VI.- RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN
2.1. Contribución de la perspectiva de los valores a la comprensión de la realidad social
Es importante señalar, que este punto de la investigación tenía por propósito situar el análisis de la dimensión axiológica de la dignidad humana estableciendo un primer ejercicio reflexivo, a partir de la significación que los y las profesionales le atribuyen a la perspectiva valórica en el ámbito de la ética profesional, para posteriormente pasar al abordaje de la dignidad humana en su acepción de valor.
Para esta perspectiva de análisis y según el aporte del autor Scheler, los valores se constituyen en referentes que surgen a partir de la intuición de la persona, poseen ciertas propiedades como objetividad, perennidad y universalidad. Las personas tienden hacia los valores, los que se sustentan en el valor central que constituye la propia “persona humana”. Debido a su cualidad objetiva, los valores son independientes a las personas, ya que son externalizados por las mismas.
Los valores influyen también en la forma en que las personas se posicionan, miran e interactúan con la realidad, este punto es mencionado en el siguiente relato profesional:
“Yo creo que están totalmente relacionados, porque va a depender de tus valores como tu mires la vida humana en general”.
“Mira, yo creo que los valores nos aportan… es como el filtro, para despejar un poco lo que son las personas y lo que son las circunstancias que rodean a esas personas y que complejizan su historia”.
“Para mí los valores son una cuestión principal en mi vida, yo opto por este trabajo, por este lugar donde trabajo, por las condiciones en que trabajo por un tema valórico, yo me relaciono desde un tema valórico con el otro, yo intento promover y potenciar los buenos valores con y para el otro, entonces para mí es un eje fundamental; y me parece que es un eje fundamental de nuestra profesión, la que debería pararse bien firmemente desde ahí, desde una concepción valórica, de esta puesta de trabajo con el otro y para el otro, entonces para mí es lo que nutre mi forma de trabajar, lo valórico…”.
Se logra apreciar que los valores se enlazan con las convicciones y con una opción de trabajo en un área específica, en el caso del tercer párrafo se trata de una trabajadora social que labora en un Centro de Educación Especial orientado a niños, niñas y familias vulnerables.
Si bien la profesión del Trabajo Social posee un fuerte componente ético-valórico, considerando que los valores se inscriben en el marco de ser orientaciones para la acción, se plantea el riesgo siempre presente de transferencia y/o imposición de las propias valoraciones profesionales a las personas. Precisamente es en este punto, donde cobra especial relevancia la característica de universalidad que tienen ciertos valores como es el caso de la dignidad humana u otros que pudiesen ser identificados como universalizables, constituyéndose en la base ético-valórica que debiesen manejar los profesionales durante la relación profesional con las personas, previniendo toda suerte de subjetivismo.
El Trabajo Social como señala la profesional, debería sustentarse firmemente desde una concepción valórica.
El siguiente relato hace referencia al posicionamiento primario y valórico que debe realizar el trabajador social respecto a la persona humana, a partir del respeto, fe en
sus capacidades y perspectiva de cambio, exceptuando toda valoración cimentada en concepciones como pobreza o desamparo:
“Es que si no existieran los valores, nuestra intervención sería bastante irresponsable por decirlo de alguna forma. Creo que la base de nuestros valores y nuestra ética tiene que ver con hacer al otro, darle el respeto, no sé, mis valores de creer en el otro, de saber que el otro es capaz Por eso te hablo de esa dignidad; con decirte tú eres persona y tú eres capaz no te tengo que ver como un desvalido, pobre, sino tú estás en una situación, tu puedes cambiar, tienes herramientas. Siento que todo trabajador social y cualquiera sea el área de nuestra profesión tiene que tener una mirada del otro como un ser capaz, en la medida que tú seas, tengas esa visión… porque le vas a dar respeto”.
Resulta muy interesante el planteamiento de esta profesional, ya que de ello se desprende que la situación en la cual se encuentra una persona no debería afectar su valoración en cuanto tal, ya que ella posee capacidades y la posibilidad de desplegar sus herramientas. En base a lo anterior, resulta necesario hacer una distinción entre el valor de la persona y las características de su situación, como ejemplo se podría señalar que distinto es hacer alusión al “pobre”, que a la “situación de pobreza que afecta a una persona”. Se concluye en este punto que a la base de este tipo de expresiones existe una determinada concepción y valoración del ser humano, lo cual influye de manera determinante en el tipo de relación y práctica que establece y desarrolla el profesional con cada persona. En el caso de esta profesional, su concepción y valoración de las personas con las cuales le corresponde trabajar a diario se sustenta en el enfoque de las capacidades y empoderamiento, lo que se vincula directamente a su pertenencia a una institución que trabaja con el tema de microemprendimiento.
Más adelante, los profesionales se pronuncian sobre la complejidad que conlleva el tema valórico:
“El tema valórico es súper complejo, porque de hecho hablamos desde lo que desde mi visión es para mí un valor, los valores, pero hay valores culturales que como sociedad son mínimos, nosotros como profesionales tenemos valores mínimos, valores comunes y desde esa posición, escala valórica, yo también entro a ejercer mi profesión sin contar los valores universales y los estilos o patrones de crianza entregados por nuestras familias. Entonces me hace mucho sentido la perspectiva valórica en la intervención en nuestra área”.
En el punto anterior, se intenta hacer referencia al marco ético-normativo que poseen los profesionales para ejercer su labor, pero no se detalla mayormente en torno a qué valores mínimos, comunes y escala valórica se está haciendo alusión. También se observa la referencia durante el relato de la profesional a los valores universales. A lo anterior, y en base al objetivo del estudio cabe preguntar, la dignidad humana, ¿se constituye para los trabajadores sociales en un valor universal?, ¿las valoraciones que promueven los trabajadores sociales reconocen o vulneran el respeto y valor de la persona humana?. Sin lugar a dudas y a partir de la interesante verbalización de dicha profesional, se abre la posibilidad de un necesario debate en este tema, para lo cual resulta urgente generar instancias de diálogo a nivel del ámbito disciplinar y profesional.
Otra referencia en torno al tema se desprende del relato que se presenta a continuación:
“Claramente los valores pueden contribuir, pero también pueden ser una barrera, a mí me da la impresión que los valores son inherentes a culturas, los valores no son…., no son universales digamos, si bien hay valores que creemos que son universales, los valores están definidos en función de la forma que viven las distintas culturas y las subculturas, y en ese entendido la perspectiva valórica que está detrás del concepto de dignidad humana como yo la entiendo digamos en términos personales, a partir de la perspectiva de derechos y de una perspectiva más espiritual, de trascendencia, claramente se sustenta en el valor de la vida, del respeto a la vida como un valor central. El suponer la trascendencia de cada una de las personas, esos valores que en mi caso entiendo universales, para otros no son universales, tienen otro valor que evidentemente pueden generar barreras para que efectivamente se pueda hacer efectiva la dignidad de las personas. Ahora claramente, a partir de nuestra mirada cultural…nos pueden ver con que nosotros estamos afectando la dignidad de algunas personas por la forma en que establecemos nuestra forma de relacionarnos…”.
A partir del relato profesional, resultaría entonces improcedente aludir a la tesis de Scheler en torno a la teoría de los valores, en cuanto objetivos e independientes de su portador, ya que el planteamiento expresa la cualidad relativa que tendrían los valores, al menos en lo que respecta al tema de diversidad cultural. Siendo esto así, la perspectiva axiológica de la dignidad sería difícilmente universalizable a partir de una sola dimensión de análisis, lo cual dependería de la propia valoración que cada grupo y cultura le asigne. No obstante lo anterior, y tomando en consideración el
respeto a las distintas culturas, resulta indefectible el establecimiento de ciertos mínimos o algún tipo de confluencia-consenso a nivel intercultural, ya que precisamente para proteger el valor de la persona humana se requiere el establecimiento de una base común inalienable.