiente como para confiar en sus capacidades reparatorias. Por lo anterior el yo emplean defensas maníacas como único modo de superar el dolor y protegerse de la desesperación total (p. 85).

Freud plantea que en el duelo normal se vence sin duda la pérdida del objeto, el cual mientras persiste absorbe todas las energías del yo. Pero a diferencia del duelo, en la melancolía la relación con el objeto no es tan simple, la complica el conflicto de ambivalencia, por lo que la melancolía puede surgir en una gama más vasta de ocasiones que el duelo (p. 253).

Muñoz (2011) retoma los planteamientos de Freud, expuestos en El yo y el ello, texto en el que él afirma que:

“La reconstrucción del objeto perdido en el yo, que se produce en la melancolía mediante la transformación de una carga de objeto en una identificación (…) que se da en la estructuración del yo y en la formación del carácter. La tensión entre el yo y el ideal del yo es expresión de una condena del yo por su instancia crítica. El ideal del yo muestra entonces una particular severidad y hace al yo objeto de sus iras a veces extraordinariamente crueles. La rabia contra el objeto perdido se convierte en ira del objeto incorporado hacia el yo” (p. 148).

Ángel Garma (1993) planeta que el melancólico es una persona con grandes necesidades narcisistas y además, con una gran intolerancia narcisista, que depende por completo de los objetos exteriores y corrigen su autoaprecio apoyándose en estos por lo cual se procuran por todos los medios obtener el amor de los que los rodean. Reacciona como si el amor que reciben fuese algo que les es debido, sin tener que otorgar nada a cambio, por lo cual le sobreviene a la pérdida del objeto, una gran irritación y agresividad (p. 259).