0. Introducción:
3.6 Conclusiones
Si se quisiera hacer una vista panorámica del recorrido trazado en el presente trabajo, el resultado permitiría observar que la mayor dificultad de todo el recorrido, y el reto principal de una propuesta de trabajo así configurada, fue la adquisición de lo que Bion (citado por muñoz, 1995) denominó la capacidad negativa que “permite tolerar la incertidumbre hasta que los pedazos observados adquieran algún patrón coherente y armónico” (Muñoz, 1995. P. 43).
Entre la incertidumbre y la incomodidad (Fernandez, 2007) fue emergiendo una propuesta de trabajo que pretendía abordar fenómenos en principio inaprehensibles, como lo son la experiencia subjetiva con la música y la vivencia de la intersubjetividad. Pero a medida que más se profundizaba en la indagación teórica, que permitía pensar cada vez con más elementos la problemática planteada; más se encontró la importancia de
garantizar que entre menos criterios de forma tuviera cada paso de la indagación, mayor lugar se le daba a la aparición del gesto espontáneo (Winnicott, 1965/1993).
Producto de ese esfuerzo, los resultados permitieron no solamente proponer una metodología de investigación que se abre camino en medio de problemáticas complejas; sino que también dio lugar a toda una reflexión personal, académica y práctica sobre la naturaleza humana. Esto de ninguna manera tiene una pretensión de solucionar los problemas de investigación propuestos, sino que por lo contrario, busca abrir más inquietudes y presionar en el límite de lo conocido.
El ser humano es un ser inacabado y en permanente construcción, y en consecuencia la investigación buscaba respetar la naturaleza de su procedencia y ser siempre un camino abierto. Como menciona Green (2010) la incorporación del objeto, en este caso el conocimiento; implica una apropiación subjetiva creativa. Así, este conocimiento así adquirido, no es un conocimiento estático y externo, sino en constante devenir. La intersubjetividad se construye a partir del momento en el que el sujeto vuelve a sí mismo por el rodeo del otro (Green, 2010) transformando a los investigadores- participantes como profesionales y como seres humanos.
Asimismo, se llegó a un reconocimiento de sus propias formas de ser, la identificación con sus objetos internos, sus organizaciones y estados psíquicos; y también al reconocimiento de sus propios “demonios” dentro de aquellas características negativas con las que más pelea y sufre. Pero no solamente se intentaba lograr una taxonomía de las dificultades, sino también un análisis de los caminos que tienen estas dificultades, para tramitarse y abrirse camino; en un contexto exterior al ya conocido encuadre terapéutico.
En este sentido, el espacio de improvisación musical no fue solamente un espacio de conocimiento personal y teórico, sino también un espacio de liberación, de distención y de resignificación de algunos de los conflictos cotidianos. Al principio se planteaba que la música solía verse únicamente desde el plano sensual (Copland, 1985) al cual acude la fisiología corporal; pero que detrás de esto podría convertirse en una forma de simbolizar y de construir sentido en medio de lo indeterminado.
Aquí se apostó por la noción de transicionalidad como camino que abre pasó a una vivencia especial del mundo, y sin duda pensar e indagar en esta noción desde un principio, hizo que los investigadores quisieran encontrar el sentido de la experiencia, el símbolo en medio de lo desconocido. No obstante dada su naturaleza, un fenómeno transicional no se puede forzar. Por lo tanto esto no resulta un sesgo para la investigación;
sino más bien un ingrediente adicional que permitió adentrarse en la observación de las dinámicas de búsqueda humana de adherirse a los ideales.
Por otra parte, resultó de especial interés encontrar en la experiencia intersubjetiva, la potencialidad de la música para decir en el silencio producido por la ausencia de los significados. En este sentido la música es un medio que diluye los límites comunicativos convencionales que separar al sujeto y el objeto, por la distancia generada por la palabra hablada. En este sentido la improvisación musical brinda oportunidades notables para una comunicación que se sienta más real por el individuo. Sin ser discursiva, la música expresa sentidos, por irradiación (Green, 2010); haciendo que las intenciones y no intenciones de los participantes “hagan el amor sin tocarse”.
El impacto clínico de estas conclusiones es notable, si se tiene en cuenta que estas escenificaciones de los dramas psicológicos, en un escenario sin guiones preestablecidos - aparte de los que ya tenía cada uno de los participantes por su historia de vida, que además fueron puestos a prueba elimínanos los límites reaseguradores de la experiencia social cotidiana - permite que muchos de los contenidos mentales, o las inscripciones a los órdenes de significación se muevan y oscilen; lo cual inevitablemente produce desarrollo (Bion, S.F. citado por Muñoz 1995).
McDougall (1987) a su vez, diría que cada puesta en escena de la obra, así sea la misma obra, varía en cada interpretación. Así, el espacio de improvisación musical creado con fines investigativos resultó siendo un espacio cuasi-terapéutico, en el sentido en que permitió un descanso; que por momentáneo que fuese; permitió una movilización de los conflictos cotidianos, disminuyendo la virulencia con la que se vivían aquellos conflictos en el día a día.
Por último es preciso destacar y recordar lo importante que fue pensar lo que se hace y saber lo que se piensa. El pensamiento filosófico y científico nació de la genuina curiosidad del ser humano en búsqueda de una reflexión acerca de lo que acontece en su vida cotidiana. Si bien es cierto, es importante que se realicen investigaciones que tengan impactos cuantitativos inmediatos en el mejoramiento de las condiciones de vida del ser humano; el pretexto de conocerse a sí mismo un poco más también debería ser una justificación suficiente para investigar.
Como se observó en la investigación, en los hechos más simples de la vida, y en las actividades aparentemente más accesorias; puede estar el camino de una transformación importante en la experiencia del ser en el mundo, y por tanto de su calidad de vida. Trabajar por una mejor sociedad y en la construcción de un mundo más habitable
en medio de las enormes dificultades del presente, puede tomar un ritmo lento y complejo que brinda aportes diferentes – ni mejores ni peores - a los que proporcionan las perspectivas enmarcadas en la lógica industrial de eficiencia.