Al poco tiempo de la crisis de diciembre de 2001 se reinstauran los derechos sobre todas las exportaciones. Al principio estos derechos variaban entre el 10% para las tradicionales incluidas en una lista específica, y 5% para el resto (Resolución 11/2002) Las barreras contra las exportaciones agropecuarias continuaron aumentando, mientras el tipo de cambio real se reducía.
Hasta mediados de 2007, sucesivas reformas a la Resolución 11/2002 llevaron la estructura de derechos de exportación a siete tasas del 5%, 10%, 15%, 20%, 25%, 27,5% y 45%. Las seis primeras eran aplicadas sobre las ventas externas de la cadena agroindustrial, y la última, sobre las de gas natural. A partir de allí, las tasas de los derechos sobre varios productos importantes de exportación continuaron aumentando mientras el peso se apreciaba. Los aumentos de los derechos introducidos el 7 de noviembre de 2007 variaba entre 27% para soja y girasol y 40% para maíz y trigo. En marzo de 2008 el gobierno intentó pasar la resolución 125 que hubiera introducido derechos móviles.
internacionales permitió llegar a un récord de recaudación por las exportaciones agropecuarias, del 3,14% del PBI durante el 2008.
Por supuesto, los elevados derechos de exportación golpearon los ingresos de los productores. Peores han sido las restricciones cuantitativas administradas por la ONCCA (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario). Buen ejemplo son las restricciones sobre las exportaciones de carne vacuna y trigo; pero los efectos negativos sobre la producción primaria de otros productos como los lácteos también son muy graves. Durante 2007 los precios recibidos por los productores de carne vacuna eran un 33% inferior a los que recibirían en ausencia de las barreras sobre las exportaciones. Como el derecho de exportación es del 15%, la diferencia del 18% representa el equivalente ad-valorem de las restricciones cuantitativas (Nogués J., Porto A., Ciappa C., Di Gresia L. y Onofri A., 2007).
Sin embargo, dada la absoluta arbitrariedad con que se administraron estos controles, el daño ocasionado a los productores es mucho mayor que el equivalente ad-valorem que pueda determinarse en un momento particular del tiempo.
Como las desgracias no vienen solas, durante 2008-09 se sumaron los efectos de una seria sequía que terminó por derrumbar la producción de varios productos agropecuarios. Los siguientes son ejemplos de las variaciones proporcionales de las cosechas de la campaña 2008-09 en comparación con anteriores:
Soja: -34% (de 48,5 en 06/07 pasó a 37 millones de toneladas en 08/09) Maíz: -40% (de 22,4 en 06/07 pasó a 13,5 millones de toneladas en 08/09) Girasol: -12% (de 3,4 en 06/07 pasó a 3 millones de toneladas en 08/09) Trigo: -45% (de 15,4 en 07/08 pasó a 8,5 millones de toneladas en 08/09) A su vez, comenzó a darse una reversión en el ciclo del stock ganadero con el crecimiento de la faena de hembras, que durante el 2009 continuó acentuándose. Esta liquidación de cabezas y de madres estuvo impulsada por los bajísimos precios recibidos por los productores, explicados a su vez por el cierre de las exportaciones.
Esta caída en la producción también arrastró a varios sectores industriales proveedores de insumos. De esta manera, por ejemplo, se observan los siguientes efectos: entre 2007 y 2008 las ventas de fertilizantes disminuyeron un 31%, durante el último cuatrimestre de 2008 la venta de cosechadoras disminuyó un 50%, y durante el mismo cuatrimestre la venta de tractores
disminuyó alrededor de un 30% (Nogués J., Porto A., Ciappa C. y Onofri A., 2009).
El rápido aumento de los precios internacionales y los favorables términos de intercambio generaron un aumento en el valor de las exportaciones. Gracias a esto, el balance comercial fue superavitario, lo que incrementó las reservas del Banco Central. No solo respondieron las exportaciones agropecuarias y las relacionadas a la agroindustria a los altos precios internacionales netos, sino que el elevado tipo de cambio real también fue un incentivo para las exportaciones de manufacturas de origen industrial.
Sin embargo, a pesar de esta recuperación el país no llegó a superar la participación que llegó a tener en las exportaciones mundiales durante los 90. Las exportaciones aumentaron, pero no más que las internacionales, y como consecuencia de las elevadas barreras, Argentina sigue siendo un país de baja competitividad y continúa sacrificando oportunidades de crecimiento.
Como consecuencia de las barreras sobre las exportaciones, la recuperación del sector industrial fue más acelerada que la del agropecuario, prosiguiendo de esta manera la tendencia que se observó entre 1930 y 1990.
n) El presente
La política tiene una tendencia lamentable, pero natural, a culpar por todos los males a la anterior administración sin rescatar lo positivo. Esto facilitó la reversión de la liberalización de los 90. E implica que un eventual retorno a políticas comerciales más abiertas generará nuevos costos sociales, y si no lo hace, seguirá donde ha estado parada por décadas. De esta manera, y en el mejor de los casos, la Argentina termina pagando al menos el doble de lo que han tenido que pagar otros países que también han encarado importantes reformas económicas e institucionales, pero que han sabido sostenerlas.
El gobierno de Mauricio Macri, merced a una serie de medidas adecuadas (eliminación del cepo cambiario, salida del default, reducción en el crecimiento de la cantidad de dinero y realineamiento con Occidente), a fines de 2015, logró evitar la quinta crisis en 40 años luego del descontrol fiscal del gobierno de los Kirchner. Aunque la recaudación de impuestos creció al 4% del PBI entre 2004 y 2015, el deterioro del resultado fiscal fue de 11% del PBI (se pasó de 4% del
PBI de superávit en 2004 a 7% del PBI de déficit en 2015). ¿Por qué? Porque el gasto público creció 15% del PBI en el mismo periodo, algo jamás visto antes en la historia Argentina.
En su primer año de gobierno, Macri aumentó el déficit fiscal de 7% del PBI en 2015 a 8% del PBI en 2016 y el Proyecto de Presupuesto para 2017 repitió el número de 8% del PBI. Así que parecería que tampoco este gobierno considera que el déficit sea un problema serio.
Ojalá que Macri haga honor al nombre de su espacio, “ Cambiemos”, para que Dios y la Patria no se lo demanden.
4. Juan Calos de Pablo (UHarvard, UCEMA, UdeSA).
5. La “redundancia arancelaria” tam bién conocida com o agua en el arancel es la diferencia entre el arancel im plícito, calculado com o la diferencia porcentual entre los precios internos y externos y el arancel legislado. Por ej em plo, si el arancel legal es 100% y la diferencia de precios de los productos en el m ercado interno con los internacionales es de 50%, la redundancia arancelaria es de 50%.