Los efectos económicos del control de precios y salarios
CONTROLES Y NIVEL DE EMPLEO
Los controles pueden, a través de dos mecanismos, incrementar el nivel ocupacional. El primero y más significativo es que dismi- nuyen la expectativa de aumentos de precios. En una economía in- flacionaria en la que no existen controles, siempre se propende a proyectar incrementos sobrevaluados de los precios futuros, como consecuencia de las demandas salariales y alzas en sus costos. A menudo es imposible aún adivinar con antelación el nivel de los aumentos en los precios. Por ello, tanto los trabajadores como los comerciantes se inclinan a apuntar sus demandas salariales y de precios, al máximo límite posible. Esto los protege de los aumen- tos de precios proyectados para el futuro cercano. Cuando la fija- ción de precios y salarios excede el nivel de equilibrio, la conse- cuencia es la presión inflacionaria. Si los controles reducen los au- mentos de precios proyectados, los precios se equilibran y la pre- sión inflacionaria disminuye. "El control...", de acuerdo con un informe que preparara en 1974 el Consejo de Consultores en Asuntos Económicos9, "redujo las expectativas inflacionarias,
mantuvo el gasto total a un nivel bajo, limitó la tendencia alcista en los precios y salarios, y permitió más agilidad en el aumento de la productividad, lo cual no hubiera ocurrido sin dicho control".
Existe un segundo mecanismo mediante el cual el control apa- rentemente incrementa el nivel ocupacional y ello surge de la can- tidad de organismos reguladores oficiales destinados a administrar
2 1 0 Schuettinger-Butler los mismos controles... El número de departamentos creados con el fin de regular los precios es impresionante. Los siguientes mere- cen tenerse en cuenta: la Junta Nacional de Precios e Ingresos; el
Consejo de Precios, Productividad e Ingresos; el Consejo Nacional para Desarrollo Económico; la Comisión Nacional de Ingresos.
Estos organismos se crearon únicamente en Gran Bretaña. Y en Holanda: la Junta de Mediadores del Gobierno, el Consejo Socio-
Económico y la Junta de Planificación Central. En Francia la Con- ferencia de Réditos, la Comisión Nacional para Asuntos Contables y el Centro de Estudios de Ingresos y Costos. En Alemania, el con-
trol de los salarios constituía la actividad fundamental del Consejo
de Peritos en Economía; y en Austria se llevaba a cabo a través de
la Cámara Federal de Industria y Comercio y de la Comisión para
Asuntos Económicos. En Austria además, la Comisión Mixta de Precios y Salarios analizaba exclusivamente el tema del control,
también objeto de análisis del Consejo de Consultoría para Asun-
tos Socio-Económicos. En Dinamarca el Consejo Económico fue
otro organismo dedicado primordialmente a la administración de los controles. Por su parte, del otro lado del océano, merecen te- nerse en cuenta el Consejo Económico, la Comisión de Precios e
Ingresos de Canadá y también la Comisión de Precios de los
EE.UU., entre una variedad de subcomisiones que dependen del
Consejo de Consultores en materia Económica.
La administración del control de precios y salarios existe la crea- ción de un gran número de organismos, comisiones, consejos y juntas. Cada organismo posee, a los efectos de investigación y eco- nomía, sus propios peritos, ejecutivos, planificadores, miembros y supervisores. El potencial ocupacional en la administración del control de precios, aunque completamente improductiva, es mani- fiestamente enorme.
Sin embargo, los controles, en realidad, aumentan la desocupa- ción en el sector privado. Aun así, la función ocupacional resulta tan compleja, que es absolutamente imposible calcular con exacti- tud el efecto que produce el control sobre el nivel de ocupación. Sin embargo, nuestro sentido común nos permite coincidir con el economista británico Sam Brittan, cuando expresa que "Un precio máximo que reduce las ganancias en favor de los salarios, desde el punto de vista del empleador equivale a un aumento en los salarios reales. Es así que contratar los servicios de igual número de perso- nas resulta ahora menos beneficioso que antes".10 Desde luego,
4000 años de control de precios 2 1 1 lificados, a medida que los márgenes de utilidad se reduzcan. Pero la fuerza de trabajo marginal se compone justamente de aquellas personas —trabajadores que perciben remuneraciones más bajas y los menos calificados— a quienes supuestamente se trata de be- neficiar con el control de precios. Debido a este efecto de desocu- pación, tan significativo como cualquier otro efecto, el gobierno laborista del país de Sam Brittan, decidió eliminar el control de precios al asumir el poder en 1974. También liberó a algunas in- dustrias de sus cargas impositivas, para que pudieran compensar la disminución de sus márgenes de utilidad.
Brittan hace referencia a un efecto sutil del control de precios, aquí mencionado. Afirma que el mismo efecto de desocupación puede resultar luego de la eliminación de los controles, como suce- dió en el Reino Unido en el invierno de 1971.11
A la eliminación del control de los ingresos le sucedió una repentina aceleración en los aumentos de los salarios. Al enfrentar esta situación, los empleadores no confiaron tanto en trasladarlos a precios más altos, en parte por el efecto aún vigente de la restricción monetaria que impu- siera Roy Jenkis (entonces Ministro de Hacienda) pero además, debido a su inseguridad sobre la reacción de sus competidores luego de una situación sin precedentes. El resultado fue que el salario aumentó proporcionalmente con las utilidades, superando el nivel normal en la fase descendente del ciclo (empresarial), y que el índice de de- socupación asombró a quienes tenían a su cargo preparar las estadísticas oficiales para el invierno de 1971/2.
Desde luego, tal efecto no puede ser permanente. Pues las em- presas descubren, finalmente, el límite al que puedan incrementar sus precios luego de la eliminación de los controles, sin recurrir a una competencia agresiva con otras empresas. No obstante, la ac- tividad empresaria resulta tan perjudicada como las posibilidades de ocupación de la fuerza laboral.
Además, tal fenómeno afecta no sólo a las empresas privadas sino también a las estatales. Los precios máximos acompañados con costos en continuo incremento, reducen los márgenes de utili- dad (o más bien aumentan los déficits) de las empresas estatales. Es preciso, entonces, financiar las pérdidas mediante la recauda- ción de impuestos, o a través de créditos otorgados al gobierno, lo
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cual coadyuva aún más a la presión de la tasa inflacionaria. En una oportunidad, Sir John Hicks advirtió que "cuando la de- manda real de mano de obra ha caído, de acuerdo con la teoría tra- dicional, debe existir o bien una caída en el salario real o desocu- pación".12 En una política en la cual rige la restricción en los pre-
cios, la demanda ocupacional cae a medida que los márgenes se comprimen.
El ingenioso gobierno de Gran Bretaña "descubrió" el mecanis- mo para optar entre el dilema del descenso en el nivel de salarios o el de desocupación. Consistió en evitar que los empleadores consi- deraran prescindibles a sus trabajadores. Ahora se conocen las consecuencias de esta medida en la economía británica: Las em- presas no fueron capaces de operar bajo las presiones restrictivas, el número de empresas en quiebra aumentó en forma impresio- nante y tanto los capitales como las iniciativas se escurrieron del país.
REFERENCIAS
1. C. Jackson Grayson, Jr., Confessions of a Price Controller (Dow-Jones Irwim, Nueva York, 1974).
2. C. Jackson Grayson, Jr., "Controls are Not The Answer", Challenge, noviem- bre-diciembre de 1974, pág. 10.
3. Ibid., pág. 12.
4. Roger M. Blough, "Minimizing the Effect of Controls", Monthly Labor Re-
view, Vol. 97, N° 3, marzo de 1974.
5. Phillip Cagan, The Hydra-Headed Monster (American Enterprise Institute, Washington, D.C., 1974), pág. 55.
6. "The Fatal Temptation", The Free Nation (National Association for Freedom, Londres), 3 de septiembre de 1976, pág. 9.
7. Phillip Cagan, The Hydra-Headed Monster (America Enterprise Institute, Washington, D.C., 1974), pág. 55.
8. Ibid., pág. 56.
9. Annual Report of the Council of Economic Advisors, febrero de 1974, pág. 99. 10. Samuel Brittan, Second Thoughts on Full Employment Policy (Barry Rose, for
the Centre for Policy Studies, Londres, 1975), pág. 48. 11. Ibid., pág. 50.
12. Sir John Hicks, Crisis '75...? (Institute of Economics Affairs, Londres, 1975). Ver especialmente págs. 17-25.