2. ESTADO DE LA CUESTIÓN
2.2 Voseo chileno
2.2.2 Confluencia de clases verbales
Como hemos apreciado en el apartado §2.1.7.3 y en todas las excepciones mencionadas a lo largo de las descripciones, el voseo de tipo chileno se distingue morfológicamente en muchos puntos del empleado en las zonas voseantes, sobre todo en cuanto a la flexión, compuesta de desinencias diptongadas y monoptongadas, las cuales alternan según una red compleja de tiempos y modos gramaticales. No obstante, se observa un funcionamiento sistemático en el paradigma, donde incluso es posible evidenciar la unificación morfológica entre la 2ª y 3ª conjugación en el presente de indicativo. Las causas de esta combinación se han atribuido a procesos históricos, como lo fue la extinción en romance del paradigma latino ēre, cuyos verbos se acomodaron en las clases -er o -ir española, en muchos casos sin razones aparentes a favor de una u otra, lo cual explicaría la eventual fusión entre ambas
conjugaciones. En español antiguo es frecuente encontrar vacilaciones entre -er e -ir, de las cuales aún quedan rastros en la conjugación irregular, habiendo casos de igualación casi total entre ambos paradigmas. Alcoba (1999: 4936) señala que “estos verbos, de la 2ª conjugación y de la 3ª, tienen una irregularidad especial”, lo cual es compartido por Morales (1998):
La cuestión de la confusión parcial entre la 2ª y 3ª conjugación a favor de esta última es un rasgo muy característico del habla vulgar chilena promovido, en parte, por la feble separación paradigmática existente entre ambas, en contraste con la 1ª, cuya vocal temática -a-,por ser bien diferente de la -e-, -i- de la 2ª y 3ª, no ofrece ninguna posibilidad de similitud fonética con ellas. En cambio, por ejemplo, en la realización de determinados verbos, es común el paso de la 2ª conjugación a la 3ª, como sucede, por ejemplo, con verbos tales como expeler, impeler, repeler, tañer y verter que suelen conjugarse como si su infinitivo fuera en -ir […]. La tendencia de nuestro pueblo es, pues, la de unificar ambas conjugaciones en una sola a favor de la 3ª.
En esta misma línea, otros investigadores (Tiscornia 1930; Lenz 1940; Rosenblat 1964; Fontanella 1976) proponen que el resultado de -edes > -ís se debe a la acción de la analogía, tal y como ocurre hoy en día en el indicativo de verbos de segunda conjugación (además de la tercera en Chile y algunas zonas de Perú y Ecuador) y en el subjuntivo de verbos de primera (cf. hablíh, tomíh y teníh, queríh, vivíh, dormíh,).
Rona (1967: 73), por su parte– y en oposición a las teorías analógicas– prefería una explicación basada en el sustrato indígena, según el cual el uso de estas formas unificadas se habría desarrollado mucho antes de la llegada de la lengua española a América:
Tampoco se trata de un fenómeno originario de Chile, sino de algo muy antiguo, puesto que ya en el Cancionero de Pedro del Pozo se encuentran repetidamente formas como descendís, junto con otras como devéis, sabéis, etc. No se trata, en suma, de un fenómeno originado en América.
Alvar y Pottier (1987: 200) atestiguan, además, la existencia de alternacias en otras zonas, como en el habla meridional peninsular, donde se emplea ustedes conjugado con flexión de segunda del plural, -éis o -ís, mientras que Llorente Maldonado (1965) lo encuentra en gran parte de la Rioja y Aragón, y una porción de Castilla y Albacete. En cuanto a esta zona, Zamora Vicente (1943: 240; citado en Fontanella 1976: 256) afirma que,
Se emplea casi absolutamente la terminación -ís por -éis de los presentes de verbos en -er en segunda persona plural: cogís, tenís, sabís; la analogía alcanza en ocasiones a los verbos en -ar: presentís, ‘presentéis’;
cantís, lleguís. En cambio en el futuro esta terminación -éis > -áis:
cantaráis, beberáis, reñiráis.
De igual forma, en judeo-español de Marruecos se mantienen las desinencias átonas -des (queriades, besedes) al lado de las tónicas -éis (adobéis, dejedéis), donde incluso se producen reducciones de diptongoa -í (desmayís, perdonís) o -é (ponés, hasés), al igual que reducción de -áis a -ás (tengás, estás). En el sefardí de Orán, en Argelia, Bénichou (1945) registra formas como tenís, serís, yorís, dis, sacarís, etc. Una situación similar ocurriría en los Balcanes en cuanto a reducción (dicís, traés) o conservación de diptongo (creséi, pareséi).
La presión ejercida de un paradigma a otro se hace especialmente factible en tanto exista una estrecha relación entre las formas paralelas de las distintas conjugaciones correspondientes a iguales personas y tiempos: “La fuerza de la analogía es mucho más activa en la conjugación que en ninguna otra parte del dominio gramatical, y continuamente veremos formas que tuercen su desarrollo fonético para seguir la analogía con otras del mismo paradigma conjugable”. (Menéndez Pidal 1958: 269). Así, se aplicaría perfectamente el caso de unificación entre la segunda y tercera conjugaciones, que, como ha demostrado la historia del español, han tendido a una peculiar fusión y simplificación morfofonológica, en parte mediada por su alta ‘cohesión’, como afirma Malkiel (1968). Fontanella (1976: 262) agrega a esto:
El hecho de que en vastas zonas de América y en varios dialectos judeo- españoles hayan triunfado las formas en –ís resulta perfectamente explicable, si tenemos en cuenta que [...] el uso de estas formas implicaba una tendencia hacia la simplificación del paradigma verbal, y que tal como reiteradamente se ha señalado, en las zonas de colonización con confluencia de hablantes de diversas regiones, existe una tendencia en los casos de variación a optar por la solución simplificadora.
Por ende, la incorporación de -ís en el presente de subjuntivo de la primera conjugación y en futuro, no sólo en Chile y algunas zonas voseantes26 sino que en otras regiones de habla hispana, ha de haber sido operada por el mismo proceso, “en el que, por nivelación, se tiende a seleccionar la forma socialmente más prestigiosa, la practicada por un mayor número de individuos. [...] En el fondo, es la tendencia a la regularización de los paradigmas”. (Garrido 1992: 208).