0. Introducción:
3.2 Sobre los Estados Mentales
Con respecto a los estados mentales, es preciso decir que desde los múltiples significados provistos por la teoría, se logra evidenciar un carácter relacional que permite pensarlos como el resultado de múltiples elementos que confluyen en la relación del individuo tanto con su realidad interna como con su realidad externa. Según esto, todo estado mental estará mediado por, no únicamente algo propio del momento presente y sujeto a la experiencia concreta; sino también por las influencias de representaciones internas que salen a flote en cada uno de los momentos de aquellas relaciones con lo externo. Al presentarse entonces un espacio de relación con el otro, éste siempre evocará desde el territorio del no yo, una serie de impresiones y sensaciones que estarán arraigadas precisamente en todas aquellas representaciones que se alojaron en el aparato psíquico e interactúan con el yo.
Cualquier tipo de comunicación presupone entonces la activación de este diálogo continuo entre contenidos externos e internos que precisamente en este caso, logran vislumbrar y definir una serie de características de gran valor que finalmente podrán permitir arrojar una serie de conclusiones con respecto a las características propias de lo que emerge en los estados mentales de una comunicación no verbal pero si musical. De esta manera se podría encontrar también una posible descripción de lo que significa un estado mental dentro de la improvisación musical que fue de hecho uno de los objetivos que trazó el camino de esta investigación.
Para comenzar entonces, es preciso decir, que en efecto durante las tres sesiones, y gracias a los registros hechos por cada uno de los participantes; se pudo comprobar de manera fehaciente que tanto antes como después de las improvisaciones, siempre se presentaron tensiones que de manera inevitable afectaron la interacción entre los tres participantes.
Dichos factores a su vez, fueron descritos por lo general desde un diálogo que en parte describía la relación real de comunicación con lo que había sucedido en el momento como tal de la improvisación; que en su gran mayoría, y sobre todo en los pos registros se trataba más de un relato que iba encaminado a poder describir la emergencia de todas aquellas impresiones y fantasías originadas desde una dimensión intrapsíquica y silenciosa, donde aparecieron muchos más elementos que en lo exterior en específico.
Uno de los elementos que se podría usar como perfecta ejemplificación de lo anteriormente dicho, es el hallazgo hecho en el análisis de resultados con respecto a la tensión emergente de los conflictos con el superyó de cada uno. La confrontación a los objetos internos de carácter persecutorio y tiránico, fueron algo que de manera reiterativa apareció en cada uno de los estados mentales de los participantes.
Éstos no únicamente identificaban estos personajes en su propio self, sino que además pudieron lograr observar cuando dichos personajes aparecían de manera latente en los cuerpos de sus mismos compañeros, generando un ciclo de retroalimentación en el que la proyección de los propios elementos se amalgamaba con procesos de identificación. En este punto es claro cómo cada uno de los participantes durante las sesiones logró proyectar y transferir en el otro una serie de sensaciones y fantasías que poco a poco tomaron forma y lograron desencadenar toda una reacción defensiva que marcó el desarrollo de la sesión y la forma de actuar y relacionarse con el otro.
Para lograr profundizar un poco más respecto al origen de estas formas comunicación entre lo interno y lo externo y el surgimiento del estado mental con base en estas interacciones, es clave retomar aquí nuevamente la teoría que ayudaría a esclarecer aún más la influencia de este tipo de acontecimientos con el concepto de los estados mentales.
Recordando en este punto entonces la teoría respecto a la organización frente al objeto introyectado, se hablaría acá desde la óptica de Klein acerca de dos formas básicas de relación con aquellos objetos internos: una de tipo esquizo-paranoide que haría
referencia en específico a la división del objeto en la idealización y la escisión del otro; y por otra parte una organización depresiva donde la descomposición del objeto no se presenta como en el caso anterior, y más bien se toma a éste como una unidad integrada que tiene una parte buena y una parte mala que a su vez ha sido repudiada y odiada por el niño, lo cual finalmente genera culpa y depresión.
Respecto a estas dos posturas de la organización frente al objeto interno, Bion también lleva a cabo su aporte teórico agregando que como tal, estas dos organizaciones
no se presentan de manera fija y estática si no que por el contrario, la organización esquizo-paranoide y la depresiva se presentan de manera simultánea entre una oscilación continua que en este caso es la que permite el desarrollo de las emociones y la forma en que se presentan como respuesta a la interacción con el objeto.
Ahora bien teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, se pudo observar que realmente en el espacio de encuentro buscado en la presente investigación, se lleva a cabo constantemente esta serie de organizaciones frente a la interacción con los otros, donde las percepciones van de la mano con proyecciones que en últimas son las que dan pie para la interacción y la emocionalidad como tal.
En los casos específicos, por ejemplo, donde aparecía la voz castradora y tiránica hablando acerca de las demandas que sentía el yo y que debía cumplir de manera impositiva; se generaba toda una reacción elaborada desde la emotividad misma que permitía protegerse de la amenaza del sufrimiento. Por otra parte, los momentos de miedo y ansiedad de poder llegar a anular y acabar con la presencia del otro, también ofrecen aquí un gran ejemplo de cómo los estados mentales afloran desde todo un entramado interno.
La presencia de dicha angustia conlleva a que sea el yo quien tome la decisión nuevamente de comportarse de manera pasiva, accediendo al temor de la represalia por la anulación del otro; o por el contrario de manera impositiva y activa buscando poder ser escuchado y satisfecho en sus deseos por los otros. Estos dos caminos experimentados como una frecuente oscilación también, tienen una relación directa con la forma en que el yo decide apropiarse de la situación y logra desplegar todo un sistema de comportamiento que le permite buscar la adaptación, usando recursos de momentos anteriores de su vida que en el momento resultaron ser efectivos.
Al respecto de estas formas de relacionarse en manera casi de guión predeterminado, McDougal hace toda una explicación acerca de cómo dentro del psiquismo en constante caos y dinamismo, se encuentra todo un arsenal de actores que permiten actuar un libreto con base en las percepciones sentidas en el momento del encuentro con otro. Éstas son “partes de nosotros mismos que a menudo actúan en completa contradicción unos contra otros, provocando conflictos y dolor mental para nuestro self consciente” (McDougall, 1987. P. 12)
Dicho de esta forma es como si en nuestro aparato psíquico realmente hubiese albergado todo un elenco de objetos internos que al ver la posibilidad de poder salir y representar su obra desde el espacio interno, quisieran salir nuevamente a presentar todo
su acto dramático. Desde esta perspectiva, que se sirve de la metáfora dramaturga para explicar las diferentes formas de comunicación del yo frente a situaciones particulares, es posible relacionar ciertos elementos que aparecieron durante y después de las sesiones, donde efectivamente los participantes parecían tener una serie de libretos preestablecidos donde por lo general se defendían o acataban las ordenes de los objetos internos persecutorios.
En general se logra ver cómo ante las demandas autoritarias, normalmente suelen haber voces de personajes caracterizados como “el niño obediente” o el “niño coartado” o el “adolecente rebelde”; que en este caso no son más que precisamente aquellas formas de relación preestablecidas desde la relación con objetos internos y el resultado del funcionamiento de estos repertorios con aquellos representantes. Éstos a su vez, son proyectados nuevamente sobre otros, apareciendo nuevamente como en un primer momento y con la seguridad de que lo hicieron para resolver la tensión presente.
Asimismo, las observaciones realizadas a partir de todas estas voces y guiones presentes en los relatos, permiten abrir el camino de algunas reflexiones sobre la naturaleza humana, en tanto constituida por una notable diversidad y que se presentan aparentemente en la forma de unidad o individuo. No obstante esta pretendida integridad del yo muchas veces parece ser ilusorio y defensivo. Como establece McDougall, (1987) cuando se logra crear una imagen propia y por lo mismo una autoestima; su preservación puede volverse inquietante en el intento de preservar una imagen estática y estable del self.
A su vez, esta angustia de diferenciación- no diferenciación se ve particularmente amenazada; sobretodo en la relación con el otro. Así se observó en concordancia con lo establecido por McDougall (1987) en tanto el percatamiento de la alteridad suele generar una salida defensiva que puede tomar uno de dos caminos. El primero de estos se observó
como ya se dijo, en el momento en el que los mecanismos psíquicos de identificación lograban crear una relación continua con los objetos narcisistas.
Tal y como la autora lo plantea, se observó además que detrás de este mecanismo, se esconde la esperanza de reparar la imagen dañada del self y aliviar la angustia producida por una eventual separación del objeto. En consecuencia, en la interacción el otro es tratado como una parte del self, implicando “una relación con otro, el cual es
considerado y tratado como parte de uno mismo” (McDougall, 1987. P. 212).
De la misma manera, se pudo ver la presencia del otro camino propuesto por McDougall (1987) muchas veces de manera simultánea, lo que desencadenaba, durante las
experiencias, en marcados desencuentros que terminaron ser notablemente perturbadores para los participantes. Este otro camino está referido más a la angustia producida por la fantasía de la fusión del self con el otro; llevando a los sujetos a crear una barrera defensiva reforzada que reasegure la distancia entre los mismos; y que reasegure la permanencia de los límites la identidad. La forma en la que estas angustias se encontraron y dinamizaron los movimientos intersubjetivos, es lo que se discutirá en el siguiente apartado.
Atendiendo entonces a esta serie de reflexiones proporcionadas por la vivencia misma del encuentro, y retomando también acá nuevamente uno de los objetivos que marcaron el curso de esta investigación, podríamos afirmar que efectivamente se consiguió llevar a cabo una descripción de los elementos intrasubjetivos que emergieron durante la experiencia del encuentro musical.
Allí confluyeron toda una serie de elementos de naturaleza psíquica que dieron pie al entendimiento de los estados mentales como perspectiva clave para definir e identificar aquellos fenómenos subjetivos que se presentaron intrapsíquicamente en cada uno de los participantes. A su vez, estas descripciones dieron paso a un análisis de los movimientos dentro de esos estados mentales y que se observaron en los participantes a partir de la incidencia de la experiencia descrita de la improvisación musical.