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LA SEGUNDA LENGUA GENERAL: LA LENGUA DE LA ELEGÍA Y EL EPIGRAMA

VI LAS LENGUAS LITERARIAS GENERALES: ÉPICA, ELEGÍA Y LÍRICA CORAL

4. LA SEGUNDA LENGUA GENERAL: LA LENGUA DE LA ELEGÍA Y EL EPIGRAMA

LA ELEGÍA

155. Con esto queda completado el estudio de la primera de las lenguas generales del primer milenio: la homérica y épica. La segunda, la de la elegía, es un derivado de ella, como ya sabemos.

Por supuesto, no es este el lugar adecuado para un estudio sobre los orígenes de la elegía, por lo demás debatidos. El hecho es que, a partir del siglo VII, encontramos en el mundo jónico, pero también en el dórico y luego en toda Grecia, poemas en dísticos elegiacos, leve variación del ritmo hexamétrico, puesto que el hexámetro va en ellos seguido de un pentámetro: es lo que se llama elegeíon, un derivado de

élegos, que para algunos es 'lamento' y procede de Frigia.

Y como hay variación en el metro, también la hay en la lengua, aunque no radical: se trata de lengua épica jonizada o de lengua jónica influida por la épica; y de poemas cantados al son de la flauta. Así ya en Calino y Arquíloco, s. VII. Y la hay en el contenido. Hay elegía mítica o mítico-histórica en Mimnermo y Antímaco, entre otros, pero habitualmente se trata de lírica en que un yo se dirige a un tú: exhortando en la guerra, la política o la conducta, reflexionando o expresando sentimientos. Y ello ya en el banquete, ya en rituales funerarios u otros diversos (así, en un concurso en los Juegos Píticos) o ante la Asamblea o el ejército. Hacía falta, pues, un nuevo ritmo más ágil y una lengua más ágil y próxima, también.

Fue en Jonia, como digo, donde desde mediados del siglo VII

diversos géneros populares, anónimos, pasaron a manos de los poetas y recibieron los nuevos ritmos, ejecución y lengua: la épica jonizada, como digo. Tirteo en Esparta, Solón en Atenas, Teognis en Mégara y otros más (suponemos que Sacadas en Argos, del siglo

VII/VI, no quedan fragmentos) siguieron el modelo: la lengua de la elegía se convirtió, insisto, en la segunda «lengua general» de Grecia.

Y ello tanto más cuanto que el dístico elegiaco era compuesto por toda clase de personalidades. En el siglo V no sólo hay los poetas elegiacos como Eveno de Paros, Ión de Quíos, Antímaco de Colofón, Dionisio Calco y Critias de Atenas, sino que también componían dísticos elegiacos Simónides, Baquílides, Anacreonte, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Platón, Aristóteles, Crates (a veces son de autenticidad dudosa). Y en época helenística los elegiacos son legión.

156. Hay una cierta confusión entre elegía y epigrama. Este segundo término indicaba simplemente una inscripción, como las hay desde fines del siglo VIII, como vimos, ya en prosa ya en verso: se trataba de dar una noticia (un epitafio, una dedicación, un poseedor,

etc.) en forma breve y escueta. En Homero hay ya noticia sobre estelas funerarias o dedicación de armas a un dios, pero son las inscripciones fenicias las que, con su contenido lo mismo que con su alfabeto, influyeron en Grecia.

Las más antiguas inscripciones en verso son hexamétricas: Homero era el modelo que estaba a mano para escribir con solemnidad. Pero desde el año 500 predomina el dístico elegiaco; los epigráficos son anónimos hasta el 350 a. C, aproximadamente. Aunque ya Simónides compuso epigramas y luego los componían personajes como los citados.

Por lo que a la lengua respecta, hay que decir que el epigrama comenzó a escribirse en los dialectos locales, siempre con influencia de la lengua homérica; pero que desde pronto se contagió con la lengua de la elegía y, desde un momento dado, no hubo ya distinción lingüística (como son borrosas las fronteras entre los dos géneros).

157. La elegía arcaica puede encontrarse en Adrados 1990a, B. Gentili-C. Prato 1979-85, M. L. West 1989 (todavía es útil E. Diehl 1950); el epigrama, en P. A. Hansen 1983 y en la gran colección de inscripciones métricas de W. Peek 1955, hay otras varias colecciones. Sobre el origen de los géneros véase, a más de lo que digo en la Introducción a Adrados 1990a, las varias disertaciones incluidas en el volumen de AA.VV. 1969; entre ellas la de A. E. Raubitschek sobre «Das Denkmal-Epigramm» y la de B. Gentili, «Epigramma ed elegía» (contra el origen trenético de ésta y sobre lo borroso de los límites con el epigrama). Para la lengua, diversos trabajos en este volumen, en AA.VV. 1963 sobre Arquíloco (sobre todo, A. Scherer y D. Page), así como B. Kock 1910, B. Snell 1969, O. Hoffmann 1973, p. 102 ss., R. Hiersche 1970, p. 106 ss., L. R. Palmer 1980, p. 105 ss., entre otra bibliografía.

158. Comencemos por la elegía, cuyo primer representante, con poca diferencia respecto a Arquíloco, es Calino, que transformó los discursos de los héroes homéricos en exhortaciones a sus conciudadanos para luchar contra los cimerios. Hay que decir que en las elegías de ambos poetas la lengua es fundamentalmente épica, pero con eliminación en general de los rasgos alejados del jonio. Se conservan perfectamente, en cambio, los que al tiempo son épicos y jónicos, por ej., µουσέων y otras formas sin contraer, εὖτ᾿ ἄν, la pérdida de la digamma dejando un hiato, etc. No aparecen, en cambio, eolismos como πίσυρες, ἀργεννός, ἄµµες. Ciertas formas homéricas no jónicas se encuentran, excepcionalmente, unidas al metro y a fórmulas homéricas: así, el G. en -οιο, τόσσον, κάλλιπον (Arch.), κεν, λαῷ, ὀππότε (Cali.). Pero desaparecen formas y palabras arcaicas.

El jonio contemporáneo raramente entra: hay κοτ' y κως en Calino y grandes discusiones sobre el δορί (< *-ρF-) de Arquíloco, para algunos ático, para otros propio también del jonio insular. No son épicos -επονήθη, ἔσκε, etc. y mucho léxico.

Por lo demás, es muy claro que las elegías de Arquíloco están llenas de fórmulas épicas, lo han hecho ver bien D. Page 1963 y L. R.

Palmer 1980; pero éste ejemplifica la entrada de nuevo vocabulario popular.

159. No hay grandes diferencias en el caso de Tirteo, que exhortaba a los lacedemonios en su lucha contra los mesenios: no sabemos si era un laconio o, como quieren otros, un milesio o un ateniense, en todo caso su lengua era bien entendida en Esparta. Usa la -η jonia, algún jonismo reciente como ψυχέων, desconoce casi siempre la F (¡que se conservaba en laconio!), toma formas épicas como βασιλῆας, κᾱλά, φεῦγον (y algunas que son al tiempo laconias, como λᾱός), pero faltan una vez más formas épicas arcaicas o eolias ausentes del jonio. Y entra un corto número de dorismos, sobre todo el Ac. pl. en -ᾰς de la 1.a decl. y κακκείµενος.

Por lo demás, Tirteo está lleno de fórmulas homéricas, algunas alteradas a veces en su sentido, como en Arquíloco.

El panorama es siempre el mismo: una lengua épica en que se elimina lo más arcaico o extraño, salvo excepciones formulares; y entrada de pequeñas muestras de la lengua local, el jonio en Mimnermo, el dorio en Teognis, el ático en Solón.

En Solón y Jenófanes entra algún raro -εσσι, hay algún raro -οιο formular, algún -ᾱων, κε en Jenófanes, etc.; en Solón entran epicismos como καλλίποιµι, ὅσσον, ἤλυθε (pero no hay κε ni -αο).

Como digo, hay huellas de los dialectos locales: en Semónides se hallan los jonismos ὅκου, κοτ᾿, etc., en Teognis hay dorismos como el G. Εὐρώτα, los inf. φεύγεν y ἦµεν, etc.; en Solón (aunque la tradición manuscrita no es muy de fiar) aticismos como Ἰαονίας, ὐπερηφανίαν, ἡµερα (pero ὀβριµοπάτρη, homerismo), µέσον, algún jonismo como φορεύµενος (sin duda introducido secundariamente). El aticismo domina sobre el jonismo o el homerismo: -σ-frente a un único ὅσσος, -ου- (frente a -εο-, quizá arcaico), así como abundante léxico ático, cf. Adrados 1953a, p. 138 ss.

Con pequeñas diferencias, fue creándose así una lengua jónica con algunos restos homéricos no demasiado llamativos y cada vez menos en número y con mínimas formas dialectales contemporáneas. En la elegía y epigrama del siglo V y siguientes todo esto tendió a desaparecer. Lo fijo fue ese cuasijonio que era cultivado y comprendido en todas partes: un Homero puesto al día pero todavía distante del dialecto local; o un dialecto jonio al que la dicción épica daba prestancia e internacionalismo.

Ésta fue la vía de la difusión general del dialecto jonio en géneros poéticos muy comunes. Hubo la otra vía, más avanzada en la jonización pero menos difundida, la del yambo, que abrió el camino a la prosa jónica (que lo abrió, a su vez, a la ática y ésta a la koiné).

EL EPIGRAMA

160. En la lengua del epigrama hubo un proceso inverso, pero al final hubo una confluencia. En vez de tratarse de un Homero aproximado al dialecto jonio, se trata, como he dicho, de inscripciones

en dialectos no literarios que, al escribirse en dísticos elegiacos, recibieron el influjo homérico y el de la elegía. Fue un proceso que llevó a la asimilación de la lengua del epigrama a la de la elegía (y a la práctica confusión de los géneros, con frecuencia).

Los epigramas en dísticos usaban al comienzo el lenguaje formular homérico, traduciéndolo al dialecto local; esto lo podemos ver mejor cuando tenemos la versión epigráfica y la de tradición manuscrita de un mismo epigrama, caso del bien conocido del enterramiento común de los corintios en Salamina, Hansen 131 (ποκ᾿ ἐναίοµες en vez de ποτ᾿ ἐναίοµεν, por ejemplo). Así, el Κεφαλλῆνας µεγαθύµους de Il. II 631 se convierte en Hansen 391 en Κεφαλλᾶνας µεγαθύµος; el κούρῃ formular (∆ιός γλαυκόπιδι κ.) en κόρει (Hansen 215); en otras fórmulas bien conocidas entran ahora ΠοτεδάΤονι (Corinto, Hansen 357), κλέFος ἄπθιτον (Crisa, Hansen 344), etc.

161. Otras veces, era en estas fórmulas imitadas de Homero donde entraban los homerismos: así en Hansen 145 (Corcira) ἐπ᾿ Ἀράθθοιο ρhοFαῖσι. El caso es que por la vía de Homero fueron entrando también jonismos como ξεῖνος, εἵνεκα, etc. en los dialectos dorios.

Nótese que, en ocasiones, el arcaísmo de los dialecto dóricos hace que en estas inscripciones redescubramos formas homéricas más antiguas que las de nuestros manuscritos: así en Hansen 367 hιλέFο[ι θυ]µõι, con digamma (o ξένFος, al lado de ξεῖνος, como he dicho, también en inscripciones dorias). Pero un poeta jonio como Semónides, en su epigrama sobre el adivino Megistias (Heródoto VII 228), en jonio puro, conservó sin embargo el homerismo κτεῖναν.

Luego, ya lo he dicho, el influjo de la elegía fue grande. En el trabajo de Gentili 1969, p. 69 hay una relación de loci similes entre epigrama y elegía. La lengua de la elegía y del epigrama acabó unificándose: aunque en un momento en que era ya el jonio del yambo y, luego, de la prosa, más liberado de homerismos, el que se había constituido en la lengua literaria más usada. Que sería destronada, ya lo he dicho, por el ático, al que facilitó la difusión.

5. LA TERCERA LENGUA GENERAL: LA LENGUA DE LA