0.3 CMM como una teoría de la comunicación
0.4.3 Las fuerzas lógicas
Los recursos según Pearce, están compuestos de todas nuestras historias, percepciones o ideas que dan coherencia a nuestro mundo. Estos se expresan en nuestras prácticas que
muestran constantemente “la lógica de significado y acción” que son las que define como “lo
que es obligatorio, legítimo, dudoso o prohibido”. Esta lógica ejerce una fuerza que impulsa a
la persona a interpretar y responder. Estos hacen parte de lo que llama Pearce los patrones repetitivos no deseados (PRND).
Según Pearce (1989), la lógica de significado y acción se puede describir bajo cuatro conceptos: La Fuerza Prefigurativa, la Fuerza Práctica, la Fuerza Contextual y la Fuerza Implicativa, (Fig. 5), Pearce, p. 40.
Figura 5. Cuatro aspectos de la fuerza lógica de Pearce (1989), p. 40
La Fuerza Prefigurativa es el sentido de obligación que proviene de todas las cosas que
ocurren antes de actuar. Esta se define respondiendo al “por qué” de una acción. La Fuerza
Práctica es el sentido de obligación que se siente después de haber actuado. Se define al
responder al “para qué”. La fuerza Contextual proviene de las definiciones de sí mismo, del
otro, de las situaciones, de las relaciones interpersonales y demás. Se define al explicar las razones y el contexto que influye en el acto. La Fuerza Implicativa es el sentido de obligación
Relaciones interpersonales
Episodio
Concepto de Sí mismo
Eventos Precedentes Fuerza Prefigurativa Acto Fuerza Práctica Eventos Anticipados
que proviene de los efectos percibidos/anticipados que esa acción tendrá en las nuevas definiciones que se crean de sí mismos, de las relaciones inter-personales, de las situaciones y demás. Esta fuerza se define al responder al “por qué” del acto que explica la redefinición de
la relación establecida, sea esta consigo mismo o con cualquier otro.
0.3.2 ¿Cómo surgió el nombre de la teoría CMM?
Cronen y Pearce (1980), comentan sobre las dificultades que tuvieron para definir lo que se proponían hacer ya que trataban tres temas que describen como concéntricos. Para interpretar la comunicación se requería explorar el tema dentro del contexto de la naturaleza del conocimiento humano y, para hacer esto último, era a su vez indispensable indagar sobre la naturaleza humana. Otra de las inquietudes con las que se encontraban en ese momento los autores era el deseo de desarrollar una teoría que estuviera acorde con los nuevos avances de la humanidad tanto en las áreas de las ciencias sociales como en la filosofía.
Es así como comentan que su libro trata “sobre los procesos que ocurren y las fuerzas que afectan a las personas cuando se comunican con otros”, sobre la naturaleza del
conocimiento y la condición humana. Aquí ya empieza a entreverse el nombre del libro que escribe Pearce en 1989 llamado La Comunicación y la Condición Humana.
Pearce (1999) relata las circunstancias en que estaba cuando pensó en el nombre del Manejo Coordinado del Significado para la teoría que estaba vislumbrando. En 1973, como teórico de la comunicación, estaba tratando de integrar su conocimiento sobre la comunicación y los diferentes paradigmas de la investigación y el pensamiento. Paseando un día con amigos terminaron hablando sobre los proyectos en los que cada uno trabajaba en ese momento.
pregunta desde la perspectiva de la comunicación y a medida que lo iba haciendo concluyó en ese momento que la comunicación es significado y que se hace de una manera activa:
“Vivimos en vidas llenas de significados y uno de los retos en nuestras vidas es la de
manejar esos significados de manera que podamos hacer nuestros mundos sociales
coherentes y vivir dentro de ellos con honor y respeto. (…) Siempre estamos
necesariamente coordinando la manera en la cual nosotros manejamos nuestros significados con otras personas. Por consiguiente, concluí que la comunicación tiene que ver con la coordinación del manejo de los significados” (pág. 7).
En 1979, para la reunión anual del Concejo Nacional en las Relaciones de Familia realizado en Boston, Linda Harris, Vernon Cronen y Sheila McNamee del Departamento de Estudios en Comunicación de la Universidad de Massachussets, presentaron un documento llamado Un Estudio de Caso Empírico de Comunicación de Episodios para el taller de Desarrollo y Metodología de la teoría. En este artículo los autores hacen una introducción de la teoría de CMM como una teoría sistémica de la comunicación diciendo que CMM es una
teoría que “propone una descripción de y una explicación para” la dinámica de los sistemas
conformados por personas en donde:
“los sistemas humanos se conceptualizan como sistemas abiertos. Un sistema humano depende de la actividad dinámica de la comunicación con otros sistemas humanos para lograr sus objetivos. Esta es una actividad coordinada que involucra procesos en los cuales se transfiere y se organiza información, pero la comunicación entre humanos es más que un simple intercambio de información. Debido a la característica de la
autorreflexión de los sistemas humanos la comunicación es inherentemente
problemática” (pág. 1).
En resumen, Harris et al (1979) mencionan los aspectos más importantes de la teoría CMM y los presentan de la siguiente manera:
1. Los individuos actúan con base en construcciones hechas sobre sí mismos, sobre los demás y sobre las situaciones.
2. Las construcciones de significados son organizadas jerárquicamente.
3. Las construcciones de eventos particulares se dan de acuerdo al sistema de reglas de significado y acción de la persona.
4. Los sistemas de reglas individuales difieren en estructura.
5. La yuxtaposición de dos o más personas produce un sistema de reglas interpersonales.
La teoría de CMM muestra cómo desde la parte más pequeña de la comunicación, algo aparentemente sencillo como es un acto del habla, se genera todo un modelo de comprensión de los múltiples factores que están influyendo en un momento dado en la formación de las diferentes realidades de las personas involucradas. Esta posición ayuda a empezar a
comprender la complejidad no solo de la comunicación sino también de cualquier emisión que provoque un efecto en el otro.