LA COMUNICACIÓN COMO ELEMENTO DE TRANSICIÓN EL PASO DE LOS POPULISMOS CLÁSICOS A LOS NUEVOS.
4.2 Lo popular desde la interacción
4.2.1 Culturas populares
El término de culturas populares que se ha mencionado en este marco teórico hace referencia a las relaciones entre capital económico y capital cultural, en donde la propiedad y exclusión de algunos del primero genera una participación desigual en el segundo, aspecto que planteo hace que el populismo sea parte de la explicación política que tienen los sectores marginados para reposicionarse en los espacios en los cuales no pueden participar. Por ende, la figura del populista pertenece también a las culturas populares latinoamericanas, no es un sujeto extraño, ajeno, que se crea de manera espontánea, sino que por el contrario, está vinculado a una serie de dinámicas que lo van delimitando de acuerdo a los contextos comunicativos y a la cultura política en la que se está inserto.
García Canclini puntualiza que más que referirse a una cultura popular se debería hablar de culturas populares, las cuales se configuran por un proceso de apropiación desigual de los bienes económicos y culturales de una nación o etnia por parte de sus sectores subalternos, y por la comprensión, reproducción y transformación, real y simbólica, de las condiciones generales y propias de trabajo y de vida458.
Las culturas populares se construyen, en primer lugar, en el espacio de las prácticas laborales, familiares, comunicacionales y de todos los tipos en que el sistema organiza la vida de sus miembros. En segundo lugar, en las prácticas y formas de pensamiento que los sectores populares crean para sí mismos, para manifestar su lugar subordinado en la producción. En ambos niveles, aunque más intensamente en el segundo, la construcción de la noción populista se va configurando de acuerdo a los elementos que definen esas culturas, en un proceso complejo que también va tomando y retroalimentando, por ejemplo, los soportes de la política espectáculo y de masas que se exhiben en los medios de comunicación.
Desde este punto de vista la cultura es entendida como la representación simbólica de determinadas estructuras materiales, a través de la producción de fenómenos. Esto contribuye a “comprender, reproducir o transformar el sistema social, es decir, todas las prácticas e instituciones dedicadas a la administración, renovación y reestructuración del sentido”459. Así, esta idea de cultura no separa lo cultural como lo
458 GARCÍA CANCLINI, N. (2002). Culturas Populares en el Capitalismo. México. Grijalbo, p. 90 459 García Canclini (2002), op. cit., p. 71
ideal, de lo social como lo material. Hace justo lo contrario: los procesos de representación simbólica son referidos a las estructuras materiales, y no existe ninguna producción de sentido que no se inserte en lo material.
En la sociedad actual, las culturas hegemónicas y las populares se compenetran, por lo que cuando un obrero o una mujer pobladora hablan desde su cultura, también lo están haciendo desde la que le transmiten los medios masivos y el poder político, resemantizándola. Pero a la vez, el lenguaje hegemónico se ve obligado a tomar en cuenta las expresiones populares para lograr alcanzar al conjunto de la población, por lo que no es extraño que determinados populistas ajusten sus mensajes de acuerdo a soportes emocionales propios de telenovelas o de otras manifestaciones, como festividades, lenguajes populares, ceremonias religiosas, etc., las que tienen un importante consumo y significación por parte de estas culturas.
Para García Canclini, las culturas populares son en definitiva el resultado de una “apropiación desigual del capital cultural, una elaboración propia de sus condiciones de vida y una interacción conflictiva con los sectores hegemónicos”460. De esta forma se aleja de las posiciones que han predominado en Europa y América Latina respecto del populismo romántico, el nacionalismo y el rigor científico del positivismo, que olvidan el sentido político de la producción simbólica del pueblo. Es en este plano cuando se hace necesaria la reelaboración del concepto de populismo, evitando su reducción a un fenómeno excéntrico, aislado, de menor intensidad o simplemente pasajero. Los populismos son parte de aquella producción simbólica latinoamericana.
En tanto, se ha cuestionado el hecho de seguir refiriéndose a “culturas populares”, pero como plantea el autor, aún existen los procesos socioculturales que permiten hablar del término461. Algunos de estos procesos están reflejados justamente en las apropiaciones a la desigualdad de los bienes económicos y culturales, en la comprensión y reproducción subordinada de las propias condiciones de vida, en la movilización en torno a las artesanías y fiestas de recursos étnicos o locales o en los ritos de consagración para la llegada de héroes que darán sentido a una nueva política mediante la idealización de los populistas.
Según García Canclini, el concepto tiene vigencia e importancia pues sirve para registrar procesos de subalternidad o exclusión que no se eliminan en la
460 García Canclini (2002), op. cit., p. 91. 461 Ibídem, p. 29.
globalización462. Esta idea permitiría entender la producción diversa de lo local y la desigual masividad de los intercambios simbólicos, más allá de la simple intención de homogeneizar las culturas locales.
Señala que los estudios de los años setenta y ochenta indicaron cuatro razones por las cuales la modernización económica no elimina las culturas populares. La primera sería a la imposibilidad que tiene la industria cultural para llegar efectivamente a toda la población. La segunda razón se refiere a la necesidad que tiene la industria cultural de incluir elementos y bienes simbólicos más tradicionales, es decir, no puede eliminarlos o desplazarlos totalmente porque éstos le permiten acceder también a los sectores que no están tan modernizados. En tercer lugar, existiría un interés por parte de los sistemas políticos de los países por considerar aspectos más tradicionales y permitir su olvido, para así fortalecer su legitimidad y hegemonía como referencia histórica nacional. Finalmente, parecería inevitable una continuidad en la producción cultural de los sectores populares463.
Así también, desde la perspectiva actual, con la presencia inevitable de la globalización, el término “popular” ya no se asocia estrictamente con el territorio, lo que significa que una definición comunicacional debe abandonar el carácter ontológico que le asignó el folclor. Lo popular ya no es lo de un espacio físico, sino lo que gusta o es accesible o se usa con frecuencia, y debido a la expansión de los mercados, lo que se produce en un país le interesa a otros.
Existe, entonces, una noción de lo popular entendida más bien como “popularidad”, ligada a la industrialización cultural y su difusión masiva, y que sería aquella de la que en rigor se preocupan los medios y el mercado. Aquella de la que no se interesan, sería la que apunta a las tradiciones, a lo verdaderamente popular.
García Canclini sostiene que más que la formación de la memoria histórica, a la industria cultural le interesa construir y renovar el contacto simultáneo entre emisores mediáticos y millones de receptores. El desplazamiento del sustantivo pueblo al adjetivo popular, y luego al sustantivo abstracto popularidad, termina siendo una operación neutralizante de las personas que padecen el orden hegemónico464.
El nuevo populismo adquiere significación para esos receptores porque recupera el poderoso sustantivo de “pueblo” en sus maneras de referirse al mundo simbólico
462 Ibídem. 463 Ibídem, p. 32. 464 Ibídem, p. 34.
propio de las culturas populares, pero lo hace tomando también las referencias de la popularidad y los cánones que impone la industria cultural actual, incorporando lógicas de seducción comercial y acomodando sus formatos a los que imponen los medios masivos de comunicación.