Juan J. Paz-y-Miño Cepeda1
El 21 de enero de 2000 se produjo en Ecuador un golpe de Esta- do contra el presidente Jamil Mahuad (1998-2000), en medio de una conjunción de situaciones que en ese momento eran difíciles de evaluar. En los días previos al acontecimiento, se supo de la movilización que habían emprendido las comunidades indígenas con dirección hacia Quito, la capital de la república. Aquel 21, la tensión en la ciudad fue evidente. Al movimiento indígena se sumaron otros movimientos socia- les. Al anochecer todo el país estaba a la expectativa de los sucesos. Los indios amenazaban con tomarse el edificio del Congreso y avanzar hasta el Palacio de Carondelet, sede del gobierno.
Se habían tomado las previsiones de seguridad y el palacio del Con- greso así como el del gobierno estaban protegidos por policías y miembros del ejército. Los diputados habían logrado salir. Los canales de televisión transmitían las noticias desde el lugar de los sucesos. Llamó la atención cómo, en un momento determinado, los militares que supuestamente custodiaban la sede del Congreso, retiraban o alzaban el cercado de alam- bres y permitían el paso de la multitud que había permanecido gritando consignas contra el gobierno y contra los diputados. En su mayoría eran indígenas. La multitud penetró al palacio. A los pocos minutos se veía el salón máximo repleto de hombres y mujeres del pueblo, que vivaban a los militares con quienes se confundían, gritaban emocionadas consignas an- tigubernamentales, colocaban pancartas y carteles, levantaban la bandera tricolor y blandían palos en tono amenazante.
Algo se esperaba, pues los minutos seguían transcurriendo ante las cámaras. En otro momento inesperado, ingresaban al salón varios
1 Doctor en Historia. Profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Vicepre-
sidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia.
oficiales del ejército, resguardados por otros soldados. Les seguían aplausos y vivas. Se instalaron al frente del salón, ocupando la mesa principal.
Al poco tiempo parecía estar organizada la improvisada reunión. Habló el coronel Lucio Gutiérrez, en tono patriótico y “revolucionario”. Le acompañaron en las palabras siguientes Antonio Vargas, máximo di- rigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y Carlos Solórzano Constantine, abogado y viejo político, bastante conocido en el país por su trayectoria. Anunciaban el descono- cimiento que hacía “el pueblo” al presidente Jamil Mahuad, la instaura- ción de un Gobierno de Salvación Nacional integrado por las tres perso- nas nombradas y los decretos que inmediatamente se dictarían.
Progresivamente el desenlace de los acontecimientos resultó ines- perado. El triunvirato recibió el respaldo de otros sectores militares y distintos sectores populares. Después, todos marcharon hacia el palacio de gobierno. Se supo que Mahuad ya no se hallaba allí. También se conoció que otros sectores militares no apoyaban el “golpe” y que inclu- so amenazaban con avanzar sobre Quito y los rebeldes. No estaba claro el panorama.
Una vez en Carondelet, se instaló el nuevo gobierno, pero con una variación: en lugar del coronel Lucio Gutiérrez y a fin de que no se rompa la jerarquía institucional de las Fuerzas Armadas, actuaría el ge- neral Carlos Mendoza, quien contaba con el respaldo de las tres ramas: ejército, marina y aviación. Después se sabría que hubo serios roces en- tre la superioridad militar y los coroneles levantados, que Gutiérrez ha- bía sido el alma del “golpe” y que a él se habían unido oficiales de pres- tigio en su carrera y en su preparación académica, que Gutiérrez final- mente accedió al recambio para no afectar la unidad ni la jerarquía mi- litar y que la cúpula de las Fuerzas Armadas había urdido un plan para mantener el régimen constitucional. El general Mendoza era el instru- mento del mismo.
En efecto, pasada la medianoche Mendoza anunció a sus compa- ñeros del triunvirato que él se retiraba del gobierno, que las Fuerzas Armadas igual y que, por tanto, el efímero Gobierno de Salvación Na- cional literalmente quedaba disuelto y sin apoyo militar.
¿Qué habrá pasado en las horas siguientes? Lo cierto es que a eso de las 7:30 de la mañana del sábado 22, ante la cúpula militar y en el local del Ministerio de Defensa, Gustavo Noboa Bejarano, quien hasta entonces había sido el vicepresidente de Mahuad, anunciaba que el ti-
tular de la función ejecutiva había abandonado el cargo y que él asumía el poder. Al mediodía se reunió el Congreso y solo entonces proclamó como nuevo Presidente a Gustavo Noboa. El democristiano Jamil Ma- huad había caído. Y en todo el país hubo un amplio regocijo por este “derrocamiento”.
La misma noche en la que se instaló el efímero triunvirato, dirigí un correo electrónico a Carlos Barros, historiador que tiene a su cargo la red “Historia a Debate” (www.h-debate.com), quien inmediatamente lo difundió. En pocas horas circularon otros correos electrónicos de aca- démicos de diversas partes del mundo que buscaban informaciones más amplias sobre los acontecimientos en Ecuador, pues se había regado la idea de que los indios y los militares se tomaron el poder y una revolu- ción estaba en marcha. Fruto de esas demandas fue el texto “El complejo proceso de la crisis constitucional en el Ecuador. Apuntes sobre ‘Histo- ria Inmediata’ desde Quito”. Ese texto está publicado en la página web
de Historia a Debate2.
En la primera nota que dirigí a Carlos Barros le refería sobre los acontecimientos de la noche del 21 de enero de 2000. Los ubiqué en el contexto histórico de la reacción nacional contra el gobierno de Ma- huad, cuyas medidas económicas y particularmente el “salvataje” que hiciera a la banca privada en el año 1999, incluso con un feriado banca- rio de por medio y la congelación de los depósitos de la ciudadanía, había despertado la acumulación de fuerzas que desembocó, inevitable- mente, en el golpe de Estado.
Las notas posteriores y el texto explicativo sobre el derrocamiento “constitucional” de Mahuad, pasaron a inaugurar una sección de la pá- gina web de Historia a Debate, que Carlos Barros bautizó como “Histo- ria Inmediata”.
En poco tiempo también estuvo preparado un libro, bajo el título: “Golpe y contragolpe. La Rebelión de Quito del 21 de enero de 2000”, editado por Abya Yala, una empresa dedicada al libro ecuatoriano, que ha alcanzado un alto prestigio por las obras que difunde, lo que incluso le mereció el Premio Eugenio Espejo del año 2008 que el gobierno nacional entrega anualmente a personas (naturales o jurídicas) que se han destaca- do por su obra cultural e intelectual de beneficio para el país.
2 Juan J. Paz y Miño Cepeda, El complejo proceso de la crisis constitucional en el Ecuador,
Apuntes sobre “Historia Inmediata” desde Quito, febrero de 2000, www.h-debate.com => Historia Inmediata (15/02/00).
Al tema inicial sobre la “Rebelión de Quito” siguieron otros. Hoy, Historia a Debate ha consolidado una red mundial que trata diversas historias inmediatas.