Desde 1990 el PNUD promueve activamente el concepto de desarrollo humano, en especial a través de la publicación de su informe anual sobre la situación mundial al respecto, además de publicar cada vez más informes nacionales y regionales. Estos informes han logrado poner en primer plano internacional diferentes aspectos del desarrollo, más allá del crecimiento económico, Suponiendo un contrapunto a las únicas estadísticas amplias sobre desarrollo disponibles hasta la fecha, los informes del Banco Mundial en función de la RpC (Renter, 2001).
El Informe se ha centrado cada año en temas diferentes y ha presentado nuevos conceptos, criterios e indicadores, siempre con la preocupación de situar a las personas como sujetos activos del proceso de desarrollo. A continuación se citan las principales características de los informes de la década de los noventa, así como algunos de sus indicadores más relevantes.
1990. Concepto y medición del desarrollo humano. Contiene las bases teóricas y presenta los indicadores básicos como un enfoque novedoso respecto a los criterios exclusivamente económicos de los informes del Banco Mundial para indicar los grados de desarrollo.
1991. La financiación del desarrollo humano. Propone la reestructuración de los actuales presupuestos de ayuda al desarrollo porque entiende que en ellos se ofrecen suficientes recursos para financiar los servicios sociales básicos para todas las personas y que es la falta de voluntad política más que la escasez de recursos financieros lo que impide alcanzar ese objetivo.
1992. Las dimensiones internacionales del desarrollo humano. La tesis central es que para conseguir el acceso equitativo de oportunidades que ofrece el mercado hay que extender el campo de acción más allá de las fronteras nacionales y plantearse el sistema global. Destaca las diferencias económicas entre la población más rica y la más pobre, que se han doblado en las tres últimas décadas, y denuncia que aquello que resulta inaceptable política y socialmente para cualquier país, se acepta sin embargo en el ámbito global.
1993. La participación popular. Denuncia que muy pocas personas tienen la oportunidad de participar plenamente en la vida económica y política de sus países. Las propuestas políticas deben asegurar que la gente participe plenamente en los mercados y que sus beneficios se distribuyan equitativamente. Se necesita de nuevos modelos de gobierno nacional y global para poder integrar las aspiraciones crecientes de las personas. La creciente ola de participación popular debe canali- zarse hacia la fundación de una nueva sociedad humana, en la que las personas tomen por fin el destino en sus manos.
1994. La seguridad humana. Sostiene que el concepto tradicional de seguridad debe modificarse en el período posterior a la Guerra Fría y ahora debe interpretarse como la seguridad de las personas en sus vidas cotidianas. La seguridad humana debe mirarse como universal, global e indivisible. 1995. La cuestión de género. Plantea las múltiples dimensiones de las desigualdades en función del género, como una aportación a la Conferencia Mundial de Beijing que tuvo lugar ese año. Propone dos nuevos indicadores: el índice de desarrollo relativo al género (IDG) y el índice de potenciación de género (IPG).
El IDG penaliza la desigualdad entre hombres y mujeres, de manera que su valor disminuye cuando aumenta el grado de disparidad entre el adelanto de los unos frente a las otras. El IDG utiliza las mismas variables que el IDH, pero ajusta los resultados para ser sensible a la disparidad entre el adelanto de mujeres y hombres en el logro de las capacidades básicas de salud, educación e ingreso. La Figura 22 muestra la posición relativa de los distintos países según el IDG. Destaca, comparando con la Figura 1 la posición inferior de los países con fuerte presencia musulmana de África y Ásia.
Por su parte, el Índice de Potenciación de Género (IPG) pretende captar la desigualdad de género en esferas clave de la participación económica y política y de la adopción de decisiones. Así, se centra más en las oportunidades que se ofrecen a las mujeres que en sus capacidades. En cierta forma, el IPG resulta más un indicador de empoderamiento que de bienestar. Para ello se utilizan como indicadores el porcentaje de participación de mujeres y hombres en puestos administrativos y ejecutivos y el porcentaje de participación en empleos profesionales y técnicos; y también, para recoger la participación política, el porcentaje de mujeres y hombres en los escaños parlamentarios. 1996. Crecimiento económico y desarrollo humano. Sostiene que el crecimiento económico debe ser gestionado de manera adecuada para que no vaya en detrimento del desarrollo humano. Con el fin de conseguir sostenibilidad, desarrollo humano y reducción de la pobreza, la calidad del creci- miento es tan importante como la cantidad. Uno de los factores clave para conseguir avances en los dos ámbitos que identificó el informe es el empleo. Deben desarrollarse nuevos modelos de crecimiento y mecanismos que integren a los más débiles y vulnerables en la expansiva economía global
1997. Desarrollo humano para erradicar la Pobreza. Analiza la situación de la pobreza en el mundo y propone el índice de pobreza humana (IPH). El IPH mide la privación en cuanto al desarro- llo humano. De esta manera en tanto el IDH mide el progreso general de un país en cuanto a lograr el desarrollo humano, el IPH refleja la distribución del progreso y mide el retraso de privación que sigue existiendo.
Figura 22 Posición de los países según el IDG. Fuente: PNUD (2003)
Figura 23 Comparativa entre la Renta per Cápita, el IDH y los IPH para distintos países. Fuente: PNUD (2003).
Los Índices de Pobreza Humana (IPH) considera tres indicadores: porcentaje de gente que se estima que morirá antes de los 40 años; porcentaje de adultos analfabetos; y dos indicadores para la última dimensión, el acceso a servicios de salud y agua potable, y el porcentaje de menores de 5 años desnutridos (frente al indicador del BM que pone el umbral de la pobreza por debajo del ingreso de 1 dólar por día. Así, para el año 1997, la pobreza humana, medida por el IPH, afectaba a una cuarta parte de la población de los países en desarrollo, mientras que la pobreza según el ingreso alcan- zaba a la tercera parte de esa población.
El PNUD considera que no es posible lograr un índice de pobreza humana que sea igualmente válido para todos los países, pues los factores contextuales son relevantes. El IPH se prepara entonces separadamente para los países en desarrollo (IPH-1) y para los países industrializados (IPH-2). Ya que la privación humana varía con las condiciones sociales y económicas de una comunidad y para aprovechar la mayor disponibilidad de datos respecto de esos países.
En el IPH-2 se utilizan las mismas medidas que en el IPH-1 sobre la supervivencia y los conoci- mientos, si bien se utilizan niveles más exigentes para considerar cuándo hay pobreza. En cuanto a supervivencia, se considera que hay privación cuando se estima que las personas no sobrevivirán hasta los 60 años; y respecto a los conocimientos, cuando se da la situación de analfabetismo funcional (carecer de la capacidad para leer y escribir adecuada a las exigencias más fundamentales de la sociedad moderna, como leer las instrucciones de un frasco de medicamentos o leer cuentos).
Donde se introducen modificaciones es en la forma de medir la privación de aprovisionamiento económico, al considerar que existe privación cuando las personas disponen de un ingreso inferior al 50% de la media de la sociedad, y en la introducción de la exclusión social como nueva referencia de la privación humana, que se define como el desempleo de largo plazo, a partir de 12 meses de duración.
En la Figura 23 se puede comprobar cómo dos países con RpC semejantes (Vietnam y Pakistán) pueden tener valores diferentes del IDH (más alto en Vietnam); y cómo países con valores semejan- tes del IDH (EEUU y Noruega, y Uganda y Tanzania) pueden tener valores de IPH también diferentes (mayores en EEUU y Uganda).
1998. Cambiar las pautas actuales de consumo para el desarrollo humano del futuro. Los elevados índices de consumo y producción, el poder y el potencial de la tecnología y la información presentan grandes oportunidades. Este informe se plantea el reto de la humanidad y de sus líderes para alcanzar unos avances más humanos y equitativos tras un siglo de gran expansión material. 1999. La globalización. La globalización de los mercados, de la tecnología, de las ideas y de la solidaridad puede enriquecer la vida de las personas. Se trata de conseguir que los beneficios se repartan de manera equitativa y que la creciente interdependencia sea a favor de las personas. Los mercados pueden ir demasiado lejos y ahogar las actividades ajenas al mercado pero vitales para el desarrollo humano, como por ejemplo los servicios sociales. Otro ejemplo es la escasez de tiempo, que reduce la calidad de determinados cuidados, o la presión que ejerce el sector económico sobre el medio ambiente. La globalización también incrementa la inseguridad, el crimen global o las enfermedades
2000. Los Derechos Humanos y el desarrollo humano. Los Derechos Humanos y el desarrollo humano comparten una misma visión y un mismo objetivo: garantizar, para todo ser humano, libertad, bienestar y dignidad. Divididos por la Guerra Fría, el programa de los derechos humanos y el programa de desarrollo han marchado por caminos paralelos. En momentos de convergencia, sus estrategias y tradiciones diferentes pueden dar un nuevo ímpetu a la lucha por la libertad humana. En este Informe se tratan los Derechos Humanos como parte intrínseca del desarrollo, y se trata el desarrollo como medio para realizar los Derechos Humanos. Se muestra cómo éstos aportan los principios de responsabilidad y justicia social al proceso del desarrollo humano.
2001. Poner el adelanto tecnológico al servicio del desarrollo humano. Este informe contiene un análisis de las posibilidades que la biotécnica y la tecnología de la información y las comunicaciones ofrecen a los países en desarrollo. Sostiene que las nuevas tecnologías pueden desempeñar una función importantísima para reducir la pobreza mundial, y rechaza la opinión de que la tecnología es principalmente un lujo de la población de los países ricos. Además de evaluar el adelanto tecnológico de 72 países, el Informe examina de manera novedosa temas controvertidos, incluidos los alimentos modificados genéticamente, la propiedad intelectual (incluidos los derechos sobre los medicamentos contra el SIDA) y la fuga de cerebros.
2002. Política, gobernabilidad democrática y desarrollo humano. Este informe ofrece un análisis acerca del papel que desempeña la política en el logro del desarrollo humano. Se subraya la importancia de las libertades políticas como objetivo de desarrollo humano, y se examinan los posibles modos en que las instituciones democráticas pueden ayudar al fomento del progreso social y el crecimiento económico equitativos. Se asevera en el Informe que la segunda etapa de reformas democráticas, a raíz de las oleadas democráticas de los decenios de 1980 y 1990, debería consistir en la intensificación del perfil democrático, es decir, confiriendo a los ciudadanos un mayor protago- nismo y voz en el proceso de elaboración de políticas nacionales y mundiales. Se examinan las nuevas formas de participación que aparecen por conducto de la sociedad civil, así como la creciente influencia de las redes de organizaciones no gubernamentales en el mundo.
2003. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El informe presenta un nuevo plan de acción detallado para cumplir los Objetivos: el Pacto de Desarrollo del Milenio. En él se recomienda, entre otras medidas, adoptar reformas políticas de amplio alcance en los países en desarrollo, que deben ir acompañadas de una mejora del acceso al comercio y de mayores compromisos de ayuda por parte de los estados ricos.