ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y TEÓRICO-PRÁCTICOS
A. SOBRE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN
6. Desarrollo y praxis de la Teología de la Liberación.
Para ubicar de forma sintetizada el desarrollo y la praxis de la TL, se citará el trabajo del teólogo y filósofo mexicano Roberto Oliveros, que se encuentra incorporado en uno de los esfuerzos más significativos que han hecho los teólogos de la liberación, a saber, el compendio en dos tomos titulado MYSTERIUM
LIBERATIONIS, Conceptos Fundamentales de la Teología de la Liberación. Oliveros
indica que el desarrollo de la TL se puede organizar en los siguientes períodos característicos:
a ).La gestación y Medellín (1962-1968 )
Hasta la fecha del Concilio Vaticano II, según Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992: 30-33) los teólogos latinoamericanos no habían elaborado ni sistematizado la experiencia de fe vivida en este contexto. Reunirse en Roma
69 significó una verdadera oportunidad para iniciar la gestación del gran Concilio Latinoamericano en Medellín. Una gran oportunidad porque el pueblo cristiano organizado se manifestó en reuniones, congresos, declaraciones y documentos nacionales y regionales.
La iglesia latinoamericana experimentó la independencia en relación con Europa, se despertó la conciencia colectiva respecto a la miseria, la injusticia, la violencia por un lado; y por otro, se recuperó la certeza del amor al prójimo, la unidad de la historia latinoamericana y la dimensión política de la fe.
La iglesia latinoamericana, su episcopado, sus teólogos y su pueblo organizado, irrumpieron en la vida política y social para iluminarla, interpretarla y transformarla.
b). Génesis de la Teología de la Liberación (1969-1971)
En este episodio, Oliveros considera como un hito cualitativo de la reflexión latinoamericana en teología, el libro del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez,
Teología de la Liberación Perspectivas del año 1971. En él se marca el método
teológico de la TL, sus conceptos fundamentales, la reorientación de la praxis cristiana, la espiritualidad y la temporalidad de la TL.
b.1.) Crecimiento, temores y esperanzas (1972-1979)
Para Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:36) este es un período de consolidación de la TL cuyo costo fueron las vidas de miles de hombres y mujeres que se enfrentaron al sistema dominante y represivo que marcaba a la mayoría de los gobiernos de la región. Se desarrollaron en él, seis encuentros importantes en América, Asia y África.
70 Lo más destacado de todos estos fue la integración continental, ecuménica y física. El grupo de teólogos que había iniciado con Gutiérrez, Galilea, Segundo, Hassmann y Bonino, había crecido con la presencia y la categoría de teólogos y biblistas de los setenta, como los hermanos Leonardo y Clodovis Boff, Raúl Vidales, Carlos Mésters, Severino Croatto, Jon Sobrino, Pablo Richard, Enrique Dussell, Ignacio Ellacuría, entre otros.
Para los años 1972 hasta 1979, la TL ya había planteado y sistematizado sus temas, situaciones y sujetos preferenciales, los que pueden sintetizarse de la siguiente forma:
Según Gutiérrez, (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:37) el interlocutor de la TL no es el hombre y la mujer no creyentes. Se trata de anunciar a gentes creyentes que viven dentro de un contexto deshumanizado e injusto, a un Dios que es Padre.
La relectura de la Biblia, según Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:38) con una nueva hermenéutica desde la realidad histórica que generó nuevos textos de reflexión hechos por la misma gente.
Según Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:39) la espiritualidad centrada en el encuentro con el Jesús histórico y el método teológico que busca la respuesta sobre lo que sucede con el oprimido. Siguiendo al Obispo Proaño, la espiritualidad debe propiciar una contemplación para la transformación. Un método teológico latinoamericano que parte de la dinámica opresión-liberación. Su punto de arranque es la dialéctica interpretación- transformación.
71 Iglesia y liberación. Aquí Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:40) destaca la importancia de las comunidades de base, tierra fértil y lugar de crecimiento de la iglesia. Los encuentros periódicos de las comunidades de base permitieron no solo profundizar en su propio crecimiento, sino que permitieron las reflexiones sobre la exigencia de responder al clamor de los que sufren la pobreza.
Puebla: hito histórico para la iglesia latinoamericana. Este tercer período de desarrollo en la TL cierra con la preparación, desarrollo e implementación pastoral del Sínodo Latinoamericano celebrado en la ciudad mexicana de Puebla. Un acontecimiento aprobado por Juan Pablo I, pero dirigido por Juan Pablo II. Un acontecimiento que despertó multitudinarias reacciones de esperanza y alertas en el ámbito de la TL. Con cinco meses de retraso por la muerte del Papa Juan Pablo I, esta conferencia se desarrolló y sus conclusiones no son otras que las abordadas por la TL: análisis de la realidad, visión pastoral y discernimiento, misión de la iglesia, evangelización liberadora, liberación y reconfiguración de la iglesia y de la sociedad, Evangelización liberadora y opción por los pobres.
b.2.) Consolidación, maduración y conflictos (1979-1987)
Esta es una percepción que Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:43) describe para el escenario del período de consolidación de la TL.:
“Pero la consolidación que se fue logrando en estos años, será también polémica, pues se irá generando un tono general que enlaza con el ambiente anterior a Puebla: sospechas, desconfianza, ataques. En medio de conflictos, la teología de
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la liberación seguirá ahondando en sus rasgos propios y pasará a ocupar un lugar primordial en la teología de los ochenta”
La TL no nació rodeada de todos los favores y tampoco creció inundada por ellos. Pero, según Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:43-47) logró consolidarse y los frutos de sus gestores hablan por sí mismos:
La difusión que los teólogos de la liberación hicieron de los documentos de
Puebla adaptándolos al lenguaje y a la cultura de los pueblos latinoamericanos.
El triunfo de la revolución popular sandinista en Nicaragua en el año 1979 en
el cual participan de manera destacada sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos.
El martirio del arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero,
en marzo de 1980, convirtiéndose en el prototipo del pastor comprometido con la opresión de su pueblo.
La solidaridad que recibió la TL y sus teólogos, por parte de iglesias locales
y teólogos de todo el mundo con ocasión de los ataques y las condenas públicas y oficiales de Roma, particularmente, del Cardenal Ratzinger, Prefecto para la Doctrina de la Fe.
La instrucción pública del Papa Juan Pablo II al episcopado brasileño
después del silencio impuesto al teólogo Leonardo Boff, en la que declara que “La teología de la liberación no solo es conveniente, sino útil y
necesaria”. Encomendando a dicho episcopado la tarea de difundirla y cuidar
73 Se están enlistando las características del período y del proceso que consolidó a la TL dentro y fuera del continente latinoamericano. Para culminar este último período estudiado, se citarán las obras y los autores que representan la sistematización de la reflexión teológica y en este apartado, además del estudio de Oliveros, se añadirán los textos, áreas y autores presentados por Juan José Tamayo, quien ha sido esencial en la fundamentación teórica de esta investigación.
b.3) Los gestores y las obras teológicas de liberación.
Área Bíblica: Según Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992:47) el escritor de origen holandés pero radicado en Brasil, Carlos Mésters, sistematizó la exégesis y los cursos populares de la Biblia en la obra Flor sin
defensa. La TL interpreta la Escritura desde la tradición viva de la iglesia
expresada por el sentido de la fe del pueblo de Dios en su caminar histórico, en su práctica cristiana desde un nuevo lugar teológico que es el contexto del pobre oprimido. Puede afirmarse que se logra una relación dialéctica entre la Escritura y la práctica de la fe. Además, la TL ha logrado una nueva forma de vincular la interpretación de la Escritura y la vivencia del dogma de la fe. La relectura contextualizada de la Escritura permite la relectura del dogma. No se identifican, sino que se complementan. La TL lanza su mirada al pasado de las Escrituras con la intención de encontrar en él las señales y las promesas de Dios para la historia humana.
Área Cristológica: Según Tamayo (1991: 120- 121) el punto de encuentro de la cristología de la liberación es el Jesús histórico, desde el cual se
74 establecen diferencias en la identificación social y eclesial de Jesús, presentado como el liberador de la injusticia estructural, opción moral fundamental y radical. Destacan los trabajos de Hugo Echegaray con su libro
La práctica de Jesús; y el jesuita de origen vasco pero radicado en El
Salvador, Jon Sobrino, con su libro Jesús en América Latina.
Área Eclesiológica: Tamayo (1991:120) explica que las comunidades eclesiales de base se han constituido en el punto de encuentro de la eclesiología de la TL como representantes de la iglesia de los pobres. Es una eclesiología que se centra en la dimensión histórica, comunitaria y fraterna y en la misión evangelizadora de la iglesia Destaca el trabajo de Jon Sobrino titulado Resurrección de la verdadera iglesia; y Leonardo Boff con su libro Eclesiogénesis. Las comunidades de base reinventan la iglesia; y Álvaro Quiroz con su obra Eclesiología en la teología de la liberación.
Área de opción por los pobres: La TL ha identificado a los pobres y se han redescubierto formas y dimensiones de la pobreza y de la opresión en Latinoamérica. Además, esta área se ha fundamentado desde la antropología, las ciencias bíblicas y teológicas. Destacan el peruano Gustavo Gutiérrez con su obra La fuerza histórica de los pobres; el brasileño Leonardo Boff con su obra Teología desde el lugar del pobre; el teólogo mártir Ignacio Ellacuría con su obra El pobre, lugar teológico en América Latina; y un estudio completo en el cual se unen Gutiérrez, L. Boff, Sobrino, Ellacuría y Lois, titulado Teología de la liberación. Opción por los pobres.
75 Área de la religiosidad popular: Esta dimensión ha sido abordada desde el estudio interdisciplinario: antropología cultural, sociología, historia, teología y pastoral. La religiosidad popular es comprendida por la TL como fuente de valores humanos y evangélicos, unas veces evasiva y otras manipulada. Tamayo (1991:122-123) destaca el trabajo investigativo de Leonardo Boff con su obra Iglesia, carisma y poder, donde este teólogo brasileño define a la religiosidad popular como la forma en que el pueblo de Dios asimila el mensaje de Jesús.
Área de la Espiritualidad: Según Tamayo, (1991: 122) la TL ha rescatado las diversas interpretaciones espirituales de la religiosidad popular sacramental, de la ascética tradicional católica y de las prácticas piadosas intimistas para colocarla en línea con la praxis de la liberación. Destacan los estudios de Eduardo Bonnin con su obra Espiritualidad y liberación en América Latina; Gustavo Gutiérrez con su clásico Beber en su propio pozo. Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992: 48) destaca los trabajos y publicaciones que en esta materia ha desarrollado la Conferencia de Religiosos de Latinoamérica (CLAR) en sus servicios de animación y formación.
Área de la Historia de la Iglesia: Un nuevo enfoque y una nueva metodología histórica han permitido el surgimiento de la historia de la iglesia desde la praxis de la liberación. Nuevos conceptos de la historia como ciencia que está al servicio de la memoria histórica del pueblo cristiano, han permitido constituir una institución que al frente del filósofo e historiador argentino Enrique Dussell (citado por Tamayo, 1991:123) han contribuido a recopilar y
76 reinterpretar el caminar del Pueblo de Dios en América Latina.
Área de Mariología: Según Oliveros (citado por Ellacuría y Sobrino, 1992: 47) los aportes significativos de los estudios mariológicos están representados en obras como la de Leonardo Boff, titulada El rostro materno
de Dios. En el desarrollo de la mariología ha influido decisivamente el
cambio en la cultura de la racionalidad, identificada históricamente con lo objetivo y desligada de lo emotivo, de lo subjetivo, de las emociones y de las intuiciones. Lo racional es patriarcal y varonil; lo irracional es femenino. Destacados teólogos como Santo Tomás de Aquino habían profesado la superioridad del hombre sobre la mujer por su naturaleza racional. La cultura contemporánea está revalorizando lo subjetivo y lo intuitivo como elementos integrantes del hombre y de la mujer. Estos elementos son retomados por la TL para rescatar lo femenino en Dios, en María, en el hombre y en la mujer para construir un camino innovador a partir de un concepto antropológico esencial: lo femenino.
Área de la Ética de la liberación: Uno de los más destacados representantes es el historiador y filósofo argentino Enrique Dussell (citado por Tamayo, 1991:123). La ética de la liberación tiene como misión principal ayudar a diferenciar las opciones, actitudes y valores de los cristianos en su compromiso con la liberación de su pueblo Para la TL existe una ética de la liberación que profundiza y cuestiona las bases sociales, ideológicas, eróticas, pedagógicas e idolátricas del sistema capitalista. Ante la realidad absoluta que impone el sistema dominante, se alza el otro real e histórico, el
77 pobre, como primer elemento de la historia. Para Dussel, (citado por Tamayo, 1991:220) el criterio de validez de toda ética es la liberación del pobre oprimido, cuyo fundamento es bíblico y cristiano, es racional y critico por excelencia y posee un contenido material, cual es “dar de comer al
hambriento, vestir al desnudo, acoger al extranjero”.
b.4) La categoría fundamental del pobre oprimido
En la TL, según los hermanos Boff (1986: 34-35 y 39-40) la liberación es liberación del oprimido. Desde la fe, esta liberación comienza por un encuentro entre la teología y las condiciones reales de la opresión a partir de la pregunta sobre qué significa tal estado y qué lo produce. La liberación del pobre oprimido es total y de todo tipo de opresión: la racial, la étnica, la sexual, la segregación. Sin embargo, la categoría más significativa en el Tercer Mundo es el pobre socio-económico pues expresa la opresión infraestructural. Por ejemplo, existe opresión sexual superestructural contra la mujer, pero no es lo mismo una mujer empleada doméstica que una mujer primera dama.
En el documento de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla en el año 1979, se definen los rostros del pobre oprimido: rostros de niños, de jóvenes, de indígenas, de campesinos, de obreros, de subempleados y desempleados, de marginados, de ancianos.
Uno de los precursores más significativos en relación con la sistematización de la TL, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, considera que los pobres no sólo ocupan un lugar central en la reflexión teológica de la liberación, sino que además, son el núcleo más antiguo y siempre vigente de esta inteligencia de la fe.
78 Según Gutiérrez, (1992: 303-304) la importancia fundamental del pobre oprimido en la TL se entiende, además, porque se trata de un nuevo sujeto activo que irrumpe en la historia de la humanidad como un signo de los tiempos. La TL “es
la expresión del derecho de los pobres a pensar su fe”. Esta importancia fundamental
del pobre oprimido para la TL no tendría sentido si no es porque esta inteligencia de la fe ha logrado discernir la opción preferencial de Dios por el pobre. Se trata de una opción teocéntrica que refleja el amor no exclusivista pero sí efectivo hacia los considerados “los últimos de la historia”. Y es que esta elección de Dios, según Gutiérrez, (1992: 308) compromete a la comunidad de fe hacia aquellos preferidos, ya que…”desde los pobres la iglesia podrá ser para todos”.
Siguiendo la sistematización teológica descrita por los hermanos Boff, (1986: 58-61) se distinguen dos sentidos de pobre: el pobre socio-económico y el pobre evangélico. El primero carece de los medios necesarios para subsistir, es explotado en su trabajo por los intereses capitalistas; es segregado y discriminado por su raza, su cultura o su sexo. El segundo, el pobre evangélico es el que pone al servicio de Dios y de los demás todo lo que es y tiene; deposita en Dios toda sus esperanzas; no se deja atrapar por la magia consumista; es solidario con los demás pobres por amor a Dios.
El filósofo David Sánchez Rubio, (1999: 28) al definir el nacimiento de la TL, escribe que esta presentó con fuerza la alteridad, en la que el pobre figuraba como la óptica de esta nueva forma de hacer teología y la realización o establecimiento del Reino prometido por Dios tendría como principales destinatarios a los condenados de la tierra, los pobres.
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b.5) Teología de la liberación y el marxismo.
Interesan dos perspectivas: la histórica y la epistemológica. Para abordar este tema fundamental de la TL, se utilizará el estudio del teólogo Enrique Dussel titulado
Teología de la Liberación y Marxismo.
Según el teólogo latinoamericano Dussel, (1992: 115-144) la teología nace de la praxis cristiana y es en ella, en la praxis histórica, donde se ha establecido la relación entre los cristianos y los marxistas en América Latina y donde ha sido posible utilizar el referente teórico del marxismo dentro de la teología de la liberación.
Históricamente, la relación entre la TL y el marxismo, se ha desarrollado desde la prohibición expresa de la doctrina social de la Iglesia en la que se condena al marxismo porque subleva a los pobres contra los ricos y la propiedad privada (pueden verse las encíclicas Noscitis et nobiscum de 1849 y la Rerum Novarum de 1891). En Latinoamérica se desarrolló un discurso y una práctica pastoral anticomunista que se reflejó en la creación de instituciones que combatieron al estilo de una cruzada, por ejemplo la JOC (Juventud Obrera Católica de Monseñor Cardijn). Paralelamente, los grupos marxistas, desde posiciones dogmáticas, no aceptaban el diálogo con esta forma de cristianismo.
Desde el año 1959 hasta 1984, varios acontecimientos históricos permitieron el acercamiento entre cristianos y marxistas. Entre ellos:
El acontecimiento de envergadura internacional que significó el Concilio Ecuménico Vaticano II y el concilio regional de la II Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín.
80 La “Revolución del 48” en Costa Rica que trajo como consecuencias históricas importantes para la región centroamericana, la eliminación del ejército , el sufragio femenino y la ampliación del derecho a la educación para todos los costarricenses
El triunfo de la Revolución Cubana, la primera Revolución Marxista del continente latinoamericano.
El ascenso de los movimientos populares de base, donde las organizaciones estudiantiles se convirtieron en líderes locales y regionales.
La conjunción de los cristianos y los socialistas en el proyecto de la Unidad Popular con Salvador Allende en Chile (1970-1973). El golpe que significó la caída del gobierno socialista en Chile, incentivó la ola represiva de los gobiernos militares en el continente y esto, a su vez, obligó a las organizaciones de base cristianas a profundizar en el análisis de la realidad. La reflexión crítica sobre lo que sucedía en América Latina, se hizo desde las comunidades de base donde se encontraba el pueblo pobre.
La interpretación de la fe desde el compromiso político que incluso lleva a muchos a perderla, y esto redunda en un fuerte cuestionamiento cuya respuesta exige un instrumental teórico.
La incorporación de líderes católicos a los movimientos guerrilleros latinoamericanos, como los sacerdotes Camilo Torres en Colombia y Gaspar García en Nicaragua
La apertura de la izquierda que, dejando la rigidez del dogmatismo, interpretó la necesidad de atender primero a las verdaderas necesidades del pueblo,
81 antes que las teorías marxistas, por medio de las cuales pretendían aliviar al