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ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y TEÓRICO-PRÁCTICOS

B. SOBRE LA REVOLUCIÓN SANDINISTA

1. Conociendo a Sandino, espíritu de la Revolución.

El inspirador de la Revolución Sandinista fue el nicaragüense Augusto César Sandino, nacido el 18 de mayo de 1894, en el pueblo de Niquinohomo, Departamento de Masaya, unos 29 kilómetros al oriente de la capital nicaragüense. Su origen familiar y las experiencias vividas durante los siete años de lucha contra la

85 intervención de los Estados Unidos en su patria, fueron relatados por él mismo al periodista y novelista leonés José Román, en las entrañas de las montañas donde desarrolló su gesta libertaria.

A través de una estadía de 29 días, desde el 22 de febrero hasta el 16 de marzo de 1933, unos 14 días después de la firma de la paz entre Sandino y el presidente Juan Bautista Sacasa, Román conoció al legendario general, compartió caminatas por las montañas, pernoctó en la misma casa de Sandino, logró de su mano las credenciales para transitar libremente por las zonas militarizadas e hizo amistad con los generales y los soldados del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.

El día 5 de diciembre de 1933, Román (1979: 159-160) concluía el borrador de su obra en la ciudad estadounidense de New York, cuyo nombre Maldito país, fue solicitado por el mismo General Sandino:

“… cuando los marinos se empantanaban decían: ¡GOD DAMNED COUNTRY!... cuando millones de moscas y mosquitos y cuando el calor infernal o las lluvias torrenciales les acosaban, decían lo mismo: ¡GOD DAMNED COUNTRY!... Por favor – interrumpió su relato el General- ¿Cuál es

el verdadero significado de esa expresión, God damned country?

– Bueno, literalmente quiere decir: País maldito de Dios, pero en mi opinión

personal, para verdaderamente interpretar el sentimiento y la intención del maldiciente, la traducción es simplemente ¡Maldito país!

-Hombre, qué bueno- exclamó el General. Por favor póngale ese título a su libro: ¡Maldito país!”.

86 Refiriéndose a su origen familiar, Román (1979: 36) cuenta la descripción hecha por el General Sandino:

“Mi padre nació el 12 de marzo de 1869 en Niquinohomo… heredó algún

dinero, fincas de café y casas. Aún es el hombre más rico de la localidad. En él predominó la sangre de su madre, pues es marcadamente indo hispano y hombre de trato y modales moderados… casó con doña América Tíffer, con la que tuvo los siguientes hijos: Asunción, América y Sócrates… como puede

ver, yo no soy hijo del matrimonio, sino que nací unos cuatro años antes, en 1894.

Mi madre se llamaba Margarita Calderón y era empleada de una finca de mi padre. Soy, pues, Román, un hijo del amor o un bastardo… mi padre después

de venido yo al mundo, se olvidó de la que había sido la madre de su primer hijo, porque era una peona campesina.

De modo- continuó pausadamente el General- que abrí los ojos en la miseria y fui creciendo en la miseria, aún sin los menesteres más esenciales para un niño y mientras mi madre cortaba café, yo quedaba abandonado”.

Al filo de una de aquellas noches en el corazón de las montañas del Norte de Nicaragua, Román (1979: 82) tuvo la oportunidad de conversar con el General Sandino sobre su pensamiento filosófico, tema en el que insistió con su admiración por un filósofo contemporáneo:

“A propósito de filosofía, creo conveniente exponerle a grandes rasgos

algunas de mis ideas filosóficas. ¿Usted debe haber leído algo u oído hablar de Martín Trincado? Sin esperar que yo le contestara continuó: Martín

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Trincado es sin lugar a dudas uno de los grandes filósofos contemporáneos. Es el fundador de la Escuela “Magnético-Espiritual de la Comuna Universal”. En Buenos Aires tiene una gran revista llamada “La Balanza”. Es el Gran

Maestro de la Cosmogonía. Es una lástima que yo no conocí al Maestro Trincado antes de escribir mi “REALIZACIÓN DEL SUPREMO SUEÑO DE BOLÍVAR”, pero estoy elaborando con él nuestra teoría de la “UNIÓN HISPANO AMERICA OCEANICA”.

Para infortunio de la historia, Román (1979: 82) no tomó nota precisa de lo que el General expresaba sobre su filosofía:

“Repito que como no tomé notas de esta conversación y no quería recargar mi

memoria, no hice esfuerzo en retener las mencionadas teorías que el General me explicó”.

Aunque Román (1979: 77-79) no logró transcribir la explicación filosófica del General Sandino, hay otros momentos, bajo la luz de la luna llena, en los que el general habla sobre su pensamiento filosófico y el periodista escribe:

“Oiga, Román, he estado en este lugar muchas veces, pero nunca antes en estas condiciones: La noche tan despejada, la belleza y calma del lugar con una luna llena que hace brillar las aguas de este río milenario y sobre todo sin los sobresaltos de la guerra. Quiero aprovechar la belleza paradisíaca del paisaje y esta tranquilidad única e inefable para platicarle acerca de intimidades y sentimientos, que aunque no forman parte de nuestra campaña militar, sí, los considero aspectos fundamentales de nuestra lucha que le ayudarán a usted a entender la esencia de la misma y del futuro de

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Nicaragua”.

“Usted no puede imaginarse la alegría y la ternura que siento al pensar que

estoy próximo a ser padre, más que nada porque quiero darle a mi hijo todo el cuidado y todo el amor paterno que a mí me faltó. Ya verán los espíritus astrales que yo no soy un resentido”.

“La soledad en la montaña, cargando con todo el peso de esta campaña sobre mis hombros. Las noches interminables de vigilias y espera, le abren a uno un sentido extra, mediante el cual todas las cosas adquieren una nueva dimensión y la capacidad de juicio es más serena. La quietud y la inmensa soledad de quien ya no tiene a quien recurrir para tomar las últimas decisiones, que tienen que tomarse, le ponen en contacto con algo más allá de su propio ser. ¡Más allá de todo lo humano!

Un principio repetido incesantemente por el General Sandino al periodista Román (1979: 174-175) se refiere a su práctica de la verdad: “Yo solamente le he

pedido desde un principio y vuelvo a pedírselo ahora, que diga la verdad a como usted la entienda, cueste lo que cueste y aunque duela”.

En uno de los momentos finales de la larga entrevista, el periodista Román (1979: 175) fue interpelado por el General Sandino: “Finalmente, Román, ¿tiene

usted algo especial que decirme, pedirme o quizá aconsejarme? ¡Recuerde que no sabemos cuando nos volveremos a ver!

Román, (1979: 176) hizo un recuento de justificaciones sobre el consejo que daría al General y se lo dijo: “General, debe irse de Nicaragua. Sí señor. Por lo

89 El General reconoció a Román (1979: 178) que esa podría ser una opción inclusive ya planteada por su esposa Blanquita Aráuz. Sin embargo, su posición era consecuente con su pensamiento y su filosofía de vida:

“En mi fuero interno creo firmemente que mi deber es permanecer aquí y por eso, como ya le he dicho antes, sólo muerto saldré de aquí. No es simplemente testarudez, créame que se trata de una resolución racional e intuitiva inspirada por vibraciones cósmicas y tengo que seguirla a cualquier riesgo. ¡Es mi destino!

La intervención norteamericana concluyó el primero de enero de 1933. Fueron seis años de lucha donde un puñado de obreros y campesinos al mando del General Sandino, defendieron la soberanía de su patria con el compromiso de firmar la paz una vez que los invasores salieran del país. Y así fue.

Según los datos del escritor Sergio Ramírez Mercado, (1979:28-74) el 2 de febrero de 1933, Sandino y el presidente Sacasa iniciaron los arreglos para la paz. Veinte días después, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua inicia su desarme. Se forma la Guardia Nacional, con las mismas características militares de un ejército de ocupación que mantuvo hostilidades permanentes con la gente de Sandino y con sus proyectos de cooperativizar la Zona Norte de Nicaragua. El General Sandino hace varios viajes a Managua para concertar con el presidente Sacasa el cese de los hostigamientos por parte de la Guardia Nacional, frente a la cual fue colocado Anastasio Somoza García, fundador de la dictadura derrocada por el FSLN. El día 21 de febrero de 1934, al final de una cena con el presidente de la nación, Sandino es apresado junto con su padre y dos de sus generales por parte de

90 una patrulla de la Guardia Nacional. Fueron conducidos fuera de la ciudad, los colocaron frente a una zanja y finalmente, los asesinaron con fuego de metralla.