PARTE II: LOS MERCADOS AGRARIOS Y LA INTERVENCIÓN
3. CARACTERÍSTICAS E IMPERFECCIONES DE LOS MERCADOS
3.1. Los mercados agrarios y el Sistema Agroalimentario Mundial
3.1.2. Consideraciones finales sobre la liberalización comercial
Llegados a este punto nos parece importante subrayar que los mercados agrarios internacionales presentan dos características principales: en primer lugar, la existencia de notables imperfecciones, derivadas de la concentración creciente de poder en un número reducido de agentes que controlan los principales flujos del comercio internacional de productos agrarios. En segundo lugar, los elevados niveles de protección que mantienen muchos países desarrollados, que son una
76 Un ejemplo de la marginalidad de estos agricultores nos lo da el hecho de que la tendencia de la
inversión de la AOD en agricultura es negativa, habiendo descendido desde los 7.830 millones de dólares en 1990 hasta los 4.162 millones de dólares en 2003 (más de un 46%) (Areta y Marín, 2005). Pero, además, las propias políticas nacionales de los países en desarrollo han reducido la inversión en la agricultura. En los últimos años, los Planes de Ajuste Estructural han provocado que los ministerios de agricultura de los países pobres hayan abandonado la intervención en los mercados y se hayan limitado a ser simples facilitadores (Pons, 2005).
77 Ver http://ec.europa.eu/agriculture/fin/directaid/2005/annex2_en.pdf
78 Environmental Working Group, Farm Bill 2007, Policy Analysis Database. Url:
http://farm.ewg.org/sites/farmbill2007/progdetail1614.php?fips=00000&progcode=farmprog&page=con c .
importante fuente de distorsión del comercio. Sin embargo, en los debates sobre el comercio internacional y, principalmente, en los debates sobre liberalización comercial, se ha puesto el énfasis en esta segunda cuestión, relegando la primera. Ello deja en evidencia la contradicción principal de estos mercados internacionales, ya que, por un lado, mientras en el ámbito de las negociaciones multilaterales se pretende acercar la realidad al ámbito de la competencia perfecta, eliminando las distorsiones introducidas por la protección de los Estados, por otro, en el ámbito expuesto a la concurrencia directa de los agentes privados (como los mercados regionales o internacionales de los diferentes productos agroalimentarios, así como en las diferentes fases de la cadena de valor de esos productos), se manifiestan claras tendencias hacia la concentración de poder económico en un reducido grupo de empresas, que operan como agentes globales, adquiriendo un carácter oligopsónico en las relaciones con los proveedores (entre los que se encuentran las explotaciones agrarias, como eslabón inicial), y de oligopolio ante los consumidores y otros eslabones del tramo final de la cadena de valor.
En este contexto emergen dos tipos de posiciones en las negociaciones agrarias multilaterales: por una parte, los países/agentes que mantienen posiciones a favor de la liberalización, porque obtienen ganancias netas de esos procesos; y por otra, los países/agentes que denuncian la imperfección de los mercados, y justifican y fortalecen la defensa de las posiciones a favor de la protección agraria, ya que cuentan con una posición más débil ante la liberalización comercial.
Así las cosas, el comercio agrario internacional tiene, como es lógico, ganadores y perdedores. Entre los primeros están las grandes multinacionales de la alimentación y la distribución, a las que operar en mercados globales permite maximizar sus beneficios, accediendo a las mejores condiciones en precios, cantidades y plazos, gracias a su poder de mercado. A este grupo se podrían sumar los agricultores de lo que anteriormente se ha denominado Mundo Rural 1. En cuanto a los perdedores, en los países desarrollados los encontraríamos en el Mundo Rural 2, mientras que en los países en desarrollo serían el Mundo Rural 2 y 3. Los pequeños y medianos agricultores de estos grupos se ven inmersos en una situación de fuerte competencia desde el punto de vista de la oferta (con muchos productores sin poder alguno de mercado) y obligados en muchas ocasiones a ser simples precio aceptantes de las condiciones prefijadas por la industria y los intermediarios. La competencia creciente va mermando sus ingresos, abocando a muchas explotaciones a la desaparición y al abandono de la actividad. Ante esta situación, los gobiernos de países en los que los perjuicios del comercio global son más evidentes adoptan medidas de protección, tratando de compensar a sus
agricultores por las pérdidas, e intentando al mismo tiempo alcanzar otros legítimos objetivos políticos.
A nuestro modo de ver, la liberalización comercial sería más coherente en un escenario en el que todos los países contaran con las estructuras comerciales necesarias para evitar esas imperfecciones de los mercados, lo que contribuiría a aumentar el bienestar del conjunto de la sociedad. Sin embargo, es aquí donde surgen los conflictos y las contradicciones. Sirva de ejemplo el caso de los EEUU, que mantienen una posición liberalizadora en las negociaciones multilaterales, pero favorecen y apoyan los procesos de concentración que están teniendo lugar en el seno de su sistema agroalimentario, procesos que tienen además amplias repercusiones globales. La liberalización comercial no puede ser considerada así como una política pública (siquiera como no-política), sino como una estrategia comercial, destinada a mejorar el posicionamiento de determinadas empresas y corporaciones en el sistema agroalimentario global.
Ante esas tendencias, determinados países que reconocen las consecuencias que pueden tener esos procesos sobre su tejido agrario, intentane configurar estrategias de defensa, tratando de legitimar y mantener diferentes mecanismos de protección de su agricultura, para frenar los potenciales efectos perjudiciales de la liberalización sobre su sector agrario. Pero la intervención pública sobre la agricultura puede responder a motivaciones diferentes de la protección de la competencia exterior, vinculadas a la corrección de otro tipo de fallos de mercado, como las externalidades de las actividades agrarias. Estos fallos de mercado serán el objeto del análisis del próximo epígrafe.