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0.6 Aplicación de la teoría CMM a un caso

0.6.4 Conclusiones del caso

Para demostrar la aplicación de algunos de los conceptos de CMM se presentó un caso de la vida real donde se aclara la teoría. Se observa como la teoría de CMM fue usada durante las sesiones y como a través de este trabajo la práctica ha enriquecido la teoría.

De todos los casos en los cuales he ofrecido aplicar la teoría de CMM a través de un patrón, la clienta EH demostró ser la más exitosa tal vez debido al interés que demostró durante las sesiones y su capacidad de reflexionar sobre éstas.

La autora confirmó y evidenció la importancia de co-crear con la clienta el patrón y el aporte que los diagramas puedan ofrecer a un cliente, no solamente durante la sesión sino por fuera de ésta, donde la clienta pueda continuar pensando, recordando y reflexionando en el patrón co-creado durante la sesión, siguiendo entonces con su proceso, dentro de su cotidianidad, gracias al dibujo enviado a su casa por correo.

Es muy difícil saber exactamente cuál fue el proceso de cambio de la cliente. Aquí solamente se puede hacer divagaciones al respecto. Hubiera sido interesante volver a hablar con ella para preguntárselo. A continuación, enumero algunas posibilidades que de pronto le ayudaron a realizar el cambio:

La cliente, a través de la exploración y la creación del patrón durante la sesión, inició un proceso de reflexión que continuó después de la sesión. Días después, al recibir en su casa la reproducción del diagrama del patrón hecho durante la sesión, recordó algunos hechos, que debieron ayudarle a volver a pensar y reflexionar sobre sus comportamientos y los efectos de éstos en ella, en sus tres hijos y en otras personas allegadas. El lugar donde la clienta debió colocar el dibujo del patrón pudo haber sido un lugar donde sólo ella podía observarlo, y donde pudo ir identificando los patrones no deseados y los Operadores Morales que los mantenían.

Al ver el dibujo del patrón, pudo volver a recordar las sesiones y reflexionar, de nuevo, en sus circunstancias, o bien mirándolas desde la misma óptica o bien bajo otra perspectiva, lo cual pudo llevarla a hacer algún cambio, pequeño o grande, en su comportamiento. El observar este cambio pudo hacerla reflexionar aún más sobre el efecto del mismo en ella, en los niños o en otras personas que trataban de ayudarla, o también en el colegio o los vecinos que, de nuevo, impulsaron nuevos pensamientos o la reflexión sobre su vida. Se reforzó así un comportamiento gracias al cual se fue creando no sólo uno sino otros varios patrones que le fueron facilitando y reforzando el cambio que deseaba hacer.

Es conveniente ayudar al cliente a identificar los Operadores Morales que son los responsables de mantener los patrones. La facilidad para identificarlos puede incrementarse en la medida en que el cliente tenga acceso al terapeuta para que, entre ambos, y desde la Primera Persona (ya que desde esta perspectiva son más fáciles de entender), trabajen los círculos viciosos a través de las historias de su familia, religión, raza, género, relaciones interpersonales, rol, poder, entre otros.

A través de las llamadas semanales o quincenales y las cartas enviadas por parte de la terapeuta para acordar otra cita, sin recriminarla por no haber asistido, se le alentó a tener cada vez más confianza en la terapeuta, a recordar los momentos de las terapias y el sólo hecho de saber que había alguien genuinamente pendiente de ella y de sus hijos, o sólo que alguien la estaba pensando, le ayudó a realizar pequeños cambios de los cuales tomó conciencia en su proceso de reflexión, o también la llevó a asistir a otra de las sesiones a pesar de las dificultades que tuviera en ese momento, que podían ir desde sentirse deprimida hasta organizar a los tres niños.

La terapeuta siempre tuvo presente el hecho de ofrecerle un espacio en el cual la clienta se sintiera respetada, bienvenida y segura. Un espacio donde la clienta podía ir tomando sus determinaciones y experimentar las consecuencias de las mismas.

También le recordó, durante cada sesión, de la confidencialidad que había entre las dos. Tampoco la refutó, juzgó, regañó, ni hizo comentarios a los relatos que la clienta iba haciendo. Así, la confianza de la cliente en su terapeuta y en ella misma se fue incrementando.

En ningún momento le hizo exigencias a corto plazo para hacer un cambio en su vida y mucho menos insinuó que podían quitarle a los niños si no realizaba cambios rápidamente, tal como lo había hecho mucha gente dentro de su círculo de ayuda. Bien pudo haber ocurrido que se le quitó de sus hombros la presión de estar a la defensiva ante la perspectiva de perder a sus hijos pequeños.

La terapeuta habló siempre con respeto y probablemente utilizó una actitud y un vocabulario diferentes a los que la cliente había experimentado antes, mientras que se le pasaba la responsabilidad de sus actos. Tuvo la experiencia de que no la estaban presionando para que cambiara y que cualquier cambio se iniciaba desde ella, si así ella lo deseaba.

El hecho de poder hablar sobre espiritualidad, sobre sus creencias religiosas, y de definir como era su Dios, también fue otro factor que le ayudó para iniciar el proceso de cambio.

Nunca se conocerán las historias ni los patrones nuevos que fueron remplazando sus creencias anteriores. Tampoco, cómo fue el proceso mediante el cual la clienta los fue creando y cambiando.

Otra posibilidad que ayudó al cambio fue el hecho de que un año después de terminada la terapia le ofrecieron un cambio de zona de vivienda que había solicitado hacía mucho tiempo. Esto probablemente le ayudó a iniciar una nueva vida, con nuevos vecinos, comercio,

colegios y gente que le pudo haber permitido a la cliente mostrarse y darse a conocer de una manera diferente, sin los sobrenombres, ideas o estereotipos, ni encajonamientos que ya le habían creado en la otra área de la ciudad. Además, inició estudios de belleza y empezó a trabajar medio tiempo en una peluquería, hecho que pudo haberle dado más confianza en sí misma. Este proceso pudo haberla ayudado a reforzar y mantener los cambios que ya había hecho.

Los momentos más significativos como terapeuta a través de las sesiones fueron haber logrado que la paciente hablara sobre su depresión delante de sus hijos y, lo más importante que ellos oyeran sobre su intención de jamás entregárselos a nadie. Notar que los niños aprendieron a escuchar a su mamá y los unos a los otros cambiando su comportamiento, su relación con su mama y hermana menor, quedando la necesidad de continuar la terapia con los niños para trabajar con ellos sobre la responsabilidad que sentían de cuidar a su madre.

A pesar de no haber asistido a varias de las sesiones sólo fueron necesarias cinco de las dieciocho ofrecidas. A pesar de la poca asistencia, se logró establecer una relación de confianza por parte de EH hacia la terapeuta, lo que les permitió a ambas trabajar de manera exitosa. La mayor sorpresa la constituyó la rapidez del cambio en su vida, cambio que hasta el momento ha sido duradero.

Reflexionando sobre el rol del terapeuta, fue positivo el haber mantenido los canales de comunicación abiertos labor que exigió constante seguimiento durante la terapia y después de ésta.

Al escribir este trabajo no sólo aumentó el reconocimiento y la admiración por el trabajo realizado por la cliente. Se le reconoce una gran inteligencia y capacidad de introspección y de aplicación en su vida.

En cuanto al tema de la espiritualidad, vale la pena recordar que la clienta era irlandesa y tanto ella como la terapeuta habían crecido dentro de la iglesia católica, apostólica y romana. Esto era un punto que las dos tenían en común. Esto permitió un acercamiento y mayor confianza de parte de la clienta hacia la terapeuta.

Posiblemente, la clienta encontró contradicciones en cuanto a su religión o a sus creencias religiosas. También se dio cuenta de cómo las personas actuaban de manera diferente en cuanto a las enseñanzas católicas recibidas cuando vivían en Irlanda. Su madre, practicante católica, llevaba una vida alejada de los principios y mandamientos. Esto probablemente creó conflictos morales tanto en ella como en su madre. La clienta continuó con la tradición familiar y regional inculcándoles a sus hijos la religión católica. Su madre, por otro lado, se convirtió al islamismo, cuestionando aún más a su hija.

Otro conflicto que EH tenía era el de tener que abandonar a sus dos hijos mayores si quería irse a vivir de nuevo a Irlanda, para irse a vivir con la persona que ella amaba y que le exigía que los dejara y que tan sólo se fuera con la hija de los dos. La madre que abandona a sus hijos y el castigo divino o culpabilidad que acompaña este tipo de decisión representaba otro dilema ético y moral que se sumaba a los demás problemas e inquietudes.

0.7 Conclusiones

En sus inicios este trabajo sólo pretendía hacer una descripción de cómo había nacido y cómo se había desarrollado la teoría de CMM. Esta tarea resultó ser dispendiosa al intentar exponer y presentar de una manera comprensible para el lector el desarrollo cronológico y conceptual en sus inicios. La autora eligió, entonces, presentar los conceptos que consideró más relevantes de la teoría y la aplicación de los mismos a un caso con el fin de facilitar su comprensión.

Para poder escribir la historia de CMM la autora se vio en la necesidad de recoger información de artículos y libros fuera de edición. Al leer varias de sus publicaciones es interesante anotar cómo los autores comentan que las ideas, pensamientos y conceptos fueron naciendo durante las conversaciones que sostuvieron y a partir de las preguntas que se formulaban entre ellos. Esto es congruente con su pensamiento que sostiene que nuestras identidades y realidades se crean en conversación con otras personas. A medida en que investigaba CMM y la manera como la teoría se fue desarrollando encontró que muchos autores que mencionaban a CMM citaban los mismos dos o tres artículos que no ofrecían mayor explicación sobre la teoría. Sólo cuando Pearce escribió sus dos libros en 1984 y 1989 salió a la luz la teoría en sí.

Los autores y sus colaboradores han sido siempre consecuentes desde la publicación de Harrison en 1979 en cuanto a que han aplicado su teoría a casos particulares. El uso de la aplicación de la teoría a la práctica y de la práctica a la teoría permite una retroalimentación que hace evolucionar y ratificar más la teoría.

La autora logró comprobar la eficacia de CMM para observar y analizar a través de la comunicación los patrones que se forman en cualquier interacción. Se crea así una nueva

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