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UNO, DOS, TRES MUCHOS Y DIVERSOS EXILIOS MÁS

In document ALCAZAR Historia Reciente (página 131-139)

Mientras quedan rezagados los exilios cuyos protagonistas por lo general eran las elites políticas e intelectuales, el torrente exiliar al doblar el siglo se fue nutriendo de cientos y miles de personas de distintas generaciones y diver- sa extracción, ofi cio o profesión. Este torrente encuentra principalmente cobijo en tierras vecinas o cercanas en tanto no imperaron los regímenes militares. Andando el tiempo ello cambió. Avanzada la década del setenta todos los con- tinentes comenzaron a nutrirse de migrantes políticos de América Latina y el Caribe.

Abonan a la nueva tendencia epocal la presión de Estados Unidos, acompa- ñada de su acción para mantener primero el statu quo vigente, y luego, para impedir la expansión del comunismo ante la creciente efervescencia social, po- lítica, más tarde guerrillera, en distintos puntos de la región. En ese contexto de guerra fría y por tanto, de impedir el debilitamiento de Estados Unidos en la zona más cercana, los exilios fueron esencialmente constituidos por aquellos protagonistas que representaban una amenaza a su hegemonía. Pero no debe olvidarse que las experiencias fueron diversas, un breve recorrido posibilita su registro.

Ante los fracasados intentos de transformación nacional revolucionaria sen- dos golpes de Estado (Guatemala 1954 y Bolivia 1964) hicieron del exilio un camino obligado para los derrotados. Ello no signifi ca que la asunción del pre- sidente Jacobo Arbenz en Guatemala, por un lado, y el triunfo de la revolución boliviana, por el otro, no hubieran provocado algunos exilios.

En Guatemala, tras el derrocamiento de Arbenz, cientos de perseguidos soli- citaron asilo en México, incluido el propio presidente. Otros países dieron tam- bién protección pero esencialmente el fronterizo los cobijó pese a las presiones

recibidas por parte de Estado Unidos4. Y en las siguientes y críticas coyunturas

represivas guatemaltecas, México ratifi cará su condición de tierra de exilio y de reorganización de la comunidad desterrada. Esto último dio lugar en algunos casos al retorno de guatemaltecos a su país para quienes la suerte fue variada. La vida en el exilio mostró su doble cara: huída, repliegue, protección al tiem- po que organización para la lucha y eventualmente, retorno5. Lo que sin duda

obligó a una multitudinaria huída de guatemaltecos fue el auge de la represión militar y paramilitar. Miles de indígenas mayas atravesaron la frontera, al pro- curar escapar del genocidio de los años 80 pero también lo hizo, en menor grado, la población mestiza. Las razones pudieron ser distintas. La mayor parte eran guatemaltecos atrapados por el confl icto, acosados por la invasión del ejército en sus comunidades pero a la vez estaban quienes se habían visto obligados a participar de las Patrullas de Autodefensa Civil (grupos obligados a colaborar con el ejército regular) mientras otros se resistían a tomar parte en el confl icto y temían ser obligados6. Este movimiento multitudinario es conocido como “el re-

fugio guatemalteco”, obligó a México a adherir y fi rmar el Estatuto de Refugiado del ACNUR. Este organismo internacional registró que fueron 46 mil guatemal- tecos quienes pudieron permanecer en México de los 200 mil que ingresaron entre 1981 y 19827.

En 1964 en Bolivia un golpe de Estado ponía fi n a los emprendimientos del proceso nacional revolucionario de 1952. En los siguientes 18 años se sucederán otros golpes. Y apenas en un periodo muy breve de 10 meses, siendo presidente el general Juan José Torres, se intentaron desarrollar algunas medidas de na- cionalización de recursos. Así pues, esta trastornada historia política boliviana como también lo fue la guatemalteca, se disparó una sucesión de coyunturas de exilio que encontró su tierra receptora en los países cercanos. Pero ello fue cambiando en la medida que el área sureña se iba cubriendo de dictaduras de seguridad nacional. Hacia 1976, con el golpe de Estado en Argentina, el accionar de la coordinación represiva denominada Operación Cóndor, en la que partici- paron militares de los distintos países, comenzaba a dejar cientos de víctimas, entre ellas la del General Juan José Torres8. El exilio entonces se mostraba en

4 Buchenau, Jürgen, “Por una guerra fría más templada”, en SPENSER, Daniela (coord.), Espe- jos de la Guerra Fría, México, Porría-SER-CIESAS, 2004, p. 136.

5 Ludec, Nathalie, “Voces del exilio guatemalteco desde la Ciudad de México”, Amérique Latine His- toire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 2/2001. En línea: http://alhim.revues.org/index599.html 6 Véase: Amnesty International, Guatemala: the human rights record, Nueva York, Amnesty

International, 1987. También Casa Refugio Citlaltépetl- Gobierno de la Ciudad de México,

Ciudad de México, ciudad solidaria, capital de asilos, México, CRC-Gobierno de la Ciudad de

México, 2008, p. 139.

7 ACNUR, La situación de los refugiados en el mundo. Cincuenta años de acción humanitaria,

2000, pp. 330. En línea: www.acnur.org/publicaciones/SRM/indicepdf.htm

8 Véase: Calloni, Stella, Operación Cóndor. Pacto criminal, México, La Jornada, 2001. Dinges,

John, Os anos do Condor. Una década de terrorismo internacional no Cone Sul, Sao Paulo, Compañía Das Letras, 2005.

otra de sus caras, protección y quizá reorganización pero también alcances de la represión y hasta desaparición.

Para entonces los bolivianos también hallaron en México su lugar de exilio9.

Y México resultaba a la vez tierra de expulsión de militantes políticos, parti- cularmente de aquellos que constituyeron la generación del 68. Su complicada historia del siglo XX, especialmente su enmarañado régimen político ha sido difícil de comprender para un observador extranjero10.

Hasta ahora se ha visto que los exilios fueron provocados por la derrota de procesos nacional revolucionarios, que atentaban directa o indirectamente contra el ánimo hegemónico de Estados Unidos. Una situación que contrasta con esas y otras experiencias nacionales, que favoreció la corriente abigarrada de exiliados, reforzada por distintas razones y en distintos momentos a lo largo de las décadas transcurridas, es la desatada por el triunfo de la revolución cu- bana. El primer impulso de abandono y de huida estuvo dado por sectores que apoyaban al régimen de Fulgencio Batista. Aquellos serían sin duda los afecta- dos por el triunfo de una revolución inicialmente de carácter nacionalista. A ese primer y no despreciable contingente de exiliados que encontraron en Estados Unidos en particular su tierra de acogida, y también de apoyo para una intensa actividad de oposición al naciente régimen cubano, se sumaron quienes reaccio- naron contrariamente al proceso revolucionario cuando se asumió socialista.

El exilio cubano es seguramente el de más larga data en la región. Por su esencia contrarevolucionaria lo mismo que por sus acciones de distinto tenor en contra del régimen, no fue durante un largo periodo considerado exilio desde la perspectiva de los sectores progresistas, en especial en un contexto de bi- polaridad como se vivía. Sin embargo, como se afi rma en un estudio reciente, la primera ola de exilio cubano fue sólo eso. Le han seguido otras más que no necesariamente obedecen a las mismas razones pero que en su conjunto ponen en evidencia fuertes y crecientes contradicciones con la evolución que el proceso revolucionario ha tenido. E incluso se señala que cada ola guarda sus propias características de migración y oposición11. La que resultó más voluminosa fue

la conocida como de los marielitos. Más de 120.000 personas abandonaron Cuba por el puerto de Mariel en 1980. Fue un universo de estratos sociales diversos entre los que estaba gente de la cultura y profesionales pero entre ellos también llegaron delincuentes comunes y sectores marginales. Todos buscaron protec-

9 Palma Mora, Mónica, “Destierro y encuentro. Aproximaciones al exilio latinoamericano en

México, 1954-1980”, Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 7/2003. En línea: http://alhim.revues.org/index363.html

10 Dutrenit Bielous, Silvia y Varela Petito, Gonzalo, Tramitando el paso. Violaciones de los de- rechos humanos y agendas gubernamentales en casos latinoamericanos, México, FLACSO-

CLACSO, 2009.

11 Pedraza, Silvia, Political Disaffection in Cuba’s Revolution and Exodus, Nueva York, Cambrid-

ción en la segunda ciudad cubana del mundo: Miami. Quizá lo que vino después de esta ola, que entre otros asuntos expresaba un reclamo de libertad, obedece a una crisis política posterior al derrumbe del campo socialista, a su repercu- sión en la condiciones económicas del país y también a un efecto llamada de una inmensa mayoría de familiares que hoy residen no sólo en Estados Unidos sino también en países europeos como España y en varios latinoamericanos. Sin duda, se trata de un exilio heterogéneo, más bien de muchos exilios que exhiben por ejemplo distintas formas de relacionamiento con el Estado cubano y por tan- to diferentes maneras de convocarse como comunidades extra territoriales12.

No se puede dejar de valorar que en este proceso diaspórico cubano un ele- mento provocador e interventor, tanto para acciones como para reacciones, ha sido Estados Unidos. El mismo país que con su intervención ha incitado o coa- dyuvado o estimulado con factores concurrentes otros tantos y contrastantes exilios.

Si por ejemplo mantenemos el foco de observación en el Caribe y fi jamos el lente en República Dominicana, ubicamos el régimen represivo de Rafael Leóni- das Trujillo (1930-1961), caracterizado como un sultanato, dio lugar a distintas coyunturas de exilio. Se ha señalado en algunas interpretaciones académicas que Trujillo fue al sultanato como Franco al autoritarismo13. Por lo general, la

ruta de los exiliados apuntaba a los países isleños del Caribe pero también de la América continental e incluso hacia Estados Unidos14. La acción represiva del

trujillismo llegó hasta esas tierras que acogieron a los exiliados registrándose asesinatos en Cuba y Estados Unidos. No obstante, esta acción no limitó la fue- rza del exilio porque desde allí se organizaron grupos como la Unión Patriótica Dominicana (Venezuela y Cuba) y el Frente Unido (Estados Unidos y Puerto Rico). No podría negarse, por una parte, que la actividad del exilio coadyuvó a la derrota de la dictadura trujillista, y por la otra, que éste se insertó en el cam- bio del equilibrio político que en el Caribe produjo el triunfo de la Revolución Cubana. Y el exilio dominicano pese a que la era trujillista encontrara su fi nal, no concluyó. Si sólo miramos la experiencia de los dos principales y opuestos políticos —Joaquín Balaguer y Juan Bosch— el exilio continuó siendo una rea-

12 Bobes, Cecilia, reseña sobre: Pedraza, Silvia, Political Disaffection in Cuba’s Revolution and Exodus, Nueva York, Cambridge University Press, 2007, en Política y Gobierno, volumen XVI

· número 1 · I semestre de 2009, pp. 194-197.

13 Chelabi, Houchang. E., Linz, Juan J., Sultanistic regimes, Baltimores, The Johns Hopkins Univer-

sity Press, 1998.

14 Véase: Lafontaine, Ana Feliz, “Dominicanos en situación de refugio: La vida en otras tierras”, Jornadas conmemorativas del Día Mundial del Refugiado, Servicio Jesuita a Refugiados y Mi-

grantes (SJRM), Santo Domingo, 20 de junio de 2006 (ponencia). En línea: www.espacinsular. org/IMG/PONENCIA_DE_ANA_LAFONTAINE.doc. También: Bonilla, Walter R., “Entre el re- cuerdo y el olvido: las memorias de los exiliados antitrujillistas”, Revista Mexicana del Caribe, Vol. VIII, No. 15, Chetumal, México, Universidad de Quintana Roo, Chetumal, México, 2003, pp. 79-105. En línea http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/128/12881503.pdf

lidad en la República Dominicana. La nueva intervención norteamericana en su territorio (1965) ratifi có la tendencia.

República Dominicana comparte con Haití el territorio isleño. También en Haití se acuñó una dictadura tradicional, caracterizada como sultanato, en ex- tremo represiva si es posible decirlo así. Iniciada por François Duvalier (1957- 1971) y continuada por su hijo, Jean-Claude Duvalier (1971-1986), la dictadura haitiana reforzó la larga historia de extrema pobreza, inestabilidad social y po- lítica que incluye la ocupación estadounidense (1915-1934). Reprimidas todas las formas de oposición al régimen duvallierista con apoyo del gobierno de Es- tados Unidos, el exilio resultó un camino tomado en distintos momentos por los perseguidos. De esta forma, EUA establecía un círculo de vigilancia en torno de Haití y también de República Dominicana. Por sus propias características cultu- rales, los exiliados haitianos buscaron refugio preponderantemente en países con los que se compartía la lengua como Francia y Canadá. Sin embargo, hubo comunidades en España, Cuba, México y Estados Unidos. Los exilios haitianos como otros de la región desarrollaron cierta proclividad a la organización en las distintas tierras de acogida como a la acción de reingreso al país15. Si bien

no hay cifras exactas de este exilio, uno de sus intelectuales más reconocidos, Gerard Pierre Charles, anotó en uno de sus libros que los expatriados pudieron aproximarse a los 500 mil16.

Al mismo tiempo en el confl ictivo istmo centroamericano, otros países fueron escenarios de fuertes tensiones políticas y sociales con práctica sistemática de la represión estatal. La alta efervescencia opositora condujo, por ejemplo en Nica- ragua, a un proceso revolucionario que resultó triunfante 1979 al ser derrotada la dinastía somocista. Mientras en El Salvador, un extendido confl icto armado, que se prolongó más de una década, concluyó con la fi rma de los acuerdos de paz en 1992. Estas críticas condiciones sociales y políticas desembocaron en ciclos de exilio de cientos de nicaragüenses y salvadoreños. Muchos de ellos vivieron durante años entre la huida, especialmente hacia países fronterizos, la reorga- nización y, en muchos casos, el retorno a la lucha en sus respectivos territorios.

Por sólo mencionar unos pocos ejemplos, los movimientos organizados contra el régimen somocista (1934-1979) multiplicaron su impulso después del triunfo

15 Latino de Genoud, Rosa María, “Voces del exilio: una isla, dos culturas”, II Congreso intero- ceánico de Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina,

11-13 de septiembre de 2003 (ponencia). González Bernaldo de Quiros, Pilar, “Emigrar en tiempos de crisis al país de los derechos humanos. Exilios latinoamericanos en Francia en el siglo XX”, Anuario de Estudios Americanos, No. 64, enero-junio, Sevilla, España, 2007, pp. 15- 36. En línea: http://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/ view/31/30

16 Pierre-Charles, Gerard, Haití la crisis ininterrumpida 1930-1975, La Habana, Casa de las

de la revolución cubana17. En los sesenta el Frente Sandinista de Liberación Na-

cional, fundado precisamente en el exilio en Honduras, optó por la lucha armada, mientras en el interior del país la Guardia Nacional incrementaba la represión. Con el triunfo del Frente Sandinista en 1979 se produjo un fl ujo contrario de exilios. Muchos de los que tuvieron que huir por la represión somocista regre- saban en tanto se afi rmaba el ya iniciado fl ujo de nicaragüenses partidarios del régimen en declive. Los destinos más recurridos hacia el exterior de este último fueron Honduras y Estados Unidos. También en Honduras los indígenas mis- kitos obtuvieron refugio. El ACNUR estimó que en los primeros años ochenta ingresaron a ese país unos 14 mil miskitos y 8 mil mestizos. Esta última cifra se incrementó, y se calcula que para 1987 fueron aproximadamente 16 mil los mes- tizos, debido a una campaña de reclutamiento militar del gobierno sandinista18.

Desde Honduras se organizarían luego los grupos de “contras” que ingresaron a Nicaragua desplegando un confl icto armado hasta 1990. El zizagueante proceso político y la frágil situación económica condujeron a una indudable tendencia exiliar. Pese a los tratados de paz no fue posible motivar el retorno de refugiados y exiliados. En su transcurso, Costa Rica resultó no sólo atractiva por ser un país cercano sino también por ofrecer cierta estabilidad en contraste con el resto de Centroamérica.

El devenir salvadoreño no fue menos convulsionado y traumático. Todo el siglo XX estuvo regido por gobiernos autoritarios y militares. Los años 80 vi- vieron bajo el signo de la guerra civil con miles de muertos y desaparecidos, así como desplazados y exiliados. Al iniciar la década ya había alrededor de 30 mil salvadoreños refugiados en Honduras19. Volumen muy considerable pero en su

valoración debe tenerse en cuenta que los salvadoreños se enfrentaron con más obstáculos que otros centroamericanos para ser recibidos como asilados en Hon- duras y Estados Unidos.

Mirando aún más al sur del continente americano, quizá pueda afi rmarse que de ahí surgieron, en este panorama regional, los fl ujos exiliares que tuvie- ron mayor presencia en el contexto internacional desde fi nes de los años sesenta y, en especial, de los setenta. Los golpes de Estado primero en Brasil y luego en Uruguay, Chile y Argentina transformaron el arreglo político de la región. Mi- litares pero también civiles cerraron fi las para instaurar las denominadas dic- taduras de Seguridad Nacional. Bajo el impulso de una doctrina que proponía la existencia de un enemigo interno además del externo, y la necesidad de su eliminación, en esos países se ejerció todo tipo de violencia contra la población llegando a la práctica sistemática de delitos de lesa humanidad. Esta doctrina

17 Monroy García, Juan, “La insurrección democrática en Nicaragua: Conservadores, liberales y

marxistas”, en Sosa, Ignacio, Insurrección y democracia en el Circuncaribe, México, CCyDEL- UNAM, 1998, p. 143.

18 ACNUR, op cit. 19 Ibíd.

tuvo fuentes inspiradoras como, por ejemplo, la francesa de la contrasubver- sión20 los principios militares de la España franquista y las concepciones de

«guerra total» del general alemán Erich von Ludendorff21. Difundida y ajustada

internamente, la doctrina fue fuente inspiradora para promover la acción coor- dinada de los servicios de inteligencia militar y hacer efectiva la persecución de los enemigos más allá de las fronteras de su propio estado de origen o de resi- dencia22. Convertida el área en terreno de persecución política, el exilio resultó

un camino recorrido por decenas y hasta cientos de miles de personas23.

La dictadura brasilera, conocida como dictadura madre, se inauguró con el golpe de Estado del 23 de abril 1964, deponiendo al presidente Joao Goulart. En lo inmediato se implementó una fuerte represión contra líderes sindicales, políticos y militares opositores. Ésta creo condiciones que luego se repetirán dando lugar a ciclos de exilio. En México por ejemplo se pueden ubicar tres momentos primordiales: 1) inmediatamente después del golpe; 2) entre 1968 y 1979, período que coincide con un recrudecimiento de la represión y 3) tras el golpe de Pinochet en 1973 y protagonizado por quienes primero fueron exiliados a Chile24.

Se sucederán luego los otros golpes de Estado en Uruguay, Chile y Argen- tina. En este último país distintas irrupciones militares marcaron la historia contemporánea; la emigración por razones políticas durante la segunda mitad del siglo XX comenzó durante el primer período de gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Los exiliados, y también los emigrantes económicos de entonces, son parte de los 500 mil argentinos que se estima abandonaron el país hasta 198425. Y entre ello, hay que destacar que también lo fue el Gral. Perón,

depuesto por uno de los golpes de Estado militar, quien encontró refugio en la España franquista.

20 Nina, Andrés, “La Doctrina de Seguridad Nacional y la integración latinoamericana”, Nueva Sociedad, núm. 42, mayo - junio, pp. 70-86.

21 Leal Buitrago, Francisco, “La doctrina de Seguridad Nacional: materialización de la Guerra

Fría en América del Sur”, Revista de Estudios Sociales, núm. 15, Junio 2003, pp. 74 -87.

22 CONADEP, Nunca Más, Informe de la CONADEP, Buenos Aires, EUDEBA, 1984. CNVR, In- forme de la CNVR, Santiago de Chile, 1991, 3 vol. Poder Legislativo, “Comisión Investigadora sobre la Situación de Personas Desaparecidas y Hechos que la Motivaron” y “Comisión Inves- tigadora sobre los Secuestros y Asesinatos de los Ex Legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz”, Montevideo, 1985. COMIPAZ, Informe fi nal de la Comisión para la Paz, Mon-

tevideo, 2003.

23 CELADE-CEPAL, El mapa migratorio internacional de América Latina y el Caribe: patrones,

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