IV EL GRIEGO DEL SEGUNDO MILENIO
1. EL GRIEGO ORIENTAL
68. O meridional, dicen otros. En todo caso, el que entró en Grecia en torno al año 2000 y está testimoniado, en el segundo milenio, por el micénico y por lo que hay de arcaico en Homero. El que fue la base de que partieron los grandes dialectos orientales del primero, a saber, el arcadio-chipriota, el jonio y el eolio. En un momento dado, hasta la llegada de los dorios, ocupaba una geografía continua que iba del S. de Macedonia a Lacedemonia, también a Creta, Chipre, Rodas, a otras islas y a ciertos puntos de Asia.
Ya he explicado que frente a las antiguas ideas según las cuales los tres dialectos principales vinieron de fuera de Grecia, hoy se piensa que sus innovaciones principales son recientes, del primer milenio: así, rasgos del jónico-ático a veces a medio cumplir o sólo parcialmente cumplidos en algunos lugares como la conversión de ᾱ en η, las contracciones y metátesis de cantidad, u > ü, el tratamiento de los grupos de -s- y sonante y de -ss-, -ts-, -ty-, o la pérdida de la digamma, etc.; rasgos del eolio como los resultados de los grupos de s y sonante citados, el D. pl. en -εσσι, el part. perf. en -ντ-, etc. (otros son, para nosotros, arcaísmos o elecciones); y otros del arc.-chip., así innovaciones como ἐν > ἰv, -o > -υ, labiovelar asibilada ante ε, ι, ἀνά > ὀν, ο elecciones como ὀνυ, ὀνι, ὀνε.
69. Esto es correcto, pero ya desde mi reseña del libro de García Ramón (Adrados 1979b) y luego en diferentes lugares he insistido en que otros rasgos que se encuentran ya en uno, ya en varios de los dialectos del primer milenio son bien innovaciones ya del segundo milenio bien elecciones dentro de dobletes también del segundo milenio: con frecuencia se encuentran aquí o allá restos de la forma arcaica o de la no elegida. La presencia de algunos de estos rasgos en más de un dialecto o bien en micénico o en Homero son argumentos decisivos. A veces sólo algunos dialectos orientales han mantenido el arcaísmo. O incluso uno solo: el micénico, Homero, el chipriota, etc.
Por ejemplo, innovaciones como si, pero con huellas de -ti (en mic, Hom., eol., panf.), o la 3.a pl. secundaria en -(σ)αν (jón.-át, arc.-chip.,
Hom.), o incluso ἡµεῖς y ἦν y sus formas sin contraer (jón.-át., Hom.), o ἀπό > ἀπύ (arc.-chip., lesb., panf.) remontan al segundo milenio. Ε igual arcaísmos como el patronímico -ιος (eol., mic, Hom.) o formas de un antiguo doblete: ἄν (pero κε en eol. y Hom.), -αρ- (pero -ορ- en eol., a veces en mic. y Hom. y un poco en todas partes). O sea: que en el primer milenio, en una situación de aislamiento, como he dicho, acabaron de definirse los tres grupos dialectales principales, pero varios de sus rasgos proceden de fecha anterior.
Por supuesto, algunos rasgos del GOr remontan más atrás, al GC: así las oposiciones ya citadas -µεν / -µες, -ξα- / -σα-, y sin duda varios de los que hemos mencionado, al menos en su estadio inicial. Otros, también sin duda, sólo a la época en que el GOr vivía en Grecia: está claro que su gran dispersión y la fragmentación política en reinos diferentes favorecería la dialectalización.
70. Es difícil precisar en qué medida los dialectos del primer milenio estaban presagiados en el GC o en el GOr. Existen, efectivamente, isoglosas muy diversas, que podrían retrotraerse a dialectos del GOr, pero que no coinciden. Luego hablaré de las del mic. y Hom. Pero hay además las que unen al jón.-át. y el arc.-chip., dejando fuera al eol. (-ναι, ἄν, εἰ, -[σ]αν, -τε etc.; pero -αν está en eol., y -τα se encuentra en ático); otras unen al arc.-chip. y el eol., así -ορ-, πεδά, ποτί, verbos atemáticos en vez de los contractos, etc. Y a veces hay una fragmentación: hay τέσσερες en jón. y arc. (pero át. τέσσαρες parece analógico). A veces la coincidencia se extiende a Hom. o el mic., ya digo, pero puede suceder que sólo afecte a uno de estos dialectos (ξύν en át. y mic, patronímico en -ιος en eol., mic. y Hom., -το(ι) en mic. y arc.-chip., -φι en Hom. y tes., G. sg. temático en
-o en mic. y chip., según he propuesto). Hay ἐµίν en dor. y Hom.;
también el panfilio presenta comunidad con el mic. y el arc.-chip., cf. M. García Teijeiro 1984 y A. López Eire - A. Lillo 1982 y 1983. ¿Qué pensar de la extensión anterior de un arcaísmo como éste? ¿Y de otros monodialectales, como en mic. la conservación de -pm-, -tm-, en Hom. la de Ζῆν, en chip. la del G. temático -o-ne?
No voy a repetir los datos que he dado en múltiples lugares y que a veces significan más (las innovaciones y elecciones), a veces menos (los arcaísmos). El hecho es que es difícil, hoy, decidir en qué medida había un dialecto previo al jón.-át. y arc.-chip. y en qué otra se iniciaba un aislamiento entre ambos grupos; y qué relación tenía este complejo con el eolio. Pero volveremos sobre el tema.
71. De todas maneras, hay que atribuir al GOr rasgos arcaicos del mic. que luego se perdieron, como la conservación de las labiovelares, soluciones de tipo rh de grupos de líquida + s o y.Y hay que contar, luego, con la fase de transición en que en contacto con el GOcc llegado a Grecia hacia el 1200, ciertas isoglosas se generalizaron al GOr y GOcc o a parte de los dos, en estoinsisto más abajo (§§ 127 ss.). Todo esto quiere decir que el GOr, según las fechas y lugares, debía de presentar notables diferencias con nuestra imagen actual del griego y sus dialectos.
A lo largo del segundo milenio, ya dentro de Grecia, este GOr debió de seguir un doble proceso: de un lado, se unificaba en mayor medida; de otro, se diferenciaba más. A uno y otro proceso contribuyó el contacto con el dorio. En esta diferenciación se dibujaba más o menos un dialecto germinal base del jón.-át. y arc.-chip., con transiciones a un eolio también germinal, luego invadido por isoglosas dorias. Pero todo ello más o menos escindido y al lado de
otros dialectos parcialmente diferentes que han dejado huellas en el micénico y Homero. Pero podía haber aquí y allá arcaísmos allí donde luego se perdieron, vacilaciones donde luego se simplificaron los dobletes, innovaciones cuyos límites de difusión luego cambiaron, etc. Y, por supuesto, arcaísmos frente a tantas innovaciones dialectales posteriores.
72. Sobre el carácter reciente de las innovaciones dialectales, recuerdo los trabajos ya citados de W. Porzig 1954 y E. Risch 1955, a los que pueden añadirse otros de A. López Eire 1989a y A. Negri 1982a y 1982b. Este último niega las unidades dialectales previas o contemporáneas con el micénico. Éstas, en cambio, son afirmadas en trabajos como Adrados 1955, Palmer 1980, p. 39, F. W. Householder 1972, p. 59 s., A. López Eire 1978b, A. López Eire y J. Méndez Dosuna 1971, A. Bartonĕk 1979, 1991, 1996, etc. Hoy se rehúyen las identificaciones: el micénico no es el antepasado directo de ningún dialecto, cf. por ej. E. Risch 1979, p. 97, y 1990 (sobre el chipriota). Recuerdo que el tema de la diferenciación dialectal en el segundo milenio lo trato más detenidamente en los trabajos citados en § 39. Sobre todo esto, véase A. Morpurgo 1984b y posiciones vacilantes en K. Strunk 1997, p. 143 ss.