El estudio de la delincuencia seria (crónica y violenta) se dificulta por varias razones. En primer lugar, la delimitación legal de este concepto no es del todo clara.
En el caso de la violencia, se encuentran diferencias en la definición y categorización de lo que se denomina delito violento; y con relación a la cronicidad tampoco existe unanimidad respecto al número de vinculaciones legales que la definen. Si bien las estadísticas oficiales constituyen una importante fuente de información, también tienen limitaciones. Algunos jóvenes podrían haber cometido conductas antisociales que no se registran como delitos (por desconocimiento de las autoridades, porque en la condición de menores de edad no se reconocieron como tales, etc.) presentándose cifras menores a la actividad delictiva real. En este punto vale la pena mencionar que para tener acceso a los datos que no se conocen mediante estadísticas oficiales, algunas investigaciones introducen los auto-informes, que aunque permiten conocer datos, tanto de las posibles víctimas como de los agresores, también pueden presentar sesgos en los que se sobreestima el volumen de actividad delictiva (por ejemplo, los jóvenes podrían exagerar su participación en la delincuencia). Para resolver estos inconvenientes se sugiere la combinación de diversas fuentes con el fin de obtener un estimativo cercano a la realidad.
En segundo lugar, dado que los jóvenes comprometidos en carreras delictivas crónicas y violentas suelen constituir un grupo más pequeño que quienes presentan patrones ocasionales no violentos, el diseño de estudios para su comprensión se ve limitado. Por ejemplo, el número reducido de jóvenes limita la conformación de grupos de comparación en los diseños de investigación. Además, puesto que los chicos comprometidos en patrones delictivos serios suelen llamar la atención por su comportamiento extremo, pocas veces el personal del sistema de justicia está de acuerdo en que algunos reciban atención y otros no, en el caso
112 de los estudios que evalúan el efecto de un programa y que requieren un grupo comparable que no reciba tal intervención.
Por último, dado que los delitos violentos son cometidos con mayor frecuencia durante la etapa final de la adolescencia y en los primeros años de la vida adulta de los delincuentes, la mayoría de estudios sobre delitos violentos se ha realizado con adultos (Rutter et al., 2000), lo cual dificulta comprender el desarrollo de la carrera delictiva desde su inicio, y en especial durante la adolescencia.
A pesar de la complejidad del estudio de la delincuencia seria, los hallazgos respecto a la heterogeneidad de la conducta delictiva y la concentración de la mayor parte del delito en un grupo pequeño de personas, tienen importantes implicaciones para el diseño y evaluación de los programas de prevención e intervención con el fin de reducir la delincuencia.
El hecho de que las conductas antisocial y delictiva sean heterogéneas en función del tipo de derecho vulnerado (la propiedad o la vida), de la frecuencia de presentación (ocasional, persistente, continua o intermitente) y de la edad de inicio (temprano o tardío) implica importantes desafíos para la investigación. La existencia de diferentes tipos de patrones delictivos, como los que se listan a continuación, justifica la necesidad de realizar evaluaciones previas a la aplicación de planes de prevención y tratamiento que clasifiquen a los jóvenes de acuerdo con sus necesidades y que planteen objetivos adecuados para su intervención. Estos patrones pueden ser:
(a) No antisociales
(b) Antisociales no vinculados a delincuencia
(c) Vinculados a delincuencia (no crónica - no violenta) (d) Vinculados a delincuencia crónica, pero no violenta (e) Vinculados a delincuencia violenta, pero no crónica (f) Vinculados a delincuencia crónica y violenta
113 Si una pequeña parte de la población delincuente –crónica y violenta- es la responsable de la mayoría de delitos registrados y auto-informados, es evidente la necesidad de identificar e intervenir de manera efectiva sobre su comportamiento. De otro lado, el conocimiento derivado de la investigación también es relevante para el proceso de evaluación de los programas aplicados a la población de jóvenes vinculados a la delincuencia.
En este sentido, los resultados de las evaluaciones pueden valorarse de manera distinta de acuerdo con el tipo de población que se esté tratando. Así, la tasa delictiva medida después de la aplicación de un programa no es comparable entre un grupo de personas cuya actividad delictiva se limita a la adolescencia y un grupo de delincuentes crónicos persistentes. En el primer caso, la disminución en la tasa, por ejemplo, podría deberse al curso normal de la carrera delictiva y no al programa aplicado; y en el segundo, el mismo decremento, puede representar una influencia importante de la intervención.
En el caso de delincuencia crónica – violenta la medida de la reincidencia guarda diferencia con la de otros grupos. Dado el patrón de repetición y persistencia del primero, resulta necesario evaluar tanto la frecuencia de comisión de delitos posterior a la aplicación de una intervención, como el lapso de tiempo que transcurre hasta su recaída y el grado de violencia implicado en sus subsiguientes actividades delictivas. Para un programa dirigido a este grupo particular de jóvenes un criterio de éxito podría ser la reducción de la reincidencia o de la violencia y no necesariamente la extinción total del comportamiento delictivo.
Finalmente, la existencia de patrones consecutivos e intermitentes también tiene implicaciones para el periodo de evaluación de los programas. Si los participantes en él presentan un patrón intermitente, una sola evaluación no permitiría conocer realmente el curso de la conducta del individuo. En este caso, sería conveniente realizar un seguimiento más largo con varias medidas de evaluación, tal como se explicó en el tipo de diseño.
Como conclusión, tal como lo plantea Farrington (2002, 2003) “dadas las características de los delincuentes crónicos, es importante enfocarse en ellos para la prevención y tratamiento del crimen. Y ya que muchos delincuentes juveniles
114 crónicos - violentos cometen delitos muy frecuentemente (crónicos) y además diferentes tipos de delitos (versátiles) que reciben sentencias de institucionalización, la efectividad del tratamiento es un tema crítico”.
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CAPÍTULO 3
PROGRAMAS DE TRATAMIENTO PARA LA PREVENCIÓN DE LA REINCIDENCIA DELICTIVA