la visión de Borges, uno de otros tantos “padres” modernos.
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La postmodernización del boom’21 ‘8
Corno se vio arriba, no sólo Borges sino también los narradores del llamado boom han sido incorporados dentro del “canon” de la literatura postmoderna.’22 Como en el caso
de Borges, esta incorporación sólo es posible mediante una descontextualización violenta. Es curioso ver, por ejemplo, que Linda Hutcheon pueda afirmar tranquilamente que el postmodernism no es un fenómeno cultural internacional, sino característico sólo de Europa
201ván Carrasco, Nicanor Parra: La escritura antipoética, Santiago, Universitaria, 1990: 38. 45-46.
2’Uso el término boom por conveniencia, sin ignorar las polémicas que suele suscitar. ‘22Esta postmodernización del boom no se limita a la teoría norteamericana y europea. Entre la crítica hispanoamericana, Alfonso de Toro -después de destacar la figura fundadora de Borges- incluye en su borrador postmoderno ~gyjj~j~, El recurso del método, El otoño del natriarca, Tena Nostra y La uuerra del fm del mundo (461-467). Por su parte, Julio Ortega habla de una “postmodernidad más crítica, hecha de nuevas urgencias estéticas y emergencias sociales”, en novelas como Pedro Páramo, ~¡~Jj, Los ríos profundos, Cien años de soledad, Tres tristes tigres, Tena Nostra y ?¡Lu~i~Q (“El postmodernismo en América Latina”: 420). Por último, Mario Valdés ve en el postmodernlsm hispánico “una voz de liderazgo”, señalando el “genio” de Rulfo, Fuentes, Cortázar, García Márquez, Sábato,
Carpentier, Roa Bastos, Sarduy, Puig y Vargas Llosa (“me Invention of Reality: Hispanic Postmodernism”, Revista Canadiense de Estudios HisDánicos XVIII:3 (1994): 465). Valdés
ve en La muerte de Artemio Cruz el comienzo de la ruptura postmodern¡st, y afirma que la crítica hispanoamericana estuvo incapaz de percibir tal ruptura: “In 1955 an impoverished literary criticism of Latin American letters, too long accustomed to its marginalization. did
not have the critical depth to recognize Éhat this was the end of modernism. Instead Latin American literary criticism has been plagued by an intellectual poverty of such banality diat
labels such as ‘boom literature’ or ‘magic realism’ have been used to characterize diese
works. Carlos Fuentes was pan of a revolution (...). The postmodern deluge of questions and questioning had been released on an unsuspecting world” (461). Habría que señalar que esta
descontextualización de los términos modernism y postmodernism, puede resultar
igualmente, si no todavía más, banal.
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de las dos Américas,[23 y en consecuencia aludir a Cien años de soledad como parte dee
• la literatura occidental canónicay central, por contraposición a una novela ex-céntrica como
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• Los hijos de la medianoche de Salmán Rushdie.’24 La moraleja es brutal: la narrativa del
• Boom no tiene, para Hutcheon, ninguna especifidad ex-céntrica dentro de la literatura
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• occidental.
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• En las siguientes páginas, procuraré señalar por qué, desde una perspectiva
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• hispanoamericana, los escritores del boom no pueden ser considerados postmodernos, (i)
• porque su literatura es notoriamente consciente de su papel fundacional y revolucionario en
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• la búsqueda de un lenguaje propiamente hispanoamericano - una búsqueda llena de
• connotaciones de los grandes relatos de Lyotard;
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porque el boom se relaciona de un modo • vacilante con los medios de comunicación masiva :(a lo Jameson), y de ninguna manera • encama su “lógica”; y (iii) porque si la literatura postmoderna empieza siendo una reaccióne
• de rebeldía contra la literatura moderna consagrada e institucionalizada, esa literatura
• simplemente no existía, en la narrativa hispanoamericana, cuando surgió el boom.
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• Las nretensiones totalizadoras del boom
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• Los grandes relatos estána flor de texto entre los escritores del boom. Por un lado, • su apoyo público a la Revolución en Cuba fue unánime: “si en algo tuvo unidad casi completa • el boom”, escribe José Donoso, “fue en la fe en la causa de la revolución cubana”.’25 Sin • embargo, esta fe no se tradujo en una literatura directamente al servicio de la revolución -al
• estilo del realismo socialista-, sino fue canalizada en la búsqueda paralela de una forma
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• ‘23A Poetics of Postmodernism: 4.
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Politics of Postmodemism: 65.• ‘25Historia Dersonal del “Boom”, Barcelona, Anagrama, 1972: 58.
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literaria revolucionaria, y en la pretendida creación, por primera vez, de un lenguaje y unaU
identidad auténticamente hispanoamencanos. Así lo veía Fuentes: “la nueva novela ‘e
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hispanoamericana se presenta como una nueva fundación del lenguaje contra los
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prolongamientos calcificados de nuestra falsa y feudal fundación de origen y su lenguajeigualmente falso y ~ O, en otras palabras del mismo libro: ‘e
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Nuestro verdadero lenguaje (...) está en proceso de descubrírse y de crearse ‘e y, en el acto mismo de su descubrimiento y creación, pone en jaque, ‘e
revolucionariamente, toda una estructura económica, política y social desde ‘e América Latina, para América Latina, ser testigo de América Latina en la
acción o en el lenguaje significa ya, significará cada vez más, un hecho ‘e
revolucionario. Nuestras sociedades no quieren testigos. No quieren críticos,
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Y cada escritor, como cada revolucionario, es de algún modo eso: un hombre ‘e que ve, escucha, imagina y dice: un hombre que niega que vivimos en el ‘e
mejor de los mundos. (94-95)’”
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Toda esta discusión acerca de un lenguaje nuevo y fundacional, del acto revolucionario de ‘e‘e
escribir, se basa en un pensamiento plenamente moderno, según los postulados de U
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Lyotard,”8 directamente opuesto al espíritu que guía a los teóricos de la postmodernidad
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nueva novela hispanoamericana, México, Joaquín Mortiz, 1972: 31. ‘e
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‘27Compárese lo dicho por Cortázar en su respuesta al conocido ataque de Oscar Collazos: ‘e “la novela revolucionaria no es solamente la que tiene un ‘contenido’ revolucionario sino la ‘e que procura revolucionar la novela misma, la forma novela”; y unas páginas después: “uno ‘8de los más agudos problemas latinoamericanos es que estamos necesitando más que nunca los ‘8
Che Guevara del lenguaje, los revolucionarios de la literatura inés que los literatos de ‘8
la revolución” (Collazos, Cortázar y Vargas Llosa, Literatura en La revolucióny revolución ‘e
en la literatura, México, Siglo XXI, 1971: 73, 76). ‘8
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‘23Para Néstor García Canclini, la visión del artista como fundador de un nuevo lenguaje
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es un aspecto moderno ya obsoleto: “el otro intento moderno de refundar la historia fue la U subjetividad del autor. Hoy pensamos que la exaltación narcisista del pintor o el cineasta que
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quieren hacer de su gestualidad el acto fundador del mundo es la parodia pseudolaica de Dios. ‘e
No creemos al artista que quiere erigirse en gramático ilustre, dispuesto a legislar la nueva ‘8
sintaxis del mundo” (Culturas híbridas: 87). ‘e
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que incorporan las novelas del boom. Linda Hutcheon, por ejemplo, resalta la ausencia de
• la dialéctica en la novela postmoderna, señalando su renuncia a la búsqueda de unificar y
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• ordenar sus contradicciones, su negación de ofrecer respuestas: “Como sugiere el nombre
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• ‘metaficciónhistoriográfica’, la literatura postmodema permanece básicamentecontradictoria:
• ofrece sólo preguntas, nunca respuestas fmales”~í29 Es claro, en cambio, que los novelistas
• del boom, que ella quiere incorporar como protagonistas ejemplares de su teoría, hacían todo • lo posible no sólo para preguntar, sino también para responder, y pan “superar” tantas
• contradicciones aparentes.
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• La perspectiva crítica y rebelde de escritores más jóvenes tal vez sea la mejor forma
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• de desenmascarar las pretensiones más o menos metafísicas del boom:
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• Lo que en Cortázar es una dramática y regocijada búsqueda de la
• trascendencia valiéndose de la ironía y la simultánea deslectura del texto en
• la lectura, es en los más jóvenes una desproblematizada asunción de la humilde
• cotidianidad como fuente autoabastecedora de vida e inspiración (...) No se
• nos ocurriría nunca, por ejemplo, la absolutización de un sistema alegórico • donde el grotesco degrada la realidad, como en Donoso, ni la iluminación de • la historia en la hipérbole mítica de García Márquez, ni la refundación
• literaria de América Latina como en el “realismo mágico” de Carpentier. Por • el contrario, donde ellos se distancian abarcadores, nosotros nos acercamos
• a la cotidianidad con la obsesión de un miope.’30
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• Skármeta apunta aquí a las pretensiones abarcadoras, universalizadoras y totalizadoras: los
• metarrelatos que subyacen la narrativa del boom.
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• ‘29A Poetics of Postmodernism: 42.
• ‘30Antonio Skármeta, “Al fin y al cabo, es su propia vida la cosa más cercana que cada • escritor tiene para echar mano”, en Angel Rama, coord., Más allá del boom, México,
• Marcha, 1981: 273.
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El
novelista del boom como héroe‘8
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Los grandes relatos modernos se encamaron en una retahila de héroes, de grandesnarradores: (Churchill y Stalin, pero también Castro, Allende y hasta Pinochet -¿qué líder ‘8
vi vi postmodemo podría llamarse Fidel, Salvador o Augusto?-; Víctor Hugo y T.S.Eliot, pero
también Pablo Neruda). Los novelistas del boom también asumieron y proyectaron una visión
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privilegiada y mitificada del escritor, como ser especial y creador de obras fundacionales y ‘e
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monumentales. Por eso, Cortázar podía hablar de los “Che Guevaras del lenguaje, los ‘e
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revolucionarios de la literatura”, en referencia más o menos explícita a los escritores del