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La metapsicología de Bion Meltzer a La organización de los objetos

CAPÍTULO III: MARCO TEÓRICO

A. REALIDAD PSÍQUICA

3. La metapsicología de Bion Meltzer a La organización de los objetos

Para Meltzer la organización de los objetos se desarrolla mediante características que vienen tanto de las propiedades de los objetos como de las cualidades del self y de las relaciones entre estos. Meltzer plantea que existen tres tipos de organización de los objetos internos la organización infantil, la organización adulta y la organización por supuesto básico.

La organización infantil que tiene que ver con los estados fisiológicos y las necesidades que estos conllevan, conservando aspectos de bebe, niño, niña como partes escindidas. Se plantea que:

“Los estados mentales infantiles están relacionados con el cuerpo, las sensaciones y los instintos. Entran en contacto con el mundo a través de la sensualidad y la acción. Aprenden por más por identificación y menos por experiencia. Con mucha frecuencia externalizan el mundo interno, lo cual dificulta su diferenciación con el mundo externo. Esto hace que el determinismo sea su filosofía. Están cargados de voracidad y erotización. Predomina la relación competitiva con los demás. Viven de nostalgias del pasado y sueños de futuro más que del presente. Son oportunistas, buscan el placer de la sensualidad y de la acción exitosa. Son propensos a coleccionar y en su mente predomina la noción de cantidad sobre la de calidad. Buscan la posesión de los objetos, su agotamiento y su intercambio” (Muñoz, 2011, p. 36-37).

La organización adulta se construye mediante la identificación proyectiva con algunas cualidades de los objetos internos.

El estado mental adulto, que depende del buen estado de los objetos internos y de la buena relación del self con ellos, se caracteriza por su sensatez intencional, la presencia de aspiraciones de carácter ético, una relación con los objetos externos basada en su valor y un predominio de la responsabilidad sobre los preceptos morales. No se rige por la obediencia; no ignora las observaciones desagradables; perdona sin olvidar pero puede dejar de lado lo pasado, porque pierde vigencia en el presente. Toda actividad es vista como una forma de trabajo. Predomina la intimidad afectiva en sus relaciones. La emocionalidad, la observación y el pensamiento son su manera de acercarse al mundo, tanto interno como externo. Se inclina hacia la bondad, la belleza y la verdad. Es un buen miembro del “grupo de trabajo” y se aleja de los “grupos de supuesto básico”. Aprende de la experiencia; su seguridad está construida internamente; no le teme ni al amor ni al odio de los demás; le cuesta trabajo aceptar el papel del azar en el mundo externo, al sentirse responsable del mundo (Muñoz, 2011, p. 36).

En su texto Familia y Comunidad, Meltzer retoma los planteamientos de Bion en cuanto a la organización de supuesto básico y señala que estos tienen que ver con los mitos primigenios compartidos, creando sistemas de comunicación basados en la identificación proyectiva. Meltzer (1990) plantea que existen tres modos de organización de supuesto básico:

Grupo de supuesto básico de dependencia: La función de liderazgo recae en manos del miembro más grandioso del grupo. La función del líder es representar las funciones de pensar, planificar y soportar la responsabilidad. En el grupo, uno de los dos sexos es dominante, dicho dominio es considerado como inherente a la comunidad. La mitología del grupo incluye indicaciones sobre la inferioridad histórica, la falta de adecuación y de confiabilidad, aunque no necesariamente de malignidad del sexo recesivo (Meltzer, 1990, p. 31)

Grupo de supuesto básico de ataque y fuga: El liderazgo de este grupo tiende a recaer en el más violento. La violencia, tomada erróneamente como fuerza o convicción, genera una actitud

de voracidad hacia la comunidad. Se siente que el tiempo es apremiante como para poder pensar. Lo esencial es la acción (Meltzer, 1990, p. 32).

Grupo de supuesto básico de apareamiento: el grupo de apareamiento no tiene líder, pero vive a la expectativa de la llegada de uno nuevo; cualquiera que sea su foco, tiene el sentido de una cámara nupcial en la que se dará vida a un salvador. Por esta razón, el sexo, o por lo menos, la atmósfera de pasión sexual, invade los pensamientos y actitudes, como si hacer el amor tuviera un sentido cuasi industrial, con el amor como bien vendible o al menos transmisible, como su actividad central (Meltzer, 1990, p. 33)

b. La dimensionalidad del espacio psíquico de Meltzer

Meltzer desarrolla la noción de dimensionalidad del espacio psíquico, con cuatro formas (unidimensionalidad, bidimensionalidad, tridimensionalidad y tetradimensionalidad) que deferencia en términos de la cualidad del self y de los objetos, así como de la cualidad de las relaciones entre ellos, a lo que añade diferenciaciones en la noción de tiempo y espacio.

Meltzer (1975) plantea que la vida mental tiene dos dimensiones: la espacial compuesta por cinco compartimentos de la “geografía de la fantasía”: dentro y fuera del self, dentro de los objetos internos, dentro de los objetos externos; el quinto compartimento es el “no-lugar” del sistema delirante. La segunda dimensión es la temporal, la cual tiene un desarrollo que va de la circularidad a la oscilación y finalmente al tiempo lineal del “tiempo de vida” para el individuo (p. 197). La dimensión espacial del espacio vital fue descrita por Meltzer en su texto en cuatro niveles: la unidimensionalidad, la bidimensionalidad, la tridimensionalidad y la tetradimensionalidad. Estos niveles nos permiten una descripción de la organización de la experiencia, la cual no es estática, sino por el contrario dinámica.

- Unidimensionalidad

Es un estado mental caracterizado por una relación lineal de tiempo-distancia entre self y objeto, donde se establece el self como centro fijo con un sistema de rayos en dirección y distancia de los objetos, los cuales son concebidos como potencialmente atractivos o repelentes. En la relación que se establece con los objetos, alejarse de uno simultáneamente acerca al self hacia otro. La gratificación no puede diferenciarse de la fusión con el objeto. La experiencia emocional es simple y polarizada, y se constituye en “una serie de eventos no disponibles para la memoria o el pensamiento”. El tiempo no se diferencia de la distancia, por lo que Meltzer lo llamo tiempo de cierre (Meltzer, 1975, p. 198).

- Bidimensionalidad

En este estado mental “la significación de los objetos se vivencia como inseparable de las cualidades sensuales que pueden captarse de sus superficies” (Meltzer, 1975, p. 199). El self también es una superficie sensible, inteligente en la percepción y apreciación de las cualidades de la superficie de los objetos, pero limitado en pensamiento e imaginación dado que carece de medios para construir objetos o hechos distintos de aquellos experimentados de manera concreta, siendo frecuente el uso de la identificación adhesiva, la copia del objeto o la cercanía inaplazable del mismo. Lo anterior se debe a que no existe un espacio interno dentro de la mente, no hay lugar para la fantasía y el pensamiento, la mente tiene una forma plana que suele pegarse a otras superficies

Meltzer (1975) plantea que en el mundo bidimensional el self está disminuido en memoria, deseo y previsión, las experiencias no podrán resultar en la introyección de objetos o en la modificación introyectiva de los ya existentes, por lo que no podrá darse el pensamiento en regresión o progresión, imposibilitando la reconstrucción de vivencias pasadas o imaginando

vivencias futuras, entonces se vivirá en el tiempo pasado ya que la relación con el tiempo es circular, incapaz de generar cambios perdurables. Las circunstancias que amenacen esta estabilidad serán vivenciadas como una ruptura de la superficie o como una sensación difusa, sin sentido y por ende atormentadora (p. 199).

- Tridimensionalidad

En este mundo, los objetos, y el self por identificación se conciben como continentes de espacios potenciales. Se adquiere un espacio interno, un espacio continente capaz de proteger y controlar sus propios orificios, una vez se ha hecho efectiva la función de esfínter; si se es contenido se desarrolla la capacidad de ser continente. Los movimientos de la fantasía son de entrar y salir del objeto, tomando el tiempo una direccionalidad propia; surge el tiempo oscilatorio en las concepciones mentales “del mundo”. Meltzer (1975) plantea que en este estado mental opera la omnipotencia de manera continua dándole forma a la fantasía de la identificación proyectiva, lo cual afirma la reversibilidad de la diferenciación del self respecto del objeto y la reversibilidad de la dirección del tiempo (p. 200).

- Tetradimensionalidad

En este estado mental se ha superado el control omnipotente de los objetos característico del mundo tridimensional. Self y objeto se reconocen no solo como separados sino también autónomos. Se favorece la identificación introyectiva, “donde el sí mismo encuentra objetos a los que intenta emular, después de poder diferenciar las cualidades que valora en ellos” (Trevisi, H. 2012, p. 81). Se maneja lo incognoscible del self y del objeto, se puede pensar sobre las emociones y se acepta que es imposible conocer al otro y a sí mismo completamente. El autor señala “el renunciamiento es su condición necesaria, el tiempo es su amigo y la esperanza su

marca de ley”. En este mundo el sujeto puede reconocer el paso del tiempo en el que hay un pasado, un presente y un futuro, y se es consciente de la muerte (Meltzer, 1975, p. 200).

4. Notas sobre algunos planteamientos de D. Winnicott