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Las formas de interacción entre los sectores lucrativos y no-lucrativos han pasado de ser meramente de donante-receptor a implicar recursos humanos, comunicación, certificación y a tomar un talante bi- direccional. En el proceso de construcción de una relación inter-sectorial, Austin (2000) reconoce 3 estadios en lo que el denomina el “continuo de la colaboración intersectorial”. Los estadios son los siguientes:

Estadio filantrópico: en este estadio la colaboración se basa en la tradicional aportación unidirec- cional de la empresa a la ONL, ya sea en forma de apoyo financiero, de recursos humanos, logístico o en especies. Estas contribuciones pueden ser completamente desinteresadas o bien estratégicas para el desarrollo de la actividad de la empresa.

Estadio transaccional: la colaboración coge un enfoque bidireccional donde ambas organizaciones reciben y dan.

Estado integrador: la empresa ya incorpora la acción social dentro de su misión y la colaboración es integral entre ambas organizaciones.

Estas colaboraciones se forman a lo largo del tiempo y habitualmente sin un plan predeterminado. Incluso entre empresa y ONL sin grandes afinidades pueden construir alianzas muy profundas. A continuación se describen las formas de colaborar más frecuentes.

Marketing con causa

La primera colaboración de marketing con causa, también conocido como CRM (Cause Related Marketing), la llevó a cabo American Express a principios de los años 80 para financiar la restaura- ción de algunos monumentos públicos (Prince y File, 2001). Aparte de proporcionar los beneficios

antes mencionados, permite al consumidor llevar a cabo una acción social a la vez que satisface sus necesidades. Respecto a la actitud de las ONL hacia esta forma de colaboración se distinguen dos extremos; uno “pragmático” y otro “purista” (Vernis et al., 2004). Entre ambos extremos es donde parece situarse el equilibrio más razonable, si las empresas quieren atenerse a su responsabilidad corporativa, es justo que lo hagan mediante los expertos del tema, las ONL (Cortina et al., 1994). La evolución del enfoque de las empresas ante el CRM ha pasado de ser a corto plazo a ser a largo plazo. Los riesgos y las críticas a este tipo de acciones son que:

Recaudan fondos para causas populares, que son, precisamente, las que menos apoyo necesitan, marginando las causas poco populares o no-comercializables,

Se comercializa a las ONL,

Puede reducir la contribución de otros fondos a la causa ya que se puede generar la impresión de que ya está suficientemente atendida.

Mecenazgo y patrocinio

El mecenazgo se suele considerar desinteresado mientras que el patrocinio suele conllevar publici- dad. De todas formas las diferencias son poco claras. Estas actividades se basan en que la empresa dispensa un apoyo de cualquier tipo a una ONL. Este apoyo se puede llevar a cabo directamente o indirectamente, mediante una fundación de empresa. El riesgo más importante que existe es el llamado “efecto boomerang”, donde ambas entidades pueden verse afectadas por una deslegitima- ción de una de las dos partes.

Voluntariado

Esta interacción consiste en que la empresa cede a sus empleados durante horas de trabajo a una ONL. Esta cesión puede ser de empleados expertos en algún campo que pueda interesar a la ONL para potenciar sus actividades y formar a su personal (por ejemplo un experto de marketing o de contabilidad) o cualquier empleado para llevar a cabo cualquier tipo de tarea necesaria. Estas colaboraciones se han incrementado notablemente en los últimos años.

Compra de servicios

Este método de colaborar puede ser de muy distinta naturaleza, va desde la compra de servicios para gestionar programas de inserción laboral de personas marginadas hasta la denominada filantropía operacional (Sagawa y Segal, 2000), que consiste en contratar a una ONL por ser la opción más rentable. El suministro de productos o servicios por parte de una ONL tiene la ventaja de que genera nuevas fuentes de financiación y nuevas actividades. La venta de servicios ha incre- mentado notablemente su porcentaje en el total de fondos recibidos en los últimos 20 años, mientras que las contribuciones desinteresadas han decrecido (www.aspeninstitue.org). El riesgo principal es el que las ONG pueden dejar de hacer aquellos servicios que no son comercializables.

Acción social en Países en Vías de Desarrollo

En la actualidad hay corporaciones transnacionales (TNC) actuando en 72 países de medio o alto riesgo en entornos de crisis, conflicto o pos-conflicto bélico (Nelson, 2000). En estas condiciones, a menudo combinadas con casos de corrupción, las TNC invierten más de 150 billones de dólares (US$) al año. Este contexto comporta a las TNC unos costes adicionales muy altos, debido a que entre otras causas, hay costes sociales indirectos, de seguridad e incentivos para personal expa- triado, de material -ya que la mayoría es importado- así como de litigación y reputación en los países desarrollados (debido a las campañas y acusaciones de la sociedad civil).

Las TNC con una visión a largo plazo están interesadas en mejorar su entorno geográfico para ser más eficientes. Sin embargo otras con una visión cortoplacista están más interesadas en mantener y colaborar con entornos violentos y/o corruptos. Cabe destacar que debido a los cambios en la naturaleza de los conflictos actuales – por ejemplo su carácter intra-estatal, el aumento del acoso a la población civil, la intensa privatización de la violencia con el surgimiento de los “señores de la guerra” y la proliferación de las armas ligeras – las TNC tienen ante sí un reto muy complicado. Una posible solución es la colaboración entre las empresas y la sociedad civil, como las organizaciones no lucrativas (ONL).

XII CONTINUO HUMANITARIO

Tras la visión general del desarrollo, la cooperación y el rol de la empresa presentada en los temas previos, a continuación se describe el contexto en que las actuaciones concretas de cooperación tienen lugar: El llamado continuo humanitario. Se deja para el tema posterior la presentación de las características e instrumentos concretos que permiten articular las intervenciones como proyectos y programas de cooperación.

Las intervenciones de cooperación se sitúan cada vez más en contextos de emergencia y elevado riesgo ante ciertas amenazas. Estos condicionantes deben incorporarse en el análisis y gestión de toda intervención de desarrollo, en especial, en los países pobres, donde es muy frecuente oír hablar de situaciones extraordinarias. En algunos casos las situaciones extraordinarias son tan frecuentes que pasan a ser crónicas, de forma que las comunidades dejan de preocuparse por su propio desarrollo y pasan a centrar sus esfuerzos en sobrevivir. Este contexto general en el que se sitúa la cooperación obliga a integrar la gestión del riesgo y la emergencia en las estrategias y programas de desarrollo a largo plazo.

Los habitantes más pobres del planeta se exponen cada vez más a los efectos de unos desastres impropiamente llamados "naturales", agravados en su frecuencia y consecuencias por el cambio climático y la globalización (ver el Informe Mundial sobre Desastres de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, www.ifrc.org). Durante la década de los años 90 los desastres afectaron a 200 millones de personas al año. Se consideran desastres tanto aquellos producidos por fenómenos meteorológicos (ciclones, terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, etc.) como otros como accidentes o contaminaciones, donde el factor humano también está directamente implicado en las causas. Los pobres son más vulnerables a los desastres debido a que, por una parte, la pobreza los lleva a vivir en zonas de riesgo de inundaciones, deslaves, etc., y a que, por otra, los ajustes estructurales impuestos a sus países debilitan los factores que refuerzan la resistencia a los efectos de dichos desastres, como buenos niveles de salud y educación, economía diversificada, etc. Ligado con este punto destaca que cuanto más expuesto está a riesgos un país, mayor es la tasa de rentabilidad que exigen los inversores (hasta el 30 por ciento en el África Subsahariana), de forma que se agrava la situación de explotación y dependencia.

En este capítulo describiremos los conceptos básicos como riesgo, desastre, catástrofe, para analizar cuál puede ser la vulnerabilidad de una población y adoptar las estrategias de afrontamiento necesarias ante un desastre. Asimismo, se explicarán las recomendaciones más aceptadas de actuación en caso de emergencia y las maneras de abordar la reconstrucción.

XII.a Conceptos

Se denomina continuo humanitario a la secuencia de actuaciones que se realizan antes y después de que suceda una catástrofe con objeto de reducir los impactos negativos de la misma. La situación social que se crea en estos casos se conoce habitualmente como emergencia. Hay muchas clasificaciones de las emergencias, destacando las emergencias crónicas, aquellas que se han convertido en el contexto habitual de vida de determinados países o regiones, y las complejas, en las que se dan cita diversas catástrofes con efectos interrelacionados sobre la población (Pérez de Armiño, 2000).

Las actuaciones que constituyen el continuo humanitario se ejecutan en comunidades y países que dirigen sus propios procesos de desarrollo, por lo que deben adecuarse a ellos. En algunos casos, una de las mejores formas es integrar la propia dinámica del continuo humanitario en la planificación de las estrategias de desarrollo (ver la Figura 74 con un esquema de los diferentes elementos involucrados). Por otro lado, cada vez es más habitual que la financiación de la cooperación internacional al desarrollo se canalice a través de las actuaciones de emergencia, lo que refuerza la necesidad de integrar elementos de la visión humanitaria en la del desarrollo. Y por último, es relevante destacar la elevada especificidad necesaria para ciertas tareas propias de la ayuda humanitaria, lo que provoca una diferenciación bastante clara de los actores que participan en ella.

Preparación

Desastre

Rescate Asistencia Prevención y mitigación Vulnerabilidad

Catástrofe Natural o Antrópica Conflictos, Violencia Reconstrucción Rehabilitación

DESARROLLO

Ayuda de

Ayuda de

emergencia

emergencia

Gestión

Gestión

del riesgo

del riesgo

EMERGENCIA

Figura 74 Irrupción de la emergencia en los procesos de desarrollo. Fuente: Elaboración propia.

Los conceptos de desastre, catástrofe, grado de vulnerabilidad y estrategias de afrontamiento, que se describen a continuación, mantienen la siguiente relación (Stephenson, 1991):

Desastre = Catástrofe + Vulnerabilidad – Estrategias de Afrontamiento

Desastre

Un desastre es una grave perturbación del funcionamiento de la sociedad que causa amplias pérdidas humanas, materiales o medioambientales que exceden de la capacidad de la sociedad afectada para afrontarla utilizando sólo sus propios recursos. Se trata de una perturbación concen- trada en el espacio y en el tiempo. Consiste en el impacto, es decir, en las consecuencias humanas, sociales y económicas de la crisis. Estas consecuencias normalmente son más graves en caso de conflictos violentos que de desastres naturales, y pueden plasmarse de diferentes formas: Hundi- miento de las fuentes de ingreso, hambruna, epidemias, aumento de la mortalidad, éxodo poblacional, desestructuración social, alteración de las normas éticas y sociales.

Los impactos de los desastres sobre el desarrollo son amplios, pudiéndose clasificar en: Económicos:

• Efectos directos sobre los bienes materiales de la población afectada.

• Efectos indirectos debidos a la reducción de la producción y a la prestación de servicios.

• Efectos secundarios a mediano y largo plazo: disminución de la tasa de crecimiento y afectación al desarrollo económico.

Políticos:

• Aparición de nuevos y viejos conflictos de intereses.

• Evidencia de las debilidades y las fracturas del poder dominante.

• Evidencia de debilidades y potencialidades. Sociales y culturales:

• Los desastres pueden producir efectos sobre la salud de las personas: físicos, psicológicos o emocionales, socio-económicos y culturales. Los impactos psicológicos son más duraderos en el caso de desastres causados por el ser humano (García y Gil, 2004).

Catástrofe

Una catástrofe es un evento extremo (natural o antrópico, esto es, provocado por el hombre) que puede afectar a un determinado lugar en un determinado momento, con mayor o menor grado de intensidad, y que puede actuar como detonante de un desastre. Una catástrofe no siempre implica un desastre.

Las catástrofes se clasifican en dos grupos, las de evolución rápida, que se manifiestan súbitamente y de manera imprevisible. Son catástrofes de este tipo los terremotos, las inundaciones y los huracanes, entre otras, y las de evolución lenta, que aparecen de manera gradual. Entre ellas podemos citar la sequía, la hambruna y diferentes tipos de conflictos.

Vulnerabilidad

La vulnerabilidad es la capacidad que tiene una sociedad para afrontar una catástrofe. No todas las sociedades ni grupos sociales disponen de las mismas capacidades para enfrentarse a estas situaciones: La población de Centroamérica es mucho más vulnerable que la sociedad de Florida para hacer frente a un huracán. Un terremoto de grado 7 en San Salvador, Turquía o Argelia ocasionará un desastre social mucho más grave que en Seattle.

Se define el grado de vulnerabilidad de un grupo humano como el principal determinante de que una catástrofe natural o humana pueda desencadenar un desastre. Es la suma de catástrofe y grado de vulnerabilidad la que provoca la aparición de un desastre.

Una sociedad es más o menos vulnerable en función del nivel de exposición física a los distintos tipos de catástrofes y por el nivel de acceso a los recursos. Entre los factores que propician la vulnerabilidad encontramos:

• Pobreza (de ingresos y de reservas).

• Inseguridad del sistema de sustento.

• Indefensión.

• Desprotección personal.

• Falta de capacidades físicas y psicológicas.

• Falta de conocimientos y de calificaciones técnicas.

• Dificultad para ejecutar estrategias que minimicen los impactos negativos.

• Desprotección social.

• Debilidad de las redes sociales, ya sean informales, del tercer sector o gubernamentales. Estrategias de afrontamiento

Las estrategias de afrontamiento reducen la probabilidad de que las catástrofes lleguen a desembo- car en desastres y explican la elevada capacidad de adaptación de los sistemas sociales a las catástrofes, minimizando los impactos de las mismas.

Algunas estrategias, por orden de aplicación, son:

• Acumulación de reservas.

• Reducción de gasto y consumo (cambio de dieta, alimentos silvestres).

• Sobreexplotación de recursos.

• Nuevas fuentes de ingresos (diversificación).

• Venta de reservas y bienes no productivos.

• Búsqueda de ayuda familiar o comunitaria.

• Endeudamiento.

• Venta de recursos productivos.

• Éxodo.

Riesgo

Se define como la probabilidad de que ocurra un desastre y que resulte un determinado nivel de impacto en un lugar concreto. Se asocia habitualmente a un fenómeno concreto; a veces se mide en pérdidas económicas. El riesgo se puede entender como producto de la vulnerabilidad por la amenaza, que es la probabilidad más o menos concreta de que un fenómeno de origen natural o humano se produzca en un determinado tiempo y en una determinada región. Se puede alcanzar un mismo nivel de riesgo con una población muy vulnerable y poco nivel de amenaza, o con una población muy poco vulnerable y una amenaza elevada.

El riesgo abarca un espectro muy amplio de la actividad humana, y, como muestra la Figura 75 puede afectar tanto en aspectos de carácter individual o familiar, hasta a un país o región entera (desde los riesgos para la salud de las personas a los de inestabilidad política o económica).