2. ESTADO DE LA CUESTIÓN
2.3 Español de Chile
2.3.1 Principales rasgos fonéticos
De la variedad del habla heredada principalmente de los colonos andaluces residentes en Chile se extraen los siguientes rasgos fonéticos (Cartagena 2002-2003: 343-348):
a. Seseo: se registra desde el s. XVI en adelante (Lenz 1940; Oroz 1959; Matus 1993; Cartagena 2002).
b. Vacilaciones de timbre de vocales pretónicas: aparecen ya en las cartas de Pedro de Valdivia (adquerir, deligençia, obidiençia) analizadas por Oroz (1966: 140), así como en la Crónica de Vivar (1558) (arteficial, inconvenientes, çerimonias), en las cartas hasta el s. XVIII analizadas por Matus (1992: 546), en la Relación de Ursula Suárez del s. XVII (dispertaba, escribir, resebir), y Oroz (1966: 30) la registra hasta la década del sesenta en el habla rústica y vulgar.
c. Confusión de /b/ y /v/: las crónicas y documentos coloniales citados presentan una constante confusión entre ambos grafemas. Aparecen alternadas desde el s. XVII en una carta del andaluz D. de Ulloa (vuesa/buesa, basallos/vasallos) y continúa tanto en la lengua culta como en la popular por lo menos hasta mediados del siglo pasado (Lenz 1940: 199-205; Oroz 1966: 95).
d. Yeísmo: en las cartas coloniales no hay registro de este rasgo, aunque sí se encuentran huellas en el s. XVII en la Relación de Ursula Suárez (1984: 205): “y allá se lo halla ella”. Esto apoya la tesis de que el yeísmo debió de haber empezado a penetrar desde temprana época en Chile, a nivel popular (v. Matus 1998- 1999: 772), hasta arraigarse profundamente en el s. XVIII, como lo advierte Bello (1951: 161), de no “equivocar la y con la ll, confundiendo haya tiempo de haber, con halla, tiempo de hallar”. Las transcripciones de Lenz (1940: 199, 205, 207) a fines del s. XIX también lo evidencian en la lengua culta.
e. Aspiración o pérdida de /s/ en coda silábica: Matus (1998-1999: 773) las registra en el s. XVI (vras. prima, con todos lo demas, las quales son esta), aunque no se hallan en el resto de las cartas coloniales ni crónicas. Sin embargo, las transcripciones de Lenz testimonian su abrumadora presencia en la lengua hablada tanto culta como popular, situación que se mantiene hasta la actualidad, y que se recalca por el hecho de que de las tres estrategias en uso, sea aspiración, pérdida, o mantenimiento, ésta última es la menos utilizada (Wagner 1996).
f. -h- aspirada procedente de -f- latina: presente en las cartas de Valdivia (hazer, harto, hondo, hijos), así como enmudecida (aga, arto, ondo). El elevado número de realizaciones cero en vez de -h- gráfica así como la existencia de formas ultracorregidas del tipo hespañoles podría explicar la temprana pérdida de aspiración entre los hablantes (Matus 1992: 549). g. Refuerzo velar del diptongo /we/ y velarización de la secuencia
/bwe/: se documenta escasamente en las cartas coloniales estudiadas (guerfanas, aguelos, me guelgo). Se observa con mayor predominancia en los escritos de Ursula Suárez (güeco, se güelgan, güérfana, güerta, güesos). En el s. XIX persiste, tal como lo comprueba la crítica de Bello (1951: 161) a la pronunciación güevo en vez de huevo. Oroz (1966: 61, 291) lo registra en el habla popular (güevo, güeco) y rural (agüelito(a), güelito(a)).
h. Debilitamiento y pérdida de /d/ intervocálica:se registra en el s. XIX, cuando Bello observa que “suele viciosamente suprimirse” como en grao, abogao, sentaos, dormíos en lugar de grado, abogado, sentados, dormidos, lo cual hace presuponer que el rasgo ya se encontraba bien asentado en el s. XVIII. Su notable presencia en el habla culta se ratifica en los estudios de Lenz (1940: 199, 201, 203, 205), Oroz (1966: 100) y Rabanales (1981: 454).
i. Confusión de /r/ y /l/ en coda silábica: Matus (1998-1999: 774) lo registra en dos cartas del s. XVI (naturar, la mar der sur). También aparece en Suárez (1984: 95, 138): hísele tender la alfombra junta a un álbol, al vorver de la esquina las espaldas. En el s. XVIII continúa manifestándose dicho rasgo, como lo atestigua una carta de Joseph de Luzio a su hermana (inbialme, sardra, buerva, faboles). Bello (1951: 161) lo critica en el XIX: “no se debe equivocar la r con la l, diciendo verbigracia, cárculo por cálculo”. Este rasgo es registrado en Lenz (1940), y Oroz (1966), mientras que Rabanales (1981) lo ratifica a principio de los ochenta.
j. Palatalización de consonantes velares ante e, i: es uno de los rasgos más característicos del español hablado en Chile y se encuentra en todos los niveles sociales y registros de lengua. Fue documentado con seguridad por Lenz (1940: 199, 201, 203, 205), aunque es altamente probable que tenga su base en una antigua tendencia romance28.
k. Asibilación de /r/ en el grupo /tr/ y de /rr/: Es también uno de los rasgos característicos del español de Chile. Si bien no se han encontrado registros en ningún tipo de texto aún, aparece ampliamente documentado en las transcripciones de Lenz (1940: 199, 201, 203, 205), quien le atribuía un sustrato indígena de origen mapuche.
28
Lapesa (1968) indica que el rasgo también se da en España en una región de Almería.
l. Alófono fricativo del fonema /t/: es un rasgo surgido en los registros inferiores de la lengua hablada, que provoca el debilitamiento de las africadas (Chile [ile], ancho [ano]). Ha sido documentado en la zona norte y Valparaíso (Oroz 1966: 113; Tassara 1992); en Concepción (Valdivieso 1998-1999) y en Valdivia (Wagner 1967; Bernales 1978). Sáez (2000: 22) lo documenta en la norma culta de Santiago, a lo que se resisten los jóvenes de clase alta, quienes son los responsables del uso, cada vez más extendido, del alófono africado reforzado (Chile [tile], ancho [anto]), lo cual constituye un claro rechazo a la pronunciación fricativa relajada popular (Vivanco 1998-1999: 1258).
m. Simplificación de grupos consonánticos cultos: se evidencia en las cartas de Valdivia y la crónica de Vivar (açesorio, açidentes, dotrina, otubre, eleçion, efetuar, conduta, vitoria). A partir del s. XVII se hacen frecuentes las formas cultas y en el XVIII se imponen en la clase alta. No obstante, el tratamiento de los grupos consonánticos en Ursula Suárez muestra que en la lengua hablada de la clase alta aún no se habían impuesto las normas de las formas cultas, y lo que es más, a menudo se encuentra una pronunciación atenuada por fricativización de la velar [k] y su reducción en forma triple (lección, elegción, leción; recta, regto, reta) y duple (afligción, aflición; doctrina, dotrina; defectos, defetos). Oroz (1966: 141) registra este rasgo en el habla rústica y vulgar.