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El establecimiento de relaciones después de la separación con el padre.

CAPÍTULO III: MARCO TEÓRICO

A. EL FUNCIONAMIENTO PSÍQUICO DE LAS PERSONAS QUE HAN VIVIDO LA SEPARACIÓN CON EL PADRE.

2. El establecimiento de relaciones después de la separación con el padre.

Las relaciones que establecieron los tres pacientes con las demás personas de su entorno se caracterizó por un tipo de organización infantil, el cual tenía una manifestación distinta en cada uno de ellos.

En Leidy primaba la sensualidad, la erotización, el cuerpo. Esta forma de relacionarse se había convertido en la única vía posible de acercarse y mantenerse junto al objeto, de hecho cuando no había en el ambiente de una relación un tono erótico (con esto me refiero a coqueteos, sonrisas, besos) le parecía extraño y buscaba pasar a la acción. Esto puede entenderse ya que es a través del cuerpo que el bebé tiene el primer contacto con la realidad exterior, sus necesidades corporales son las primeras en ser satisfechas y por medio de estas se satisfacen las necesidades de contención, comprensión, entre otras. Ante esta situación es como si Leidy nunca hubiese satisfecho sus necesidades psicológicas, por lo que recurre al cuerpo como medio de acercamiento, de satisfacción de sus anhelos y deseos. Este funcionamiento infantil, donde predomina la erotización, está relacionado con el funcionamiento de supuesto básico de apareamiento en el que ella se encontraba en ese momento. Podemos suponer que este supuesto básico es en general el del grupo familiar, pues para los padres la expectativa de la llegada de un nuevo hijo se dio con ella: para ellos, padres mayores, con hijos mayores, el nacimiento de Leidy los hubiese revitalizado. Este funcionamiento opera en ella, para quien el deseo de una hija en una familia ha sido idealizado.

El funcionamiento infantil de Gerardo también está asociado a la sensualidad. De manera diferente a la de Leidy, la sensualidad en él está relacionada con las características del otro: la belleza, la apariencia. Él se describe a sí mismo como vanidoso, refiere estar muy pendiente de su aspecto físico. Otra característica del funcionamiento infantil de Gerardo tiene que ver con el

predominio de la acción sobre el pensamiento. A lo largo de las sesiones se evidenció una imposibilidad de Gerardo para pensar; ante las preguntas de cómo estaba, siempre respondió “bien”, no le era posible asociar nada a ese bien, siempre estaba en ese “corre-corre”, como él mismo señalaba que en ocasiones, lo que lo llevaba a pedir que termináramos pronto las consultas. La imposibilidad de llevar sus experiencias al pensamiento es el resultado de haber tenido que negar sus emociones en la infancia, de haber anulado al padre para evitar el dolor de su ausencia y de su maltrato. Si no hay posibilidad de conectarse con su vida emocional no hay más camino que la acción.

Por otro lado, la manera en la que Linda establece sus relaciones me hizo pensar que funcionaba más desde una organización adulta. Meltzer señala que este funcionar se caracteriza por su sensatez intencional, la presencia de aspiraciones de carácter ético, algo que veía en las constantes demandas que ella hacía a Alejandro, su exnovio, respecto a la relación que tenían; ella esperaba sinceridad, honestidad, compromiso por parte de él, pero con el transcurso de las sesiones pude observar que esto era una demanda infantil, era la demanda a un padre que está idealizado. Por otro lado Linda me hacía pensar que había dejado atrás sus otras relaciones y que por lo tanto estas no interferían en el presente, pero tampoco resultó ser de esa manera. Linda tenía una dificultad para olvidarse de lo que había sucedido y llenaba el presente con las relaciones del pasado. Este funcionar puede entenderse porque Linda aun sigue esperando a que llegara todo aquello que el papá le había prometido. En una oportunidad Linda me comentaba que el padre había construido la casa con un balcón para que cuando ella cumpliera los 15 años pudiera salir y ver a los mariachis; Linda seguía esperando eventos como este, esperaba que sus novios se comportaran como el padre, pero para Linda como el padre no hay dos.

Es importante pensar en la imposibilidad de estos tres pacientes de realizar una organización adulta de sus relaciones. Meltzer que para que este se dé depende del buen estado de los objetos internos y de la buena relación del self con ellos. Al respecto puedo señalar que esa imposibilidad está asociada a que el contexto en que se introyectaron los objetos buenos no fue el indicado. Los objetos internos de Leidy parecían no existir: la figura del padre estaba perdida desde siempre y la madre externa la ignoraba, por lo que al introyectar su imagen seguía manteniéndose distante de ella; en Gerardo, su padre era malo, maltratador y grosero, por lo que introyectó objetos internos malos, persecutorios, y la mamá, aunque le brindo un soporte al cual él pudo fundirse, era una mujer maltratada y muy posiblemente deprimida que no favorecía el crecimiento emocional de sus hijos; finalmente en Linda el objeto bueno que era el padre se había ido, había muerto y su madre había sido una mujer distante con sus hijos.

Una de mis preguntas iniciales al pensar en estos casos estaba relacionada con el hecho de si la familia estaría en condiciones para favorecer el desarrollo emocional de estas personas ante la pérdida. Al respecto, Muñoz señala: ante una situación de duelo se ve afectado el funcionar psíquico de todos los dolientes. Ante esta situación los objetos externos, entre ellos la madre, se convierten en incapaces de mitigar la frustración e incrementar la tolerancia al dolor de sus hijos. Frente a este panorama me pregunto ¿nosotros los psicólogos clínicos estamos en condiciones de brindar el apoyo requerido a estas familias para favorecer el funcionar psíquico de las personas que viven la experiencia de separación de un ser querido? Pues cada vez son más las familias que se separan en las cuales hay niños pequeños que viven esta experiencia, la cual puede llegar a no ser comprendida, pues los demás miembros de la familia también se han visto afectados.

En cuanto a los estados mentales con los que se enfrenta la vivencia de separación de la persona amada, el padre, también varió en cada uno de los casos. Meltzer plantea cuatro niveles

de la dimensión espacial del espacio vital: la unidimensionalidad, la bidimensionalidad, la tridimensionalidad y la tetradimensionalidad. Por las características de los pacientes hablaré de las tres primeras. En la unidimensionalidad, Meltzer señala que el self se establece como centro fijo con un sistema de rayos en dirección y distancia de los objetos, los cuales son concebidos como potencialmente atractivos o repelentes. En la relación que se establece con los objetos, alejarse de uno simultáneamente acerca al self hacia otro. La gratificación no puede diferenciarse de la fusión con el objeto. La experiencia emocional es simple y polarizada, y se constituye en “una serie de eventos no disponibles para la memoria o el pensamiento”. En la bidimensionalidad, la significación de los objetos se vivencia como inseparable de las cualidades sensuales que pueden captarse de sus superficies (Meltzer, 1975, p. 199). El self también es una superficie sensible, inteligente en la percepción y apreciación de las cualidades de la superficie de los objetos, pero limitado en pensamiento e imaginación dado que carece de medios para construir objetos o hechos distintos de aquellos experimentados de manera concreta. Y la tridimensionalidad, la que los objetos,y el self por identificación se conciben como continentes de espacios potenciales. Meltzer (1975) plantea que en este estado mental opera la omnipotencia de manera continua dándole forma a la fantasía de la identificación proyectiva, lo cual afirma la reversibilidad de la diferenciación del self respecto del objeto y la reversibilidad de la dirección del tiempo (p. 200).

Respecto a la descripción hecha de los estados mentales, a lo largo de las sesiones se identificó que Leidy presentaba funcionamiento netamente bidimensional, en el que el acercamiento al objeto no podía dar espera, en el que no podía crear el objeto en su mente por lo que debía vivirlo de manera concreta. Este funcionamiento se da como defensa ante el alejamiento del objeto. Al sentir perdido el objeto, Leidy se adhiere y asume como propias las

necesidades del objeto por lo que el yo no hace ninguna exigencia, más que el poder estar cerca al objeto.

Por su parte, Gerardo mostró una oscilación entre la unidimensionalidad y la bidimensionalidad. Ante la ausencia del padre, él se adhirió fuertemente a la madre, la relación que establecieron es como si los dos fueran uno: la mamá sabe cómo quiere vestirse y le arregla la ropa o viven la misma emoción en el mismo momento, lloran juntos, ambos están tranquilos. La salida que hizo Gerardo al fundirse bidimensionalmente con la madre era una defensa de las relaciones agresivas de parte del padre. Ante esta situación, las demás relaciones que él establece operan más desde una lógica de unidimensionalidad, es como si la única relación en la que puede estar es con la madre, las demás se encuentran amenazadas con la posibilidad de acabarlas, de romperlas, así como se rompió su relación con el padre después de un corto periodo en el que había cariño de parte de él.

Cuando Linda llega a consulta funciona bajo los principios de la bidimensionalidad. En ella el tiempo no parece circular, no hay presente, ni pasado, ni futuro. Desde la muerte del padre es como si todo hubiese quedado impregnado de ello, lo único que había hecho era recordar las palabras de su padre. Pero en ella existía la noción de continente, ya había vivido la experiencia de un padre que le había contenido sus angustias, que la había protegido. Es por esto que existe la posibilidad de oscilar al funcionamiento tridimensional, en el que se reconoce al objeto como diferente. En Linda este funcionar tridimensional se caracteriza por el control omnipotente sobre los objetos (Alejandro, su exnovio) propio de la identificación proyectiva de este mundo.

La experiencia terapéutica con estos tres pacientes me permitió comprender no solo las características del funcionamiento psíquico de las personas que han vivido la separación con el padre, sino también algunos conceptos teóricos.

Enfrentarme a la situación común en los tres casos de pérdida o separación del padre me llevó a comprender los procesos de duelo y los procesos de los que se requiere para recuperarse de esta situación. Muñoz (2011) señala que recuperarse de una situación de duelo implica no solamente recuperar los vínculos con el mundo externo, sino también reconstruir el mundo interno, que se encuentra también deteriorado. Se hace necesario rehacer el contacto con la realidad psíquica e iniciar la recuperación de la persona amada perdida para fortalecer la confianza y la fe en el objeto bueno, base de la fortaleza del yo (p. 150).

El trabajo no fue sencillo con ninguno, pero cada caso me llevó un trabajo diferente.

Con Gerardo el proceso psicoterapéutico, en mi consideración, fue el más difícil. El primer día que lo vi en la sala de Consultores me pregunté si ése sería mi paciente, era un hombre que se veía muy serio y duro para trabajar; sin embargo, con el paso de las sesiones aquel rostro de dureza no existía, era un hombre amable, puntual para sus sesiones, colaborador, pues respondía a las preguntas que se le hacía. Pero la atmosfera se cargó de vacío. Durante un largo periodo de tiempo sentía que no avanzaba con él, que las sesiones era una especie de visita. Gerardo era determinante, propio de su funcionar infantil, había decidido no hablarle más al padre y recuperar la primera imagen del padre bueno, proveedor y cariñoso, no fue posible, para él solo era posible la relación con la madre, las demás estaban amenazadas, incluso la nuestra, que después de un semestre se rompió poco a poco.

Con Leidy el trabajo terapéutico se caracterizaba por las inconsistencias, ella solía llegar tarde a las sesiones o no asistir, no podía permanecer. Después de las vacaciones el trabajo fue

distinto. Leidy, quien había llegado por no poder establecer una relación hace bastante tiempo, hacía contacto con su realidad interna con las experiencias emocionales que vivía y poco a poco pudo hacerse el acercamiento a la experiencia de la pérdida del padre. En la última sesión sus asociaciones la llevaron a establecer la conexión entre sus experiencias con la ausencia del padre T: Heidy, esto que me cuentas me llama mucho la atención. Ahora que hablabas de Davis pensaba en lo que hablábamos hace poco en una sesión respecto al encuentro que tuviste con Jeffer, que hablábamos precisamente del afán con que llevas las cosas, esa vez era como: “¿será que no me va a besar?”, pero esta vez con Davis él te propuso ir a la residencia y aceptaste, como que me sigo preguntando por ese afán… pero también hay algo más, y es que te quedes pensando, después de que sucede la relación sexual, en lo hijos. ¿Qué tendrá esto que ver contigo?, ¿con tu vida?

P: Con mi papá (se le aguan los ojos, empieza a llorar) T: ¿Con tu papá?

P: Sí, es que mi papá me tuvo a mí por fuera del matrimonio, yo crecí prácticamente sin papá; él nunca estuvo ahí, yo no sé que es un regaño de mi papá, una palmada, nada de eso; pues mi papá ha estado es como en lo económico, pues la casa en la que vivimos es porque él no la dio. Pero yo la verdad veo a mi papá como el de la plata, yo le digo que necesito algo y él me da, pero no más. Entonces pues lo que pienso es que esos niños no se pueden quedar sin su papá, y pues también que cuando yo tenga hijos pues quiero es que crezcan con su papá.

Con Linda el proceso fue diferente, el proceso psicoterapéutico estaba enfocado inicialmente a fortalecer su yo, tanto que en ocasiones me nombré como su fuéramos la misma persona, hacía uso del yo, del nosotros. La necesidad inaplazable de contención tenía de trasfondo la necesidad de reconstruir su mundo interno, el cual se fue construyendo poco a poco con la revitalización del objeto paterno. El proceso terapéutico de Linda da signos de una mayor capacidad de estar sola. En un inicio las sesiones con Linda fueron demandantes, el primer encuentro no puede aplazarlo por mucho tiempo y accede a esperar hasta que la terapeuta tiene la disponibilidad de atenderla, a lo largo del proceso accede a tener más sesiones a la semana y asiste sin falta a cada uno de los encuentros. El proceso con Linda fue demandante para la terapeuta, a quien le resultó difícil realizar la separación en las primeras vacaciones, necesitando realizar con ella más

sesiones que con los demás pacientes, incluso llegando a atenderla en su consultorio particular debido a que en Consultores no había posibilidad. Con el trascurrir del tiempo Linda aceptó muy bien la disminución del número de sesiones semanales que debió hacerse por complicaciones de tiempo de la terapeuta, quien a su vez consideró la opción pues sentía que Linda podría asumirla. Al acercarse nuevamente un el periodo de vacaciones de fin de año y después de un año de trabajo, Linda decide voluntariamente parar el proceso psicoterapéutico, en las últimas sesiones reconoce que aún le faltan muchos aspectos por trabajar pero que aprendió a pensar en ellos y en ella y que quiere intentar hacerlo sola.

Fue la capacidad de reverie de la terapeuta la que facilitó el proceso de pensamiento. Recibí sus demandas y con devoluciones, la estabilidad y permanencia a lo largo del proceso psicoterapéutico, Leidy y Linda pudieron hacer una conexión con su vida interna.

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