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2.2. Delincuencia seria

2.2.1. Cronicidad y violencia

A pesar de que algunos delincuentes crónicos pueden ser violentos, otros no lo son; de la misma forma que no todos los delincuentes violentos son crónicos. Sin embargo, una buena proporción de jóvenes que presentan carreras delictivas violentas también son persistentes.

Loeber, Farrington y Waschbush (1998), por ejemplo, encontraron que 53% de los jóvenes catalogados como violentos en el estudio de Cambridge también eran crónicos, en tanto que el 47% restante ni siquiera fueron reincidentes; y que el 29% de los delincuentes crónicos eran delincuentes violentos, mientras el 71% restante había cometido delitos de otro tipo. Con esto, al parecer la mitad de los delincuentes violentos son también reincidentes, pero mucho menos de la mitad de delincuentes crónicos son violentos.

Por otro lado, en la encuesta Denver el 50% de la muestra cometió delitos violentos, de éste porcentaje el 36% correspondió a delincuentes violentos no crónicos y el 14% a violentos-crónicos. Por su parte, en el estudio de Rochester el 58% de los jóvenes cometió delitos violentos, y de ellos el 15% también fue

72 crónico. Estos altos porcentajes de comportamiento violento se debieron en gran parte a la estrategia de selección de la muestra, en la que se escogieron los jóvenes de mayor riesgo.

No obstante la importante asociación existente entre la violencia y la cronicidad, los jóvenes con este patrón delictivo suelen ser la minoría. Wiebush et

al. (1995) informan que usualmente corresponde a menos del 10% de la población

total de delincuentes, Moffitt (1993) habla de sólo un 5%, Farrington de 6% (2005), Snyder de 3% (1998) y Thornberry y Khron (2003) de 7%. En general, las personas que inician temprano sus actividades delictivas y persisten a lo largo de la vida no constituyen un grupo muy grande, pero sí parecen ser responsables de gran parte de los delitos cometidos.

En el estudio Cambridge, por ejemplo, el 6% de la muestra total fue responsable de la mitad de todos los delitos registrados oficialmente, y de los 24 sujetos que conformaron este porcentaje, 16 habían cometido por lo menos cinco tipos diferentes de delitos, incluyendo el 53% de todos los robos auto-informados (Farrington, 2005).

En la misma dirección, en la investigación de Maricopa (Snyder, 1998) se identificaron cuatro tipos de carreras delictivas en los jóvenes vinculados a la delincuencia:

(a) Comunes: se refiere a jóvenes que no tuvieron más de tres arrestos o condenas, no presentaron conducta delictiva crónica ni tuvieron cargos por delitos graves1. Esta categoría estuvo conformada por el 64% de la población en estudio.

(b) Crónicas: corresponde con jóvenes que presentaron cuatro o más arrestos o condenas, el 15% de la muestra en estudio (aquí se pueden identificar quienes no cometieron ningún delito grave ni violento –la mayoría- y quienes sí tuvieron historial delictivo serio).

1 Entre los delitos graves no violentos están el allanamiento y el robo, el hurto grave, el robo de coches, los incendios, el uso de armas de fuego y el tráfico de drogas.

73 (c) Serias/graves: describe a jóvenes que han cometido algún delito grave no violento (contra la propiedad y no contra las personas) 2, que estuvo conformado por el 18% del estudio.

(d) Violentas: representa la comisión de delitos que implican violencia (el 8% de la población en estudio)3.

(e) Serias, violentas y crónicas: incluye a los jóvenes que han cometido delitos violentos graves y que lo han hecho cuatro o más veces (el 3% de la muestra estudiada).

De los jóvenes que tuvieron carreras delictivas crónicas, el 29% también fueron violentos. Así mismo, el 35% de quienes habían cometido delitos graves además eran persistentes. Y en el caso de quienes cometieron algún delito violento, el 53% también fueron crónicos. Por lo anterior, la suma de porcentajes de los diferentes tipos de trayectorias delictivas puede superar el 100%.

Con todo y que el porcentaje de jóvenes vinculados a carreras delictivas crónicas y violentas es pequeño comparado con el total de jóvenes que cometen acciones ilegales, esta población parece ser la responsable de una importante proporción de los delitos que se registran oficialmente. Lo anterior se refleja en los resultados de diversos estudios. Éste es el caso de una investigación sobre patrones delictivos realizada en Canadá en la que se encontró que el 16% de los delincuentes juveniles con historial de cinco o más incidentes legales fueron responsables del 58% de todos los incidentes registrados oficialmente (Carrington, Matarazzo y de Souza, 2005).

Los resultados de los estudios de Denver y Rochester aportan evidencia en el mismo sentido. En estas investigaciones a pesar de que el número de delincuentes crónicos y violentos fue inferior que el de violentos no crónicos, los primeros fueron responsables de la mayor parte de delitos violentos registrados oficialmente (Cuadro 8).

En el estudio de Rochester, los jóvenes con historial delictivo crónico y violento informaron haber cometido alrededor de 4.134 crímenes violentos, es

2 En los delitos no graves están el asalto simple, la posesión de sustancias controladas, la conducta desordenada o inapropiada, el vandalismo, el delito sexual no violento, el robo menor, los delitos relacionados con la ingesta de alcohol. 3 En delitos violentos se incluyen: el homicidio, el secuestro, el asalto sexual violento, el robo y el asalto agravado.

74 decir 33,6 delitos en promedio por persona. Los jóvenes con trayectorias violentas, pero no crónicas dijeron haber cometido 1.370 delitos, es decir, un promedio de 3,9 delitos por persona.

Cuadro 8. Proporción de delitos cometidos por delincuentes violentos y violentos crónicos en Denver y Rochester.

Denver Rochester Delincuentes

Violentos/crónicos

14% 15% Porcentaje explicado de actos

violentos informados por delincuentes crónicos/violentos. 82% 75% Delincuentes Violentos/no crónicos 36% 43%

Porcentaje de actos violentos cometidos por delincuentes Violentos/no crónicos.

18% 25% Delincuentes

No violentos/no crónicos

49% 42% Fuente: elaboración propia con base en Thornberry, Huizinga y Loeber (1995).

Por otra parte, en Denver los chicos con carreras delictivas crónicas y violetas se atribuyeron la comisión de 4.237 delitos, esto es 51,7 delitos por persona aproximadamente. En cambio, los adolescentes involucrados en actividades delictivas violentas de poca frecuencia informaron de 927 delitos, es decir 4,5 crímenes por persona.

Por otro lado, los estudios realizados por la OJJDP (Thornberry, Huizinga y Loeber, 1995; Thornberry y Khron, 2003, 2005) muestran que los delincuentes crónicos-violentos comienzan sus actividades delictivas, en general, así como la comisión de delitos violentos en particular, un año antes respecto a los jóvenes que presentaron otro tipo de carreras delictivas. Por ejemplo, en el estudio de Rochester, se encontró que la mayor proporción de delincuentes crónicos y violentos inició su comportamiento antisocial antes de los nueve años (37%), un porcentaje menor lo hizo entre los 10 y los 11 años (28%) y una mínima parte inició después de los 12 años de edad (17%). En este mismo estudio el 39% de los jóvenes comprometidos en carreras delictivas crónicas y violentas había cometido

75 un delito grave antes de cumplir los nueve años y otro 30% lo había hecho entre los 10 y los 12 años.

Los datos de Denver apoyan los resultados de Rochester. El 62% de los delincuentes considerados crónicos-violentos informaron haber cometido delitos graves antes de los nueve años de edad.

Otra característica asociada con la violencia y la cronicidad es la versatilidad, es decir, el hecho de que los jóvenes con historiales crónicos no cometen solamente un tipo de delito o un único problema de conducta. Por ejemplo, en el estudio de Cambridge, 55 de los 65 hombres condenados por violencia tenían también sentencias por crímenes de otro tipo. Así, los delincuentes persistentes en algún momento de su carrera delictiva cometieron delitos violentos, mostrando que la probabilidad de hacerlo es mayor a medida que incrementa el número de delitos cometidos. En este estudio el 18% de los delitos violentos fue responsabilidad de delincuentes que lo hacían por primera vez, mientras que el 82% lo fue de delincuentes que tenían 12 o más condenas (Farrington, 2004).

En el estudio de Rochester el 82% de los jóvenes que habían cometido delitos violentos y que tenían más de tres vinculaciones legales se responsabilizaron también de delitos contra la propiedad; en el caso de los chicos que habían cometido delitos violentos, pero que no se podrían catalogar de crónicos, el 54% también cometió delitos contra la propiedad. Por otro lado, de los jóvenes que cometieron delitos ocasionales y no violentos sólo el 18% dijo haber cometido delitos contra la propiedad. Los datos de esta misma investigación mostraron que los jóvenes con historiales violentos y crónicos explicaron un porcentaje alto del delito de venta de drogas (37%) y de ser miembros de bandas organizadas (66%), mientras los violentos no crónicos sólo registraron 10% y 32% respectivamente, y los no violentos 2% y 4%. La mayoría de los delincuentes violentos crónicos identificados en este estudio se involucraron en otros delitos como los de desorden público y venta de drogas, así como en el consumo de alcohol y marihuana. Además, estos jóvenes informaron de otra variedad de problemas de conducta como el escaparse de la escuela, poseer y usar armas, ser

76 miembros de pandillas, tener relaciones sexuales, ser padres e independizarse de sus familias a edades tempranas.

En resumen, el comportamiento delictivo crónico y violento se caracteriza por iniciarse en edades tempranas (infancia), por la comisión de diferentes tipos de delitos y por persistir en ellos a lo largo de la vida. La investigación sobre carreras delictivas indica que este grupo de jóvenes crónicos y violentos es pequeño, pero parece ser el responsable de una gran parte de los delitos registrados oficialmente. Así, la prevención e intervención dirigida a este grupo de chicos puede representar cambios importantes en las tasas delictivas en general, de ahí la importancia de su estudio.

2.3. Factores de riesgo y de protección para el comportamiento