En el Cono Sur, como ya se ha dicho, surgieron grupos de guerrilleros urbanos que trasladaran la teoría del foco a las ciudades. En la Argentina y en Uruguay, especialmente, pero también en Chile y Brasil, fracasaron militarmente. En México y Argentina, los países más desarrollados del continente, se produjeron eclosiones sociales que pusieron en cuestión tanto los planteamientos guevaris-
tas como los de la Alianza para el Progreso. En Argentina, el cordobazo de 1969,
marcó tanto a los grupos guerrilleros que concluyeron que la lucha armada y el socialismo eran la única salida. En México, dónde se había logrado satisfacer las demandas sociales más adelantadas del continente, merced a la revolución de 1910, el movimiento estudiantil del 1968 hizo tambalear no sólo la sociedad, sino también el sistema político. En ese año, mientras México se preparaba para recibir a los XIX Juegos Olímpicos programados para comenzar el día 12 de Oc- tubre; en el país se respiraba un aire tenso por el movimiento estudiantil que ya duraba varios meses y cada día iba creciendo más33.
33 Véase Poniatowska, Elena, “La Noche de Tlatelolco”, México, Editorial Era, 1971; y, también,
Farías, Luis M., “Así lo Recuerdo, Testimonio Político”. México, Fondo de Cultura Económica, 1992.
Este movimiento estudiantil, surgido durante el sexenio del presidente Gus- tavo Díaz Ordaz, había conseguido aglutinar a los estudiantes de distintas pro- vincias del país y del Distrito Federal. El gobierno buscaba una rápida solución al confl icto con la pretensión de que éste no afectara directamente la realización de los Juegos Olímpicos, un evento de dimensión planetaria que fi jaría la mirada internacional sobre México. Los estudiantes, ajenos al interés gubernamental, seguían manifestándose, reclamando democracia, la derogación del artículo 145 del Código Penal, libertad de expresión, la retirada de la milicia de las escuelas, libertad a los presos políticos y la igualdad entre los estudiantes.
El movimiento se va radicalizando y a fi nales de julio unidades del Ejército, ante la incapacidad de la policía, son utilizadas para reprimir las manifestacio- nes estudiantiles. La tropa permanece en estado de alerta. La línea ofi cial del gobierno acusa al movimiento de infl uencias “extranjeras comunistas”, pero las movilizaciones siguen en aumento. Las manifestaciones congregan a más de 180.000 personas, y junto a los estudiantes caminan ya trabajadores mexicanos. La CIA y el FBI están en el punto de mira de las denuncias del movimiento estudiantil, acusan a algunos profesores y estudiantes de trabajar para ellas. Se forma un Consejo Nacional de Huelga, se comienza a elaborar una lista de estudiantes desaparecidos que recoge 25 nombres y se celebran marchas de los estudiantes que van a coincidir en las calles con carros blindados del Ejército. El 18 de Septiembre, los militares ocupan la Universidad y el número de personas detenidas suma 1.600.
El 2 de Octubre los estudiantes convocan una concentración en la Plaza de las Tres Culturas. La plaza comienza a llenarse, acuden también muchos obreros, niños, mujeres, que muestran su simpatía hacia las reivindicaciones del movi- miento estudiantil, pero los carros blindados del Ejército convierten el lugar en una ratonera. Nada más iniciarse el acto, una bengala fue la señal para que se empezara a disparar contra la multitud. Eran los miembros del Batallón Olim- pia, cuya misión era detener a los líderes del movimiento estudiantil. También dispararon sus armas los integrantes de la llamada Brigada Blanca, vestidos de civil, pero identifi cados por portar un guante blanco como distintivo. Según Paco Ignacio Taibo II, quien en 1993 encabezó una Comisión de la Verdad sobre estos sucesos, en esa trágica tarde hubo 300 muertos, además de 700 heridos y cinco mil estudiantes detenidos.
Esa táctica de enfrentar las protestas sociales a balazos no era nueva para el presidente Díaz Ordaz. En distintos momentos de su gobierno había sido puesta en práctica sin provocar reacciones sustantivas en la opinión pública. El gobier- no manejó la versión que lo sucedido fue un enfrentamiento entre estudiantes y militares, además de que minimizó la cantidad de muertos y heridos. La censura se volvió férrea. Hoy se habla de que hubo 6.000 detenidos, 2.000 fueron encar- celados, algunos de ellos durante varios años; sin juicio, o con procesos amaña- dos y sin garantía alguna de defensa. El gobierno culpó a “elementos nacionales y extranjeros”, los acusó de terroristas y desencadenó una brutal represión que
obligó a muchos a exiliarse o abandonar la universidad. Según la escritora y periodista Elena Poniatowska, “ese día asesinaron a los jóvenes mexicanos que luchaban por sus ideales, por tener un mejor país”.
En Brasil, la dictadura militar implantada en 1964 prohibió los partidos po- líticos y las asociaciones civiles de la oposición, incluso las agrupaciones estu- diantiles. El movimiento estudiantil que fl oreció en 1968 era, esencialmente, un movimiento de lucha contra la dictadura. A pesar de esta signifi cativa singulari- dad, las manifestaciones estudiantiles que ocurrían en Brasil estaban emparen- tadas con las revueltas que estallaban en varias partes del mundo: un sentido radical de libertad, el culto a la acción y, muy signifi cativamente, el desprecio por las formas tradicionales de hacer política34.
El movimiento estudiantil que se gestó entre 1966 y 1968 en Brasil, alber- gaba también en su seno una crítica al Partido Comunista Brasileño, acusado de reformismo y de inmovilismo frente al régimen. El punto de mayor tensión de este movimiento ocurrió tras el asesinato de un estudiante frente a un res- taurante universitario en Río de Janeiro. Los estudiantes cargaron su cuerpo en procesión hasta la Asamblea Legislativa, donde entraron por la fuerza. Esta muerte marcó el inicio de un proceso de radicalización política y de enfrenta- mientos violentos entre la policía y los estudiantes.
En este fi nal de la década de los sesenta detonó la opción por la lucha armada por buena parte de la izquierda brasileña. En su “Carta al Comité Ejecutivo del PCB”, de 1966, Carlos Marighela rompió con el Partido Comunista Brasileño para crear la organización armada Acción Liberadora Nacional (ALN). Entre 1966 y 1969 surgieron, se multiplicaron, se fundieron innumerables organiza- ciones armadas: la ya citada ALN, el Partido Comunista Brasileño Revoluciona- rio (PCBR), el Movimiento Revolucionario 8 de Octubre (MR-8), la Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR), la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR-Palmares) y los Comandos de Liberación Nacional (COLINA) fueron algu- nas de ellas. La opción por la lucha armada expresaba el culto a la acción como el denominador común de los movimientos juveniles durante la década de los sesenta en el mundo entero. Este culto traía consigo la valoración de la acción directa, del coraje y del enfrentamiento. Urgencia, prisa, voluntarismo, inmedia- tismo. Los jóvenes querían la revolución socialista y la querían rápidamente.
El desprecio por el juego parlamentario y por las formas tradicionales de hacer política fue uno de los elementos más fuertes y comunes, este deseo de acción política inmediata, que se expresó en la lucha armada, se extendió por diversos países de América Latina. En muchos de ellos se formaron organizacio-
34 Véase: Nercesian, Inés: “Organizaciones armadas y dictadura institucional en Brasil en la
década de los setenta”, Fermentum, Revista Venezolana de Sociología y Antropología, mayo- agosto 2006, vol. 16, nº 046. Universidad de Los Andes. Mérida. Venezuela, pp. 446-460. Tam- bién Araujo, María Paula Nacimiento, “A Utopia Fragmentada. Novas esquerdas no Brasil e no
nes armadas, la mayoría compuestas —en gran medida— por jóvenes universi- tarios que abandonaban las aulas para echar mano a las armas. Los ejemplos que inspiraban la lucha armada de los jóvenes brasileños eran la Revolución cubana, la guerrilla vietnamita y la guerra popular prolongada de la Revolución China. En Brasil, el incremento de la opción por la lucha armada, conjugada con el endurecimiento del régimen, produjo resultados trágicos. En pocos años, las organizaciones fueron destruidas, dejando un saldo importante de muertos, desaparecidos, exiliados y expatriados.
Después de la derrota de la insurgencia armada, las izquierdas brasileñas iniciaron una refl exión con el objetivo de alejarse del elitismo revolucionario que les permitió abrir una nueva estrategia política que generó la adhesión de grandes núcleos de la población. La etapa siguiente fue la de una lucha demo- crática contra la dictadura militar. Entre 1974 y 1985, la sociedad civil y amplios sectores de la izquierda brasileña llevaron a cabo una lucha por las libertades democráticas.