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Amparo De Urbina

1.3 El “bogotazo” y el Centro Histrico

1.3.2 Consecuencias del “bogotazo”

Para Aprile-Gniset (1983) los daños físicos de el “bogotazo” no fueron tan numerosos y su extensión superficial fue reducida, pero la ubicación fue lo suficientemente dispersa como para dar impresión de destrucción completa (Plano 5). Bajo el subtítulo “Ha quedado so- lucionado el problema de la doble propiedad en la Calle Real”, El Es-

pectador del 23 de abril de 1948 afirma que la Carrera Séptima –zona

objetivo de ponerla a la altura de otras ciudades del continente (Domínguez Torres, 2007).

del comercio tradicional– fue el eje más afectado por los incendios en las construcciones antiguas, que por problemas de múltiple propie- dad no habían sido remplazadas con estructuras en concreto. Antes de 1948 no existía un régimen de propiedad común33 que regulara

la múltiple propiedad de bienes en el centro de la ciudad, en donde además de existir propietarios de la tierra existen propietarios de la construcción –o del “aire”–, los cuales se quedaron materialmente “sin nada” luego de los incendios, disminuyendo el número de pro- pietarios por manzana. Ese puede ser el fondo de la expresión que luego de estos eventos se generalizó en algunos gremios y que se re- fería a que la tierra se “liberó”, lo que sucedió de una forma radical y más rápida que lo que hubieran podido hacer años de leyes urbanas y reglamentos municipales.

plano 5. incendios, saqueos y destrucciones en el centro duran- te el “bogotazo”

Fuente: Revista proa n.º 13 (1948). Aprile-Gniset (1983), El Espectador (1948) Elaboración: Amparo De Urbina

33 El 21 de abril de 1948 se expide el Decreto 1286 sobre “régimen de la propiedad de pisos y departamentos de un mismo edificio” –propiedad horizontal–, con el que se busca también facilitar la iniciativa de construir grandes bloques en manzanas completas, pero esto termina facilitando la construcción predio a predio de estruc- turas de tres y más pisos, muchas veces de carácter transitorio.

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Dinámicas contemporáneas del Centro Histórico de Bogotá Aprile-Gniset (1983) desarrolla la descripción ya detallada de

los daños en el Centro apoyándose en el inventario de la Junta Infor- madora y en el análisis de distintas fuentes, identificando la Plaza de Bolívar como el epicentro a partir del cual salen dos ejes que se des- plazan hacia el occidente llegando a San Victorino –zona comercial– y hacia el norte a lo largo de la carrera Séptima hasta la calle 22 –zona de comercio tradicional –. Además de describir esquemáticamente la localización de daños, el autor denuncia que en el avalúo hecho por Catastro de Bogotá de las construcciones incendiadas se incluye el valor total de cada lote como si la tierra se hubiera destruido junto con las estructuras.

Lo evidente es que ya para el 10 de abril, luego de los hechos ampliamente descritos, la ciudad no cuenta con los mecanismos le- gales adecuados y los bancos no tienen los recursos financieros sufi- cientes para lograr una respuesta inmediata del sector público, hecho que no impide una rápida reacción del sector privado ante la expec- tativa que genera el impacto de la liberación del suelo. Dicho impacto es apenas el detonante de una serie de hechos y reacciones incontro- lables que se generarán a largo plazo en el sector afectado y en su área de influencia, cambios que van más allá de la evidencia física inicial: incendios, destrucciones, demoliciones, saqueos, etc. La respuesta del sector oficial a esta situación de destrucción, aunque lenta, se em- pezó a manifestar con una serie de medidas encaminadas a superar la crisis: ensanchar las calles del centro y abrir nuevas avenidas para la ciudad34, facilitar la penetración al sector –por la Carrera Sépti-

ma– de buses de gasolina, unificar los precios y solares subdivididos en un solo ente jurídico y demoler las viejas casonas existentes; estas medidas fueron tomadas mientras se hacía efectivo un préstamo de banqueros norteamericanos, ofrecido el 10 de abril de 1948 por un monto de 10 millones de dólares que debían ser destinados para la reconstrucción de las estructuras.

Con el Decreto 1286 del 21 de abril del mismo año sobre “régi- men de la propiedad de pisos y departamentos de un mismo edificio”, que busca promover y facilitar la iniciativa para desarrollar grandes edificios de 13 pisos en manzanas completas, construidos en común

34 El 25 de agosto de 1948, con el Acuerdo 61 emitido por el Concejo se dispone la ampliación de algunas vías, de acuerdo con un plan urbano que se había hecho pú- blico desde mayo del mismo año, y que indicaba los nuevos paramentos del sector general ubicado entre la carrera 4.ª y la Avenida Caracas y las calles 10.ª y 22.

por los propietarios de las manzanas según recomendaciones de Le Corbusier. Para Aprile-Gniset (1983), esta recomendación respon- de a un nuevo modelo de especulación que busca dejar a un lado el tradicional, caracterizado por manzanas fraccionadas en pequeñas propiedades con máxima renta esquinera que disminuye en la mitad de la cuadra y es casi nula en el centro de la manzana. Esta era una de las bases del proyecto de recuperación del centro, por lo que se buscó prohibir las “construcciones provisionales” o transitorias dentro de la misma subdivisión predial que tanto habían entorpecido en años anteriores cualquier plan de intervención en el sector. Pero el efecto de las medidas de los nuevos paramentos, sumado a la ley de propie- dad horizontal y a los mecanismos financieros que el Banco Emisor y el bch destinaron a los comerciantes y propietarios damnificados no fueron suficientes para que los pequeños propietarios accedieran a vender sus tierras, acabando con las expectativas de englobe de te- rrenos por manzana; lo que se hace evidente en los años cincuenta es la construcción en altura predio a predio.

Saldarriaga (2000) coincide con lo anterior al afirmar que en medio de esta avalancha de renovación urbana predio a predio que se desató en el centro generando nuevas lógicas de manejo inmobi- liario, las demoliciones no se hicieron esperar, se aprovecharon los destrozos para eliminar el tranvía y fomentar el transporte automo- tor. Para Aprile-Gniset (1983)35 la eliminación del tranvía promueve

un modo de transporte público más flexible y sin estructuras fijas, que consolida el gremio de los transportadores urbanos; el autor afir- ma que en el evidente cambio del perfil urbano del Centro con el “edificio de renta” se aumentan los precios de compra y arriendo de espacios, se consolida el sector financiero y de lujo, desplazando al pequeño comercio, que, ya debilitado, se establece en otros sectores de la ciudad para terminar valorizándolos36. En medio de toda esta

35 Aprile-Gniset (1983) evidencia en cada una de las consecuencias que resume la existencia de “campañas deliberadas” por expulsar “al más débil”, cuando parecen más bien procesos lógicos en centros urbanos donde las lógicas de las economías de aglomeración benefician las actividades terciarias más fuertes sobre el pequeño comercio y actividades residenciales: “… los establecimientos comerciales con ma- yor volumen de ventas por metro cuadrado desplazan, de forma excluyente, a las actividades menos productivas, logrando situarse en los puntos céntricos” (Ramí- rez Carrasco, 2003, p. 302). Sin embargo, es valioso rescatar las dinámicas urbanas que el autor describe y que se retoman en este texto.

Vivir en el Centro Histórico de Bogotá. Patrimonio construido y actores urbanos dinámica aparecen nuevas empresas relacionadas con finca raíz de-

dicadas al mercado de tierra, diseño, ejecución de obra y venta de inmuebles a través de sus propios canales de financiación; menciona también cómo las nuevas tendencias arquitectónicas requieren téc- nicas constructivas más avanzadas promoviendo la industrialización de los materiales de construcción –cemento, ladrillo, hierro, vidrio, cerámica–, lo que se consolida con la fundación de Camacol37 en

1957.

Aprile-Gniset (1983) menciona también dentro de las conse- cuencias el traslado del aparato administrativo y de mando desde el actual centro de la ciudad hacia sitios menos vulnerables, esto en- marcado en una estrategia de seguridad que da origen al actual Cen- tro Administrativo Nacional (can). Lo anterior contrasta con una de las primeras medidas tomadas el 28 de abril de 1948: relocalizar el ejército, los Ministerios y las oficinas gubernamentales en la manza- na ubicada entre las carreras 7.ª y 8.ª por calles 7.ª y 8.ª, para estar en contacto permanente con la Presidencia de la Republica38.

Es evidente cómo los efectos del “bogotazo” van más allá de los daños físicos, y se manifiestan a través de dinámicas urbanas poste- riores. Aprile-Gniset (1983) afirma que los efectos físicos de la re- construcción del centro se hacen evidentes en 1950-1952; es decir, cuatro años después de los hechos del 9 de abril de 1948, no sin antes asegurar las mejores garantías a los capitales invertidos. Para Salda- rriaga (2000) la fase más aguda sobre la ciudad se dio a finales de los años setenta. La década inmediatamente posterior al 9 de abril de 1948 sumió al país en un periodo de violencia rural concentrada en algunas regiones, cuyos efectos en el territorio nacional generaron grandes migraciones a las ciudades. Bogotá atrajo entre 1951 y 1973 tal cantidad de gente que triplicó su población, la cual se insertó a la ciudad en asentamientos subnormales en su mayoría construidos entre 1950 y 1970 (Saldarriaga Roa, 2000). En medio de todo este pa-

cia el norte, Carrera Décima y carrera 13 cambiando el perfil urbano de estos ejes con tipo de edificio comercial pequeño, de no más de cinco pisos. Buscan barrios como San Diego, o Chapinero. Este último se valorizó debido a su cambio de barrio residencial a mixto (Aprile-Gniset, 1983).

37 La Cámara Colombiana de la Construcción se creó con el fin de velar por la defensa y el fomento de la actividad de la industria de la construcción.

38 Por Decreto 1370 del 28 de abril de 1948 se expropiaron los edificios de la manzana ubicada entre las carreras 7.ª y 8.ª por calles 7.ª y 8.ª.

norama cabe preguntarse ¿cuál fue el impacto del “bogotazo” en las actividades residenciales y comerciales del actual Centro Histórico? 1.3.3 Impacto del “bogotazo” en las actividades residenciales

y terciarias

A partir de modelos urbanos desarrollados con base en infor- mación recolectada en directorios telefónicos de 1946 y 1956, para las actividades residenciales y terciarias de alto rango39 y su relación

con el Centro Histórico, en el marco de la investigación “Impacto de el ‘bogotazo’ en actividades residenciales y de alto rango” (De Ur- bina González & Zambrano Pantoja, 2007), se pudieron identificar cuatro dinámicas que pueden resumirse así: la primera se refiere al notable incremento en el número de residentes del actual Centro, a pesar de la importante fuga de población elite; lo anterior lleva a la segunda consecuencia que se refiere al carácter homogéneo de la población de 1946 que sale del Centro, y al carácter heterogéneo de la población que llega al centro para 1956. La tercera se refiere a la fuga de actividades terciarias a lo largo de importantes vías de trans- porte –especialmente la actividad bancaria–, lo cual no contradice la concentración de las actividades en el actual Centro. Al interior del mismo se identificaron las últimas dos dinámicas: un movimiento de población, en donde la actividad residencial se desplaza hacia el nor- te de la calle 19, conviviendo con actividades comerciales -en primer piso– en edificios de renta.

Para 1956, ocho años después del “bogotazo”, el grado de con- centración residencial en el actual Centro Histórico seguía siendo superior al del resto de la ciudad a pesar de la dispersión de la pobla- ción residente producto del crecimiento urbano y de las nuevas ofer- tas habitacionales en la periferia, pero, ¿hacia dónde se desplazó esta población? El plano 6 ilustra una tendencia de localización hacia el norte, de hogares que para 1956 salen del centro, tal como lo describe Acebedo (2006), al comparar este fenómeno de desplazamiento con una “mancha de aceite” canalizada a lo largo de las vías principales existentes; teniendo en cuenta el sector que van a ocupar en la ciudad

39 Sedes principales y sucursales de bancos, oficinas de representación, sedes princi- pales de compañías de seguros, agencias de viajes, hoteles de alta categoría, embaja- das y consulados; dichas variables son utilizadas por Mertins & Müller (2000) para determinar las etapas, parámetros y consecuencias del traslado de servicios de alto rango desde el Centro Histórico de Bogotá.

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Dinámicas contemporáneas del Centro Histórico de Bogotá (plano 3), es evidente la fuga de un perfil de población de clase media

alta, una elite que contaba con entradas suficientes para establecer- se en la zona que se caracterizaba por tener los mayores sueldos de la ciudad. Samuel Jaramillo describe cómo en los años 50: “… los grupos de más altos ingresos comienzan a abandonar sus zonas de residencia centrales y a trasladarse de manera ya predominante hacia la periferia. Ahora sí comienza a consolidarse la polarización socio- espacial de la ciudad, la cual crece de manera alargada paralelamente a la cadena montañosa que la rodea: los grupos de mayores ingresos se instalan en el norte, que adquiere esta connotación en la repre- sentación social, y los grupos de menores ingresos se expanden con preferencia hacia el borde sur” (Jaramillo, 2006, pp. 7 y 8). Como lo vimos antes, este proceso de fuga de residentes elite ya empieza a darse cuando la ciudad alcanza los 300.000 habitantes; es decir, a

mediados de la década de los años treinta en un momento en el que, según Bernal (1960), solo unos pocos barrios podían ser considera- dos exclusivos de “clase alta” o de “clase baja”.

Pero a pesar de la fuga de población, para 1956 el número de hogares aumenta en el sector. ¿De dónde provienen? La mayoría se asume como hogares nuevos que se establecen por primera vez en el actual centro de la ciudad. Respecto a los residentes del sector, desde 1946 se puede decir que sólo unos pocos se ubicaban fuera del mismo para 1956. El Plano 7 ilustra dónde se establecían en 1946 los residen- tes del Centro de 1956 evidenciando la naturaleza heterogénea de la población que se desplaza hacia el sector luego del “bogotazo”. ¿Qué pudo promover la salida de población elite y la llegada de una “clase media” al actual centro de la ciudad? Jaramillo (2006) lo interpreta como el resultado de diversos procesos socio espaciales e inmobilia- plano 7. concentración por barrio de residentes del centro de 1956 en 1946.

Fuente: Impacto del “bogotazo” en actividades residenciales y terciarias del Centro Histó- rico. 1946-1956 (De Urbina González & Zambrano Pantoja, 2007)

plano 6. concentración por barrio de residentes del centro de 1946 en 1956.

Fuente: Impacto del “bogotazo” en actividades residenciales y terciarias del Centro Histó- rico. 1946-1956 (De Urbina González & Zambrano Pantoja, 2007)

Vivir en el Centro Histórico de Bogotá. Patrimonio construido y actores urbanos rios, que tienen que ver con los mecanismos usuales del mercado del

suelo, con paradojas del mercado inmobiliario y con lo que él llama la pérdida de “hegemonía espacial de las elites”. Los inmuebles de la elite empiezan a ser ocupados por actividades comerciales, ajustando las estructuras existentes al nuevo uso o simplemente demoliéndo- las para dar espacio a edificios en altura; es un mecanismo usual del mercado del suelo en un momento en el que el sector se consolida como centro urbano: las rentas que arrojan las actividades comer- ciales son superiores a las que arrojan las actividades residenciales (Jaramillo, 2006).

plano 8. tendencias de localización de población elite en el centro de bogotá de 1930 a 1956

Fuente: Bernal (1960), Amato (1968), De Urbina y Zambrano (2006) Elaboración: Amparo De Urbina

Es precisamente a esos “edificios de renta” donde llegan a es- tablecerse familias pertenecientes al sector medio de la población, una capa social que toma fuerza en la ciudad, y que está dispuesta a vivir en apartamentos “conviviendo” con actividades comerciales –ubicadas en primer piso–, algo que la elite definitivamente no estaba dispuesta a hacer por considerarlo “precario”. Acá está precisamen- te la paradoja inmobiliaria que menciona Jaramillo (2006): la clase media desplazó a la elite del sector central, que ante la renuencia de vivir en multifamiliares bloqueó una competencia de vivienda mul- tifamiliar para la elite en el Centro. Y es que es tan notable la llegada de población nueva a la ciudad que erosiona lo que Jaramillo (2006) llama la “hegemonía espacial de las elites”. Aunque no es evidente una segregación socio espacial en el sector central, cuando autores como Bernal (1960) aseguran que a mediados de la década de los

años cincuenta el Centro era el único sector donde convivían todas las capas sociales, sí se puede hablar de segregación social: con la con- solidación del sector medio, el anonimato se apodera de la ciudad. Ante la pérdida de dominio social en el Centro, las elites intentan reproducir este reconocimiento en el norte, garantizando en estas nuevas urbanizaciones su hegemonía a través de mecanismos como la reglamentación urbana: “El aislamiento y la lejanía de estos asen- tamientos eran funcionales a este objetivo. Este principio, la nítida macro-segregación socio-espacial que conducirá a la mencionada bi- polaridad de la ciudad (tan característica de las ciudades latinoameri- canas) será un eje decisivo en la estructuración de la ciudad por largo tiempo” (Jaramillo, 2006, p. 10).

¿Podría hablarse, sin embargo, de una micro-segregación socio-

espacial en el centro? Diversos autores identificaron sectores donde

se concentra la población elite entre 1930 y 1956. Segundo Bernal (1960) menciona que hasta 1930 el barrio La Catedral –entre las ca- rreras 4.ª y 10.ª por la Avenida Jiménez y la calle 11– era el preferido por este sector social. Peter Amato (1968) identifica a partir de una lista de apellidos tradicionales que entre 1938 y 1940 la elite se ubica- ba entre la carreras 7.ª y 3.ª en los barrios Las Nieves, Veracruz y La Catedral. A partir de información extractada de directorios telefóni- cos de la época40, pudo identificarse que para 1946 es evidente una

tendencia de localización especialmente en los barrios Veracruz y La Capuchina, entre la Avenida Jiménez y la calle 19, y para 1956 pudo identificarse un posible retorno de la elite al barrio La Catedral, pre- ferido por este sector social en 1930 (Plano 8). Cabe agregar que en 1946 la proporción de hogares elite respecto al total de hogares que figuran en el directorio es de un 15%, para 1956 esta proporción dis- minuye al 9,5% (De Urbina González & Zambrano Pantoja, 2007).

¿Podría deducirse que el “bogotazo” promovió la fuga de re- sidentes elite? Al respecto Samuel Jaramillo (2006) menciona cómo “con frecuencia se aduce como causa factual de esta emigración la rebelión popular de abril de 1948, conocida como el ‘bogotazo’ que causó estragos en el Centro y pánico entre la población más acomo- dada. Probablemente este acontecimiento puntual exacerbó la pér-

40 Identificar el perfil socio-económico de las familias por la ocupación o fuente de ingresos del jefe cabeza de hogar es planteado por Amato (1968) como un método alternativo para localizar la elite urbana. A partir de esta definición se localizaron todos los hogares cuyo jefe cabeza de hogar es profesional o comerciante, en el centro de la ciudad (De Urbina González & Zambrano Pantoja, 2007).

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Dinámicas contemporáneas del Centro Histórico de Bogotá dida de control espacial en el centro por parte de las elites, pero lo

que aquí señalamos es que este movimiento parece tener raíces más globales. Nótese que la destrucción que causaron estas asonadas no comprometieron el desarrollo de actividades terciarias superiores en el Centro, y por el contrario, facilitó la renovación urbana con ese propósito”(Jaramillo, 2006, p. 10, nota pie de página).

Las actividades terciarias o de servicios son altamente producti- vas en poco espacio, y su proceso de concentración –conocido como proceso de terciarización– es determinante para configurar una cen-

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