Confianza
La confianza es una virtud prodigiosa, compañera inseparable de los hombres triunfadores.
Es cierto que muchos hombres han fracasado por confiar demasiado en sí mismos y muchos más han fracasado por confiar demasiado en otros. Pero advierte que he escrito adrede la palabra «demasiado»; confiar demasiado supone siempre un error de proporción. Eliminando este exceso de confianza, que suele ser causado por una cierta ceguera para ver los propias limitaciones, y muchas veces no es sino una excusa para justificar la pereza, nadie ha fracasado jamás por confiar en sí mismo ni por confiar razonablemente en otros. Al contrario, toda la vida se funda en la virtud de la confianza.
Muchos son desconfiados por naturaleza. No se fían de sí mismos y siempre andan dudando y pidiendo consejo, ni se fían de los otros, creyéndose rodeados de enemigos. Éstos, de ninguna manera pueden llegar lejos.
Aprende a pensar que todo depende de ti. Para eludir la responsabi- lidad se suele decir: Esto no depende de mí. Bien; ya sé que la lluvia y el sol no dependen de ti, pero sí la manera de no mojarte y de sacar el mayor goce y provecho del sol.
Aprende a confiar en los demás, sobre todo en tus subalternos, en los que han de cumplir tus órdenes. Nada puede conseguir el hombre que es incapaz de confiar en sus subordinados. Los demás harán todo lo que tú desees si sabes hacer que lo hagan. Y entonces será natural que confíes en ellos.
Haz que los demás confíen en ti. Nada ayuda tanto a tener seguridad en uno mismo como la sensación de la confianza ajena.
Haz también que los otros confíen en sí mismos. Mucha gente carece de confianza en sí misma porque desconoce sus posibilidades. Descúbreselas tú por ellos si eres más inteligente, y haz que las conozcan y las usen.
Recuerda estos cuatro aspectos de la virtud de la confianza: 1. Confía en ti mismo.
2. Confía en los otros.
3. Haz que los otros confíen en ti.
4. Haz que los otros confíen en sí mismos.
Obstinación
AI principio de este libro te he recomendado que insistas constantemente cuando quieras conseguir alguna cosa. Ahora te repetiré el mismo consejo con otras palabras: Sé obstinado.
La obstinación es uno de los factores del éxito. El mundo es de los obstinados. Piensa que la obstinación no es más que la forma inexorable y sólida del dominio de sí mismo.
Si no eres obstinado desaprovecharás muchas de tus buenas cualidades. No todo se consigue en cinco días. Pero si te cansas en el día
sexto, se perderá el esfuerzo de los cinco primeros días, y no conseguirás aquello que necesitaba un esfuerzo de diez o doce días.
¿Quién sabe sí el momento que iba a seguir al de tu renuncia era el que te ofrecería el éxito?
Piensa que si te cansas de insistir, todo los esfuerzos anteriores de nada te servirán. Los esfuerzos sólo se suman cuando no se interrumpen. Sé obstinado siempre y en todo lo que pretendas conseguir. La obstinación abre todas las puertas y rinde todos los castillos.
Buffon dice que el genio es una larga paciencia. Y esto es una gran verdad. Pero casi nadie es obstinado en el mismo sentido durante toda la vida. Si tú lo eres, te convencerás de la maravillosa verdad que encierran las palabras citadas. Una larga e ininterrumpida paciencia lo consigue todo. Ten siempre esta palabra fija en tu mente: obstinación.
Tener siempre presente la meta
He aquí una cualidad que te llevará muy lejos si sabes adquirirla y ejercerla sin desmayo. Consiste en retener con firmeza la idea que sintetiza el fin que te propones alcanzar.
Esta retención es la base de la concentración necesaria para el dominio de sí mismo.
Empieza por dar forma sencilla y breve a la idea. Retenla después de manera que siempre la tengas presente en la mente.
¿Qué sucederá? Que sin darte cuenta pondrás los medios necesarios para que la idea se realice. Todo pensamiento tiende convertirse en acto. Y si el pensamiento no cede, la conversión no deja de realizarse jamás.
Una vez presente la idea en el centro de la conciencia, ejerce inevitablemente sus efectos, predisponiéndote para llevarla a la práctica. Piensa siempre en una cosa y algún día ello se realizará con aparente indiferencia de tu voluntad.
Los rayos del sol concentrados a través de una lupa se convierten en fuego. El pensamiento concentrado a través de tu conciencia se convierte en una fuerza tan poderosa como el fuego. Nada exterior será bastante resistente para oponerse a ella.
A. de Vigny dice: «Una gran vida no es mas que pensamientos de la juventud realizados en la edad madura». Realizados a fuerza de mantenerlos siempre vivos como tales pensamientos.
Sintetiza el fin que te propones alcanzar en una idea fácil y clara, y si es posible en una imagen, que sea como la dramatización de la idea. No permitas que esta imagen se disipe jamás en ti, y un día u otro advertirás que has alcanzado el fin que te habías propuesto.
La calma
Escribe esta palabra en letras grandes en un papel y tenlo en un sitio visible durante mucho tiempo.
Todo dominio de ti mismo converge siempre en este resultado: la virtud de la calma.
Calma no quiere decir indolencia ni falta de actividad. Calma quiere decir dominio de todos los impulsos en el primer momento. Es sinónimo de serenidad
Piensa en el mar; cuando se agita, se enturbia y todo lo destroza. Es una fuerza negativa. Pero el mar en calma resplandece y fácilmente se navega.
La calma es un arma indispensable para imponer una idea. A gritos no la impondrás jamás. Deja decir a los otros, espera; deja que los argumentos ajenos se revuelvan contra quienes los han expuesto; deja que las razones ajenas se debiliten por su propio peso. Y vuelve siempre, con calma, a tu idea.
Adopta, en los casos de conflicto con las ideas ajenas, la doctrina de la tranquila insistencia. Insiste hasta conseguir, pero siempre con calma.
La respuesta suave calma las iras ajenas. Ten esto siempre presente; es como un agua que las diluye o una niebla que las difumina.
Muéstrate siempre con calma. Empieza por adoptar siempre posturas de calma. Habla siempre con calma y sin levantar la voz. Muévete siempre con calma y sin ninguna violencia en el gesto.
No andes pausadamente si quieres llegar a tiempo. Muévete tan aprisa como sea necesario para llegar puntualmente, pero siempre con calma.
Esfuérzate en aparentar calma. No digo en tenerla, sino en aparentarla. Y ella sola se formará debajo de la apariencia.
El hombre sereno, que usa de la calma como de una segunda personalidad, evita todos los dramas y conflictos. Si la calma preside todos tus actos, nunca te verás metido en situaciones embarazosas ni llegarás a decir palabras irreparables. Y tu paso siempre dejará un rastro de luz para los demás.