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vi En términos de John Barth, la novela postmoderna representa una especie de sintesís *

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entre la novela realista e histórica pre-moderna y la disyunción, la autorreflexión y el

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irracionalismo de la novela moderna. “Mi autor postmoderno ideal,” dice Barth, “ni repudia

meramente ni meramente imita a sus padres modernos del siglo XX, ni a sus abuelos ‘e

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premodernos del XIX”.’33 ¿Pero quiénes eran los “padres” de los novelistas del boom? La

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tradición narrativa en Hispanoamérica que acompañó, cronológicamente, las obras de Joyce,

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Faulkner, Woolf y Lawrence, era la de criollistas y costumbristas como José Eustasio Rivera,

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Ricardo Gúiraldes y kómulo Gallegos, seguidores -geniales o no- de códigos patentemente

“premodernos”.‘~ Donoso se refiere, justamente, a la “sensibilidad huérfana” de los ‘e

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novelistas del boom, lectores ávidos de la literatUra moderna norteamericana, francesa, ‘8

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inglesa e italiana, pero indiferentes hacia su propia herencia literaria (23).’” Y precisamente ‘e

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porque carecían de una tradición moderna consagrada -contra la cual pudieran rebelar o ‘e

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reaccionar-, es dificil ver qué sentido tiene hablar de los autores del boom como novelistas ‘e

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postmodemos, como hacen tantos teóricos norteamericanos y europeos. Al contrario, son ‘8

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precisamente ellos los que establecen y consagran la novela moderna en su continente, ‘8

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Del mismo modo, los escritores postmodernos en Hispanoamérica son los que rompen ‘e

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con el boom: los novísimos, o los del “post-boom”. Donoso ya sefiala en su Historia nersonal ‘e

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del “boom” que “la nueva generación encuentra que la novela de los años sesenta es

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‘““La literatura postmoderna”: 33. e-

‘34Los pocos narradores que se libraron de estos cánones (Borges, Onetti, Carpentier) t

permanecían prácticamente desconocidos antes del éxito del boom.

u: ‘“Donoso y los otros escritores chilenos de su época ignoraron o pasaron por alto a los

auténticos fundadores de la narrativa en su país- Juan Emar, en Miltín 1934 y Ayer, y María Luisa Rombal, en La última niebla y La amortajada

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excesivamente literaria, y se dedica, como todas las vanguardias, a hacer una anti-literatura’, una anti-novela”’ (l24).~36 Como ocurre siempre en las rupturas literarias, la generación joven, los “efebos” que sufren la “angustia de la influencia” de sus mayores, misread, mal- leen a esos mayores para despejar un espacio creativo para sí mismos. Desde luego, esta

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ruptura se manifiesta de modo distinto, y en contra de “padres” distintos, según el contexto

• literario local.’37

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• La nostmodernidad del “post-boom

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• La ruptura de los “novísimos” o los narradores del “post-boom” es postmoderna no

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• sólo porque rompe con una literatura moderna ya propiamente establecida, sino porque

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• responde a las particularidades contextuales de una ideología cercana a la pérdida de fe en los • grandes relatos de Lyotard, y también por~ue incorpora -y constituye- la lógica cultural’de

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• los ¡nass media.

‘36Para algunos teóricos, la obra de Donoso es curiosa porque eseenifica la dinámica de la quiebra moderna-postmoderna. En este sentido, Gutiérrez Mouat opina que El jardín de al lado es “un texto-bisagra entre la estética moderna y la posmoderna”, al dramatizar la contradicción entre el autor moderno (con su búsqueda heroica y trascendental) y el “superestrella” moderno (“Autoridad moderna y posmoderna en la narrativa

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• hispanoamericana”, Nuevo Texto Critico 6 (1990): 122-123). Véase también el estudio, bastante irregular, de Norma Mazzei, Postmodernidad y narrativa latinoamericana (1990). • ““Me parece útil, en este sentido, el punto de partida de Alvaro Pineda Botero, que

pretende señalar “las tendencias posgarciamarquianas, cada vez más alejadas de las

concepciones míticas y más acordes con lo que se ha denominado la posmodernidad” (~i

• mito a la nosmodernidad, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1990: 11). En otros contextos, seguramente, habría que buscar tendencias postfuentianas, postvargasllosianas, o postcortazarianas.

• ‘38Prefiero el término “post-boom” porque el prefijo permite establecer la relación con • las diversas corrientes de lo postmoderno. El término ha sido empleado por Juan Manuel • Marcos en su libro De García Márquez al nostboom (Madrid, Orígenes, 1986). Según • Marcos, los autores nuevos, “desmantelando la tradición borgiana, socavando el narcisismo • pequeño burgués, parodiando el discurso establecido, carnavalizando la palabra hegemónica

(...), se encuentran hoy a la vanguardia de lo que provisionalmente se podía llamar el 84

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La nueva narrativa era fundacional, revolucionaria y totalizadora. La narrativa del ‘e

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post-boom, en cambio, “es vocacionalmente antipretenciosa, programáticamente anticultural,

sensible a lo banal, y más que reordenadora del mundo en un sistema estético congruente de ‘e vi amplia perspectiva, es simplemente presentadora de él”, según Skármeta.’39 Esta mera ‘e vi presentación del mundo implica una vuelta al realismo -un infrarrealismo-, pero una vuelta ‘e

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plural: “el realismo vuelve a ganar la batalla, aunque sin quedar circunscrito como antes a ‘e

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los asuntos vistos a distancia, sino a la misma expresión literaria en que el narrador se ‘e

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sumerge”.’40 El narrador adopta el mismo lenguaje coloquial de sus personajes, y pierde ‘e

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su fría omnisciencia y capacidad abarcadora. En un libro como La guaracha del Macho ‘e

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Camacho de Luis Rafael Sánchez, por ejemplo, el narrador se deja seducir, al igual de sus ‘e

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distintos personajes, por los ritmos musicales, las repeticiones y los juegos verbales de la ‘8

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canción popular.

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Los novelistas del boom, espectadores solitarios agobiados por el desorden del mundo

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que los rodea, emprendieron un esfuerzo heroico por construir su propio orden literano;“‘ U

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los del postboom, en cambio, aceptan el desorden y participan en el mundo no como héroes,

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sino como hombres comunes. Son anti-autoritarios. rebeldes -a diferencia de la búsqueda U

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revolucionaria o revoltosa de sus padres modernos, sujetos todavía al balanceo, al efecto de U

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postboom”’ (LI). Desde la perspectiva de hoy, diez años más tarde, es difícil pensar que

existe tal “vanguardia” en el sentido estricto de la palabra.

‘39”AI fin y al cabo...”: 274.

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‘40Angel Rama, Novísimos narradores hispanoamericanos en Marcha 1964/1980: 28.

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‘4’En palabras de Carlos Fuentes: “Nuestras obras deben ser de desorden: es decir, de un ‘e

orden posible, contrario al actual” (La nueva novela: 32)

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yo-yo o péndulo entre un poder al otro’42-, y en palabras de Rama, “franco-tiradores contra

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• todos los poderes” (38).

• Los escritores del postboom se dan plena cuenta de las limitaciones de su perspectiva.

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• Es por eso que su impugnación de los poderes, de los grandes relatos institucionalizados, no

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• conduce a la creación de nuevos proyectos totalizadores. Su actitud contestataria proviene de • una cultura específica, local, y frecuentemente marginal, “cuya visión del mundo, lengua y

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• formas de comportamiento han manejado con soltura, sin necesidad de explicarlas o

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• defenderlas, volviéndolas protagónicas de la literatura” (23).

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• Esta actitud postmoderna se deja ver en los personajes del post-boom: anti-héroes

• como el protagonista de La vida exaQerada de Martín Romaña (1981), quien acepta su

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• aburguesamiento y la inevitabilidad de su participación en el mundo ‘real’, en vez de fabricar

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• castillos revolucionarios en el aire como tantos de sus compatriotas. Lo mismo ocurre en el • ámbito chileno, incluso en novelas claramente políticas como La insurrección (1982) y

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• Ardiente paciencia (1985) de Skármeta. En palabras de Gutiérrez Mouat, “las figuras • literarias en las novelas de Skármeta (el poeta-guerrillero en La insurrección; Neruda en

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• Ardiente naciencia) se sitúan en el mismo nivel que el receptor popular”.“~ Novelas

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• chilenas más recientes como La desesoeranza de José Donoso (1986), El anfitrión de Jorge

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• Edwards (1987), Santia2o cero de Carlos Franz (1989), y La ciudad anterior de Gonzalo • Contreras (1991) ahondan en la idea del protagonista como anti-héroe o, simplemente. como

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• ‘42”EI ejemplo clásico de revolución es todavía la Revolución francesa y no sé si sea • licito aplicar esta palabra a los cambios sociales que han ocurrido en Rusia, China y otras • partes, por más profundos y decisivos que hayan sido. Uso la palabra revuelta para designar • los levantamientos y movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo y de América • Latina(...), y rebelión para los movimientos de protesta de las minorías raciales, liberación

• femenina, estudiantes y otros grupos en las sociedades industriales o en los sectores modernos • de las naciones subdesarrolladas” (Los hiios del limo: 216-217).

• ‘43”Autoridad moderna”: 126.

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hombre corriente: el cantante vanidoso y ya pasado de modo en el libro de Donoso, el

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hombre gris celebrado como el posible salvador de Chile en el de Edwards, el traidor de ‘e

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Franz. y el vendedor de armas de Contreras.

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El derrumbe de los metarrelatos cede lugar a multitudes de pequeños relatos, locales,

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provisorios y sin pretensiones universalizadoras. En términos literarios, la destrucción del ‘e

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canon central implica un darse la voz, y un aceptarse la voz, a sujetos anteriormente ex- ‘e

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céntricos. En este sentido, se podría decir que novelas de mujeres chilenas como La casa de ‘e

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los espíritus de Isabel Allende, Por la patria de Diamela Eltit y Maldita yo entre las mujeres ‘e

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de Mercedes Valdivieso, responden y se consagran dentro del campo literario chileno gracias ‘e

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a las posibilidades abiertas por la postmodernidad.’44 Es notable que en cada uno de estos ‘e

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libros hay un intertexto más bien explicito -respectivamente, Cien años de soledad, Cobra de

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Sarduy, y los textos históricos de Benjamín Vicuña Mackenna y Joaquín Edwards Bello-, y ‘e

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se elabora en ellos una desarticulación del discurso masculino, y una posterior reconstrucción ‘e

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desde una perspectiva de mujer.

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