Año 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 Total
Número 17 52 37 65 107 127 218 294 411 505 274 239 2,346
Porcentaje 1 2 2 3 5 5 9 13 18 22 12 10 100
Fuente: Cronología del CEDEE, revisadas y cotejadas por Milton y Darío Tejada citado en Laura Faxas (2007: 237).
La situación de los movimientos sociales no mejoró en el curso de las elecciones de 1990 cuando todo parecía indicar que se abría una oportunidad política para encauzar sus reivindicaciones. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se había convertido en el partido de la esperanza, pues era el único que no había ejercido el poder y, por otro lado, el PRD estaba profundamente dividido. Aunque el PLD no se propuso como partido populista que procuraba llenar el vacío dejado
3 Estos habían tenido conflictos con Balaguer en cuanto a la imposición de restricciones a la
tasa de cambio. En 1988, bajo su presión, el gobierno se vio obligado a unificar la tasa cambiaria, pero siguió exigiendo que las divisas cambiadas en el Banco Central fueran usadas por el Gobierno para pagar la deuda externa, la factura petrolera y otras necesidades básicas (Espinal, 1995:71). Sin embargo, estos conflictos en ningún momento abrieron una brecha significativa entre Gobierno y empresarios para crear oportunidades políticas para los mo- vimientos sociales.
4 En 1988 había siete centrales sindicales en el país que agrupaban apenas 10% de la PEA.
Estas centrales respondían a los lineamientos de los diferentes partidos, lo cual contribuía aun más al debilitamiento de este sector.
por el PRD, a los ojos de la población, era la vía más adecuada para desalojar a Balaguer del poder. El PLD era un crítico acérrimo de la política económica de Balaguer y atacaba la emisión de dinero inorgáni- co para financiar la política de construcción de grandes obras públicas por parte del gobierno. Además, la emisión de dinero inorgánico provo- caba una inflación muy elevada, lo cual causaba resentimiento pues, el poder adquisitivo se disminuía al tiempo que los salarios se mantenían estáticos. Esta era una de las reivindicaciones de los movimientos popu- lares y, por ello, el PLD tenía amplió apoyo en la población.
Cuando se celebraron los comicios, la Junta Central Electoral (JCE), declaró a Balaguer ganador por menos de 1% de los votos emitidos. El PLD rechazó los resultados y convocó a una revisión del proceso pues, creía que su candidato, Juan Bosch, había ganado las elecciones. Luego de muchas presiones políticas, la JCE electoral accedió a investigar los alegatos de fraude del PLD, pero dos meses después emitió un boletín donde daba a Balaguer por ganador. El candidato del PLD llamó a mo- vilizaciones para denunciar el fraude electoral, pero eventualmente tuvo que aceptar los resultados emitidos por la JCE.
Balaguer sabía que las elecciones habían sido controvertidas y que ganar por menos de 1% lo ponía en una situación realmente delicada. Eso explica por qué convocó a todas las fuerzas vivas de la nación a cele- brar un Pacto de Solidaridad Económica para modificar la política eco- nómica que había ejecutado durante su gestión previa (1986-1990). Dicho pacto incluía: “liberalización de los precios y apertura económi- ca, reforma tributaria y administrativa, política monetaria coherente, alto definitivo a la emisión de dinero ‘inorgánico,’ tasa de cambio única y aumento de salarios, aplicación de un sistema de pensiones y desarro- llo de programas enfocados a los sectores más pobres de la población” (Faxas, 2007: 304; Ceara Hatton, 1996: 33-73). Hábilmente, Balaguer incluía algunas reivindicaciones de los movimientos sociales y esto fue atractivo para una parte de las centrales sindicales y del movimiento popular barrial.
Balaguer convocó a los empresarios, a las organizaciones populares, a la Iglesia Católica y los partidos para que participaran en el pacto. Los empresarios, la Iglesia y el PRD apoyaron el gobierno. El PLD se opuso a firmar el pacto aludiendo que esta era una estrategia de Balaguer para legitimar su mandato. Las organizaciones populares nuevamente se divi- dieron en su respuesta, lo mismo que las centrales sindicales. Rafael San-
tos de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) asistió a la firma del pacto, no lo firmó, pero su presencia en el acto hizo que muchos pensaran que de esa manera lo legitimaba (Faxas, 2007: 302-309).
La firma del Pacto de Solidaridad muestra que el gobierno, a pesar de haber ganado en elecciones cuestionadas por la oposición, mantenía la gobernabilidad, tenía el respaldo de la elite empresarial, la Iglesia y una parte significativa del movimiento social. El Pacto había sido for- mulado en las altas esferas del gobierno y la participación del movi- miento social había sido insignificante.
Luego de la firma del pacto, el PLD con el apoyo del movimiento popular y sindical convocó a una huelga el 13 y 14 de agosto, conocida como de “duelo nacional” para protestar por la toma de posesión de Balaguer (16 de agosto de 1990) y contra las medidas anunciadas en el Pacto. Desgraciadamente, la Guerra del Golfo en el Cercano Oriente que estalló el 2 de agosto de 1990 creó un ambiente difícil para el país, pues los precios del petróleo se dispararon en el mercado internacional, teniendo un impacto negativo en la sociedad dominicana ya que los precios del transporte y los artículos de primera necesidad aumentaron. La Guerra cambió el panorama político nacional y las organizaciones de los movimientos sociales se vieron en la imposibilidad de convocar a huelgas en vista de que no podían culpar al gobierno por asuntos que estaban fuera de su control. No obstante, los líderes populares y sindi- cales convocaron dos huelgas nacionales en septiembre y noviembre de 1990. Las profundas divisiones al interior del movimiento sindical y popular, el agotamiento de la huelga nacional como método de lucha y la falta de apoyo a estas convocatorias las llevaron al fracaso. En estas condiciones se cerró el ciclo de protestas que había iniciado en 1979.