En este capítulo mostramos que un programa de financiamiento rural que no logra integrarse satis- factoriamente en las comunidades donde opera con un nivel mínimo de legitimidad sin perder su in- tegridad (es decir, donde sus reglas de juego son respetadas) no puede alcanzar sus objetivos de co- bertura y sostenibilidad.
Más concretamente, la experiencia de El Jobo mostró que donde existe una concentración de bene- ficiarios de reforma agraria, organizados jerárquicamente en redes alrededor de dirigentes de coo- perativas y de la UNAG, que monopolizan los vínculos con las intervenciones externas, el funciona- miento de un programa de crédito inserto en esas redes puede ser considerablemente dificultado. Además, por el fuerte poder de negociación de esas redes jerárquicas-clientelistas, relativamente bien organizadas y reforzadas por la disponibilidad de nuevas asistencias externas, es muy difícil pa- ra las intervenciones externas trabajar en la comunidad con reglas que no concuerdan con la cultu- ra de esos beneficiarios de reforma agraria, y aún menos, cambiarlas. La percepción de crédito co- mo "ayuda flexible" es casi generalizada dentro de esas redes. Una contradicción de una interven- ción externa con esa percepción tiende a resultar en una actitud de oportunismo individual de cor- to plazo e incluso en acción colectiva contra la intervención.
Se puede entender esta reacción también como una opción de los miembros (pobres) de la comuni- dad por una acción colectiva frente al actor externo, bajo el umbral protector de las relaciones ver- ticales-clientelistas locales, en vez de arriesgarse en construir relaciones individuales con instancias externas, regidas por reglas del juego –externas– más objetivas, quizás con más posibilidades de emancipación individual en el mediano plazo, pero fuera del umbral protector local.
De esta manera, la presencia de este patrón de "elección de contratos" (no solamente frente a las ini- ciativas financieras analizadas aquí) podría interpretarse como un encierre exagerado de los miem- bros de la comunidad en las estructuras sociales locales, que constituye un obstáculo institucional para el desarrollo de más "conexión" individual con actores externos, un elemento considerado por Woolcock y Narayan (2000) como imprescindible para el desarrollo local.
La necesidad objetiva de manejar los riesgos por las condiciones agroecológicas difíciles y los nive- les de vida precarios de los productores en El Jobo da una base objetiva para estas actitudes y estra- tegias. Además, se debe tomar en cuenta que El Jobo es una comunidad con relativamente poca con- fianza horizontal y apoyo mutuo, de manera que en la medida que no haya covariabilidad de los ries- gos, los mecanismos informales de compartir éstos en la comunidad son poco presentes10. En esa
perspectiva, la disponibilidad en el corto plazo de asistencia provista por actores externos se presen- ta como una alternativa atractiva y necesaria. Según nuestra óptica, son esas condiciones las que in- centivan la selección de soluciones cortoplacistas de sobrevivencia y la preferencia a favor de acto- res externos con un enfoque más asistencialista.
Aunque al inicio de los años noventa en Las Piedras existían percepciones similares sobre el crédito, con el tiempo ellas pudieron ser transformadas de manera relativamente exitosa, incluso las de los so- cios de las diversas cooperativas, quienes se convirtieron en buenos clientes de los dos programas. Uno de los factores que explican este logro lo constituye la mayor heterogeneidad económica y so- cial de la comunidad, lo cual causa una competencia beneficiosa y presión mutua que dificulta el lo- gro de acuerdos de no cumplimiento de los contratos de crédito, que ponen en peligro las relaciones importantes con financiadores externos. Esos factores, además del hecho de que los líderes locales no monopolizaron los vínculos con los programas, permitieron que éstos establecieran contactos más directos y confiables con sus clientes de forma individual.
Otros factores son las mejores condiciones agroecológicas, la situación económica general menos precaria, la mayor integración horizontal, la mayor presencia de acción colectiva, la mayor confian- za hacia el exterior, y la percepción general más positiva hacia intervenciones externas. Estos ele- mentos, en su totalidad, resultan al mismo tiempo en menor necesidad y mayor capacidad de mane- jar riesgos, y se transforman en percepciones y estrategias frente al crédito, las cuales son más com- patibles con las condiciones de los contratos de crédito estipuladas por organismos que buscan am- pliar su cobertura manteniendo un mínimo de sostenibilidad financiera.
Las características de la institucionalidad local de Las Piedras permitieron a los dos programas imple- mentar de forma consistente las "reglas del juego", y seleccionar rigurosamente a los clientes con base en el conocimiento y análisis de sus características individuales. Esto fue facilitado por la implementa- ción de un sistema con menos participación local en los procesos de gestión del sistema de crédito. En El Jobo no fue posible implementar tal sistema, ya que significaría una reducción del poder de los líderes locales. Allí la mayoría de las relaciones que tienen los productores con intervenciones ex- ternas son intermediadas por los referidos líderes, y forman parte de las estructuras verticales loca- les. De hecho, la legitimidad de esos líderes muchas veces depende de su capacidad de asegurar los vínculos con organizaciones de desarrollo. Los intentos de éstas por apoyar a los pobres, son tradu- cidos por los líderes de la comunidad en flujos de recursos hacia sus redes clientelistas, en las cua- les monopolizan los contactos con la organización de desarrollo11.
La gente de la comunidad reconoce esa posición de sus dirigentes, y, en cierta medida, son corres- ponsables de la reproducción de esas redes de dependencia (Mendoza, 1996). El campesino pobre considera que los dirigentes de la comunidad siempre estarán, mientras que las organizaciones ex- ternas de desarrollo, no. De forma paradójica, la presencia relativamente abundante de estas orga- nizaciones en El Jobo podría reforzar la reproducción de las redes verticales de los dirigentes y ex socios de las cooperativas. El último grupo sigue dependiendo de sus líderes, utilizando la "ayuda fá- cil y flexible" para aliviar su situación frágil y precaria.
No obstante, el acceso sostenible a recursos financieros permitiría no sólo inversiones y transforma- ciones económicas locales, sino que facilitaría también la creación de nuevas redes con posibles im- plicaciones positivas para el entorno institucional local, tal como la creación de redes horizontales de cooperación y vínculos no monopolizados con actores externos. Sin embargo, la estructura social existente en El Jobo restringe tanto las posibilidades de inversiones en sus fincas como la creación de nuevas redes. Las experiencias de los dos programas en El Jobo mostraron que sus esfuerzos pa- recen haber reforzado el sistema local de dependencia de los pobres en sus líderes, sobre todo en el caso del FDL. Esta observación debería ser relacionada a la paradoja omnipresente de la coopera- ción de desarrollo: que los más necesitados son casi siempre menos capaces de establecer y mante- ner relaciones sostenibles con intervenciones externas.
Uno debería preguntarse si esto se debe en su totalidad a las deficiencias institucionales de la comu- nidad de El Jobo. Es claro que la conversión de los programas FDL y LAV en programas de crédito "puros" derivó en contradicciones con las redes sociales dominantes y las percepciones relacionadas sobre intervenciones externas, resultando en una ruptura de las relaciones. Sin embargo, nos pre- guntamos si no hubiera sido posible desarrollar contratos de crédito más apropiados a las necesida- des de los productores pobres y descapitalizados de El Jobo, con algunas provisiones para ayudar a manejar los riesgos climatológicos, sin llegar a condonar, necesariamente, las deudas. Tal oferta ins- titucional podría facilitar la negociación de una relación estable y de largo plazo con los clientes "di- fíciles" de esa comunidad12.
El concepto de "sinergia" propone que cierta flexibilidad y adaptación de la intervención externa a la realidad local podría ser indispensable. Por eso, hay que tener cuidado con una aplicación no crí- tica de "best practices" a cualquiera realidad local. La pregunta central consiste en cuál es el margen que queda para que una intervención externa pueda adaptar su diseño institucional para que sea más compatible a la institucionalidad local, es decir minimizar los costos de transacción sin poner en peligro su integridad.
El balance entre esas dos es bastante delicado, sobre todo cuando la intervención externa intenta cambiar el entorno institucional existente. Demasiada "sinergia" pone en peligro la "integridad" de la intervención. La mezcla óptima depende de la naturaleza específica de cada realidad institucional local. Nos parece obvio que las intervenciones de desarrollo deben enfrentar este reto, pues si no, se quedarán trabajando exclusivamente en las comunidades "sanas", donde es más fácil reconciliar ambos objetivos de sostenibilidad y cobertura.
Bibliografía
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1 Para garantizar la secretividad, las comarcas estudiadas aparecen en este estudio con seudónimos. 2 Cada índice es igual al promedio normalizado de los tanteos de 3 preguntas individuales por categoría,
con valor 1 para una respuesta "positiva", 0 para una respuesta "negativa" y 0.5 para una respuesta "neutral". En el anexo se encuentran las preguntas que fueron utilizadas para crear los índices de estas percepciones, además de los resultados detallados por pregunta.
3 Las preguntas no distinguieron entre los dirigentes de las redes en el caso de que existan varias. Nuestras observaciones no permitieron diferenciar las opiniones según la identificación de los líderes.
4 Cabe mencionar que después de una evaluación reciente el programa dejó de condicionar el crédito de capitalización a la plantación de cercas o árboles. De esta manera, se flexibilizó la oferta del programa de acuerdo con la nueva realidad de la mayoría de los ex cooperados, generalmente ya avanzados en la finquerización básica de sus anteriores "tierras peladas". El nuevo programa para "productores en difi- cultades" también incluye a otros pequeños productores descapitalizados que no sean beneficiarios de reforma agraria, tal como algunos, afectados por el huracán Mitch.
5 Véase D’Exelle, 1999, para una descripción más detallada de los cambios de políticas del programa LAV. 6 También era un objetivo secundario fomentar la reforestación como tal.
7 A diferencia de Las Piedras, estos recursos financieros fueron acaparados como subsidios por unos pocos productores.
8 Incluso, varios productores tenían la percepción de que el banco desde este momento sólo iba a aten- der a los productores menos pobres.
9 En el contrato inicial entre ambas partes se estipulaba que la parcela, una vez legalizada, serviría como garantía para los préstamos de construcción de las cercas.
10 Véase también el capítulo de Nadia Molenaers sobre diferencias parecidas entre dos comunidades en la zona de Somotillo.
11 Con muchos problemas de abusos y desconfianza, la estructuración vertical de las interacciones sociales resulta ser una solución "second best" al problema del orden social, con dificultades en términos de flu- jos de información, rendición de cuentas e imposición de las reglas del juego hacia arriba (Putnam, 1993). 12 Sin embargo, como la sostenibilidad financiera requiere de una intervención con un mínimo de cobertu- ra inicial para reducir los costos operacionales, a cualquier intervención externa con objetivos de sosteni- bilidad financiera, le parece imposible poder limitar sus actividades a El Jobo. Considerando esta comu- nidad como área riesgosa, podría ser preferible entrar individual y gradualmente a ella por medio de un banco con presencia sostenible en una comunidad vecina.
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