La Primera Guerra Mundial
GRAN BRETAÑA: ¿POR QUE NO DEJAR QUE LAS COSAS SE CUIDEN SOLAS?
Gran Bretaña se vio envuelta repentinamente en una ola de de- manda de provisiones por parte del gobierno. Esta situación se agrava con la escasez causada por la flota de submarinos alemanes. Los precios alcanzaron entonces un nivel muy superior al de la época anterior a la guerra. Había, por supuesto, una insistente re- clamación para que el gobierno "hiciera algo". Sin embargo, las nuevas medidas adoptadas generaron una serie de dificultades y numerosos problemas. El periódico The Spectator señaló el doble carácter del problema del control económico por el gobierno: es un problema tanto político como económico. Desde el punto de vista político, se concentra demasiado poder en el gobierno. Se acostumbra a depender del gobierno para el logro de los objetivos
80 Schuettinger - Butler que podrían alcanzar mejor procediendo por iniciativa propia en un mercado libre.1 Los precios se mantienen bajos en forma artifi-
cial en tiempos en que la demanda aumenta y la oferta disminuye. Por ese motivo, el resultado se reduce sólo a las dificultades y de- cepciones. La gente entra a los comercios esperando encontrar los artículos a precios oficiales y retornan a sus hogares desmoraliza- dos.2 Muchos llegan a creer que el alza de los precios es consecuen-
cia directa de maniobras ocultas que el gobierno puede controlar empleando sus propios medios.3 De ese modo se aboga por un
control más estricto, y por una mayor intervención estatal. En cuanto al aspecto económico, tanto The Spectator como otros periódicos coincidieron en señalar que en momento en que la demanda aumenta y la oferta disminuye, es necesario que los pre- cios se mantengan altos. El alza de los precios actúa como un siste- ma de racionamiento que permite disminuir el consumo para po- der canalizar los bienes hacia áreas en donde su uso sea más pro- ductivo. Además de reducir desperdicio, el alza de los precios esti- mula la producción y la importación. En poco tiempo una política de liberación de precios puede terminar con la escasez y, además, tiende a solucionar los problemas económicos. El control del Esta- do, o racionamiento, sólo prolonga el período de escasez.4 The
Fortnightly advirtió que mediante la restricción de precios, el go-
bierno sólo estimula el consumo, desalienta la producción y acele- ra el desastre económico.5 The Saturday Review declaró que es
mucho más fácil fijar precios máximos que asegurar la disponibili- dad de bienes a esos precios. Una vez que el gobierno fija los pre- cios se ve obligado a asegurar que los dueños de las mercaderías no las retengan, y que los fabricantes y agricultores continúen produ- ciendo. Esto significa nada menos que una exhortación al sector industrial.6 The Nation decía que de no existir tal exhortación, el
corolario necesario de fijar precios máximos por debajo del valor de plaza, podría traer fácilmente como consecuencia "un período de escasez aguda, e incluso de hambruna que golpearía duramente a las clases de bajos recursos".7
Como subrayara The Edinburgh Review, el ordenamiento eco- nómico por parte del gobierno no puede realizarse sin atar a todos los sectores comerciales de la nación a disposiciones y formalismos oficiales. Se deberán crear numerosas juntas y comisiones. Se con- tratarán incontables cantidades de empleados y supervisores. Se ordenarán innumerables medidas y disposiciones. Pero aún, co- menzarán los fraudes, incluyendo la falsificación masiva de vales
4000 años de control de precios 81 para la adquisición de alimentos, y la moral del pueblo decaerá.8
The Fortnightly Review enfatizó que el proceso que comienza con
la implementación de algunas medidas para mantener los precios bajos, desencadena una situación en la que "prácticamente todo se controla, y cuanto mayor sea el control, mayor será la confusión y la pérdida económica".9
Después de la guerra, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, The Economist de Londres, realizó una síntesis de la he- rencia de controles en Gran Bretaña. "¿Por qué no dejarla sola?" En respuesta al pedido desinteligerite del control de precios, se re- petía constantemente que los precios eran menos importantes que el suministro, ya que si el Estado impedía el aumento de precios con su intervención artificial, podría disminuir la provisión de bie- nes, que podrían volver atraídos por un alza de precios. Sin em- bargo, el Estado intervino cuanto le fue posible... ahora la Nación puede ver los resultados. El fracaso se puede ver y palpar desde cualquier ángulo. Ningún sector del comercio en el que el gobier- no intervino ha obtenido resultados favorables".10
En verdad, el editorial del Economist desarrolla un resumen de excepcional pertinencia de los resultados obtenidos por el control económico en la Gran Bretaña de los tiempos de guerra. Merece continuarse con la acotación:
Durante la guerra, ellos (el Gabinete) tenían suficientes problemas para satisfacer una avidez de trabajo mucho mayor de la que pudiera desear cualquiera en su sano jui- cio. A pesar de ello, y no conforme con la tarea esencial de vencer a nuestros enemigos foráneos, persistentemente insistieron en intervenir en los asuntos internos. En cada ocasión se repetía la misma excusa, "que de no haber in- tervención, los precios se elevarían exageradamente, ha- bría una mala distribución de provisiones o surgiría cual- quier otro mal que limitaría los esfuerzos que la Nación estaba realizando en medio de la guerra."
...Se cometieron errores desde el comienzo en la imple- mentación de la política de control de precios. Por ejem- plo, en los primeros días, el gobierno, actuando bajo la juiciosa presión del señor Hughes, acordó la compra de trigo australiano a un precio elevado, sin tener en cuenta la dificultad de transportar el cereal por mar, con los sub- marinos alemanes patrullando la zona. El riesgo hubiera
Schuettinger-Butler sido mucho menor si se importaba la misma cantidad de trigo desde Canadá o Argentina. Finalmente, el cereal no se transportó y las ratas se comieron la mayor parte del mismo.
Más tarde, el gobierno decide intervenir en la industria carbonífera; en primer lugar promulgó una ley que prohibió las huelgas y luego, con la autoridad conferida, concedieron cualquier clase de demanda de los mineros que amenazaban con declarar una huelga. Como resulta- do, los salarios de los mineros se elevaron en una propor- ción muy superior a los del resto de los trabajadores que realizaban tareas similares en otros sectores de la indus- tria.
... De la misma manera, el estado utilizó su poder para re- gular los salarios de los trabajadores ferroviarios, sin prestar la más mínima atención a los resultados económi-
cos. Como es de público conocimiento, en la actualidad, los ferrocarriles producen una pérdida cuantiosa... La explicación dada fue que un aumento de las tarifas ferro- viarias hubiera perjudicado el comercio. Aparentemente, las personas que dieron esa excusa no fueron capaces de comprender que crear un déficit que tendrían que costear los contribuyentes, también era per judicial para el comer- cio...
Pasados varios meses de estas necedades, los resultados naturales comenzaron a manifestarse, incluso para el go- bierno. Entre ellos por ejemplo, el hecho que los vapores costeros ya no transportaron mercaderías pesadas, y de esa manera aliviar la carga ferroviaria. Las tarifas navie- ras de posguerra ya no podían compararse con las ferro- viarias de la etapa anterior a la guerra...
Sin embargo, fue en el área de los productos alimenti- cios en la que la intervención estatal fue más notoria y en la que el fracaso fue más contundente... Los precios ac- tuales son los más altos de las últimas generaciones y al mismo tiempo peligra el abastecimiento de muchos de los artículos básicos que incluye nuestra dieta.
Si este es el logro brillante del Ministerio de Alimenta- ción, con todas sus disposiciones y medidas, sus tarjetas de racionamiento y sus gastos millonarios, seguramente la Nación tendrá razón al repetir la pregunta de Lord
4000 años de control de precios 83
Melbourne: "¿Por qué no dejar que las cosas se cuiden solas?".