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CAPÍTULO 1. HISTORIA E HISTORIAS LA PRENSA PERIÓDICA Y SU

1.7. Conclusiones

Los periódicos son una pieza básica para la reconstrucción histórica de toda comunidad humana en cuanto reflejo y evidencia significativa de los acontecimientos que definen la vida inmediata, en un determinado momento, de una sociedad. El fondo de textos –informaciones, significados– que contienen les convierte en fuente fundamental para completar un cuadro de observaciones certero sobre los aspectos políticos e ideológicos de la sociedad que se examina. El análisis del lenguaje utilizado por la prensa es, a su vez, necesario para entender la estructura y el trasfondo ideológico y cultural que motiva las opiniones y demandas expresadas a través de las diferentes cabeceras,

51 Aun tomando una salida puntual del recorrido marcado por el desarrollo de esta tesis, es recomendable

acercarse a una reflexión desde la literatura –pero aplicable a cualquier producto textual– sobre el asunto aquí tratado y releer el capítulo titulado “Exactitud” en Calvino (2007).

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destinadas en su origen, de manera más clara que las notas estrictamente informativas, a influir en el devenir político de una sociedad, ya sea promoviendo el mantenimiento de estructuras de poder establecidas o estimulando la génesis y el crecimiento de movimientos ideológicos dirigidos a organizar un nuevo modelo de organización social, basado en principios y paradigmas diferentes a los dominantes.

El periódico como soporte de la memoria colectiva, como objeto que refleja las condiciones de desarrollo de una sociedad, como agente difusor de mensajes políticos y representante de intereses sociales y económicos, como fermento de ideas e instrumento para crear opinión, representa una sugestiva manera de acercarse al conocimiento del tiempo histórico en el que se ubica y contextualiza el objeto de estudio, los mensajes iberistas publicados en Madrid entre 1840 y 1874.

Así, se observa cómo todo discurso escrito y reproducido por la prensa periódica no es aséptico, inocuo e independiente, sino que responde necesariamente a determinadas representaciones particulares de una clase social dada, lo cual por otra parte no significa que dichos discursos sean deshonestos o embusteros. El texto se produce en base a determinados intereses que pretenden manipular o, si se quiere, que pretenden influenciar, formar opiniones y apreciaciones de carácter cultural e ideológico en la sociedad que acoge y produce estos discursos. Lógicamente, un tratamiento adecuado de la prensa como fuente supone acercarse a las publicaciones periódicas con la voluntad de entender las doctrinas, los argumentos, las ilusiones y los entusiasmos que movían a los partidos, clases o personas propietarias de los periódicos y, por tanto, responsables principales de la información producida, y no tomar de forma ingenua aquello publicado en la prensa como los hechos ciertos que efectivamente ocurrieron tal y como son descritos en los textos periodísticos. Cuanta mayor diversidad ideológica exista en las cabeceras estudiadas, pues, más profunda será la comprensión de los condicionamientos y producciones ideológicas que marcaron el desarrollo histórico de la sociedad.

Las páginas de un periódico ofrecen al investigador, igual que en el momento de su producción la ofrecieron al público lector, una representación de la realidad cargada de significados particulares. Dicha representación refiere el establecimiento progresivo de una opinión pública formada respecto a diferentes temáticas, cuyo sentido se intenta reconstruir en el momento presente a través del análisis de lo publicado en los diarios. El

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campo de influencia de los contenidos transmitidos a través de la prensa es el imaginario –palabra emparentada con imagen, es decir, figura, representación– social, que se ve permanentemente influido por las publicaciones periódicas, ya sea en un sentido de fortalecimiento de las propias creencias, crítica despiadada de lo establecido o aceptación acrítica de las informaciones y opiniones recibidas. Este proceso de construcción de opiniones, ideología y modos de ser y estar ante el mundo es lo que más interesa al investigador que se acerca al estudio de la prensa desde una vertiente histórica.

Las debilidades de los textos publicados en periódicos a la hora de ser utilizados como fuente para la historia están fundamentalmente en relación con su condición de representaciones parciales de lo acontecido. Como se ha observado a lo largo de las líneas precedentes, este condicionante hace que el análisis de la prensa sea especialmente productivo si está centrado en la recopilación, sistematización e interpretación de los textos doctrinales o de opinión, proceso que puede ayudar al esclarecimiento de las obligaciones e intereses políticos, ideológicos, culturales, económicos y/o de cualquier otro tipo que pudieran influir en la orientación de las publicaciones de un género, el de opinión, mucho menos cohibido por el disimulo o los juegos dialécticos con que en ocasiones se componen aquellos textos periodísticos que solo buscan, al menos en teoría, proporcionar información a los lectores.

En este sentido, el estudioso de la prensa ha de tener muy claras las preguntas de investigación, saber exactamente qué busca, qué quiere obtener de los periódicos utilizados como material de trabajo. El periódico, que no ha de ser percibido solo en relación a sí mismo, sino también en relación a su contexto, y cuyas informaciones han de ser siempre contrastadas con otro tipo de documentos, se convierte en fuente historiográfica de valor incalculable que, siendo utilizada con criterio, celo y espíritu crítico, es una herramienta de primera categoría para aprehender la evolución ideológico- política de una sociedad.

Los periódicos que hoy descansan en las hemerotecas circularon un día en los salones, en los cafés y en las plazas, por lo que es indispensable la identificación del estadio de desarrollo ideológico en el que se encontraban los redactores o la propia empresa periodística a la hora de publicar sus contenidos, siendo necesaria la aplicación de este filtro interpretativo para enmarcar los datos que suministra el periódico. El

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posicionamiento ideológico de cada cabecera no es siempre el mismo, ya que su administración y propiedad pudieron sufrir vaivenes a lo largo de su existencia que condicionaran la línea editorial en un sentido general o que propiciaran enfrentamientos dialécticos de carácter más particular, convirtiéndose las páginas de la prensa en escenario de rencillas y luchas personales entre enemigos políticos o periodísticos.

No se concibe el periódico como retal callado de un tiempo pasado, sino como parte viva de aquel tiempo que quedó de algún modo grabada, un fósil en letra impresa que ha de ser reubicado en su contexto original para poder ser comprendido en el mayor grado posible de plenitud, sabiendo que el historiador a comienzos del siglo XXI, como afirma César Rina Simón (2012), ha renunciado a explicar de forma absoluta, atemporal y totalmente fidedigna el devenir de la historia. La tarea se reduce, o mejor dicho se reconduce, a plantear interpretaciones razonadas en base a los datos suministrados por el conjunto de los documentos analizados; un objetivo complementario es el de evitar en todo caso la aparición de un “efecto péndulo” que provoque, tras el rechazo de toda ambición positivista deudora de los planteamientos decimonónicos de Leopold von Ranke, un abuso de un subjetivismo mal entendido. Junto a la inevitable personalidad del investigador, que ha de aproximarse a la hemeroteca cargado de prevenciones y de una profunda mirada crítica, existe la subjetividad del periódico, presentada además en una doble dirección: la intencionalidad del autor y la selección de contenidos inherente a toda publicación periodística. Se trata, en este caso, de encontrar el equilibrio de una ciencia que desvela el pasado a medida que lo va construyendo, utilizando además una fuente con un alto nivel de complejidad, debido a los muy diversos elementos que la forman, y que se ha de complementar siempre con la bibliografía y los fondos de archivo oportunos.

La selección de la información publicada, así como su tratamiento lingüístico, redaccional, constituyen dos nuevos obstáculos para el analista de la prensa a la hora de acercarse a su objeto de estudio con garantía de obtener resultados serios: “El ofrecimiento a los lectores de unos pocos y, además, sesgados retazos del complejo discurrir del día a día, la mayoría de ellos inconexos entre sí, aparecen salpicados de la opinión que emana de las directrices de la línea editorial del periódico” (Yanes, 2002: 393). Es por ello que las interpretaciones que se ofrezcan a lo largo del análisis, así como las conclusiones finales, habrán de estar siempre debidamente justificadas en base a una exégesis conjunta que tenga en cuenta no solo la producción de contenidos en sí y la serie

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de significados, ideas y representaciones que se ofrecieron a los lectores, sino también el contexto histórico, político y económico del momento, con el objetivo de construir un cuadro interpretativo de la realidad lo más completo y fiable posible.

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