1.2. Teorías explicativas
1.2.2. Teorías con énfasis en la relación entre individuos y su
1.2.2.3. El control social o los vínculos sociales
La teoría clásica de control social propuesta por Hirschi (1969) plantea una relación significativa entre los vínculos interpersonales de una persona y su probabilidad de involucrarse en actividades delictivas. A menor cantidad y calidad de las relaciones sociales con personas no delincuentes y bien integradas, mayor es la posibilidad de que se cometan delitos.
Desde esta teoría la pregunta esencial no es por qué algunas personas delinquen, sino por qué la mayoría de la gente no llega a cometer delitos, es decir, qué procesos de inhibición funcionan para disuadir a las personas de comportarse acorde con la legalidad. De acuerdo con Hirschi, los vínculos afectivos con personas prosociales o socialmente integradas reducen la probabilidad de que una
51 persona delinca, mientras la inexistencia o ruptura de vinculaciones sociales prosociales la aumentan.
Estos vínculos afectivos se establecen en la familia, la escuela, el grupo de amigos y en las actividades sociales convencionales disponibles, a través de cuatro mecanismos (Redondo y Andrés-Pueyo, 2007):
(a) El apego: se refiere a los lazos emocionales que se establecen con otras personas. La intensidad de los vínculos emocionales es mayor con personas significativas o de grupos de referencia con quienes el joven se identifica o a quienes admira. Cuando las personas con quienes se establecen los vínculos emocionales desaprueban o rechazan la delincuencia, aumentan la probabilidad de que los jóvenes eviten involucrarse en actividades delictivas.
(b) El compromiso: es el grado en que se asumen objetivos sociales. Cuando un joven ha invertido tiempo y esfuerzo para el logro de metas convencionales, evitará ponerlas en riesgo mediante el delito, y con todas las implicaciones que tiene esto a nivel social.
(c) La participación: representa el nivel de implicación de la persona en actividades sociales. Si la participación de una persona en actividades positivas es alta, no tendrá espacio para involucrarse de forma simultánea en actividades ilegales.
(d) Las creencias: son las convicciones favorables a los valores establecidos y contrarios al delito. Así, un joven que justifica el daño causado a otras personas y que considera que no está “mal” herir a alguien para lograr sus propósitos, tendrá mayor probabilidad de cometer delitos.
En esta teoría, el control se desarrolla con los mismos mecanismos del aprendizaje social: refuerzos y castigos. En el caso de los jóvenes las consecuencias más efectivas son aquéllas que se presentan de forma inmediata y que están disponibles en el contexto próximo de la persona. Por ejemplo, son más
52 efectivos los castigos que se presentan justo después de emitida una conducta, que las sanciones penales, que generalmente tardan en producirse.
De acuerdo con esta teoría, los mecanismos de vinculación social pueden sufrir rupturas en cuatro contextos: familiar (padres); escolar; pares o amigos; y actividades convencionales.
A mayor vinculación en estos contextos menor probabilidad de delincuencia. En especial, si el apego afectivo con los padres es fuerte, la posibilidad de involucrarse en actividades delictivas se reduce.
En 1990 Gottfredson y Hirschi propusieron su teoría del autocontrol. Esta teoría se basa en el supuesto básico de que toda la conducta es motivada por el logro del placer y la evitación del dolor. De acuerdo con estos teóricos, la delincuencia y otras conductas desviadas (fumar, beber en exceso, conducir de forma temeraria, sexo irresponsable, etc.) ofrecen gratificación inmediata, simple, excitante y fácil. Si bien todas las personas estarían motivadas por la consecución de placer o de satisfacción con el mínimo esfuerzo y en el menor tiempo posible, la mayoría de las personas no presentan comportamiento antisocial. La pregunta clave es ¿por qué las personas se comportan de acuerdo con la ley o qué hace que las personas se abstengan de la conducta delictiva? La respuesta desde esta teoría recae en el “auto-control”.
Desde esta perspectiva teórica, el auto-control representa la tendencia diferencial de las personas a evitar los actos delictivos independientemente de las circunstancias en las que se encuentren. En otras palabras, las personas con alto auto-control se resisten al placer inmediato asociado con la delincuencia y la desviación. Por el contrario, quienes tienen bajo autocontrol tienen restricciones insuficientes con respecto a los placeres que ofrecen estas conductas, con lo cual, cuando están ante oportunidades de desviación y delincuencia, ceden ante ellas.
Los jóvenes con bajo autocontrol son impulsivos, prefieren tareas fáciles y simples (en contraposición a las difíciles o que requieren mayor esfuerzo), tienen propensión a asumir riesgos, prefieren las actividades físicas a las mentales, se centran en sí mismos y son insensibles a las necesidades de otros. Estos rasgos facilitan su comportamiento delictivo.
53 Gottfredson y Hirschi implican las relaciones sociales tempranas y las prácticas de crianza de los padres en el desarrollo del auto-control. Las causas de bajo auto-control se relacionan con una falta de compromiso parental con sus hijos. Específicamente, los padres o cuidadores no establecen vínculos de apego con sus hijos y si lo hacen utilizan pautas de crianza en las que no se monitorea la conducta de los niños, no se reconocen sus comportamientos desviados cuando ocurren y no se sancionan. La conjunción de los tres puntos anteriores generarán niños incapaces de demorar la gratificación, menos sensibles a los intereses y deseos de otros, menos capaces de aceptar restricciones; en suma, niños con bajo auto-control.
Para Gottfredson y Hirschi no hay una relación causal o directa entre la tensión y la frustración y la conducta delictiva, más bien se le ve como manifestación del bajo auto-control que causa la conducta antisocial a lo largo de la vida.
Numerosos estudios han evaluado y encontrado apoyo a la propuesta central de la teoría del auto-control como predictor del crimen y de otros problemas de conducta. Por ejemplo, se ha encontrado que tanto las medidas actitudinales como conductuales de bajo autocontrol se relacionan con la conducta ilegal y la probabilidad de delincuencia futura (por ejemplo, Tittle y Botchkovar, 2005; Vazsonyi, Wittekind, Belliston y Van Loh, 2004), y con otros problemas de conducta (Gibson, Schreck y Miller, 2004).
En un meta-análisis que incluyó 21 estudios que evaluaban la validez de la teoría del auto-control, Pratt y Cullen (2000) encontraron que el bajo autocontrol tenía un tamaño del efecto alrededor de .27 (lo cual apoya la idea de un fuerte correlato entre auto-control y delincuencia). En general, diferentes estudios apoyan el supuesto de que el bajo auto-control está relacionado con la desviación y la delincuencia de forma consistente, significativa y positiva (Por ejemplo, Romero, Gómez-Fraguela, Luengo y Sobral, 2003; Vazsonyi et al., 2004).
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