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El correlato corporal del acto perceptivo: las impresiones sensibles

H) La distensión temporal de la subjetividad y la extensión de la conciencia

1. El correlato corporal del acto perceptivo: las impresiones sensibles

En un primer análisis del panorama filosófico acerca de las impresiones sensibles o sensaciones, encontramos dos posiciones extremas contrarias respecto a este tema. En primer lugar, la tesis fenomenista por la que se considera que sólo hay entidades fenoménicas (impresiones sensibles o entidades parecidas a ellas), que éstas son los únicos constitutivos objetivos de la situación perceptiva y, en consecuencia, no hay entidades intencionales, por lo que se niega o ignora la existencia de actos mentales (cerrándose así automáticamente el camino al realismo). Y, en segundo lugar y en el extremo contrario, encontramos la posición de aquellos que rechazan o niegan la existencia de impresiones sensibles, basando esta tesis en los problemas que surgen relacionados con ellas que más abajo veremos.

Bergmann da cuenta de la defensa lingüística que se ha hecho del fenomenalismo –al igual que de otras posturas como del materialismo–, en base al hecho de que nuestro lenguaje acerca de objetos ordinarios puede ser “en principio y para ciertos propósitos” –recalca Bergmann, pues “la reconstrucción fenomenalista es esquemática”305– sustituido o coordinado con otro en el que las constantes individuales, los nombres sean todos de impresiones sensibles (cosas fenoménicas primarias, como diría Bergmann) y no haya ningún nombre referido a caracteres mentales. Pero Bergmann critica que este lenguaje no refleja una ontología adecuada, pues olvida precisamente los actos o las entidades no fenoménicas. Además, el fenomenista tiene el problema de dar cuenta de la distinción entre los diversos tipos de actos ya que, si se mantiene que en los estados conscientes no hay actos, sino sólo sensaciones, se hace muy difícil explicar la diferencia entre sus distintas modalidades, por ejemplo, percibir un objeto, recordarlo o meramente pensar en él. También nota Bergmann que en esta postura no se dispone de medios para explicar el error perceptual, ya que en su visión todos los particulares de los que se tiene presentación están en la mente, y además no se tienen motivos para pensar que estos no ejemplifican en realidad los caracteres con que se presentan306 por la infalibilidad que se cree que es propia de la captación de las entidades fenoménicas.

305 Bergmann, G., Logic and Reality, pp. 18-19.

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Grossmann rechaza también el fenomenismo como una forma de idealismo, y considera que se dan actos mentales que se dirigen intencionalmente a objetos trascendentes. Al hablar acerca de algunos de aquellos, los actos perceptivos, se refiere a las impresiones sensibles como constitutivos o partes de los estados conscientes que contienen un acto de ese tipo (“Mantenemos que todo estado consciente perceptivo contiene, además de un acto de percepción, también ciertas impresiones sensibles”307), y en este sentido, en tanto que se las considera como partes y no como objetos de estados conscientes, dice que son experimentadas a través de un acto que forma parte del estado mental del cognoscente. Es decir, según él, cuando ocurre un acto perceptivo que se dirige intencionalmente a un objeto, experimentamos a su vez unas impresiones sensibles, además del acto mismo de percepción. Esto no implica que se haga de la percepción un acto complejo, que conste de varios actos distinguibles como fases o etapas suyas, pues el experimentar las impresiones sensibles que fenomenológicamente ocurre no es una parte o un componente de los actos mismos de percepción, sino sólo del estado consciente del sujeto, de la situación perceptiva. Como dice Grossmann, “los actos perceptuales, he enfatizado repetidamente, son inanalizables, indefinibles o como quiera que quieras decirlo”308, y por eso rechaza la concepción de la percepción como una inspección (sea consciente o no) de las impresiones sensibles que desemboca o tiene como resultado un juicio309.

Husserl defiende una tesis similar a la de Grossmann cuando dice que las sensaciones forman parte de la estructura unitaria que constituye el fenómeno. En concreto, dice que son “elementos reales del fenómeno en el primer sentido, en el sentido del acto concreto de aparición o de intuición”310, es decir, son partes integrantes o componentes del acto de la intuición, y en esta medida hemos de estudiarlas en relación con el tema de la percepción.

Según Grossmann, la conexión en el sujeto humano entre los actos perceptivos y los actos de experiencia de impresiones sensibles, que son su fundamento físico o corpóreo es causal. Es decir, mantiene la tesis de que lo que percibimos es resultado, al menos en parte (aunque no totalmente), de ciertas impresiones sensibles que experimentamos, éstas son causas parciales del acto de percepción, junto con otras

307 Grossmann, R., SM, pp. 35-36.

308 Grossmann, R., CSW, p. 45.

309 Cfr. Grossmann, R., SM, pp. 36-37.

condiciones o factores que también son determinantes de ello, como las expectativas del sujeto, su experiencia pasada, aprendizaje, sentimientos, etc. Dice Grossmann:

Lo que es verdad, sin embargo, es que una situación perceptiva contiene, entre otras muchas cosas, ciertos actos de sentir impresiones sensibles además de un acto de ver. Por eso es más preciso decir que siempre que algo es percibido, ciertas impresiones sensibles son también experimentadas. Un acto de sentir no es una parte o constituyente de un acto de ver, pero está

causalmente conectado con él311.

Y afirma también en otro libro:

Las sensaciones experimentadas son una causa (parcial) del acto de percepción. Dado que experimentas ciertas sensaciones, y dado que ciertas otras condiciones son cumplidas, también experimentas un cierto acto de percepción, es decir, ves que Oscar [una manzana que ha puesto

como ejemplo] es verde312.

Además de esos otros factores que también influyen en aquello que percibimos, la correspondencia o conexión causal entre sensación y percepción depende de nuestra constitución orgánica determinada, de nuestro organismo concreto, por lo que no se trata de una conexión necesaria sino, más bien, factual, como advierte Grossmann en acuerdo fundamental con Reid:

La naturaleza humana es tal que tenemos ciertas percepciones cuando experimentamos ciertas sensaciones (y otras ciertas condiciones son cumplidas). Este nexo es asunto de nuestra constitución. En principio, un organismo podría tener todas nuestras sensaciones, pero ninguna de nuestras percepciones. ¡Un organismo podría incluso experimentar actos de percepción sin las

sensaciones correspondientes!313

Esta relación de causalidad parcial no implica, como hemos visto, una concepción de la percepción como inferencia a partir de actos de sentir o experimentar impresiones sensibles, como si éstas fueran la única causa de lo que percibimos en el sentido de que fueran aquello que hemos de aprender a interpretar para poder percibir los objetos, puesto que ambas cosas –las impresiones sensibles y el acto de percepción- se dan a menudo a la vez, como dice Grossmann314.

Frente a la posición de Grossmann hay algunos autores que niegan directamente la existencia de impresiones sensibles315, y aducen como motivo para su rechazo

311 Grossmann, R., CSW, p. 46.

312 Grossmann, R., FW, p. 32.

313 Ibíd., pp. 32-33.

314 Cfr. Ibíd., p. 33.

315 Por ejemplo, Grossmann se refiere a Chisholm como un representante de esta posición, en tanto que,

aunque sostiene que las cosas se nos aparecen de ciertas maneras (por ejemplo, que un penique en una mesa nos parece elíptico), niega que haya una apariencia (es decir, una impresión sensible) con esa propiedad (una apariencia elíptica). Grossmann critica que “estos filósofos aceptan actos de sentir, pero

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algunos problemas que surgen en su tratamiento; en concreto, fundamentalmente dos: por una parte, la cuestión de la infalibilidad o falibilidad en su captación y, por otra, el problema relacionado con sus atributos espaciales y, en consecuencia, con su localización espacial.

A) ¿Falibilidad o infalibilidad en la captación de las sensaciones?

Grossmann se pronuncia claramente respecto al tema del conocimiento de las entidades que se dan en la mente, tanto de los actos mentales como de otros objetos fenoménicos como las impresiones sensibles, y dice que éste es, al igual que todo el resto de nuestros conocimientos, falible. En este punto se enfrenta a una visión muy extendida según la que el conocimiento de lo mental es infalible. Por ejemplo, Husserl considera que no podemos engañarnos ni cometer errores acerca de las sensaciones de nuestros actos de intuición ni acerca de las vivencias de conciencia mismas, porque no son fenómenos físicos, sino que todo su ser coincide con su aparecer, no tienen más ser que el que nos aparece, por lo que nuestro conocimiento de ellas es perfectamente adecuado. Grossmann cita, por ejemplo, a H. H. Price como representante de la posición según la que nuestra inspección de impresiones sensibles es infalible.

Aunque Brentano considera que la percepción interna es infalible316, respecto a las impresiones sensibles se sitúa más cercano a la tesis de Grossmann, aunque sólo sea a causa de una serie de errores en su concepción de los que Grossmann da cuenta. Brentano considera efectivamente que la captación de éstas es susceptible de error, porque piensa que las sensaciones –al igual que a las imágenes317– han de ser fenómenos físicos al percatarse, como Grossmann, de que presentan las mismas propiedades físicas que los objetos externos.

no impresiones sensibles. Pero rechazar las sensaciones es tan tonto como rechazar los objetos perceptuales” (Grossmann, R., FW, p. 78). Véase también SM, pp. 42-43.

316 “Sin embargo, además del hecho de que tiene un objeto especial, la percepción interna posee otra

característica distintiva: es autoevidencia infalible inmediata. De todos los tipos de conocimiento de los objetos de la experiencia, la percepción interna sola posee esta característica. Consecuentemente, cuando decimos que los fenómenos mentales son aquellos que son aprehendidos mediante la percepción interna, decimos que su percepción es inmediatamente evidente” (Brentano, F., Psychology from an Empirical

Standpoint, p. 91).

317 Grossmann critica a Brentano por haber incluido las imágenes dentro de los fenómenos físicos como

resultado de su identificación de los fenómenos mentales con los actos mentales y los fenómenos físicos con objetos de actos mentales. Según Grossmann, en cambio, no sólo los actos de imaginar, sino también las imágenes son mentales, aunque tengan propiedades físicas y espaciales.

Grossmann también está en contra de una supuesta infalibilidad de la percepción interna referida únicamente a las vivencias, pero no a los estados psíquicos subjetivos. Ésta es la solución que Fernández Beites encuentra a este problema siguiendo a Husserl, Scheler o Sartre. Así, recoge el ejemplo de percepción interna falaz que puede ocurrir cuando consideramos una vivencia como manifestación de un estado determinado del sujeto (y, por tanto, como trascendente a la vivencia misma), cuando en realidad no lo es:

Esta vivencia, por ejemplo, me parece manifestación del amor, mas puede que no lo sea, que en realidad en mí no haya el estado subjetivo que denominamos ‘amor’. El amor va más allá de la vivencia y su ser trascendente implica otras vivencias ulteriores, como, por ejemplo, nuevos actos de interés por la otra persona en su totalidad, futuros actos de perdón… Si estos actos no fueran posibles, si estuvieran excluidos de mi vida subjetiva, podemos concluir que lo que ahora experimento no es manifestación del amor; es decir, que, en realidad, no estoy enamorada,

aunque así me lo parezca318.

La tesis de Grossmann de la falibilidad en la captación de las sensaciones abarca dos sentidos diferentes: en primer lugar, puede referirse al hecho de que se cometen errores respecto a ellas, incluso cuando les prestamos atención explícita y, en segundo lugar, al hecho diferente de que a veces no se repara en ciertas propiedades que ellas tienen, sino que nos pasan desapercibidas. Como ejemplo de la primera situación dice Grossmann lo siguiente:

Me parece a mí que podemos cometer errores acerca de las propiedades de nuestras impresiones sensibles. Por ejemplo, podemos creer que una cierta impresión sensible es redonda pero luego descubrir, tras una inspección más cercana, que tiene en realidad algo así como forma de pera. Podemos afirmar de primeras que es uniformemente roja, pero luego notar que algunas partes suyas son más oscuras que otras, etc. Y lo que ocurre para las impresiones sensibles visuales ocurre igualmente para las auditivas y olfativas: podemos y de hecho cometemos errores acerca de sus propiedades y relaciones. Además, podemos y de hecho cometemos errores acerca de sentimientos y emociones. Las propiedades de un dolor pueden no ser obvias para nosotros al principio; una emoción puede ser confundida por otra diferente. Y tales ejemplos pueden ser

multiplicados319.

Además, Grossmann no sólo considera que la captación de impresiones sensibles es falible en el primer sentido que hemos distinguido de que pueden atribuirse a ellas propiedades que no les corresponden, sino que extiende también esta tesis al conocimiento de los propios actos mentales: nuestra reflexión acerca de ellos y sus caracteres puede ser errónea, podemos cometer fallos a la hora de describir los actos que

318 Fernández Beites, P., Tiempo y sujeto. Después de Heidegger, pp. 192-193.

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experimentamos, y podemos tomar unos por otros (dice que la teoría de Freud del inconsciente recoge precisamente este hecho):

Una persona puede no estar segura de si acaba de ver algo o meramente piensa que lo ha visto; una persona puede convencerse a sí misma de que no tiene miedo de algo cuando en realidad sí

que lo tiene…320.

Por otra parte, también Grossmann habla de la falibilidad en la captación de las impresiones sensibles y sus propiedades en el segundo sentido que hemos distinguido, en tanto que aquéllas pueden tener propiedades que, aunque experimentadas, no notemos en un momento dado, de las que no nos percatemos en tanto que queden desatendidas, fuera de nuestra atención. Grossmann considera que, en esto, el conocimiento de las sensaciones y sus propiedades no es en absoluto distinto del de los objetos perceptuales y sus propiedades, pues respecto a estos últimos también puede ocurrir que alguna de sus propiedades me pase desapercibida.

El ejemplo que Grossmann toma de James W. Cornman para ilustrar su posición es el de un tigre que veo a algunos metros cerca de mí, que tiene exactamente veinte rayas en el lado que veo de él, sin que yo me percate o note esta propiedad suya, pues el miedo que me causa su presencia deja en segundo plano todo lo demás. Si esto es posible respecto al objeto perceptual, lo mismo puede ocurrir, según Grossmann, respecto a la impresión sensible del tigre: que, al ser sólo brevemente experimentada, tenga propiedades que no notemos:

Tu impresión sensible tenía veinte rayas, exactamente como el tigre. Pero no pusiste ninguna atención a tu impresión sensible y no contaste sus rayas. Por eso no notaste que tenía veinte

rayas321.

Es claro que no puedo reparar en una propiedad de una impresión sensible de una cosa sin percibir la propiedad correspondiente del objeto perceptual que suscita esa impresión sensible. Esto se debe a que las impresiones sensibles y sus propiedades se encuentran en una relación de causalidad (al menos en parte) con los objetos percibidos y sus respectivas propiedades, como hemos visto. En este caso, dado que no hemos captado la propiedad del tigre de tener veinte rayas, tampoco podemos captar esta propiedad de la impresión sensible que se produce al percibir el tigre. Por ello, para percatarnos de la propiedad de una impresión sensible, la correspondiente propiedad del

320Ibíd., p. 116.

objeto ha de ser también percibida, si no de manera atenta o explícita, al menos sí co- atenta o implícitamente.

Es decir, Grossmann sostiene que en estos casos las impresiones sensibles y sus propiedades son experimentadas (pues las sensaciones no pueden tener propiedades que no sean experimentadas, en tanto que reconoce que para ellas vale el esse est percipi), pero considera que puede ocurrir que cierta propiedad experimentada de esas impresiones sensibles no sea notada, no me percate de ella por falta de atención a la impresión sensible.

Si las impresiones sensibles y sus propiedades son experimentadas, no se puede decir que ellas o alguna propiedad suya (o cualquier otro objeto fenoménico como una imagen o alguna de sus propiedades) pueda, por así decir, sorprenderme, en tanto que es un objeto propiamente experimentado y, como dice Grossmann, “nadie puede fracasar en experimentar una propiedad de una sensación que experimenta”322. Como mucho puede decirse que las propiedades de una imagen o de una impresión sensible pueden ser explicitadas cuando me fijo en ellas, cuando, al dirigir la atención hacia ellas, llevo a cabo su inspección. Es decir, puede ocurrir que sea explicitado lo que ya era consciente o experimentado, al ser analizado más detenidamente cuando se convierte en objeto de la atención.

El mismo Grossmann critica a G. E. Moore por considerar, en su refutación del idealismo, que pueden existir –con posibilidad ontológica– sensaciones no sentidas en base al hecho de que los objetos no son parte de los actos (en este caso, las sensaciones no son parte de los actos de experimentarlas, por lo que pueden existir sin ellos). Frente a Moore, Grossmann considera que los objetos perceptuales se distinguen de las sensaciones justamente porque para éstas últimas se cumple la identidad de ser y ser experimentado, es decir, el esse est percipi berkeleyano. Dice Grossmann:

Efectivamente pienso que el principio es verdadero para las sensaciones, no por algún tipo de necesidad, sino simplemente por una cuestión de hecho. Las sensaciones ocurren sólo “en las mentes”, no se presentan por sí mismas. Pero ocurrir “en una mente” es lo mismo que ser

experimentado323.

322 Ibíd., p. 78.

323 Ibíd., p. 55. No obstante, dice que existe una excepción respecto al acto de experimentar mismo y, en

consecuencia, admite la existencia de actos mentales inconscientes, por lo que no se cumple la identidad de ser y ser experimentado para todo lo mental. Además, Grossmann considera que, con la tesis de Moore acerca de la posibilidad (ontológica) de sensaciones no sentidas, se da un paso hacia atrás en la defensa del realismo, porque asimila las sensaciones a los objetos perceptuales en este aspecto, al decir que ambos pueden darse sin ser percibidos. Según Grossmann, lo que verdaderamente caracteriza al realista es la

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Así, la tesis de Grossmann de la falibilidad en la captación de las impresiones sensibles puede resumirse en lo siguiente: “No sólo tienen las sensaciones propiedades que no notamos cuando las experimentamos, sino que podemos incluso cometer errores acerca de sus propiedades cuando les prestamos atención”324, y lo mismo ocurre respecto a los actos mentales, por lo que concluye que el conocimiento de los objetos fenoménicos es falible, al igual que todo el resto de nuestros conocimientos.