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LA CORRIENTE CIENTIFICA NO MATEMATICA Ya en la época de Képler v Caldeo, además del movimien­

f eométricas, en la esperanza de que se conviertan en prúe as de si mismas ante los espíritus sin prejuicios

164 LA FILOSOFÍA IKCLESA EN EL SIGLO XVH

A. LA CORRIENTE CIENTIFICA NO MATEMATICA Ya en la época de Képler v Caldeo, además del movimien­

to científico cuyo ideal era la exactitud matemática, y a cuyo desarrollo contribuyeron tan poderosamente los descubri­ mientos de ambos, trayendo como consecuencia una notable revolución metafísica que parecía estar implicada en ello, estaba en cierne otra corriente científica, que surgía a pasos lentos, pero no menos científica en interés y fecundidad. Su método ora totalmente empírico y experimental más que ma­ temático, y principalmente en relación con esta corriente los intentos para dar a la ciencia un correcto fundamento metafísico determinaron que se recurriera a este expediente positivo y definido del "espíritu de la naturaleza” o, como se lo llamaba más comúnmente “espíritu etéreo”.

William Gilbert, el padre del magnetismo científico, cuya obra clásica Sobre el imán y los cuerpos magnéticos, apare­ ció en 1600, era uno de los representantes más esclarecidos de esta corriente científica. No nos detendremos en un estu­ dio detallado de su obra, pero sí tiene interés e importancia su convicción, a la cual fue llevado por el fenómeno del mag­ netismo, de que el mundo es fundamentalmente un enorme

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imán.1 Gilbert concibe el interior de la Tierra compuesto de una sustancia magnética homogénea 2, así se explica la cohesión de la Tierra e igualmente su revolución diurna al­ rededor de sus polos, puesto que “un imán esférico que flota en el agua se mueve circularmente en tomo a su centro para acomodarse a la Tierra en el plano del Ecuador”.8 Además, como toda la superficie de la Tierra es de una estructura homogénea, el centro geométrico de la Tierra es también el centro de sus movimientos magnéticos.4 Gilbert fue uno de los primeros adalides ingleses de la teoría copernicana por lo que toca a los movimientos diurnos de la Tierra.6 No acep­ taba la afirmación más radical de que también la Tierra gira alrededor del Sol, aunque sostenía que éste es el primer mo­ tor e incitador de los movimientos planetarios. Por otra par­ te, debemos a los experimentos de Gilbert sobre el magne­ tismo el uso y el concepto de la palabra “masa” tal como más tarde la encontramos ya madura en Newton. Según Gilbert, la fuerza y el alcance del magnetismo de una piedra imán varía de acuerdo con su cantidad o masa ®, es decir si tu­ viese una pureza uniforme y procediese de una mina deter­ minada. En este sentido Galileo y Képler tomaron de Gil­ bert la noción de masa.

Ahora bien, Gilbert como otros fundadores de la ciencia moderna no se contentó simplemente con señalar y formular los resultados de sus experimentos, sino que buscó las explica­ ciones últiiuus de los fenómenos. Se preguntaba cómo un imán puede atraer a un pedazo de hierro que está separado de él en el espacio. Su respuesta era en esencia la que había sido común en los tiempos antiguos: el magnetismo se inter­ preta desde un punto de vista animista. La fuerza magnética 1 William Gilbert of Colchester, On the Loadstone and Magnetic Bodies, traducción de Mottelay, New York, 1893, págs. 64 y sig.

2 Gilbert, págs. 813 y sig. 3 Gilbert, pág. 331. 4 Gilbert, pág. 150. 6 Gilbert, pág. 344. • Gilbert, págs. 152 y sig.

CLLBERT Y BOYLE

es algo “animado” 7, “imita al alma”, más aun “sobrepasa al alma humana cuando está unida a un cuerpo orgánico”, por­ que aunque ésta “utiliza la razón, ve muchas cosas, investiga muchas más; poro por muy bien dotada que esté, su luz y los rudimentos del conocimiento proceden de los sentidos exte­ riores que están más allá de ella, como separados por una barrera; de aquí las muchas ignorancias y locuras en que se confunden nuestros juicios y nuestras acciones vitales, de tal manera que pocos o ninguno ordena recta y debidamente sus actos”.8 Pero el imán emite su energía “sin error... rápido, definido, constante, directivo, motor, imperioso, armonio­ so”.9 Así el mundo, desde que es en sí mismo un gran imán, tiene un alma que no es otra que su fuerza magnética, “En cuanto a nosotros, juzgamos que todo el mundo está anima­ do y sostenemos que todos los globos, todas las estrellas, esta gloriosa Tierra también, están regidos desde un principio por el destino de sus propias almas, de las cuales reciben tam­ bién el impulso de su propia conservación. No faltan los ór­ ganos que se necesitan para la acción orgánica, ya estén im­ plantados en la naturaleza homogénea o desparramados en el cuerpo homogcnico, si bien estos órganos no están cons­ tituidos de visceras como los órganos animales ni constan de miembros definidos.” 10 Gilbcrt explicaba el poder de esta alma magnética de actuar a distancia, cosa que le interesaba muy especialmente, por medio de la concepción de un eflu­ vio magnético emitido por el imán. Según él este efluvio ro­ dea a todo el cuerpo, atraído como un brazo que lo ciñera y lo atrajera a sí mismo.11 Pero este efluvio no es nada cor­ póreo; “tiene que ser una luz, algo espiritual como para que pueda penetrar en el hierro”; es un hálito o vapor que pro­ voca en el cuerpo atraído un vapor correspondiente. Es así

180 7 Gilbert, págs. 308 y 8 Gilbert, pág. 311. 9 Gilbert, páe. 349. sig. 10 Gilbert, pag. 309. 11 Gilbert, págs. 106 y sig.

evidente que aunque Gilbert considera a este efluvio magné­ tico como incorpóreo y espiritual, no quiere decir que sea in- cxtcnso o absolutamente no material en el sentido cartesiano, sino que es extremadamente sutil como una atmósfera rara.12 Difiere de la materia, pues es penetrable y goza de poder motor. La Tierra y todos los otros cuerpos astronómicos lan­ zan estos efluvios magnéticos a ciertos límites espaciales y el éter incorpóreo que los rodea, así compuesto, participa de la rotación diurna del cuerpo.13 Más allá de este vapor etéreo hay un espacio vacío, donde los soles y los planetas, que no encuentran resistencia, se mueven por su propia fuerza mag­ nética. En su obra póstuma De mundo nostro sublunari Phi- losophia Nom, Gilbert examina en términos magnéticos la relación entre la Tierra y la Luna 14; la Tierra ejerce un efec­ to mayor por su masa mayor, pero Gilbert no puede aclarar los principios que impiden que la Luna y el Sol choquen.

William Harvey, descubridor de la circulación de la san­ gre, a pesar de su enérgica insistencia en el empirismo admi­ tía la concepción de los espíritus etéreos para explicar el paso del calor y la fuerza nutricia del Sol al corazón y a la sangre de los seres vivos.16 Sabemos ya cómo Descartes, cuya fisiología estaba muy influida por Harvey16 transfirió al éter subrepticiamente aquellas cualidades que se presentan en el peso y en las distintas velocidades de los cuerpos, a fin de poder considerar a los cuerpos de modo puramente geomé­ trico. Al hacerlo así, Descartes dio pie para el armonioso desarrollo de la teoría de un medio etéreo y de la interpre-

12 Gilbert, págs. 121 y sig. 13 Gilbert, pág. 326.

14 Book II, Cns. 18, 19, Amsterdam, 1651.

15 William Harvey, On the Motion of the Ileart and Blood in Ani­ máis (Everyman edition), pág. 57.

16 También Hobbes recibió de Harvey una profunda influencia. En el Prefacio a los Elements of Philosophy se refiere a Harvey como al fundador de la fisiología científica, ciertamente porque la desarrolló basado en el movimiento. Señala con envidia que Harvey fue, entre quienes conoció, el único capaz de vencer los prejuicios suficientes para cumplir la completa revolución de una ciencia en el curso de su vida.

tación matemático-mecánica del universo. Las cualidades se­ cundarias de las cosas quedan relegadas al reino humano. Las cualidades que iban más allá de lo puramente geomé­ trico, pero cuyos efectos en el movimiento habian sido re­ ducidos por Cableo a fórmulas matemáticas, o que habian sido estudiadas por Cilbert y Harvey con experimentos sen­ sibles, llegaron a ser concebidas como algo explicable me­ diante este medio etéreo que era considerado por la mayo­ ría como algo que penetra todo el espacio. Los cuerpos visibles y tangibles se mueven en él y merced a sus fuerzas determinadas. More hizo suya, al punto, esta distinción entre los cuerpos sólidos y el éter. More expresó que no era justificada la doctrina cartesiana que afirmaba la completa suficiencia del movimiento simple para explicar todos los hechos de la res extensa. Dígase lo que se quiera de los cuer­ pos tangibles, el medio etéreo no es una mera máquina. Si lo fuera, el universo se disiparía rápidamente, por la primera ley del movimiento. Se suponía que en él había cualidades y potencias no mecánicas. Por eso debe ser espiritual, incor­ póreo, el ejecutor activo de la voluntad divina, el que mantie­ ne la estructura del mundo en el fenómeno de la cohesión, del magnetismo y la gravedad. Al mismo tiempo, sus efectos son regulares y ordenados, y reductibles, sin duda, a leyes científicas exactas. Todo este complejo de ideas fue compar­ tido por Boyle y pasó de More y Boyle a Newton, en cuya filosofía le está asignado un importante papel.

B. LA IMPORTANCIA DE BOYLE COMO CIENTÍFICO

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