Muchos escépticos del libre comercio, especialmente en los países en vías de desarrollo, suelen argumentar esto: si se abre la economía, los países que son pequeños en relación con los más fuertes, como Estados Unidos o China, serán explotados, porque los segundos aprovecharán su poder para imponer términos de intecambio abusivos. En otras palabras, ante una apertura comercial el país que más gana sería el país más grande. Ésta es otra de las típicas falacias que surgen de la ignorancia.
Imagine el lector el siguiente caso. Hay dos economías que deciden comerciar entre sí: una pequeña isla en la polinesia, con pocos habitantes y poca superficie, por un lado, y por otro una enorme economía, como podría ser la China. Según los típicos adversarios del libre comercio, la pobre isla será explotada por la poderosa China. La realidad es muy diferente. De hecho, que China sea inmensa, en especial con relación a la pequeña isla, es justo lo que
hará que las ganancias del comercio para los chinos sean ínfimas, o incluso nulas, mientras que para los habitantes de la paradisíaca isla sean muy grandes. Como hemos visto hasta el momento, cada uno de estos países, como todos los demás en el planeta, tienen sus propios costos de oportunidad y precios internos y en base a ello surgen sus “ ventajas comparativas”, que determinan los patrones del comercio.
Supongamos que en un primer momento los costos de oportunidad y los precios internos de China y la hermosa isla son muy diferentes. Si usáramos el ejemplo de las computadoras y el trigo, esto significaría, por ejemplo, que los mismos recursos que en la isla se empelan en producir una computadora sirven para producir diez toneladas de trigo, mientras que en China los recursos que se emplean en producir una computadora sirven para producir una tonelada de trigo. Esto significa que dentro de la isla el precio relativo de una computadora en términos de trigo es de diez toneladas, mientras que en China es de una tonelada. Ahora bien, si ambos países se abrieran al comercio el precio se ubicará en algún lugar intermedio, o incluso en alguno de los dos extremos. Es aquí donde el tamaño le juega una mala pasada a China. Dado que es enorme en relación a la isla, el precio relativo de las computadoras en términos de trigo se posicionará mucho más cerca del precio interno en China que del precio interno de la isla. O incluso, debido a lo insignificante que es el peso de la isla en el comercio, quizá el precio sea el mismo que en China, o sea de una tonelada de trigo por computadora. Si esto ocurre, ¿quién gana más con el comercio?
China, en este caso, estará igual que en autarquía, es decir, no ganará nada, porque el método de producción directo, es decir, producir con igual recursos o una computadora o una tonelada de trigo, es igual al método indirecto, esto es, producir una computadora e intercambiarla con la isla por una tonelada de trigo. Si el precio relativo internacional es igual al interno entonces no hay ganancia alguna, porque no hay un método más eficiente para alcanzar a menor costo aquel bien en el que no posee una ventaja comparativa. Por ende las posibilidades de consumo no se alteran.
Veamos qué ocurre, al contrario, en la isla. Si un isleño acude al mercado internacional con una tonelada de trigo y a cambio obtiene una computadora, entonces nuestro amigo polinesio, que ya vive bastante contento disfrutando de las paradisíacas playas que tiene a tan solo dos cuadras de su casa, estará mucho más contento. Antes, en autarquía, si quería comprar una computadora debía
dejar de producir diez toneladas de trigo, mientras que ahora, para obtener una computadora, tan solo tiene que dejar de producir una tonelada de trigo.
Veámoslo de esta manera: si el polinesio tenía capacidad para producir o bien una computadora o bien diez toneladas de trigo entonces, en autarquía, podía consumir o bien una computadora o bien diez toneladas de trigo. Pero al abrirse al comercio, si se dedica enteramente a producir el bien en el cual tiene una “ ventaja comparativa”, el trigo, va a producir diez toneladas y luego, recurriendo al mercado internacional, puede cambiar una tonelada de trigo por una computadora y consumir las nueve toneladas de trigo restantes. Es decir que en autarquía podía consumir o bien diez toneladas de trigo o bien una computadora, mientras que ahora puede seguir consumiendo diez toneladas de trigo y ninguna computadora, si así lo desea, pero también puede consumir una computadora y nueve toneladas de trigo. O también puede intercambiar seis de las toneladas de trigo que produjo por seis computadoras y consumir entonces estas seis computadoras más las cuatro toneladas de trigo que le sobraron. O cualquier otra combinación posible. Podemos suponer que eligirá aquella combinación de consumo que más feliz lo haga. En definitiva, como ya mostramos, puede consumir lo mismo o más que antes; indiscutiblemente estará mejor.
De nuevo: entre dos países que se abren al comercio, gana más el que es relativamente más pequeño. Esto se conoce como la “ paradoja de Mill”. Y la explicación de esta paradoja radica en que el país que sufre el mayor cambio de precios relativos, el de menor tamaño relativo, es el que más se beneficia, debido a que experimenta la mayor expansión en sus posibilidades de consumo, como consecuencia de la mejora de eficiencia en el método de producción “ indirecto”.