MISNÁ
Si alguien provoca un incendio que consume el bosque, las piedras o la tierra, está obligado a indemnización, pues está escrito (Ex 22, 6): «Si se declara fuego, arrasando las zarzas y una rueda de molino o la cosecha que está por segar o el campo del prójimo, el autor del incendio estará obligado a pagar».
GUEMARÁ
1 Lección pronunciada en París, el 9 de noviembre de 1975, dedicado a la Guerra y a su lugar en la
tradición judía. Se abordaba cómo coexiste una liturgia eminentemente pacifista con la realidad bélica feroz en el Estado de Israel del momento. En septiembre de 1975 se había firmado el Acuerdo de paz egipcio-israelí. Por otra parte, los intelectuales judíos comprobaban que la práctica terrorista de la O. L. P. era aceptada, e incluso aplaudida, desde el progresismo occidental, del que ellos mismos formaban parte.
Ravah dice: ¿Por qué el Misericordioso escribe zarzas, rueda de molino, cosecha por segar y campo? Esto es indispensable. Si el Misericordioso no hubiese escrito zarzas; se podía haber creído que Él no exige reparación más que por las zarzas que están especialmente expuestas al fuego y con respecto a las cuales con frecuencia uno hace reo por negligencia; en cambio, Él no obligaría a indemnización por una rueda de molino a la que el fuego raramente devora y con respecto a la cual se toman siempre precauciones. Si el Misericordioso no hubiese escrito más que rueda de molino, se habría podido creer que Él no hace responsable a nadie mientras una rueda de molino no arda y donde el daño se grande, pero que exigiría responsabilidad cuando se trata de unas zarzas cuyo daño es poco relevante.
¿Porque entonces menciona las mies sin cosechar? Al igual que uno es responsable frente al trigo todavía en pie, que está expuesto a la vista, del mismo modo uno es responsable de todas las cosas expuestas a la vista. Pero entonces por qué es nombrado por Rabí Yehudá el trigo sin cosechar si él piensa que se es responsable de los estragos que causa el fuego incluso de las cosas que están de pie (que sostiene la tierra). ¿Cómo deducen, pues, los doctores la responsabilidad por todo lo que está en pie? La deducen de la conjunción «o» («o la cosecha en pie»). ¿Qué significa esa «o» para Rabí Yehudá? Le sirve para dividir (Volver obligatorio el resarcimiento incluso cuando se trate de una porción de daños enumerados). ¿Qué es eso que permite dividir según los Rabinos? La segunda conjunción «o» («o el campo del prójimo»).
¿Qué hace con esta (segunda) «o» Rabí Yehudá? A partir de él será el par de la «o» de la cosecha en pie. ¿Por qué se evoca al campo? Para incluir (en la indemnización) el caso donde el fuego haya lamido a los surcos y calcinado las piedras.
El Misericordioso ¿Habrá Podido escribir campo y ser dispensado de citar todo lo demás? El resto es necesario: si Él no hubiese escrito más que campo, se podría haber pensado que para los productos del campo habría con todo derecho una reparación, pero no para las otras cosas. Que uno es también responsable de todo lo restante, he ahí lo que nos viene a hacer comprender.
David Simón bar Na´hmani en nombre de Rabí Yonatán dice: Las pruebas no golpean al mundo mas que a causa de los malvados que hay en le mundo, pero ellas empiezan por zarandear por los justos, pues se ha dicho: «Si el fuego estalla y encuentra las zarzas». ¿Cuándo estalla el fuego? Cuando se topa con las zarzas; pero él no empieza a devorar si no es por los justos, pues se ha dicho: «Y una rueda de molino se encuentra devastada»; no se ha dicho: «Cuando él devora la rueda de molino» si no que se ha dicho: «Cuando la rueda de molino se encuentra devastada» es que ella está desde ahora y para siempre devorada.
Reb Yosef enseña: Está escrito (Ex 12, 22): «Que ninguno entre vosotros franquee su umbral hasta el amanecer»; en cuanto le sea dada la libertad al ángel exterminador, ya no distinguirá entre justos e injustos; todavía mejor, comenzará por los justos, pues está escrito (Ez 21, 8): «Extirparé de ti justos e impíos». Entonces Reb Yosef llora: ¡Y un versículo como éste por añadidura! ¡Aquellos (los justos) no cuentan para nada! Abbaye le dice: Aquello es un favor para ellos, pues se ha dicho (Is 57, 1): «el justo es arrebatado antes de que la desdicha estalle».
Rabí Yehudá dice en nombre de Rab: Es una norma, es preciso no entrar en pleno día en un albergue y retomar el camino a pleno día, pues se ha dicho (Ex 12, 22): «Que ninguno entre vosotros franquee el umbral de la morada hasta el amanecer».
Hay una baraita: si hay una epidemia en una ciudad, detén tus pasos antes de entrar allí, pues se ha dicho: «Que ninguno de vosotros franquee el dintel hasta la mañana» y además se ha dicho (Is 26, 20): «Vete, pueblo mío, entra en tus cámaras y cierra tu puerta tras de ti, escóndete, un instante hasta que pase la ira»; y también se ha dicho (Deut 32, 25): «Por fuera la espada sembrará orfandad, y por dentro reinará el espanto».
¿Por qué este además? Se podría creer que todo esto se aplica a la noche pero no al día. He aquí por qué se ha dicho: «Vete, pueblo mío, entra en tus
cámaras y cierra la puerta tras de ti». Pero también se podría creer que todo esto no vale si no es porque en el interior (dentro) de la casa no hay terror y que, si dentro había terror, hubiese sido mejor acogerse a la sociedad de las gentes. Es por esto que se dice: Fuera la espada sembrará orfandad. Incluso si en el interior hay terror, fuera la espada hará víctimas. Ravah tapiaba las ventanas (de su casa) en la época de la epidemia, pues se ha dicho (Jer 9, 20): «La muerte ha trepado por nuestras ventanas».
Existe una baraita: si el hambre ha entrado en la ciudad, dispersa (aleja) tus pasos, pues se ha dicho (Gen 12, 10): «Hubo hambre en el país, y Abraham bajó a Egipto a pasar allí una temporada». Además se ha dicho (II Re 7, 4): «Si nos decidimos a entrar en la ciudad, mientras allí reine el hambre, nos moriremos». ¿Para qué sirve ese además? Se habría podido creer que eso (huir del hambre) no es válido más que si, en el lugar al que uno va, no hay peligro que amenace la vida; pero que eso no sería válido en el caso en que la emigración entrañe un peligro, es por ello que se ha dicho: «Y bien, arrojémonos sobre el campamento asirio: si nos permiten vivir, viviremos».
Existe una baraita: Si el ángel de la muerte está en la ciudad, no se debe caminar por las calles, porque el ángel de la muerte circula por en medio de la calle: beneficiándose de la libertad que ha sido otorgada, camina públicamente; si la ciudad está en paz, no es preciso caminar por la orilla de las calles porque, al no disfrutar de libertad, el ángel de la muerte avanza emboscándose.
Existe una baraita: Si la epidemia entra en la ciudad, no es necesario aislarse en la casa de la oración, porque es allí donde guarda su material el ángel de la muerte; pero esto, sin embargo, sólo es cierto cuando, se trate de un lugar donde los niños de escuela no lean las Escrituras y donde no haya diez personas para hacer la oración.
Hay una baraita: Si aúllan los perros, es porque el ángel de la muerte merodea en la ciudad; si los perros están contentos, es que Elías ha entrado en la ciudad. ¡Pero esto a condición de que entre ellos no haya ninguna perra!
Reb Assi y Reb Ami estaban sentados delante de Rabí Yisjaq el Herrero. Uno le pide que hable de la Halajá y el otro, de la Agadá. Cuando él inicia una halajá, el segundo se lo impide; cuando comienza una agadá, el primero le reprocha. Entonces él les dijo: Os voy a contar una parábola. Esto es comparable a un hombre que tenía dos mujeres, una joven y otra vieja; la joven le arrancaba los cabellos blancos, y la vieja los cabellos negros: hasta le punto de que se volvió totalmente calvo. Y después les dijo: voy a contaros una historia que os gustará a ambos. Si un fuego se declara y quema unas zarzas, avanza por sí mismo; entonces, aquel que prenda fuego debe pagar. El Santo, bendito sea, dice: He encendido un fuego en Sión como estaba dicho (Lam 4, 11): «Él ha encendido un fuego en Sión que la ha devorado hasta sus cimientos» y la reedificaré un día con fuego, como se ha dicho (Zac 2, 9): «Y en torno a ella seré —oráculo de Yahvé— muralla de fuego y en medio de ella motivo de gloria». Así el que prenda fuego debe pagar. El Santo, bendito sea, dice: «He de pagar por el fuego que he encendido». Una halajá: en una indemnización a la cual se está obligado se comienza por las propiedades y se termina indemnizando el daño causado a la persona, a fin de mostrar que el daño causado por el fuego es similar al causado por la flecha.