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LA KOINÉ COLOQUIAL Y SUS VARIANTES

LA «KOINÉ» COLOQUIAL

252. Podemos decir que la koiné literaria tiene una norma general: la del ático, rebajada por algunas innovaciones de koiné y aumentada luego progresivamente mediante el fenómeno del aticismo. Las diferencias son temporales y de escuela, también individuales de los autores. La koiné coloquial o hablada, también llamada popular, en cambio, no podemos concebirla como unitaria, salvo en la medida en que la literaria le servía de apoyo, eliminando las desviaciones más fuertes.

Pero éstas existían. Eran, de un lado, producto del influjo de otras lenguas: sobre todo del egipcio en Egipto, también del arameo o hebreo, aunque esta es cuestión discutida. De otro, de una evolución que sólo en parte podemos seguir y fechar, pues está encubierta por el hecho de ser escritos, y por tanto en cierto sentido literarios, todos nuestros documentos.

de los textos literarios. Queda el problema de la diferencia de niveles dentro de la lengua hablada, es decir, entre el lenguaje coloquial y vulgar. Y el de las diferencias cronológicas, sobre las que algo diré más abajo, cf. §§ 264 ss.

Así, los intentos que a veces se han hecho para definir dialectos de

koiné (de Egipto, de Asia, etc.) son poco fructíferos y tienden a ser

abandonados, cf. ya A. Thumb 1974, p. 167 ss. Aunque a veces se han reemprendido con nuevos métodos, así en el «ensayo» de C. Brixhe 1984 sobre el griego anatolio de comienzos de nuestra era.

253. Describir aisladamente la koiné literaria y la hablada y, en ésta, dialectos sociales, locales o temporales, es prácticamente imposible.

Limitándonos de momento a la koiné hablada, popular o conversacional, sólo cabe una descripción pancrónica y pandialectal en la que se introduzcan determinados rasgos que se encuentran aquí o allá, con mayor o menor regularidad y frecuencia y que se trata de fechar y localizar. Deben obtenerse de toda clase de textos, incluidos los de koiné literaria, donde penetran en mayor o menor medida o como cosa ya normal ya en concepto de faltas. Algunos han persistido, generalizándose, en griego moderno.

Antes de hacer esa descripción, señalemos en la medida de lo posible las variantes dentro de la koiné hablada. Pueden estudiarse desde varios puntos de vista, ya que no desde el de la existencia de dialectos estrictos. Seguidamente me ocuparé de esas variantes en la medida en que proceden del influjo de lenguas con las que el griego entró en contacto; de las variantes «sociales» de tipo vulgar; y cuando hagamos en el próximo capítulo el ensayo de descripción de la koiné hablada, daré ejemplos de las demás variantes, procedentes de su evolución, aunque sea aleatorio a veces fijar su cronología y difusión.

INFLUJO DE OTRAS LENGUAS

254. Para comenzar por las variantes debidas al influjo sobre el griego de las lenguas con que se puso en contacto, señalemos las principales de estas lenguas.

Las conclusiones más claras se refieren al egipcio, sin duda porque es aquí donde nuestra documentación, gracias a los papiros, es más abundante. Se ha exagerado a veces: hechos como la confusión de o y ω, ει e ι, la pronunciación de la -υ de αυ y ευ como semivocal, la posterior pérdida de las diferencias de cantidad, la pérdida de la γ interconsonántica y de la -ν final o el Ac. θυγατέραν, son generales en koiné, no propiamente egipcios. En cambio, son cosa propia del griego de Egipto el intercambio de las oclusivas sordas y sonoras (en copto no se distinguían) y, en ciertas posiciones, de sordas y aspiradas (sin duda éstas perdían la aspiración). Una buena descripción de la koiné griega de Egipto puede verse en C. Consani 1993, p. 27 ss.

Y, por supuesto, el griego recibió ciertos préstamos del egipcio, cf. P. Wahr-mann 1987 y J. L. Fournet 1989.

En Siria y Palestina es poco lo que puede señalarse en este sentido. Se atribuye al sustrato arameo la ocasional grafía o por α (πονδοχίο), la pérdida de nasales en grupos o en posición intervocálica (Νυφικός), ciertas prótesis (εἰσκότλα = lat. scutella) y poco más. Otros rasgos, como la eliminación de los diptongos αυ y ευ, la fricativización de aspiradas, el Ac. pl. κοίτες etc. son generales. Sobre la koiné anatolia, cf. W. Dressler 1963, C. Consani 1993, p. 30 ss. (y antes A. Thumb 1974 [1901], p. 139 ss.) La inscripción trilingüe de Janto muestra influjo del licio en el griego: falta a veces el artículo, hay mucho καί, καθιερόω con G. Y está muy alterado el griego de Dura-Europos, sin duda por influjo arameo (vocal protética, G. en vez de D., N. pl. por Ac. pl., indeclinable ἕνα, tematización de nombres atemáticos, nombres en -ιν). Por otra parte, hubo influjo de los dialectos locales (licio, pisidio) en panfilio: acento tónico, frecuentes aféresis y metátesis, el «glide» tras i y u en hiato, neutralización de o /

u en final, debilidad de la nasal también en final, fricativización de g y d intervocálicas. Son, de todos modos, hechos muy marginales.

255. No encontramos cosas decisivas en otras regiones. Pero sí debemos recordar, al menos, la uexata quaestio de los semitismos de la versión griega del Antiguo Testamento (la de los LXX) y del Nuevo Testamento. En términos generales, después de los trabajos de A. Deissmann 1923 (cf. F. R. Adrados 1948, p. 32) y J. H. Moulton-G. Milligan 1914-29, ha quedado claro que prácticamente esos textos son

koiné y están próximos, concretamente, a la popular o conversacional,

por más que haya notables diferencias entre ellos: Lucas escribe un griego más culto que el de los otros evangelistas. Se conoce mal el «griego de los judíos», si es que existió; y algunos de los rasgos que se encuentran en los dos Testamentos vienen de la tradición literaria hebrea, sólo algunos podrían atribuirse al arameo que entonces se hablaba.

Muchísimos supuestos semitismos han sido descartados, así por A. Thumb 1974, p. 121 ss. Y ésta es la línea que ha seguido, entre muchos otros, el conocido manual de F. Blass-A. Debrunner 1949, p. 3 ss.: muchos supuestos semitismos son pura koiné, los semitismos más claros son los de pura traducción del hebreo en los LXX (y citas de éstos en el NT) y los de conceptos judíos traducidos al griego. Sobre estas «palabras griegas con sentido hebreo» ha escrito un libro D. Hill, 1967. Pero son la minoría: para J. A. L. Lee 1983, tras un minucioso estudio léxico del Pentateuco griego, «el griego de los LXX debe ser considerado como esencialmente el de su tiempo» (p. 146).

Esta es la opinión más común, aunque no faltan propuestas sobre hebraísmos y arameísmos. Pero reales arameísmos, procedentes de la lengua contemporánea, son citados en escasa medida y rodeados de dudas.

256. Para el influjo de las lenguas indígenas en la koiné, puede verse en general A. Thumb 1974, p. 102 ss., V. Bubeník 1989, p. 198 ss., J. Niehoff-Panagiotidis 1994 y G.

Horrocks 1997, p. 60 ss. En cuanto al griego de los LXX y Nuevo Testamento (como descripciones pueden verse, para el NT, la de H. Pernot 1927, la de F. Blass-A. Debrunner cit. y la de B. Consani 1994), a la bibliografía citada puede añadirse otra que insiste en los rasgos de sintaxis y estilo derivados de la Biblia hebrea: así D. Tabachovitz 1956, K. Beyer 1962, C. F. D. Moule 1968 y Η. Β. Rosén 1979. Sobre el Nuevo Testamento como koiné véase también L. Zgusta 1980, p. 126 s. Sobre el mayor cultismo del griego de Lucas, véase entre otra bibliografía L. R. Palmer 1980, p. 274; sobre el carácter más popular de Marcos, J. Ch. Doudna, 1961 (insiste mucho en los semitismos). Sobre el amplio uso del griego en Palestina y la mínima presencia de arameísmos en las inscripciones, cf. Η. Β. Rosén 1963, 1979 y 1980; para su escasez en el NT., V. Bubeník 1989, p. 67 (pero son más frecuentes en literatura judía posterior, así en Flavio Josefo o el Pastor de Hermas, cf. A. Hilhorst 1976). Para los LXX en general, cf. N. Fernández Marcos, 1973.

L. Rydbeck 1967 presenta una crítica diferente: no puede hablarse tan tajantemente de «lengua popular», el NT presenta muchas coincidencias con el lenguaje técnico griego a partir del s. I d. C.

257. Tampoco el influjo del latín sobre el griego cristalizó en la creación de dialectos locales o regionales. Algún término técnico de la administración o el ejército romano sólo en Egipto aparece vertido por una determinada palabra; pero esto puede ser azar. Suele haber traducciones comunes: consul es ὕπατος, senator es συγκλητικός,

frumentarius es σιτικός, potestas es ἐξουσία, etc.

Las inscripciones, papiros y textos literarios nos ofrecen una abundante masa de vocabulario latino del tipo mencionado, a veces difundido en todo el griego. Véase, por ejemplo, para el Nuevo Testamento el gran número de términos de la vida militar, jurídica y administrativa reseñados por F. Blass-A. Debrunner. Hay estudios donde todo esto se recoge, aunque los escritores más cultivados, un Plutarco por ejemplo, tienden a evitarlo. En realidad, la dirección de los préstamos va generalmente en sentido contrario, del griego al latín.

Para el léxico, S. Daris 1991 recoge unos 800 latinismos de todas las épocas en los papiros, pero para la helenística señala que se trata de un fenómeno superficial, limitado al mundo del ejército y la administración; y sólo en los casos en que no existían traducciones griegas satisfactorias (éstas han sido recogidas por H. J. Mason 1974). Luego, en época de Diocleciano, hubo otra oleada de latinismos, referentes a la administración y funcionarios, pero igualmente superficial. Véase más adelante, § 258.

258. Para otros aspectos de la lengua, los textos más fructíferos son los senadoconsultos, tratados, leyes, etc., que para la mitad oriental del imperio se redactaban a veces en griego (o se daban traducciones griegas), a partir de textos latinos traducidos. Han sido estudiados especialmente por E. García Domingo 1973 y otros. En estas traducciones (y en las transcripciones en general), así como también en los préstamos recogidos por Daris, se encuentran rasgos que afectan a la fonética y otros puntos del latín; pero también otros que ayudan a definir el griego de la koiné cuando, por ejemplo,

pronuncia ι y no ει, fricativa (lat. f) en vez de aspirada (gr. φ). Otras veces, se trata de la adaptación de la flexión latina de los nombres (y adjetivos, pronombres) al griego.

Y de rasgos de sintaxis: traducciones forzadas del gerundivo (δέσµιους... ἀναµφθῆναι ἐφρόντισεν por uinctos ... remittendos

curauit), del Ac. de extensión (χώραν προστίθηµι... πόδας χιλίους

por agrum addo ... mille pedes), de la indicación del padre (Λευκίου υἱός), del D. de lugar (ἐνείκησα παρατάξει por uici... acie), del régimen del juramento (ὀµνύειν εἰς τὸν Ουἰτέλλιον), del subjuntivo yusivo (δοῦναι κελεύσῃ por dare iubeat), de ciertos subjuntivos en las subordinadas (οἷς ... ἐξηγήσωνται por quibus ... exponant). Hay, luego, calcos semánticos claros, que hacen traducir eligo por ἐκλέγω,

colligo por συλλέγω, dilectio por καταλογή.

Ahora bien, atribuir al influjo latino la presencia de éstos u otros rasgos en el griego de koiné en general, es arriesgado. El subjuntivo de deseo está ya en los LXX (con precedentes anteriores); el de subordinación sin ὅπως también tiene precedentes. Y la confusión de perfecto y aoristo, que a veces se ha visto como latinismo, tiene una historia propia.

259. Para la formación de palabras y la morfología, el influjo del latín en el griego es escaso. Se ha propuesto que los nombres y adjetivos en -ις, -ιν del griego, allí donde lo antiguo es -ιος, -ιον, es de influjo latino; pero parece tratarse, más bien, de un fenómeno fonético. Sí es latinismo, sin embargo, un sufijo -αριος ο -αρις. Υ es importante, pese a todo, el influjo del léxico: llega a Bizancio y al griego moderno en todos sus dialectos. Hay ciertos cambios formales como λίµιτον de limes, δηνάριον de denarius, κόρτη de cohors. Por otra parte, a veces el paso de una palabra del latín al griego comportó un cambio semántico: así calamarium es 'estuche de plumas', pero καλαµάριον es 'tintero'; y el λάβαρον de Constantino viene de un más general laureum. En Bizancio se repitió el fenómeno.

Más importante fue, sin embargo, el influjo del griego en el latín en el léxico y la formación de palabras, dando origen, dentro del segundo, a un núcleo especial que llamamos greco-latín, que ha ejercido enorme influjo en las lenguas posteriores. Sobre esto, véase más abajo, §§ 294 ss.

Así, en definitiva, el influjo sobre el griego de la koiné de las diferentes lenguas en contacto ha sido más bien escaso. O, mejor, se transparenta mal en las inscripciones, puesto que correspondía sobre todo, sin duda, a pronunciaciones que las inscripciones raramente recogen y a faltas que los textos escritos las más veces eliminan. Si llegaron a crearse subdialectos de la koiné, en escasa medida sin duda, éstos nos son apenas conocidos y no han tenido importancia para la tradición posterior.

260. En términos generales, véase A. Thumb 1974, p. 152 ss. y para el Nuevo Testamento F. Blass-A. Debrunner 1949, p. 7. Para el tema de los préstamos latinos en

general, cf. F. Viscidi 1944 y G. Horrocks 1997, p. 75 ss.; para el griego de uso oficial entre los romanos, P. Viereck 1988, H. J. Masón 1974 (terminología administrativa, política y militar) y E. García Domingo 1979 (de donde proceden varios de nuestros ejemplos). También L. Zgusta 1980, p. 131 ss. Para el léxico latino en los papiros, cf. B. Meinersmann 1927, R. Cavenaile 1951 y sobre todo Cerveka-Ehrenstrasser, I. M. y Diethart, J. 1996. Para las inscripciones, A. Cameron 1931. Las circunstancias en que se relacionaban el latín y el griego en el imperio romano serán estudiadas más despacio en un capítulo posterior.

VARIANTES DE LA «ΚΟΙΝΕ» COLOQUIAL

261. Se ha intentado obtener conclusiones sobre las variantes locales de la koiné a partir de lo que de ella ha llegado al griego moderno. Así, tras A. Hatzidakis 1977 (1892), por A. Thumb 1974 (1901), p. 190 ss., y J. Niehoff-Panagiotidis 1994, p. 311 ss.

Es bien claro que rasgos de la koiné, ya de época helenística, ya de la romana, perduran en griego moderno: la pronunciación de ciertas vocales y diptongos (los casos de iotacismo y la eliminación de ευ, αυ, sobre todo), la frica-tivización de oclusivas sordas aspiradas (lat.f por gr. φ) y oclusivas sonoras (grafía Φλάβιος); formas como N. sg. ἀέρας, Ac. sg. γυναῖκαν, Ac. pl. γυναῖκες, Ν. pl. γραφής, verbos en - ίνω, ἔνι (gr. mod. εἶναι), temáticos en vez de atemáticos (ἱστάνω, στάνω, στήκω, ἀφιστοῦµεν), aor. ἔλαβα; pérdida del dativo (confusión de D. y Ac), del dual, del perfecto y del optativo, extensión del uso del subjuntivo en la oración principal (a veces equivaliendo al futuro), ἵνα + subj. en vez de inf., la flexión defectiva del participio, etc. Más abajo se dan más detalles, cf. §§ 330 ss., 425 ss. Lo difícil es señalar local y temporalmente los dialectos.

Los intentos que se han hecho han tomado en cuenta ya variedades dentro de la koiné (en Italia, Creta, Capadocia, Chipre, Rodas), ya otras que proceden al menos en parte de los antiguos dialectos (en el tsaconio y el póntico). Ciertas diferencias en la pronunciación de la -ζ-, en el mantenimiento o no de las antiguas geminadas, en la palatalización o no de guturales, en la conservación de una 3.a pl. -ουσι (por. -ουν) y la extensión de -ασι a la 3.a pl. del

aoristo se atribuyen a desarrollos antiguos, de la época ática a la romana.

No se puede negar la posibilidad de que esto sea cierto, pero resulta demasiado conjetural. Así, como anticipé, no hay otra solución, cuando se trata de definir en líneas generales la koiné popular o conversacional (incluido su impacto en la literaria), que hacer una descripción de tipo pancrónico y espacialmente unitario. Los datos se toman de toda clase de textos, incluidos los literarios.

262. Antes de hacerla, sin embargo, conviene decir algo sobre una variante ya anticipada que tiene más probabilidades de ser captada por nosotros, aunque se trata de un dialecto social, no geográfico ni temporal: la koiné vulgar.

Hemos dicho ya cosas sobre el registro vulgar en Jonia (en Hiponacte y otros) y en el Ática, hemos adelantado ya alguna

bibliografía general. Ahora interesa ver que, aparte de los vulgarismos que pueden aparecer como faltas, los hay que son introducidos conscientemente por algunos autores para marcar así su alejamiento de la prosa literaria y elevada. Me voy a referir a los cínicos.

Remito, abreviando, a un trabajo mío anterior (Adrados 1981), que se apoyaba a su vez en otro de J. F. Kinstrand 1975 sobre Bión de Borístenes, y a una tesis de licenciatura inédita de P. Perán 1985 sobre la Vida de Esopo, texto cuyas características cínicas he puesto de relieve en varios trabajos. Se trata, en ambos casos, de un vulgarismo absolutamente buscado. Por lo demás, como es normal en textos literarios aunque sean de tan bajo nivel, la fonética helenística se trasluce mucho menos que en las «faltas» sobre las cuales trabajan autores ya citados como E. Nachmanson 1910 y K. Dieterich 1898.

263. Bión presenta algunos rasgos de fonética helenística (γίνοµαι, γινώσκω, οὐθείς, πεινᾶ) y también de morfología (παυσάσθωσαν, falta de dual, abundancia de diminutivo y vocativo); y también rasgos de sintaxis y léxico.

En cuanto a la Vida de Esopo, presenta huellas de fonética helenística (io-tacismo, monoptongación de diptongos, confusión de o larga y breve, -ιος > -ις, confusiones en la aspiración, etc.), abunda en términos expresivos para los defectos físicos y en vocabulario helenístico en general. Para la morfología, pueden espigarse datos como: Ac. χεῖραν, εὐγενήν, Ν. n. βαθύν, numerales del tipo δέκα πέντε, falta del aumento (ἐπιτετάχει, εὗρον), inf. δηλοῖν, ἀναβεῖν, paso de unos contractos a otros, de atemático a temático (ἐτίθοντο, διδοῦντος, στρωννύεσθαι), aor. εἶπα, -ας, εὕρατε, perf. οἶδα, -ας, en el verbo «ser», ἦς, part. fem. εἰδώς, etc. En sintaxis tenemos el Ac. por otro caso, el G. por D. (σου εὐνοεῖ, también lo sustituye πρός + Ac); uso helenístico de διότι, ὅπως, ἵνα; de los modos y tiempos (ind. por subj., perf. por pret, perífrasis).

Es característico el diálogo breve y entrecortado; la mezcla de tiempos, con usos neutralizados (presente histórico y pro futuro); el estilo καί; giros como δώσω γνώµην, τί ἔσται, οὐαὶ τῷ Αἰσώπῳ. Muchos de estos rasgos se encuentran igualmente en la koiné coloquial en general, es sobre todo su aglomeración y algunos usos especiales lo que pesa.

Añadamos que la distinción entre lo popular y lo vulgar no es tajante: comparten muchas cosas, aunque la literatura evite ciertas palabras, expresiones y giros, por no hablar de la fonética. Hemos de concebir la lengua vulgar como un sustrato subterráneo, que sólo emerge o como falta o como recurso literario consciente. También en las tabellae defixionis y otras inscripciones vulgares. Y, ya a comienzos de la época bizantina, en un texto notable del siglo VI o VII: la redacción de la colección anónima de Fábulas Esópicas llamada Vindobonense, que vulgariza conscientemente una redacción anterior más culta. Cf. F. R. Adrados 1948, p. 67 ss. Un caso semejante es el de

Juan Malalas, contemporáneo de nuestra colección, hablaremos de él.