Con esto en mente, empecemos a acercarnos al caso de la Argentina. Nuestro país ha sido históricamente exportador de bienes agrícolas e importador de manufacturas, debido a que poseemos una “ ventaja comparativa” en la producción de bienes intensivos en tierra. (59) La naturaleza nos regaló grandes extensiones de tierras y condiciones climáticas y geográficas que hacen que sean de las más productivas en el mundo. Que sea rentable exportar bienes agrícolas e importar bienes manufactureros significa que es más barato comprar las manufacturas en el resto del mundo que producirlas internamente, y a su vez es rentable venderle bienes agrícolas al resto del mundo. Es decir, el precio interno de los bienes agrícolas es menor al internacional –por eso es rentable exportar– y el precio interno de los bienes industriales es mayor que el internacional –y por eso nos conviene importarlos. En autarquía, el precio de las manufacturas sería mayor y el de los bienes agrícolas menor que ante una apertura comercial.
Pregunta: según nuestro modelo, la apertura comercial generaría cambios en los precios. ¿Cómo afectaría ese cambio a la distribución del ingreso?
Como el bien que sufriría el aumento de precios es el agrícola y el que sufriría una caída es el manufacturero, entonces la cantidad de trabajo se movería desde el sector manufacturero al agrícola. El sector agrícola absorberá el trabajo que haya quedado desempleado en el sector manufacturero.
Al comienzo el valor de lo que produce el sector agrícola aumentó y en el capitalista disminuyó; sin embargo, al moverse trabajadores hacia el sector agrícola, la productividad marginal del trabajo en ese sector cae, lo que reduce el salario nominal. Lo contrario ocurre en el sector capitalista, de donde emigraron trabajadores; esto incrementó la productividad marginal del trabajo en dicho sector, y esto a su vez elevó los salarios nominales. Llegado el momento, los salarios nominales se igualarán entre sectores.
Lo que ocurrirá en definitiva con el salario nominal respecto de la situación inicial es incierto, porque si bien en el sector agrícola lo que ahora se produce es más valioso, en el sector manufacturero ocurre lo contrario. Como el salario nominal va a ser el mismo para los dos sectores, que aumente o disminuya dependerá de qué bien sufra el mayor cambio de precios y de las diferencias de productividades entre sectores. Si el precio del bien agrícola sube más de lo que
cae el precio de las manufacturas, entonces el salario nominal aumentará, y si ocurre lo contrario, el salario nominal será menor.
Pero aun sabiendo si el salario nominal es mayor o menor, ¿estamos en condiciones de determinar si los trabajadores están mejor o peor? No, porque el bienestar de los trabajadores no depende del salario nominal, sino de cuántos bienes puedan consumir con ese salario, es decir, el “ salario real”.
El salario real se mide dividiendo el salario nominal por el nivel de precios, que incluye los precios de los dos bienes, el agrícola y el industrial. De esa operación se deduce cuántos de esos bienes pueden consumir. También se puede usar un precio promedio entre los dos y usar ese número para dividir el salario nominal.
Por ejemplo, podríamos llegar a la conclusión de que la apertura comercial, donde subió el precio del bien agrícola pero cayó el del bien manufacturero, no generó un cambio en el salario nominal. Entonces el salario real, medido en términos del bien manufacturero –esto es, salario nominal dividido por el precio del bien manufacturero–, habría aumentado, porque si bien no aumentó el salario nominal, sí cayó el precio del bien, y por ende puedo consumir más del mismo. Por otro lado, si medimos el salario real en términos del bien agrícola, se dará el caso contrario: como el salario nominal no cambió pero el precio del bien agrícola aumentó, entonces el salario real en términos del bien agrícola caería, puesto que ahora se podrá consumir menos del mismo.
Entonces, si el salario real medido en términos de manufacturas aumentó, pero medido en términos del bien agrícola cayó, ¿estarán mejor o peor los trabajadores? Esto dependerá de qué bien valoren más los trabajadores. Si valoran más el bien que ahora pueden consumir en mayor cantidad, las manufacturas, entonces estarán mejor, pero si valoran más el bien que se encareció, el bien agrícola, estarán peor.
Como se ve, lo que ocurre con el bienestar del trabajador es ambiguo. En cambio, lo que ocurrirá con el bienestar de los capitalistas y terratenientes no lo es.
Como hay más trabajo en el sector agrícola, entonces la productividad de la tierra aumenta y la remuneración de la tierra también. Si la remuneración de la tierra aumenta y el precio de las manufacturas cae, entonces los terratenientes podrán consumir una mayor cantidad de bienes manufactureros. Por otro lado, como el valor de lo que produce la tierra –el precio del bien agrícola
multiplicado por la productividad de la tierra– es ahora mayor, porque aumentó tanto el precio del bien como la productividad de la tierra, entonces la remuneración de la tierra habrá aumentado más que el precio del bien agrícola. Como consecuencia, la cantidad de bienes agrícolas que pueden comprar los terratenientes aumentará. En este caso es indiscutible que la apertura comercial mejora el bienestar de los terratenientes, porque les permite consumir una mayor cantidad de ambos bienes.
Con los capitalistas pasa lo contrario. El precio del bien que venden disminuyó y la productividad del capital también, debido a que ahora hay menos trabajo en el sector. Como su remuneración cayó y el precio del bien agrícola aumentó, la cantidad de bienes agrícolas que pueden comprar cayó. Por otro lado, como disminuyó tanto el precio del bien manufacturero y la productividad de la tierra, entonces la cantidad de bienes manufactureros que pueden ahora consumir los capitalistas es menor. Por lo tanto, el bienestar de los capitalistas indiscutiblemente será menor al poder consumir una menor cantidad de ambos bienes (60).
Los grandes ganadores de la apertura comercial serían los terratenientes, mientras que los grandes perdedores serían los capitalistas. Por otro lado, lo que ocurre con el salario real no es tan claro. Hay situaciones donde antes de la apertura la economía se encuentra muy distorsionada, es decir, donde el sector productor del bien importable (en Argentina el industrial) está muy sobre- dimensionado y por ende el sector productor del exportable (en Argentina el agrícola) subdimensionado; en tales situaciones, es más probable que el salario nominal responda negativamente. En este caso, también como consecuencia de la gran distorsión, la caída en el precio del bien industrial será muy grande, pero el aumento del exportable también será importante. El salario real medido en términos del bien agrícola –el que sufrió el aumento– indudablemente caerá, pero medido en términos del industrial, que sufrió la caída, aumentará.