La presente investigación se propuso como objetivo general explorar la noción de dignidad humana, presente en el discurso de los trabajadores sociales, a partir del contenido y significado que estos le atribuyen.
Para lograr dicho propósito, se realizaron entrevistas del tipo semi-estructuradas a 10 trabajadores sociales de ambos sexos y que laboran en distintas áreas del ámbito social. Por medio de la información recopilada a través de dicho instrumento, se logró describir la noción de dignidad humana, obteniéndose interesantes aportes desde el relato de los mismos profesionales, lo cual permitió tener un acercamiento a la construcción del concepto y a la forma como éstos significan el mismo, en orden a sus propias cosmovisiones y experiencias profesionales.
A continuación, se exponen las principales conclusiones del estudio, las cuales han sido elaboradas tomando en consideración los relatos de los y las profesionales, ejercicio de gran relevancia para la construcción de la noción de dignidad humana en cuanto génesis y horizonte de múltiples desafíos para el Trabajo Social.
En torno a la concepción ontológica de la dignidad humana
A partir de las entrevistas realizadas a los trabajadores sociales, se concluye que la dignidad humana se conecta directamente con el valor intrínseco de la persona. Dicho valor se vincula con fundamentos de índole teológico, trascendente e inmanente. Entre los principales argumentos, se enuncia la relación con un Ser o Ente superior, “Dios”, con el hecho de tener Vida o con el mero hecho de existir. A lo anterior, se agregan algunos análisis que sustentan dicha valoración en ciertas capacidades de las cuales son poseedoras las personas; como es el caso de la capacidad de autonomía, resiliencia y comunicación.
La dignidad humana se explicaría según los(las) entrevistados(as), a partir de fundamentos de índole teológico y trascendente, cuyo sustento es cierta cualidad intrínseca-divina de la persona, como por ejemplo, “haber sido creado a imagen y semejanza de Dios”, o también, por el mero hecho de “existir y tener vida”. Otro fundamento, hacer mención a aquellas capacidades de las cuales las personas son poseedoras, o que pueden ser susceptibles de desarrollar, las que aparecen en el
relato de los profesionales: “es una persona autónoma”, “su capacidad de superar las adversidades a las que se va enfrentando”, “una persona que siente, que tiene conciencia, que es capaz de comunicarse”(concepción inmanente centrada en la persona y sus características).
Pero el valor de la persona humana y por ende su dignidad ha sido vulnerado en innumerables oportunidades, a partir de la influencia de contextos que según el relato profesional se vuelven “injustos”. En este punto resulta atingente citar el término de reificación propuesto por el autor Honneth aludiendo al fenómeno de cosificación, el que se expresa en que en una sociedad capitalista se ha ido adoptando una postura que visualiza a las personas como “cosas”, lo cual evidencia una transformación y pérdida de la valoración de las personas en cuanto tales.
También en las entrevistas los profesionales identifican a la dignidad humana como, “aquella condición necesaria en la que debe vivir una persona” o “aquella condición que posibilite a la persona acceder a lo que requiere para vivir, en situación de igualdad y justicia respecto a los demás integrantes de la sociedad”. Lo necesario para vivir se vincula a la satisfacción de necesidades fundamentales como; la alimentación, el abrigo, el trabajo digno.
La perspectiva de derechos también aparece en la noción de dignidad, cuando se alude que la persona desde que nace se constituye en sujeto de derechos inalienables, a partir de la contribución que habría realizado en esta materia la Convención Internacional de los Derechos Humanos.
A los diversos aportes que realizan los profesionales para la construcción de la noción, resulta relevante agregar que, se considera imprescindible el reconocimiento del factor multicultural en dicho constructo social, intentando superar la predominancia e imposición de cosmovisiones restrictivas y particularistas, las que no necesariamente representan a todos los grupos sociales. Al respecto, surge la necesidad de promover el diálogo intercultural para instaurar una cultura de respeto y reconocimiento de la diversidad.
Además de la noción que poseen los trabajadores sociales en relación a la unidad de estudio, también se pudo conocer que éstos sitúan el origen del concepto en distintas etapas de la humanidad, o bien ligada a determinados hechos históricos, algunos de las más nombradas son la influencia de la Filosofía Antigua
(específicamente en Atenas y Roma), la clara contribución a la nueva mirada que se le dio al concepto de dignidad humana a partir del Cristianismo, la Revolución Francesa y la aparición de las luchas sociales. El hito más reciente es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A partir de esta última declaración emerge el concepto de hombre como sujeto de derecho, concepción que se sustenta en su dignidad intrínseca.
En torno a la concepción axiológica de la dignidad humana
Para los trabajadores sociales la perspectiva de los valores resulta ser un referente indispensable al momento de visualizar e interactuar con la realidad social. Éstos reconocen que de los valores dependerá la forma como el profesional mire la vida humana en general. No obstante, se resalta que cada profesional maneja un repertorio valórico personal, el que puede ser o no coincidente con el marco normativo que ha definido la ética profesional. En el mismo punto, el riesgo siempre presente a nivel del establecimiento de la relación profesional con la persona, es la transferencia e imposición de los valores individuales, los que no necesariamente son coincidentes con los de los “otros”.
Si bien, los valores humanizan la labor de los y las trabajadores(as) sociales, resulta fundamental que éstos queden claramente expresados en el marco ético- normativo de la profesión. También se agrega la necesidad que éstos sean abordados a nivel de formación de pre-grado y a nivel de grupos de discusión en diversas instancias profesionales.
La dignidad humana en cuanto valor central y de orden superior, debiese considerar como señalaba en su relato una trabajadora social, el ver en el otro a un ser capaz, al decir de la profesional “Por eso te hablo de esa dignidad; con decirle tú eres persona y tú eres capaz, no te tengo que ver como un desvalido, pobre, sino tú estás en una situación, tu puedes cambiar, tienes herramientas. Siento que todo trabajador social y cualquiera sea el área de nuestra profesión, tiene que tener una mirada del otro como un ser capaz”. Resulta ilustrativo y atingente considerar el relato de la trabajadora social, a objeto de superar ciertas concepciones de índole paternalista que durante largo tiempo han influido el quehacer profesional.
Siendo la dignidad humana un valor central y de gran importancia, resulta entonces imprescindible como base de actuación profesional, dado que reconoce el genuino e incuestionable valor de toda persona humana e independiente de la cualidad o capacidad a la cual cada grupo o cultura posicione o quiera relevar. A lo anterior, también se adiciona la clara necesidad de describir y profundizar en aquellos principios que se encuentran relacionados con la noción investigada, ya que a partir del estudio se pudo apreciar que existe un vacío en el saber, lo cual no resulta tan ajeno si se tiene en cuenta que el abordaje de este tipo de temas ha quedado postergado en el tiempo, por la escasa relevancia que se le ha dado al mismo. Ello resulta ser una tarea urgente, ya que a partir de los principios se logra visualizar en forma más pragmática, cómo la noción de dignidad humana se expresa en el trabajo cotidiano y específicamente a partir del abordaje de casos o situaciones que atañen a personas, grupos y comunidades.
El principio más nombrado por los trabajadores sociales fue el respeto y vinculado por éstos en directa relación con la dignidad humana, el reconocimiento del “otro” como un igual. También se citó la empatía, pese a que se la reconoce como una habilidad social. Otras nociones señaladas por los profesionales fueron la libertad, la igualdad, el valor de la vida, la autonomía, la justicia, la verdad, pero sólo en términos nominativos. Queda entonces por abrir un debate y análisis en torno al tema, a partir del diálogo pluralista e inclusivo.
Por otra parte, durante la realización del estudio y a partir del relato de los trabajadores sociales, se exploró la relación existente entre la dignidad humana en cuanto valor y los derechos humanos.
En el tema referido no hubo coincidencia, ya que para algunos profesionales la noción de dignidad se visualizaba a la base de los derechos humanos o en cuanto fundamento de los mismos. Para otras posturas, la dignidad humana encontraría su expresión y reconocimiento gracias al ejercicio pleno de los derechos humanos, connotados inclusive en cuanto indicadores de cumplimiento. Dichas concepciones se conectan estrechamente con la posición que albergan los trabajadores sociales en cuanto a si la dignidad humana se constituye en un principio, un medio o un fin. Al respecto, se pudo también concluir a partir de los relatos que existen posturas diversas.
Cabe notar que se requiere dilucidar la diferenciación y relación existente a nivel semántico y de contenido en torno a los términos de valor y principio, se desprende del presente estudio que no existe claridad al respecto. Según la investigadora ello podría estar influenciando la posición y valoración que los trabajadores sociales le otorgan a la noción de dignidad u otras nociones que tienen una clara y significativa connotación valórica.
Queda también la inquietud de que los trabajadores sociales puedan profundizar su conocimiento de la perspectiva de derechos humanos, ya que según el estudio se pudo constatar que tradicionalmente ha habido un vacío en este tema a nivel de formación profesional, lo cual requiere que este tipo de tópicos sean incorporados en los programas de asignaturas y también a nivel de malla curricular, en los distintas entidades de educación superior del país donde se dicta la carrera de Trabajo Social .
En torno a la concepción deontológica de la dignidad humana
La concepción sometida a análisis dice relación con el marco ético-normativo, es decir los deberes que orientan la actuación profesional de los trabajadores sociales, específicamente a partir de la relación que éstos establecen con las personas. Lo anterior, producto de diversas situaciones que vulneran el bienestar y pleno desarrollo de las mismas.
A partir de los resultados de la información, se pudo obtener antecedentes que configuran la forma en que desde dicho parámetro, los profesionales visualizan y llevan a la práctica la noción de dignidad humana. Una de las primeras conclusiones sobre este punto, da cuenta que no existe coincidencia cuando se precisa determinar si la dignidad humana se constituye en un principio, en un medio o en un fin.
Los relatos que optan por la primera alternativa, reconocen a la dignidad humana en cuanto esencia, fundamento de la persona humana, también se alude a la noción en cuanto cualidad intrínseca e inmutable que “no se puede transar”, lo cual permitiría comprender por qué no es un propósito, ya que además este último se inscribe en la categoría de proceso y desde esa perspectiva mutable. También se concluye que se trata de la base de la sociedad, la base de los valores. A lo anterior, se agrega que es fundamental en la profesión, es el principio rector.
Se pudo constatar que no obstante mediar dicho reconocimiento de la noción en cuanto cualidad intrínseca e inalienable del ser humano, el relato profesional se aleja en algunos casos de dicha premisa, ya que en algunos casos se menciona que en el marco del quehacer profesional, lo que se intenta lograr es la restitución de una “dignidad que se ha perdido”. Lo anterior, estaría dando cuenta de la necesidad que existe a nivel disciplinar y profesional de promover la reflexión y el diálogo en torno al tema, especialmente para prevenir prácticas autocráticas y paternalistas, las que a fin de cuenta no hacen otra cosa que vulnerar el respeto a la persona y su genuina dignidad. También se agrega la necesidad que la noción adquiera una posición más destacada a nivel del Código de Ética Profesional, dado que los mismos profesionales han relatado su importancia para el Trabajo Social.
En segundo lugar, la posición de algunos profesionales que visualizaron a la dignidad en cuanto medio, no logró expresarse en mayor profundidad, sólo en términos muy generales. Para dicha postura, la dignidad humana se equipara con los medios o condiciones necesarias para la subsistencia, como; alimentación, abrigo, trabajo digno. Otras opiniones le reconocen en cuanto medio para la consecución de ciertos fines como por ejemplo: “el logro de una vida mejor”, “el desarrollo humano”, “la felicidad”.
Los trabajadores sociales que adhieren a la tesis que la dignidad humana se constituye en un fin, señalan que las personas luchan por vivir en condiciones de dignidad, por tanto buscan la dignidad. Dicha búsqueda se vincula directamente con estados de necesidad y(o) vulnerabilidad. Aparece entonces la figura de él (la) trabajador(a) social, al decir de algunos profesionales para “dignificar a las personas”, imperativo que guía la actuación de muchos profesionales. Al respecto, a juicio de la investigadora en este punto se produce una confusión, dada la escasa reflexión y profundización que se ha llevado a cabo como se señalaba en el primer punto de este análisis, en torno a tan importante noción. Lo anterior, permitiría concluir como ya había sido señalado en estudios anteriores sobre la Ética del Trabajo Social, que los discursos de los trabajadores sociales estarían dando cuenta de una moral vivida (a secas) y por tanto de una escasez reflexiva en el tema de la dignidad humana, lo cual refleja la urgente necesidad de volver a repensar y socializar el fundamento que sustenta el marco ético- normativo del Trabajo Social.
Respecto de lo antes señalado, el mayor posicionamiento y preponderancia que debiese darse a la noción de dignidad humana en el Código de Ética Profesional, se agrega también el abordaje de los derechos humanos, ya que como se señaló en un punto anterior del presente documento, éstos se constituirían en los indicadores que resguardan la garantía del respeto y reconocimiento de la dignidad humana. Sobre este punto, los trabajadores sociales debiesen posicionarse con mayor protagonismo a nivel de sus respectivas áreas y ámbitos laborales, lo que también permitiría ayudar a dilucidar los dilemas éticos a los cuáles se enfrentan en sus respectivas prácticas, los que en no menos ocasiones involucran además conflictos de intereses.
Por otra parte, cabe enunciar como uno de los principales resultados del estudio en lo que a ética normativa se refiere, es que la mayoría de los profesionales no recuerda o no identifica a la noción de dignidad humana en el Código de Ética Profesional. Algunos relatos no obstante declaran que es un valor que se encuentra en forma tácita o implícita al interior del código y que se vería reflejado en el respeto de la persona o a partir de la declaración de otros principios, como es el caso del principio de confidencialidad o el no emitir juicios de valor. Al respecto, reiterar la necesidad de retomar el ejercicio reflexivo, como también explicitar y dar mayor preponderancia a la noción en el texto, a objeto que pueda ser claramente identificada e internalizada por los profesionales del área.
En cuanto a la forma en que los trabajadores sociales incorporan la dignidad humana en el ejercicio de la profesión, se pudo deducir que existe una diversidad de abordajes, dependiendo de las particulares cosmovisiones de cada profesional y que se condicen directamente con la noción que poseen sobre el tema. A lo anterior, se agrega la influencia que ejerce la institucionalidad a nivel de las distintas áreas o ámbitos laborales en que se desempeñan los profesionales, las que también poseen sus propios lineamientos o declaración de principios como es el caso de las áreas de Infancia, Mujer, Justicia, Salud Mental, Infractores de Ley, Micro-Emprendimiento, etc.
No obstante, la importante contribución del relato y análisis de los profesionales en torno a la noción, se concluye que éstos se vinculan con sus particulares concepciones, desde el mundo de sus también particulares formaciones y experiencias, desde allí la necesidad de generar un ejercicio dialógico y discursivo
intradisciplina para revisar y delinear a partir de una moral pensada, los parámetros éticos de la profesión.
En otro aspecto, en el presente estudio no se logró obtener mayores antecedentes respecto al cómo en términos prácticos se aplica la noción en el trabajo cotidiano y a partir del establecimiento de la relación profesional con las personas. Esto estaría dando cuenta, según ya se había señalado de la ausencia hasta ahora de un ejercicio reflexivo de pensar y operacionalizar la noción y encontrar así una articulación entre teoría y práctica.
A lo anterior, se concluye que un ejercicio reflexivo de tales características además de posibilitar la generación y/o reformulación de lineamientos para la ética actuación profesional, podría considerar también la posibilidad de abrir un debate en el contexto actual en torno a un nuevo modelo y metodología para el Trabajo Social, ello considerando que la disciplina y profesión posee un predominante componente ético-valórico.
En torno a la concepción dialógica de la dignidad humana
La palabra “dignidad” ha estado presente en el discurso colectivo durante siglos a nivel de la humanidad y ha sido enarbolada como bandera de lucha por importantes líderes mundiales, como expresan en su relato los trabajadores sociales. Para algunos y en la actualidad la dignidad se encuentra más presente que nunca en los movimientos sociales, los que buscan su reconocimiento a partir del pleno ejercicio de los derechos ciudadanos, en una sociedad cada vez más pluralista y diversa. Para otros, la noción aún no goza del reconocimiento que merece, transformándose en una tarea aún pendiente en nuestra sociedad. Algunos acontecimientos que habrían concomitado en lo anterior sería el largo proceso de transición hacia la democracia que habría vivido Chile durante los últimos cuarenta años. Entre los principales temas a resolver y que impiden el pleno respeto y reconocimiento de la dignidad humana serían los altos índices de desigualdad y segregación que aún existen en nuestro país. No obstante dicho planteamiento algunos relatos aluden a una visión más positiva de la evolución del concepto, especialmente a partir de la promulgación
de los derechos humanos y su influencia por ejemplo en temas relativos a infancia, mujer y adulto mayor.
En el contexto social actual, la dignidad humana recibiría la influencia de las actuales corrientes hedonistas y utilitaristas que operan a nivel de las relaciones sociales, dado lo anterior, no es una noción que se encuentre presente a nivel del discurso colectivo, más bien se señala que pareciera algo “ajeno” o “extraño”. Por lo anterior, surge el imperativo de rescatar el concepto, a nivel individual y colectivo y hacerlo cada vez más visible en sociedad.
También se enuncia en el relato profesional que la dignidad aparecería en ocasiones como una respuesta frente a las vulneraciones a los derechos humanos, de allí que se comience a hablar sobre la necesidad de restituir el respeto y dignidad de las personas. Esto daría cuenta del carácter reactivo que tendría la noción, como respuesta a lo que se enuncia como “las grandes catástrofes que han asolado a la humanidad”. De lo contrario se expresa, la noción cae fácilmente en el olvido, hasta