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LA CREACIÓN DE LOS GRANDES DIALECTOS

V EL GRIEGO EN EL PRIMER MILENIO PANORAMA DIALECTAL

3. LA CREACIÓN DE LOS GRANDES DIALECTOS

GENERALIDADES

112. Como es sabido, dentro del GOr se crearon los tres grupos dialectales que llamamos jónico-ático, arcadio-chipriota y eolio; y aparte está el GOcc, llegado después y en el que se suele introducir una distinción entre dorio y griego del N.O.

entrar en Grecia, pero desde luego en Grecia, había diferencias: rasgos que afectaban a todo él y otros que abarcaban una extensión mayor o menor: se reflejan ya en jón.-át. y arc.-chip., ya en éste y eol.; y no siempre afectan a todos los dialectos de uno de estos grupos, aunque no es seguro si esto es antiguo o cosa reciente. Las diferencias entre dorio y griego del N.O. ofrecen problemas semejantes.

Pero, centrándonos ahora en el GOr, también hemos dicho que esos rasgos de que hablamos son arcaísmos conservados o elecciones entre dobles formas, no innovaciones. Cuando se desarrollaron innovaciones y los dialectos acabaron de perfilarse fue en la época postmicénica, cuando la invasión doria dejó aislados los núcleos centrales de esos dialectos: el Ática (pero véase §118), Arcadia y Tesalia, zonas de las que partió una migración a Asia y las islas. Pero no hay que verlos como dialectos unitarios, dentro de ellos hallamos arcaísmos, elecciones e innovaciones en sectores solamente parciales.

Como ya he explicado repetidamente, la atribución a esos tres grandes dialectos de un origen postmicénico se ha convertido en una doctrina general a partir de los trabajos de Porzig y Risch en los años cincuenta. García Ramón la ha propugnado más concretamente para el eolio. Insisto en mi opinión: esto es cierto, pero siempre que se parta de una base anterior, de un comienzo de diferenciación en época micénica.

El arma para el estudio de esta «genealogía dialectal» (en general, tanto para el GOr como para el GOcc) está en la atribución de un valor demostrativo de la antigua comunidad de dos dialectos al hecho de que compartan innovaciones; también tienen carácter probatorio, pero en grado inferior, las elecciones. El problema más grave, a partir de aquí, es el de establecer qué rasgos son innovación y cuáles no; en los dobletes, también hay que establecer si una de las dos formas es una innovación. Y, en uno y otro caso, se debe establecer la cronología relativa.

Se ha progresado mucho en este terreno de establecer cronologías relativas y luego absolutas. Pero no deja de haber cosas dudosas, como también en el caso de la extensión secundaria de isoglosas.

113. En mi pequeño libro La dialectología griega como fuente para el estudio de las

migraciones indoeuropeas en Grecia, publicado por primera vez en 1952 (2.a ed. 1997), yo

seguía todavía, por inercia tradicional, la antigua teoría de Kretschmer y Tovar de que el jonio, el dialecto más evolucionado, fue el primero que penetró en Grecia. Pero establecía ya dos principios que han sido, creo, esenciales para toda la investigación posterior: la existencia de un GOr con sus tres dialectos fundamentales y un GOcc; y el criterio de apoyar toda esta investigación en el diferente valor probatorio de innovaciones, elecciones y arcaísmos y en la cronología.

El libro está en la base de investigaciones posteriores, como las de Porzig y Risch ya citadas y otras más. A veces se me cita, asi por R. Schmitt 1977, p. 125, por E. Risch 1979, p. 94, y por A. López Eire y J. Méndez Dosuna en repetidas ocasiones; a veces no: no por W. Porzig y E. Risch en los trabajos citados ni por J. Chadwick 1956, quien sigue sin embargo mi doctrina. En el prólogo a la reedición de mi libro citado, fundamento debidamente toda la teoría de las innovaciones y elecciones; y trazo la

historia de la investigación. A veces se hacen descubrimientos sorprendentes: R. Hodot descubre (en E. Crespo 1993, p. 207) que ἄν y κε coexistían en fecha antigua, cosa que yo llevaba diciendo desde 1952.

Llamo también la atención, en el prólogo citado, sobre mi crítica a ciertas corrientes modernas que tratan de desvalorizar el estudio genealógico de los dialectos. Sin negar que un estudio minucioso y exacto de los datos es esencial, hay que añadir que sin ese otro estudio no puede escribirse la historia del griego. Véanse también mis observaciones en Adrados 1994e.

Sobre la cronología de los dialectos se ha ocupado muy especialmente A. Bartonĕk 1979 y 1987, también A. López Eire 1977, 1989a, etc. Pero en realidad hoy día cualquier estudio sobre estos temas se apoya en el de la cronología. Y es básicamente lingüístico, los argumentos arqueológicos (falta de restos dorios en el Ática, etc.) y de la tradición antigua son, todo lo más, un apoyo secundario.

Para la evolución de los estudios de dialectología griega remito a mi libro Adrados 1998b; también a R. A. Santiago 1997. Para tendencias que insisten en la importancia de la descripción, la sociolingüística (cosa justa, pero no una cierta hipercrítica del estudio genealógico), cf. M. Bile 1990a y b, y Cl. Brixhe 1990a y b. Es excesivo el aislamiento que a veces se introduce entre el griego del segundo milenio y el del primero, y entre el micénico y los dialectos posteriores.

114. En relación con los tres grandes dialectos del GOr subsisten, de todas formas, problemas. Y no sólo sobre en qué medida estaban prefigurados en el GOr del segundo milenio y en qué medida fueron un día unitarios. También hay problemas que afectan al GOcc.

Un problema es el del origen de determinadas diferencias dentro de los dialectos. Hay quien niega incluso la existencia del arc.-chip.; y hay ideas diversas sobre la relación entre dorio y griego del N.O. Para el eolio, el lesbio coincide a veces con el jonio, el beocio y tesalio (o parte de ellos) con el dorio. ¿Se trata de fenómenos recientes, por difusión secundaria de isoglosas? ¿O, en algunos casos, de superposición de poblaciones? Esto se ha propuesto, también, para el dorio cretense, en el que parecen mantenerse rasgos aqueos; y para el panfilio, donde sin embargo hoy se niega la existencia de rasgos dorios, véase § 120.

También sucede que rasgos considerados dorios aparecen fuera del área de estos dialectos. Hay que estudiar con cuidado los hechos, porque algunas veces (como en el caso del panfilio) se trata de arcaísmos o de coincidenciasen la elección que pueden no demostrar especial parentesco y ser independientes. Recuerdo lo que he dicho sobre los teóricamente posibles dorismos de Homero.

Naturalmente, todo esto dificulta la definición de los cuatro grandes dialectos, el establecimiento de sus límites antiguos y el de sus posibles desplazamientos modernos de fronteras.

De todas maneras, de un modo esquemático, vamos a dividir el estudio de los dialectos en tres partes cuya sucesión es más ideal que cronológica: primera, la diferenciación de jónico-ático, arcadio- chipriota y panfilio, eolio y dorio; segunda, los rasgos que a partir de un cierto momento contribuyeron a aproximarlos; tercera, las nuevas diferenciaciones. La primera parte se estudia en este apartado sobre «La creación de los grandes dialectos»; las otras dos, en los dos

sucesivos.

115. Un panorama muy completo (aunque algo atrasado ya) de la dialectología griega en los aspectos citados puede encontrarse en R. Schmitt 1977, también en J. L. García Ramón (en prensa). Los grandes tratados tradicionales son el de F. Bechtel 1921-1924, el de A. Debrunner -A. Scherer 1969 y, dentro de la gramática griega en general, el de E. Schwyzer 1939 ss. Daremos la bibliografía reciente más notable a propósito de cada dialecto.

No se espere, por lo demás, de este libro un estudio detallado. Para ello están los tratados generales de dialectología, que suministran no sólo los datos, también las fuentes y la bibliografía, más interpretaciones históricas. Aquí nos interesa trazar los rasgos de la historia lingüística de Grecia, con sus sucesivos procesos de diferenciación y unificación dialectal y con su peculiar juego entre los dialectos hablados y los literarios.

EL JÓNICO-ÁTICO

116. El jónico-ático ocupaba el Ática, las islas, el litoral de Asia Menor enfrentado a Grecia y las colonias de las ciudades aquí situadas. Lo conocemos desde las antiguas inscripciones de los siglos VIII y VII a. C, pero es, indudablemente, de fecha anterior. Continúa lo que fue un dominio micénico en Atenas, pero también en algunos lugares de Asia Menor como Mileto.

Atenas guardaba un palacio micénico en la Acrópolis, pero el mito la presenta como vasalla de Minos. Debió de ser más importante en época propiamente micénica. Y sobre todo, a juzgar por los restos arqueológicos, en la postmicénica y geométrica; en un vaso de esta última edad está una muy antigua inscripción alfabética griega, a que ya he hecho referencia. No hay huella, ni en la arqueología ni en el mito ni en la historia, de invasión doria. Aislada de los dorios, con los que no tuvo ni siquiera frontera (Beocia era territorio eolio, otra derivación del paramicénico), desarrolló un dialecto propio. Estaba aislada también del paramicénico del Peloponeso, del que nació el arcadio-chipriota. Se fragmentó, así, lo que era un comienzo de dialecto paramicénico común al Ática y el Peloponeso.

117. Pero no se trata sólo del Ática: el complejo dialectal abarcaba también las islas y Asia Menor. Ya he hablado, siguiendo a Sakellaríou, de la gran emigración a Asia de los griegos del Peloponeso invadidos por los dorios. Cierto que Solón, ya lo vimos, califica a Atenas como «la tierra más vieja de Jonia» y que también Heródoto (VII 2) habla de emigración de Ática a la Jonia de Asia. Pero él mismo recoge otras tradiciones sobre jonios que fueron a Asia desde Grecia central y el Peloponeso: Orcómeno, Eubea, Mesenia, Fócide, etc. Hay en el Peloponeso topónimos y nombres míticos diversos que recuerdan el nombre de los jonios.

El hecho es que hay una serie de innovaciones, sobre todo fonéticas, del jónico-ático que, partiendo de donde sea, se trasmitieron a través del mar y que a veces no estaban totalmente consolidadas en el siglo VII. Según A. Bartonĕk 1977, p. 121 ss., sólo a partir del 900 a. C. se difundieron.

En Adrados 1976b, p. 272 s., R. Schmitt 1977 o en A. López Eire 1977 y 1989 puede encontrarse una lista de las innovaciones y elecciones principales: ᾱ > η (no completada en el jonio de las islas en los siglos VI y V), la -ν efelcística, los alargamientos del tipo -εσµ- > - ειµ-, el vocalismo y la prótesis de εἴκοσι, el vocalismo de βούλοµαι, etc., el alargamiento ει, ου ante sonante más F, la abreviación en hiato y metátesis de cantidad, ἡµέες y ὑµέες (y contracciones), ἕτερος, más las innovaciones que el dialecto comparte con otros.

Así se creó el dialecto jónico-ático, sobre una base común paramicénica pero con innovaciones que se difundieron a través del mar y que no podemos fechar antes del siglo IX a. C.

Pero, aparte de las diferencias en Eretria y Oropos (véase § 118) hay las existentes entre el jónico y el ático. En este último dialecto se han conservado arcaísmos como ξύν, πόλει, la aspiración y el dual, y hay elecciones llevadas hasta el final (τέσσαρες, ἱερός, la metátesis de cantidad). También innovaciones propias: la vuelta de η a ᾱ tras ρ, ι, ε; el G. sg. νεανίου, ciertas innovaciones en el léxico, etc. Ha habido, sin duda, una diferenciación progresiva, quizá ya en una fase arcaica, dentro del Ática (cf. A. López Eire 1972-1973 y 1985). Y el ático comparte innovaciones con dialectos vecinos, así la creación de ττ, ρρ.

118. Sobre las tradiciones antiguas relativas al origen de los jonios, cf. A. Tovar 1944, p. 289 ss. Bonfante 1984, p. 205 ss., dice que Homero «esconde» el nombre de los jonios (sólo una vez los menciona, en relación con el Ática), igual que el de los dorios (sólo una vez, en relación con Creta).

Sobre el jónico-ático, además de la bibliografía citada, cf. A. López Eire 1971 (con J. Méndez Dosuna), 1972-1973, 1984a, 1985, 1987b y 1989, M. Negri 1981a y 1982a y b y W. S. Alien 1987: a sus innovaciones hay que añadirles contactos diversos. Por otra parte, hay quienes ven el jónico-ático más bien como una síntesis de dos dialectos que como una diferenciación. Para la eliminación en el ático de léxico común en otros dialectos, cf. Adrados 1953a y 1957. Son bien claras las relaciones entre el Ática, las islas y el continente asiático en época arcaica, simbolizadas por el papel del santuario de Delos (pensamos que desde el siglo VII) y la colonización ática de la Tróade (desde el siglo VI).

Hay que añadir, naturalmente, el problema del lesbio, así como el de los subdialectos (Eretria, Oropos) y el de las isoglosas con Grecia central: sobre todo ello, ya apuntado, hemos de volver. Y, por supuesto, el de si había o no diversos dialectos dentro del jonio; y el de la «aticización» del jonio, que llevó a la creación de la koiné. Dentro del ático no hay huella de diferencias, lo que se debe a la estricta unificación del territorio bajo Clístenes (y antes, míticamente, bajo Teseo).

Véase, para el eolio de Asia, C. J. Ruijgh 1995-96, quien postula en él influjos jonios, así, por ej., de una contaminación con el inf. en -ναι vendría el en -µεναι.

EL ARCADIO-CHIPRIOTA Y EL PANFILIO

119. Está bien claro que el arcadio quedó aislado en el centro del Peloponeso por la invasión doria y que, antes de que ésta se consumara totalmente, gentes procedentes del Peloponeso se instalaron en Chipre, donde ya había establecimientos micénicos; y, sin duda, en Panfilia, a juzgar por las semejanzas del dialecto. El mito, al hacer ir a Chipre al héroe Teucro, fundador de Salamina de

Chipre, concuerda con esto. Quizá este dialecto se extendiera a Rodas y Creta antes de llegar los dorios (cf. §§ 131 s).

La existencia de un grupo dialectal arcadio-chipriota, aunque negado alguna vez, es generalmente aceptada; e igual su pertenencia al grupo del que también formaba parte el jónico-ático, di ya datos sobre ello.

Prescindiendo de los arcaísmos, innovaciones y elecciones comunes con otros dialectos, así como de los rasgos que remontan al GOr, podemos aducir aquí algún material específico del arcadio- chipriota. Recuerdo arcaísmos como la conservación de la F o de la desinencia verbal -το(ι); elecciones como los nombres en -ης (en vez de -ευς), el pronombre chip. o-ni / arc. ὀνε , etc. Pero, sobre todo, innovaciones como εν > ιν, -ο > -υ (también en panfilio), solución silbante de la labiovelar ante vocal ε, ι, ἀνά > ὀν , conjunciones y preposiciones po-se / πός, ka-se / κάς. Esto no obsta, naturalmente, para arcaísmos de un solo dialecto (chip. pt-, G. sg. -o, o-ne, dual en arc.) o innovaciones también en uno (arc. -κρετης, chip. αἶλος).

En realidad, no son muchas las innovaciones del arcadio-chipriota, son más y más llamativas las del jónico-ático. A veces vacila cuando aquél elige de una manera decisiva: así en el aor. y fut. de los verbos en -ζω (jón.-át. -σα, -σω, aquí a veces hay -ξ-). Es un dialecto relegado, que no tuvo cultivo literario y que en Chipre aceptó incluso una escritura arcaica, el silabario chipriota. Realmente, es el jónico- ático el que se destacó de una manera decisiva, el arcadio-chipriota es el resto arcaico que quedó aislado, aunque no le falten algunos rasgos propios.

Pero es el jónico-ático el que, a partir de una serie de rasgos comunes antiguos, se despegó y llegó a convertirse, en su variedad del ático, en el centro de la lengua griega.

120. Para el arc.-chip. véase, además de la bibliografía ya citada, A. Lillo 1979, quien (como A. López Eire y J. Méndez Dosuna 1971 y yo mismo desde 1952) lo considera como un derivado del grupo que formaba en fecha anterior con el jónico- ático (hemos visto que para algunos autores había preformas de ambos dialectos en el segundo milenio). Tienden a rebajar, creo que excesivamente, los lazos entre el arcadio y el chipriota J. Chadwick 1988 y E. Risch 1988.

En cuanto al panfilio como derivado del mismo grupo pero con elementos posteriores, ya he citado los trabajos de A. López Eire y A. Lillo 1982 y 1983 y de M. García Teijeiro 1984. Puede conservar algún arcaísmo ajeno al arc.-chip., así -ti. Posiblemente procede de un área del mundo micénico emparentada con el dialecto que llamamos micénico y con el posterior arcadio-chipriota; pero no parece influenciado por el dorio ni el eolio, las coincidencias son arcaísmos. Sí tiene, en la fase en que lo conocemos, influjos de la koiné.

EL EOLIO

121. Hemos visto que los dialectos eolios —tesalio, beocio y lesbio— continúan diversas isoglosas de época micénica, unas comunes con los que fueron más tarde dialectos jónico-áticos, otras propias. Pero no es fácil establecer la cronología del eolio ni el

problema de sus parciales coincidencias con el dorio.

Antes de entrar en ello diremos que tanto Beocia (Tebas, Orcómeno, etc.) como Ftía y Iolcos, en Tesalia, tienen una fuerte tradición micénica testimoniada por la arqueología y por el mito: y que la tradición cuenta que de Ftía partió, por obra de Aquiles, la conquista de Lesbos. Hay lazos fuertes entre el dialecto de Lesbos y el de Tesalia oriental, la Pelasgiótide. Y los hay entre Tesalia y Beocia.

Parece que el centro de este dialecto estuvo en Tesalia, en donde según el mito reinó Eolo y de donde saldría el nombre de Eolia dado a la costa donde se hablaba este dialecto en Asia. Tucídides I 12 dice que los beocios fueron expulsados por los tesalios que, según Heródoto VII 176, habían venido de Tesprotia (a la que Tucídides III 102 llama Eolia), en el N.O. de los Balcanes. ¿Eran los tesalios griegos dorios luego parcialmente eolizados, como propone R. Schmitt 1977, p. 74? ¿Los beocios eran, entonces, poblaciones que habrían traído a Beocia un dialecto del segundo milenio más o menos evolucionado en Tesalia y que se superpusieron al micénico de dicha región? ¿O eran, al contrario, poblaciones dorias las que se superpusieron al dominio eolio de Tesalia (en el O., la Tesaliótide) y Beocia (sobre todo en el S.O.)? ¿O esas isoglosas penetraron sólo por vía pacífica?

Hemos de volver sobre esto, haciendo ver la gran diversificación de estos dialectos, entre sí y dentro de cada uno, resultado, sin duda, tanto de influjos externos como de la inexistencia de una unidad política de estas regiones. En todo caso, existen algunas isoglosas que las unifican. En qué medida provengan de un dialecto micénico en toda el área o de la versión modificada del mismo surgida en Tesalia y luego exportada a Beocia y Lesbos, queda dudoso.

122. He expuesto ya, citando el libro de J. L. García Ramón 1975 (cf. también su trabajo en prensa), que para este autor y algunos otros el origen del eolio es postmicénico. Personalmente, he tratado el tema a fondo en Adrados 1976b y algo he dicho más arriba (§39). Para mí, sin negar la existencia de rasgos recientes, aunque los más de ellos propios de los diferentes dialectos, la principal comunidad que hallamos en el eolio es la de isoglosas antiguas que son arcaísmos o elecciones; a veces propias de todo el GOr, a veces sólo de estos dialectos (o de alguno de ellos).

A veces esos rasgos eolios se hallan también en Homero y/o el micénico, sin que aquí sean eolios: son comunes, simplemente, con algunos arcaísmos y elecciones del eolio. Y hay arcaísmos comunes con el dorio; y rasgos comunes, parece que de fecha antigua, con el jónico-ático y el arcadio, ya he dicho; otros, recientes, unen a tal o cual dialecto ya con el área del dorio ya con la del ático.

Para mí, ya digo, los rasgos comunes a todo el eolio, muy escasos, son casi todos arcaísmos o elecciones antiguas, micénicas: no puedo repetir la argumentación en detalle, remito a mi anterior publicación ya citada. Son, sobre todo, la vocalización ορ, ολ; la elección de -µεν como desinencia de 1.a pl.; y el patronímico en -ιος. Son rasgos que

oponen el eolio al dorio y le aproximan, según los casos, al GOr en general o al micénico u Homero.

Se añaden arcaísmos o elecciones sólo en tal o cual dialecto, pero que pudieron ser comunes: flexión atemática en vez de la temática en el verbo (más o menos difundida en eolio, también en arc.-chip. y Hom.), inf. temático -µεν (tes. or., beoc, Hom.), κε (tes. y lesb.), πεδά (beoc, lesb. y tes., pero aquí también µετά), -φι (tes.), πτόλις (tes.), - οίο, ον- / αν-, µέσποδι (tes. or.), ὄνε (tes. y arc.-chip.), ἐν + Ac. (beoc, tes.).

123. En cuanto a las innovaciones, he considerado iniciadas en el segundo milenio *kwe- > πε-, ρε > ρι, el part. perf. en -οντ-, y el D. pl.

en -εσσι (rebasa con mucho el eol.); véase mi argumentación en Adrados 1976b, p. 261 ss., y para la última forma también J. J. Moralejo 1984 y P. Wathelet 1991.

Hay también innovaciones parciales, como la evolución del grupo de nasal o líquida con s o y> geminada (tes., lesb.), -ντ- > -νθ- (tes.,