De Lo Sagrado a Lo Santo

Texto completo

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De lo sagrado a lo santo

Cinco nuevas lecturas talmúdicas

Emmanuel Levinas

—Selección de textos lrcp—

P r e f a c i o

Las conferencias reunidas en este volumen fueron pronunciadas entre 1969 y 1975 en el transcurso de los Coloquios de Intelectuales Judíos de lengua francesa, organizados por la sección francesa del Congreso Judío Mundial.

Por otra parte, la presentación de los pasajes del Talmud —cuyo origen es de una enseñanza oral— la cual se conservó hasta en su mutación en tratados. Así, la presencia de la palabra viva; su apertura y desafío subyace en estos textos. Pero ésta no se resume con la palabra diálogo. Y es por tanto, un discurso que no se aproxima a ningún otro género literario, en cambio: el hablar talmúdico ocupa un lugar propio o privilegiado del que probablemente procede su representatividad modélica. ¿Se trata, de literatura que, por conversada, no se requiere escrita? No en sentido estricto; más bien, el hablar talmúdico desconfía de la retórica que, desde el fondo de todo lenguaje, yergue sus prestigiosas seducciones para urdir desde ahora la trama del texto.

Ésta, conversación que se torna así absolutamente fresca por su indiferencia incluso frente al estilo, es decir, a la escritura. Sobriedad que sobrepasa a la de numerosos exegetas modernos que, incluso, no siempre sospechan el grado de este estado de vigilia. También revelan estas cinco «lecciones talmúdicas» de muy diversas formas su escrúpulo, su humildad y el homenaje que rinde a una inteligencia y a una naturaleza extremas.

Es verdad que existen formas menos farragosas de acercarse al Talmud. El famoso «estudio de la Torá», es, para la piedad judía, el cumplimiento de una voluntad divina que vale tanto como la obediencia a todos los otros mandamientos juntos. Efectivamente, él ha conservado a Israel a través de los siglos. Está seguro de su marcha y de sus caminos. Caminos difíciles y complicados que exigen concentración, vigor lógico y dotes de invención.

Pero ni la seguridad de la piedad judía ni las «certidumbres» de la «ciencia del judaísmo» —Wissenschaft des Judentums— guían las «lecturas talmúdicas» que se proponen aquí. Somos menos impacientes que los historiadores y filólogos a la hora de des-construir el paisaje tradicional del texto que, durante más de un milenio, cobijó el alma del judaísmo disperso y uno.

Lo que ciertamente nos importa es interrogar a estos textos —a los que está unida, como a su suelo, la sabiduría judía— en función de nuestros problemas de hombres modernos.

El estudio tradicional no siempre «tematiza» las significaciones que así aparecen, o las toma por evidencias que «no necesitan explicación», siendo como es arrastrado por la dialéctica que las traspasa; o bien las dice en lenguaje o en un contexto que no siempre son audibles para los que permanecen fuera. Nosotros nos esforzamos por hablar de otra manera.

En estas lecturas nos importa poner de relieve la catarsis o la desmitificación de lo religioso que opera la sabiduría judía, y ello contra la interpretación de los mitos —antiguos o modernos— que recurre a otros mitos, frecuentemente más oscuros y más crueles, aunque luego estén más difundidos y pasen, por este hecho, por profundos, sagrados o universales. La Torá oral habla

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«en espíritu y verdad», incluso cuando parece triturar versículos y letras de la Torá escrita. Ella extrae de ahí el sentido ético como última inteligibilidad de lo humano e incluso de lo cósmico.

I

Judaísmo y revolución

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Texto del tratado Baba Meşia (83 a – 83 b)

MISNÁ

Aquel que contrata obreros y les dice que empiecen pronto su trabajo y terminen tarde, no podrá obligarlos a ello si el comenzar al amanecer y acabar entrada la noche no es conforme a la costumbre del lugar.

Allí donde la costumbre indica que se les dé alimento, el patrón está obligado a alimentarlos, allí donde quiere que se les sirva postre, deberá servírseles. Todo se regirá conforme a la costumbre del lugar.

Un día, Rabí Yojanán ben Mathia dijo a su hijo: «Ve y contrata obreros». Éste incluyó la comida entre las condiciones. A su vuelta, el padre le dijo: «Hijo mío, aunque les preparases una mesa igual a la que servía el rey Salomón, estarías en deuda con ellos, pues son los descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob. Antes que ellos comiencen el trabajo, ve y determina: no esperéis más que pan y legumbres secas».

Rabí Simón ben Gamaliel dice: «No era necesario que se lo dijese, pues uno se rige por todo por la costumbre del lugar».

GUEMARÁ

¿No es esto evidente? En el caso de que se le pagase un salario superior, se hubiese podido pensar qué podría decirles: «Os he cedido un salario más elevado, suponiendo que ibais a comenzar al amanecer y terminaríais tarde». Entonces nuestro texto nos enseña que ellos le podrían responder: «Nos has aumentado el salario para que nuestro trabajo sea más cuidadoso».

Res Laqis dijo: El obrero contratado toma de su tiempo para regresar a su casa; pero el llegar hasta el trabajo es tiempo del patrón, pues está escrito (Sal 104, 22-23): «Cuando el sol sale, se recogen (las bestias del campo) y van echarse en sus guaridas, el hombre sale a su trabajo para hacer su faena hasta la tarde». ¿Pero no se debería observar la costumbre? Se trata de una ciudad nueva. ¿No sería preciso saber de dónde proceden? Se trata de una población de orígenes diversos. Y, si quieres, podría decirse: que es para los casos donde se les haya dicho que se los contratará de acuerdo con la ley de la Torá.

Reb Zera enseñaba (otros dicen que fue Reb): está escrito: «Mandas Tú las tinieblas y es la noche» (Sal 104, 20), este mundo es comparable a la noche, la noche donde vagan todas las bestias del bosque (Sal 104, 22), son los malhechores en el mundo, comparables a las alimañas de la selva. Cuando el sol sale, se recogen y van echarse a sus guaridas puesto que el sol sale para los justos, los malhechores se retiran al infierno (o si bien, si se quiere leer «guarecerse en sus casas», se trataría de los justos, ningún justo carecería de morada, una morada adecuada a su dignidad). «El hombre sale a su trabajo»: los justos recibirían su recompensa; «Aquel que hace su faena hasta la tarde»: aquel que ha sabido desempeñar su tarea hasta la tarde.

Un día Rabí Elazar ben Rabí Simón encontró a un funcionario encargado de apresar a los ladrones. ¿Cómo puedes saber de ellos? ¿No se parecen a los brutos? Pues se ha dicho: «En ella bullen todas las bestias de la selva». Según otro, Él habría interpretado otro versículo (Sal 10, 9): «al asecho como el león

1Lección pronunciada en París, el 16 de marzo de 1969. A pocos meses de la revuelta de Mayo del 69; la

guerra de Vietnam, se está librando en el sureste asiático; el presidente de los EE. UU., John F. Kennedy, ha sido asesinado. En esas fechas diversos grupos armados israelíes, más o menos oficiales, se enfrentan duramente al problema terrorista palestino.

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en su guarida». ¿Y si atrapas a un justo y permites huir a un malhechor? El funcionario respondió: «Qué puedo hacer, son órdenes del rey». Entonces Rabí Elazar ben Rabí Simón responde: «Ven, voy a enseñarte cómo proceder. Ve alrededor de las cuatro (las 10 de la mañana) a la taberna. Si ves un bebedor de vino que tiene entre sus manos una copa mientras dormita, ¡entérate! Si es un sabio, es que se ha levantado muy pronto para estudiar; si es un jornalero, es que ha ido al amanecer a su trabajo; si es alguien que trabaja por la noche, puede haber fabricado agujas (los trabajadores nocturnos existían ya y su trabajo consistía en fabricar agujas), no ha acudido a su trabajo de día pero ya ha trabajado durante toda la noche, pero si no es ninguno de éstos, entonces es un ladrón y puedes detenerlo». Cuando esto llegó a oídos del rey, se dijo: «el lector del mensaje puede servir de mensajero». Se buscó a Rabí Elazar. Y que éste detuviese a los ladrones. Desde entonces Rabí Yehosúa bar Korha le decía: «Vinagre, hijo del vino, ¿Por cuánto tiempo llevarás la muerte al pueblo de nuestro Dios?». Rabí Elazar le respondía: «Yo separo las espinas de la viña». El otro le replicaba: «Deja que venga el propietario de la viña y que él mismo separe las espinas de su viña».

Un día un lavandero le reconoció y le llamó: «¡Vinagre, hijo del vino!» Rabí Elazar dijo: «Insolente, como es, probablemente será un malhechor». Y dio orden de detenerlo. En cuanto se hubo calmado, fue a liberarlo, pero no fue posible. Entonces dijo a propósito de sí mismo (Prov 21, 23): «El que guarda su boca y su lengua, se guarda de muchos tormentos». Cuando lo ahorcaron, el (Rabí Elazar), lloraba al lado del cadalso.

Entonces le dijeron: «Maestro, cálmate, el propio día del Gran Perdón él (el lavandero) y su hijo mantuvieron relaciones culpables con la prometida de un tercero». Golpeándose a sí mismo dijo:

«Restauraos, entrañas mías, si aquellos que nos parecen dudosos lo son, como es sin duda el presente caso. Estoy seguro que la plaga no ejercerá su poder sobre vosotras». Pero ni con eso se tranquilizó; tuvieron que darle un somnífero, etc.

Y a Rabí Ismael ben Rabí José le ocurrió lo mismo. Un día el profeta Elías lo encuentra y le dice: «¿Hasta cuándo entregarás a la muerte al pueblo de nuestro Dios?». Él responde: «Qué puedo hacer, es orden del rey». Elías le dijo: «Tu padre huyó a Asia, huye tú a Lacedemonia».

Judaísmo y revolución

El título de la lección de Emmanuel Levinas, que vale mejor a sus propósitos en su totalidad es: Judaísmo y revolución. El sentido que da a esta conjunción que vincula a las dos palabras del título se abrirá paso en el curso del comentario. ¿Comentario o interpretación? ¿Lectura del sentido en el texto o del texto en el sentido? ¿Obediencia o audacia?¿Caminar en seguridad u optar por el riesgo? En cualquier caso ni paráfrasis ni paradoja; ni filología ni arbitrariedad.

Nos encontramos ante un texto medieval. La Edad Media tiene un inicio y un final: 395-1453, La Misná fue redactada a finales del siglo II de nuestra era, es decir a finales de la Antigüedad, y el fin de la Antigüedad es un periodo venerable. HASTA EL SIGLO II DE LA ERA PROFANA, TODAS LAS COSAS HABÍAN SIDO PENSADAS. SÓLO RESTABAN PONER LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES. Por otra parte, la Guemará, es más tardía; pero al principio de la Edad Media muchas de las bellas tradiciones de la antigüedad permanecían vivas.

EL OBRERO QUE NO CONTRATA

Aquel que contrata obreros y les dice que empiecen pronto su trabajo y terminen tarde, no podrá obligarlos a ello si el comenzar al amanecer y acabar entrada la noche no es conforme a la costumbre del lugar.

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Allí donde la costumbre indica que se les dé alimento, el patrón está obligado a alimentarlos, allí donde quiere que se les sirva postre, deberá servírseles. Todo se regirá conforme a la costumbre del lugar.

La Misná AFIRMA LOS DERECHOS DE LA OTRA PERSONA, tanto más cuanto ésta se encuentra en situación de inferioridad y peligro para su libertad. Nuestro texto enseña que NO TODO SE PUEDE COMPRAR O VENDER. La libertad de negociación tiene límites que se imponen en el propio nombre de la libertad. LO QUE CUENTA ES EL PRINCIPIO MISMO DE LOS LÍMITES IMPUESTOS A LA LIBERTAD, PARA MAYOR GLORIA DE LA LIBERTAD.

Un texto sindicalista antes de tiempo, ciertamente. La naturaleza de los límites impuestos está fijada por la costumbre y evoluciona con la costumbre. PERO LA COSTUMBRE, SUPONE YA UNA RESISTENCIA A LO ARBITRARIO Y A LA VIOLENCIA. Su generalidad es tribal y un poco infantil, pero es una generalidad, matriz de la universalidad y de la Ley. Sublime materialismo que se preocupa por el postre. El alimento no es el carburante de la máquina humana, el alimento es comida.

Este texto viene a defender realmente al hombre. Humanismo auténtico, humanismo materialista. Los corazones se abren fácilmente a la clase obrera; con más dificultad los monederos. Y lo que más difícil se abren son las puertas de nuestras propias casas. En el pasado mes de mayo se acogieron a los desheredados, preferentemente en las universidades.

Nuestro viejo texto afirma el derecho de la persona. «El hombre es el bien supremo para el hombre» y que «para que el hombre sea el bien supremo para el hombre es necesario que sea verdaderamente hombre»; o que se pregunta: ¿Cómo el hombre, amigo del hombre, ha podido, dadas determinadas condiciones, hacerse enemigo del hombre? Esto, muy bien, se puede explicar por la estructura económica al ser dejada a su propio determinismo. ASÍ MISMO nuestra Misná pretende imponer un límite a la arbitrariedad de la economía y a esta alienación.

Señalemos todavía un detalle de la tesitura en la que se sitúa aquí la Misná, CARACTERÍSTICA DEL HUMANISMO JUDÍO: el hombre cuyos derechos conviene defender es, en principio, el otro hombre y no únicamente yo mismo. No es el concepto «hombre» lo que está en la base de este humanismo, ES EL PRÓJIMO .

UN DERECHO INFINITO

Un día, Rabí Yojanán ben Mathia dijo a su hijo: «Ve y contrata obreros». Éste incluyó la comida entre las condiciones. A su vuelta, el padre le dijo: «Hijo mío, aunque les preparases una mesa igual a la que servía el rey Salomón, estarías en deuda con ellos, pues son los descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob. Antes que ellos comiencen el trabajo, ve y determina: no esperéis más que pan y legumbres secas».

He aquí algunas indicaciones sobre la extensión del derecho del prójimo: es un derecho prácticamente infinito. Si yo dispusiera de los tesoros del rey Salomón, no alcanzaría cumplir mis obligaciones. La Misná pone un prójimo que desciende de Abraham, Isaac y Jacob —pero en ello no implica ninguna idea racista. Porque: cada vez que se hace referencia a Israel en el Talmud, ciertamente uno es libre de entender por ello que se refiere a un grupo étnico particular que, de hecho, habrá alcanzado probablemente un destino incomparable. ACASO SE HABRÁ OLVIDADO QUE ISRAEL SIGNIFICA PUEBLO QUE HA RECIBIDO LA LEY Y, EN CONSECUENCIA, UNA HUMANIDAD LLEGADA A LA PLENITUD DE SUS RESPONSABILIDADES Y DE LA

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CONCIENCIA DE SÍ MISMA. Los descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob, son la humanidad que ya no es infantil.

Delante de una humanidad que es consciente de sí misma y que ya no tiene necesidad de ser educada, nuestros deberes son ilimitados.

LOS OBREROS PERTENECEN A ESTA HUMANIDAD PERFECCIONADA, a pesar de la inferioridad de su condición y lo grosero de su profesión. Más, cosa curiosa: la humanidad, sin embargo, no se define por su proletariado.

COMO SI TODA ALIENACIÓN NO FUESE SUPERADA POR LA CONCIENCIA que la clase obrera pueda deducir de su condición de clase y de su lucha; como si la conciencia revolucionaria no fuese suficiente para la desalineación; como si la noción de Israel, pueblo de la Torá, pueblo viejo como el mundo y como la humanidad perseguida, llevase en sí una universalidad más alta que la de una clase explotada y en lucha; como si la violencia de la lucha fuese ya una alienación.

LOS DESCENDIENTES DE ABRAHAM

¿Qué puede significar descendencia de Abraham? Recordemos la tradición bíblica y talmúdica relativa a Abraham ¿Padre de los creyentes? En efecto. Pero sobre todo aquél que ha sabido recibir y alimentar a los hombres: aquel cuya tienda estaba abierta a los cuatro vientos. Por cada una de sus aberturas asechaba a los caminantes para acogerlos. ¿La comida ofrecida por Abraham? Una de ellas nos es especialmente conocida: aquella que ofreció a los tres ángeles. Pero Abraham ha debido tomar a los tres caminantes —no por ángeles— sino por tres beduinos, tres nómadas el desierto de Néguey. ¡Tres árabes, entonces! Corre delante de ellos llamándoles «Señores míos». LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM, HOMBRES A QUIEN EL ANCESTRO LEGA UNA DIFÍCIL TRADICIÓN DE DEBERES PARA CON EL PRÓJIMO, QUE NUNCA SE ACABA DE CUMPLIR, UN ORDEN JAMÁS ABANDONADO Y DONDE EL DEBER TOMA ANTE TODO FORMA DE OBLIGACIONES PARA CON EL CUERPO, EL DEBER DE ALIMENTAR Y DAR COBIJO. Definida así la descendencia de Abraham es toda nación: todo hombre verdaderamente hombre es probablemente descendiente de Abraham.

Aquí, incluso, ¡si ofreciese a los obreros contratados las comidas del rey Salomón, no saldaría su deuda con ellos!

El rey Salomón en su magnificencia. La Biblia narra cómo eran de extraordinarios los festines ofrecidos al pueblo enumerando la cantidad de reses sacrificadas al efecto. El Talmud puja alrededor de las cifras de la Biblia alusivas a la cantidad de viandas que cada una de las mujeres del rey preparaba cada tarde, en la esperanza de recibirlo a cenar. Salomón tenía trescientas mujeres legítimas y setecientas concubinas. Calculemos el gasto de tal tren de vida. Pues bien, no sería suficiente para asegurar la alimentación de los obreros, descendientes de Abraham, que uno contrata. La extensión de las obligaciones al cuidado de los hombres, plenamente hombres, no tiene límites. Tal vez sea mejor considerar que: «las necesidades materiales de mí prójimo son necesidades espirituales para mí».

Es así que nuestro texto aporta una preciosa alusión. Todo el esplendor del rey Salomón no sería suficiente para asegurar la dignidad a la descendencia de Abraham.

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Hay más en la familia de Abraham que en las promesas del Estado. Es importante dar, pero todo depende de la manera. No será por el Estado y por el progreso político de la humanidad como será satisfecha la persona —lo que no excluye, ciertamente, al Estado de las condiciones necesarias para esta satisfacción. Pero la familia de Abraham fija las normas. La idea vale lo que vale, está sugerida por el texto.

¡Qué los adoradores del estado que proscriben la supervivencia del particularismo judío no se enfaden!

EL CONTRATO

Lo que está claramente contenido en las líneas comentadas es que todo comienza por el derecho del otro y por mi obligación infinita para con él.

LO HUMANO ESTÁ POR ENCIMA DE LAS FUERZAS HUMANAS. LA SOCIEDAD SEGÚN LAS FUERZAS DEL HOMBRE no es más que la limitación de este derecho y de esta obligación. EL CONTRATO NO PONE FIN A LA VIOLENCIA DEL OTRO, a un orden —o un desorden— donde el hombre es lobo para el hombre. En le bosque de los lobos no puede introducirse ley alguna. ALLÍ DONDE EL OTRO ES PRINCIPIO, INFINITO PARA MÍ, SE PUEDE EN CIERTA MEDIDA —Y SÓLO EN CIERTA MEDIDA— LIMITAR LA EXTENSIÓN DE MIS DEBERES.

Dentro del contrato SE TRATA DE LIMITAR MIS DEBERES ANTES QUE DEFENDER MIS DERECHOS. Los descendientes de Abraham son a un tiempo los que conocen bien esta necesidad y los que la hacen conocer: son los muros de contención del contrato. He aquí por qué el padre dice al hijo: define inmediatamente el infinito que tú has entreabierto; vuelve y determina las condiciones. Apresúrate a fijar los términos del contrato antes de que los obreros comiencen su tarea. Una vez iniciado el trabajo, yo estaré en deuda hasta el fin de mis días.

No esperéis más que pan y legumbres secas.

El menú parece austero, al menos para nuestro gusto. Sin embargo, una simple y escueta letra representa el principio de la variedad: la conjunción y. Más adelante, la Guemará exigirá: «pan y legumbres secas», o ¿pan de legumbres secas? La respuesta dada es energética: Para Dios esta conjunción es necesaria. Esta conjunción es tan importante aquí como el timón lo es para navegar por un río peligroso.

ELLA EVITARÍA LA CATÁSTROFE. Es absolutamente preciso —incluso cuando un contrato limita lo infinito de nuestras obligaciones— que la limitación misma tenga límites. Alimentar a otro es conservar en el alimento el carácter de comida; jamás será transformarlo en un minimum vital. Al nutrir a otro es preciso agasajar, en alguna medida, su capricho; de no ser así, ocurrirá el naufragio.

LA COSTUMBRE

Rabí Simón ben Gamaliel dice: «No era necesario que se lo dijese, pues uno se rige por todo por la costumbre del lugar».

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Rabí Simón ben Gamaliel piensa que los límites de las obligaciones están siempre expuestas en las costumbres. Al parecer, no niega la infinidad inicial de la obligación. Pero considera que LA SOLA COSTUMBRE —la empiria, la historia y el consenso— fija los límites y los límites de la limitación: que la costumbre se mantiene como un elemento no superable de la coexistencia humana, QUE LA JUSTICIA NACE DE LA NATURALEZA DE LAS COSAS.

A menos que esta insistencia sobre la costumbre no sea testimonio de un tradicionalismo conservador y contra-revolucionario. La revolución, más allá de la violencia y la ruptura de la continuidad por las cuales uno se esfuerza en definirla, no es el refugio de la exégesis —es decir, de la renovación— de las costumbres. Expliquemos, con rigor, las causas de las costumbres pero arranquemos de allí a la humanidad.

La intervención de Res Laqis, cobra aquí todo su sentido. Abordemos ahora la Guemará:

¿No es esto evidente?

Todo lo que nos ha parecido una aportación tan importante cae, en realidad, por su propio peso. ¿Dé qué sirve entonces la legislación de la Misná? ¡NO!, NO ES TAN EVIDENTE. He aquí la situación que podría producirse:

En el caso de que se le pagase un salario superior, se hubiese podido pensar qué podría decirles: «Os he cedido un salario más elevado, suponiendo que ibais a comenzar al amanecer y terminaríais tarde».

Efectivamente, no se puede preveer un aumento de salario que obligue al obrero a levantarse más temprano y a acostarse más tarde. ¿Es qué el cuidado de lo humano que niega el patrón que paga un precio normal puede ser comprado si «no se repara en el precio»? ¿No se podría comprar los tiempos de esparcimiento de los obreros en un mercado negro? La Guemará querría que el obrero respondiese: Ciertamente, me ha pagado más caro, pero es porque yo trabajo mejor. Sobre la calidad del trabajo estoy dispuesto a hablar, pero no regateo con mi condición humana que se expresa, en la especie, por mi derecho a levantarme y a acostarme a la hora de costumbre.

Entonces nuestro texto nos enseña que ellos le podrían responder: «Nos has aumentado el salario para que nuestro trabajo sea más cuidadoso».

LA REVOLUCIÓN

¡Apenas una palabra a propósito de las costumbres ¿Cuál es la relación entre este extracto del Talmud y la revolución?

Definir la revolución de una forma puramente formal por la violencia o por la subversión de un orden dado, no va. Ni siquiera es suficiente con definirla por el espíritu de sacrificio. Había mucho espíritu de sacrificio en las filas que siguieron a Hitler. ES PRECISO DEFINIR LA REVOLUCIÓN POR SU CONTENIDO, POR SU VALORES: hay revolución allá donde se libera el hombre, es decir, allá donde uno lo rescata del determinismo económico.

Afirmar que lo personal no se negocia, no dejar lugar al regateo, es afirmar lo previo de la revolución.

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LOS COSTES DEL DESPLAZAMIENTO

¿Quién paga el desplazamiento del obrero contratado?

Res Laqis dijo: El obrero contratado toma de su tiempo para regresar a su casa; pero el llegar hasta el trabajo es tiempo del patrón…

Pero el problema del tiempo invertido en el desplazamiento y la obligación de incluirlo en la cuenta de la jornada de trabajo ya es actual. En este punto no son las cifras lo que cuenta, sino la existencia de límites no negociables. En rigor se admitirá que el derecho sindical tiene su historia y que en las primeras afirmaciones de los derechos inalienables del obrero se inscribe la desproletarización futura de los proletarios.

Pero, buen Dios, ¿por qué recurrir al salterio o liturgia para una evidencia tan natural? ¿No es ésta la prueba de la famosa esterilidad del método talmúdico que choca al hombre moderno (el hombre que todo lo sabe), denunciando la asociación de ideas surgidas a guisa de pruebas y de textos próximos, pero que permanecen sin relación alguna? Y, además los Salmos, que son poesía y lugar donde el alma se expande delante de Dios ¿qué tienen en común con los problemas sindicales?

LOS SALMOS Y LA DURACIÓN DE LA JORNADA LABORAL

Puede que jamás haya comprendido qué significa exactamente «la efusión del alma en su amor por Dios»; también me pregunto si no hay una cierta relación entre la fijación de las horas de trabajo del obrero y el amor de Dios, con o sin efusión. Estoy igualmente tentado a creer que no hay otras muchas formas de amar a Dios, no hay manera más urgente que la que consiste en fijar correctamente las horas de trabajo. Un salmo no es tampoco un mal texto para fundar la justicia a los ojos de un hombre que pena. El salmo 104 que es, por lo demás hermoso y poéticamente perfecto en estos versículos 22 y 23 nos indican la duración de la jornada de trabajo:

«Cuando el sol sale, se recogen (las bestias del campo) y van echarse en sus guaridas, el hombre sale a su trabajo para hacer su faena hasta la tarde».

El texto es preciso. Más allá de tal o cual versículo que, de cerca o de lejos, funda el decir del doctor talmúdico, ES POR SU ESPÍRITU —es decir, por su conducto — cómo conferirá su TONALIDAD EXACTA a la idea que debe fundamentar. Es preciso entonces leer el salmo 104 desde, y más allá de, los versículos 22 y 23. Ahora bien, el 104 es un Salmo que glorifica al Eterno, aunque lo glorifica de una forma poco común. Que la creatura glorifique a su creador es ciertamente una vieja idea piadosa. En realidad LA CREATURA GLORIFICA AL ETERNO SOBRE TODO CUANDO NO SE VE EL TODO DE LA CREATURA. CUANDO UNO SE ACERCA A LA ORILLA DEL MAR O A LA MONTAÑA Y TIENE TIEMPO PARA CONTEMPLAR EL CIELO ESTRELLADO.

El salmo 104 es un salmo de la profunda armonía que reinaría en la creatura tanto en vacaciones como en los días y meses laborales. Es el salmo del mundo acabado: «¡Bendice mi alma al Eterno! ¡Dios mío, el Eterno, Tú eres infinitamente grande! ¡Estás revestido de esplendor y majestad! Arropado de luz como un manto. Despliegas los cielos lo mismo que una tienda, etc. Sobres sus bases asentaste la

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tierra, inconmovible por siempre jamás. De mares, cual vestido, la cubriste, sobre los montes persisten las aguas… Un límite le pones que no crucen, porque no vuelvan a cubrir la tierra… Haces brotar la tierra, etc. ».

EL TRABAJO

En cuanto amanece ya no hay nada salvaje. La vida integralmente humana es posible: comienza el trabajo. El trabajo no pertenece, en este salmo, a la desdicha, a la maldición, al sin sentido. El salmo parece situar al trabajo de los hombres entre los logros de la creación. Los derechos del trabajador contienen en su función dentro de la economía general su papel ontológico.

LOS DERECHOS Y LA DIGNIDAD HUMANA CONTIENEN SU CONDICIÓN DE TRABAJADOR. EL TRABAJO PERTENECE AL ORDEN DE LA LUZ Y DE LA RAZÓN.

El tiempo del trabajo, tal y como lo ve Res Laqis, no es el tiempo de la frustración y de la alienación, no es tiempo maldito.

En un mundo donde el trabajo aparece como señal de servidumbre reservada al esclavo, RES LAQIS INTENTARÁ PERCIBIRLO COMO UNA CONSUMACIÓN DE LA CREACIÓN.

Decididamente nuestro salmo 104 no tiene ningún presentimiento dialéctico y afirma, en suma, que el mundo es el mejor de los posibles. Pero si el Talmud retoma el salmo 104 para leerlo de otra forma, nosotros no deberíamos abandonar a la ligera posición de Res Laqis. Quizá Res Laqis no sea en modo alguno un ciego con respecto a las imperfecciones de la creatura; quizá le parezca inhumana la condición del obrero, pero puede que piense, no obstante, que el hombre que trabaja es la única esperanza de la tierra y que las mañanas que prepare rescatarán la miseria de una condición miserable. ¿Cuántos revolucionarios auténticos han rechazado siempre la dialéctica inscrita en la condición de los explotados y han anulado el tiempo necesario a su movimiento?

Res Laqis, que intenta fundamentar la duración del trabajo sobre un versículo de un salmo, se encuentra así fundamentado el derecho del trabajador cobre el orden mismo de la creación. Sin duda, creerá que el texto bíblico es conforme con la naturaleza razonable (puesto que creada) de las cosas y al derecho natural o razonable. O al menos creerá que el derecho natural, cercano a la persona del obrero y consagrado por la Torá, GARANTIZA MEJOR QUE LA COSTUMBRE DE LOS DERECHOS DE LA PERSONA. Quizá Res Laqis sea también un revolucionario al denunciar la costumbre. La Guemará exige:

¿Pero no se debería observar la costumbre?

La Guemará inquiere: ¿Por qué Res Laqis cree necesario obtener de un texto bíblico una ley que ha sido formulada con claridad por los tanaítas en nuestra Misná: «Todo se rija conforme a la costumbre del lugar»?

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Para Res Laqis la costumbre, en general, no es una regla suficiente. Res Laqis tiene bastante imaginación como para entrever una sociedad sin costumbres, la sociedad considerada inhumana que se constituye, por ejemplo, en las ciudades dormitorio de nuestro mundo industrial ¡ESOS HOMBRES DE PRINCIPIOS DE LA EDAD MEDIA CONCIBE YA CIUDADES AMERICANAS! Todo ha sido pensado. Los límites de su horizonte concreto nos les impedían vivir en un horizonte intelectual ilimitado y entrever, como algo importante, la posibilidad de una sociedad carente de tradiciones:

Se trata de una ciudad nueva

Pero se trata de UNA CIUDAD NUEVA, ¿no vienen sus habitantes de alguna parte? Efectivamente, de todos lados. La idea de una sociedad americana o industrial ha sido pensada hasta el final.

¿No sería preciso saber de dónde proceden? Se trata de una población de orígenes diversos,

Ciudades que surgen de la nada, no tienen pasado y sí poblaciones venidas de todos los sitios que se mezclan allí, cuyos individuos están dispersos que todas las tradiciones se pierden. Existen seres sin historia ¿Acaso el hecho de no tener historia no transforma a los seres humanos en seres inferiores? La circunstancia de no poder reclamarse descendiente de Abraham, de Isaac y Jacob —O, PARA HABLAR SIN SÍMBOLOS, EL HECHO DE NO PERTENECER A UNA HUMANIDAD CONSCIENTE DE SU HISTORIA, ORGANIZADA Y ESTRUCTURADA—, ¿es que ese hecho excluye los derechos del hombre? LIBEREMOS A LA HUMANIDAD DE LOS TRADICIONALISMOS. No intentemos salvarla por las virtudes patriarcales del grupo.

Res Laqis ve a la ley de la Torá independientemente del lugar y del tiempo: una ley eterna vinculada a la persona como tal, incluso en su aislamiento individualista. La sociedad moderna no depende de la historia, ni de sus aluviones. Encuentra su orden a partir de la dignidad humana, de la persona humana. Se estructura en función de la persona. ¡ABAJO LAS COSTUMBRES Y LOS MITOS, TODOS ESOS CONOCIMIENTOS DE PRIMER GÉNERO DE SPINOZA1, TODOS ESOS

INSTRUMENTOS DE SERVIDUMBRE!

Y el párrafo siguiente precisa incluso a aquellos que tienen una historia y una tradición no se les podrá aplicar más que la ley de la Torá.

Y, si quiera, podría decirse: que es para los casos donde se les haya dicho que se contratará de acuerdo con la Ley de la Torá.

Sin rodeos, según la ley justa, sin ocuparse de la costumbre local. No es la larga tradición histórica lo que cuenta, es el carácter personal de las personas lo que cuenta.

OTRA LECTURA DEL SALMO 104

El salmo parece ser que planteaba la economía de una revolución al situar la ley del trabajo bajo la Ley del mundo creado por Dios. Reb Zera lee el salmo 104:

1 En su Ética, Spinoza distingue tres niveles en los que la mente opera. El conocimiento del primer

género, al que se refiere Levinas, es la creencia u opinión adquirida por la tradición oral o por signos convencionales. Las ideas formadas en este nivel serán preferentemente imágenes antes que pensamientos, pasivas antes que activas.

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Reb Zera enseñaba (otros dicen que fue Reb): está escrito: «Mandas Tú las tinieblas y es la noche» (Sal 104, 20), este mundo es comparable a la noche, la noche donde vagan todas las bestias del bosque (Sal 104, 22), son los malhechores en el mundo, comparables a las alimañas de la selva.

La noche de las bestias será un modo de existir humano. El Mal está dentro de lo humano. La creación no es desde ahora y para siempre un orden. Es necesario que la noche termine, que el orden sustituya a la noche. Es preciso que el mal sea suprimido, que él tenga su infierno y el justo su recompensa.

Cuando el sol sale, se recogen y van echarse a sus guaridas puesto que el sol sale para los justos, los malhechores se retiran al infierno (o si bien, si se quiere leer «guarecerse en sus casas», se trataría de los justos, ningún justo carecería de morada, una morada adecuada a su dignidad). «El hombre sale a su trabajo»: los justos recibirían su recompensa; «Aquel que hace su faena hasta la tarde»: aquel que ha sabido desempeñar su tarea hasta la tarde.

La dialéctica donde el mal rinde servicio al bien, o el bien puede ser

objetivamente una fuerza del mal, supone confusión y noche. Se necesita una

revolución que disipe esta confusión, es preciso que el Bien sea el Bien y el Mal sea el Mal. ¿NO ESTÁ AHÍ LA VERDADERA DEFINICIÓN DEL IDEAL REVOLUCIONARIO?

Lo que aquí se anuncia como el triunfo del justo es —después del mundo de la noche, después de la existencia bajo permanente amenaza, tras la existencia de fieras que no sólo es amenazante sino también amenazada, después del miedo y la angustia— LA POSIBILIDAD DE UNA SOCIEDAD DONDE CADA UNO TIENE SU MORADA, VUELVE A SU CASA Y A SÍ MISMO, Y VE EL ROSTRO DEL OTRO, Además, Reb Zera deduce: «recibir su salario» a partir de un versículo que está escrito «El hombre sale a su trabajo», como si el trabajo mismo fuese un salario, como si el trabajo no estuviese maldito, sino libre —y es un tema que encontramos por todas partes en el Talmud. LA RECOMPENSA DEL JUSTO EN SU MISMO TRABAJO. Idea general que, a la vez, aparece como la posibilidad de encontrar su recompensa en la participación en el orden divino, una recompensa de la virtud en la virtud misma, E INVERSAMENTE TRABAJAR POR VOCACIÓN, TRABAJAR COMO UN ARTISTA.

«Y es justo aquel que hace su faena hasta la tarde (Sal 104, 23): aquel que sabe llevar su tarea hasta el atardecer».

LA PERSEVERANCIA DEL JUSTO EN SU JUSTICIA, pese a todos los mentís que a la idea fija de justicia oponen tanto el mundo antiguo como el mundo moderno. ¡Todavía la idea religiosa! Ninguna idea religiosa queda abolida por el comentario. «Aquel que sabe llevar su tarea hasta el atardecer» —aquel que ha creído en un mundo mejor, en la eficacia del bien, a pesar del escepticismo de los hombres y de las lecciones de la historia, aquel que no ha desesperado, que no ha acudido a la taberna a desembarazarse de las responsabilidades del servicio de ser hombre. Aquel que no ha buscado ni distracción ni suicidio, que no se ha apartado de la tensión en la que vive el responsable. EL TEXTO SE OPONE A QUE LA EXISTENCIA SEA UN JUEGO, en el sentido absoluto del término, contrariamente a las tendencias metafísicas que prevalecen hoy, según las cuales el ser es juego, según las cuales la libertad no es lo bastante libre puesto que entraña responsabilidades. AQUÍ, AL

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CONTRARIO, se piensa que el ser implica una extrema gravedad; que la responsabilidad que mana de la libertad no es bastante grave, que nosotros somos responsables más allá de nuestros contratos. En tal sentido es preciso llevar la tarea justa hasta el atardecer.

LAS FUENTES DEL MAL

EL PROBLEMA DE LA DEFENSA DEL HOMBRE, de la realización del orden donde el hombre será defendido, de la revolución nos reenvía al problema central: ¿cómo es posible que el orden humano sea roído por el Mal?

TODO COMIENZA POR UNA ANÉCDOTA: «Un día Rabí Elazar ben Rabí Simón se encuentra con un funcionario encargado de apresar a los ladrones». Rabí Simón, padre de Rabí Eleazar del que hablamos aquí, es el célebre Rabí Simón bar Yojay, quien ocupa un lugar aparte entre los tanaítas; pasó trece años junto con su hijo escondiéndose de los romanos y la tradición mística de Israel le atribuye el Zohar. Pero veremos a su hijo Rabí Elazar, en las antípodas del misticismo, muy dotado para ejercer de policía o para la policía (a menos que no nos aporte otra cosa que se trata de encontrar). De esta anécdota relativa a Rabí Elazar se obtendrá, en cualquier caso, la conclusión de que todo el pasaje concierne a la colaboración con los romanos. Lo propio de los grandes textos no es el surgir desde fuera de la historia, sino la de tener significado más allá de la situación que los ha suscitado.

¿Pero siendo nuestro tema “Judaísmo y Revolución”, sólo se trata aquí el asunto de la colaboración con los romanos? EL TEXTO, aunque sea suscitado por le caso de la colaboración, desemboca en el problema de las relaciones entre la política y el mal, de la lucha política y el Mal, es decir, sobre un aspecto esencia del problema de la revolución. Pues la revolución no derriba al Estado, sino que está a favor de otro régimen político, pero a favor de un régimen político. Entonces:

Un día Rabí Elazar ben Rabí Simón encontró a un funcionario encargado de apresar a los ladrones. ¿Cómo puedes saber de ellos? ¿No se parecen a los brutos?

¿Cómo sabe Rabí Elazar ben Rabí Simón que los ladrones se parecen a los brutos? Para un doctor del Talmud ése no es un dato proveniente de la luz natural:

«Pues se ha dicho: En ella (en la noche) bullen todas las bestias de la selva».

¿El salmo 104, en qué es clarificador? Aquellos de deambulan en la noche y se ocultan en día son los hombres que no se muestran. EL MAL —O LA BESTIALIDAD — ES LA NO COMUNICACIÓN, estar absolutamente encerrado en sí hasta el extremo de no aparecerse ni a sí mismo.

Pero según otros, él habría interpretado otro versículo (Sal 10, 9): «al asecho escondido como león en su guarida.

LOS TALMUDISTAS, en cuestión de citas, no han abierto la concordancia para encontrar en ello las indicaciones sobre todos los pasajes donde en la Biblia se trate de las fieras. Cuentan con un admirable conocimiento de los textos y de sus vínculos. Se divierten haciéndose pasar por simples de espíritu, pero conocen perfectamente los textos y sus asuntos, sin aparente esplendor saben pensar aprisa y por alusión para ponerse de acuerdo entre ellos, entre gentes absolutamente inteligentes. EN EL TALMUD —donde los judíos se permiten cuestionarlo todo a fuer

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ser judíos— se encuentran enlazadas todas las articulaciones, todos los nudos del pensamiento judío.

Abordemos el salmo 104. Se trata de un salmo sobre la ausencia de Dios. Mientras que en todo en el salmo 104 canta alabanza al Creador y su presencia plena de luz en la creatura, EL SALMO 10 DICE: «Por qué oh Eterno, te quedas lejos; te escondes en las horas de angustia? En su arrogancia, el malvado persigue al pobre en este mundo». Se trata de pobres y no de alimañas del bosque. Dios se oculta sin temor al escándalo por no auxiliar a una persona en situación de peligro. «El malvado en su orgullo persigue al desdichado —queda preso en la trampa que ha urdido… El malvado se jacta de sus pasiones, el expoliador desafía, veja, ultraja al Eterno; con su carácter insolente el impío no se inquieta por nada: NO HAY DIOS. Ése es el fondo de sus pensamientos, en todo tiempo se afianza en sus caminos, tus juicios pasan por encima de su cabeza; a todos sus adversarios los aparta a soplidos. Dice en su corazón: Jamás vacilaré, nunca, nunca; siempre estaré a salvo de la adversidad; su boca está llena de perjurios, etc. »:

Y allí también, «al asecho, escondido como un león en su guarida, al asecho para atrapar al pobre, atrapa al desdichado arrastrándole en sus redes».

POLICÍA Y REVOLUCIÓN

La referencia al salmo 10 nos aporta todo el sentido. Es incontestable que l acción violenta contra el mal se impone. Y veremos inmediatamente que esta violencia toma toda esta la apariencia de una acción política. Pero no es menos evidente que esta acción deba buscar la causa y naturaleza del Mal —incluida la razón de la ausencia y del silencio de Dios o el sentido de esta ausencia. Rabí Elazar ben Rabí Simón, al encontrar al funcionario encargado de detener a los ladrones, no se pregunta solamente a partir de qué signos externos se puede reconocer a un ladrón, sino EN QUÉ CONSISTE EL MAL. ¿Dé dónde procede, cómo es que el Mal corrompe a la sociedad? ¿Cómo es que Dios se ausenta del mundo? Y, al parecer poniendo en duda la política erigida en absoluto, ¿cómo podrías resolver políticamente ignorando la naturaleza del Mal, descuidando su razón metafísica y espiritual?

¿CUÁL ES LA FUENTE DEL MAL Y DE LA JUSTICIA? Ésa es la diferencia entre un policía al servicio del Estado y la acción de un revolucionario.

No basta con estar en contra, es preciso estar al servicio de una causa. La acción revolucionaria no se conoce en el carácter masivo de manifestaciones victoriosas en las calles: los fascistas desplegaron las más hermosas.

La acción revolucionaria es, antes que otra cosa, la del hombre aislado que prepara la revolución desde el peligro, pero también desde el desgarro de la conciencia —es la doble clandestinidad de las catacumbas y de la conciencia. En el desgarro de la conciencia que corre el riesgo de imposibilitar la revolución: puesto que no sólo se trata de hacerse cargo del malhechor, sino también de no hacer sufrir al inocente. TAMBIÉN AHÍ RESIDE, PARA EL PENSAMIENTO JUDÍO, LA DIFERENCIA ENTRE POLICÍA Y POLÍTICA REVOLUCIONARIA.

¿Y si atrapas a un justo y permites la huida de un malhechor? «Qué puedo hacer, son órdenes del rey».

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El oficial de policía no dispone de tiempo para preguntarse dónde está el Bien o el Mal: pertenece al poder constituido… Pertenece al Estado que le ha confiado funciones. No hace metafísica, hace de policía. No entiende cómo pueda servirse a un tiempo al Estado y al Absoluto.

¿Hay en Talmud una incompatibilidad entre el Deseo de Absoluto y la política revolucionaria? ¿Podrían conciliarse dentro de categorías del pensamiento político judío? ¿Es compatible el judaísmo con una acción revolucionaria pensada en términos de una policía tal como la nacida del Estado grecorromano?

Entonces Rabí Elazar ben Rabí Simón responde: «Ven, voy a enseñarte cómo proceder. Ve alrededor de las cuatro (las 10 de la mañana) a la taberna. Si ves un bebedor de vino que tiene entre sus manos una copa mientras dormita, ¡entérate! Si es un sabio, es que se ha levantado muy pronto para estudiar; si es un jornalero, es que ha ido al amanecer a su trabajo; si es alguien que trabaja por la noche, puede haber fabricado agujas (los trabajadores nocturnos existían ya y su trabajo consistía en fabricar agujas), no ha acudido a su trabajo de día pero ya ha trabajado durante toda la noche, pero si no es ninguno de éstos, entonces es un ladrón y puedes detenerlo». Cuando esto llegó a oídos del rey, se dijo: «el lector del mensaje puede servir de mensajero». Se buscó a Rabí Elazar. Y que éste detuviese a los ladrones.

¿Qué ha ocurrido? Se ha deslumbrado la corte del rey por eso que se ha tomado como la sabiduría policial de Rabí Elazar. Tiene una doctrina maravillosa y es preciso que él la aplique. Bien entendido, leer correctamente el mensaje es aplicarlo. Desconfiemos de los mensajeros cuyos mensajes sean inaplicables o de mensajes «para los otros».

LA TABERNA

Ir a las tabernas y detener, con la conciencia tranquila, a aquellos que beben, siempre que no sean ni intelectuales, ni jornaleros, ni trabajadores nocturnos… ME he preguntado durante tiempo qué puede significar esto. ¿Se trata ya de la presencia de las pesquisas policiales que se deploran en nuestras capitales modernas en torno a los bares? En sí eso sería bien poca cosa. ¡Y bien!, yo pienso que todo ESTO SIGNIFICA en principio que Rabí Elazar acepta la lucha con el Mal sobre el terreno del Estado, en el sentido romano del término, Y LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA como acción política.

Pero Rabí Elazar nos indica la fuente del Mal que él va ha combatir. Esto puede entenderse de dos maneras. Puede haber pensado que no trabaja con sus manos y no estudia es la fuente del Mal. Todos los ociosos y todos los sinvergüenzas.

Todos los no-trabajadores son el Mal. Los parásitos son ladrones, en el sentido amplio del término. EL HOMBRE DEBE EDIFICAR EL UNIVERSO: SE EDIFICA EL UNIVERSO A TRAVÉS DEL TRABAJO Y DEL ESTUDIO. TODO LO DEMÁS ES DISTRACCIÓN. LA DISTRACCIÓN ES MAL.

Rabí Elazar ha descubierto que la fuente del Mal está en la misma institución de la taberna. El Café, en la vida moderna. Una ciudad desconocida a la que llegamos y que no tiene cafés nos parece cerrada. El Café es la casa abierta, al

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nivel de la calle, lugar de la sociedad fácil, sin responsabilidad recíproca. Se entra sin necesidad. Se sienta uno sin fatiga, se bebe sin sed. El caso no es quedarse en casa. Todas las desdichas provienen de la incapacidad en que nos encontramos de permanecer solos en nuestra habitación. El café no es un lugar, es un no-lugar para una no-sociedad, para una sociedad sin solidaridad, sin mañana, sin compromiso, sin intereses comunes, sociedad del juego. El café, casa de juego, el agujero por donde penetra el juego en la vida y la disuelve. Sociedad sin ayer y sin mañana, sin responsabilidad, sin seriedad —distracción, disolución. NO EDIFICAR EL MUNDO ES DESTRUIRLO.

Rabí Elazar ben Rabí Simón ha apreciado a los primitivos albergues de su época: categoría esencial al mundo occidental, quizá también oriental, pero rechazada por el ser judío.

Buscaron a Rabí Elazar y él mismo detendría a los ladrones.

AL SERVICIO DEL ESTADO

He ahí a Rabí Elazar entusiasmado en la lucha contra los malhechores. «Colabora con los romanos». El Talmud mostrando ahora al parecer un valor más documental que doctrinal; pues se puede encontrar en estas líneas, siguiendo la pista de un desacuerdo entre la sociedad judía tradicional y aquellos que consideraban posible la participación de los judíos en la vida del Estado, de ese Estado que por excelencia fue la Roma imperial. Tampoco se puede desconocer la existencia de un problema doctrinal subyacente; el «colaborador», no es un vulgar renegado, ¡sino le propio hijo de Rabí Simón bar Yojay! Se perciben ya las contradicciones que desgarran una acción que, para combatir el Mal, adopta la vía política, al servicio del rey. Y también se muestra contradictorio que el acto revolucionario, el cual puede llegar hasta el derrocamiento de semejante rey, pertenezca al servicio de la corona «¡nadie durará en esto! Sin embargo, éste es un escrito que fue juzgado por los doctores del Talmud en el siglo quinto de nuestra era, y que resulta útil por relatar el intercambio de opiniones que aparecen aquí entre Rabí Elazar ben Rabí Simón y Rabí Yehosúa bar Korha:

Rabí Yehosúa bar Korha le decía: «Vinagre, hijo del vino, ¿Por cuánto tiempo llevarás la muerte al pueblo de nuestro Dios?».

¡Vinagre, hijo del vino! ¡Especie de degenerado! ¡Eres la desgracia del judaísmo! Tu padre era vino. Y tú has tornado en vinagre ese vino. ¡Hete ahí al servicio de la política y, en consecuencia, constreñido a participar en la obra de la deleznable policía! ¡Llegas incluso a entregar judíos al poder!

POLÍTICA Y VIOLENCIA

Llegar a entregar judíos, ¡en verdad esto es el colmo de la ignominia! Que las almas bellas se refirmen delante de estos propósitos de un particularismo o de un racismo tan pequeño burgués. Estos propósitos no consisten en entrar en juicios de valor que decidan entre el Bien y el Mal, en la medida en que sea «bueno o malo para los judíos» —pensamiento vulgar donde, no obstante, se sitúan fieramente,

mutatis mutandis, los políticos de todas las naciones que hacen de la utilidad

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en las calles de París «¡todos somos judío alemanes!2», tampoco se rendirían como

culpables de mezquindad pequeño burguesa. Judíos alemanes de 1933, extranjeros en el transcurso de la historia y del mundo, simplemente judíos. Más perseguido que el mismo proletariado —explotado, pero no perseguido.

Raza maldita, no por sus genes, sino por su destino de desgracia y probablemente por sus libros que traen la desgracia sobre quienes le son fieles y los transmitan independientemente de todo cromosoma. Pueblo de nuestro Dios, en este sentido muy preciso. Es de este pueblo del que habla Rabí Yehosúa bar Korha a Rabí Elazar ben Rabí Simón: una acción política. Aunque sea revolucionaria, ¿no se vuelve contra el pueblo de Dios, contra el perseguido, contra la no-violencia que invocan sus votos y por la cual la revolución se ha iniciado, contra una no-violencia que sólo ella puede poner fin a toda persecución? Respuesta de Rabí Elazar:

Yo separo las espinas de la vid.

Replica de Rabí Yehosúa bar Korha:

Deja que venga el propietario de la viña y que él mismo separe las espinas de su viña.

Esto parece decir muchas cosas. No te corresponde a ti, en nombre de la política universal —en nombre del rey—, dar alcance a las leyes morales: el acuerdo entre el destino judío y el destino del mundo no releva de los proyectos humanos. El hombre integralmente hombre no tiene que ocuparse de la política, debe ocuparse de la moral. La viña —Israel. Siempre encontramos en los profetas la comparación entre Israel y la viña. La viña de Israel pertenece a su dueño verdadero y único —al Eterno. Que el Eterno resuelva el conflicto entre la moral y la política. Interpretación no revolucionaria, la de la reasignación religiosa. Por otra parte no nos corresponde a nosotros castigar a nuestro vecino, Dios se ocupará. Llevado hasta el extremo, esto vendría también a decir: no nos corresponde a nosotros golpear a Israel, esperemos al Mesías. Al menos que el texto no consista, por el contrario, en ponernos en guardia contra la confusión en la que vivimos y donde el judaísmo se mide en función de su acuerdo con el progresismo, como si él fuese un orden autónomo y absoluto en relación al que todo lo demás deber ser medido.

Pero todavía se puede tomar el texto de otra forma: «Vinagre, hijo del vino» —¡mala persona!. La vid produce vino, en ti este vino se ha convertido en vinagre. Tú has traicionado, al asociarte a la actividad política del romano, la Viña del Señor que es Israel. De donde vendría el sentido de la respuesta de Rabí Elazar: ¡Si el vino se hace vinagre, es porque la viña no es tan excelente como se pensaba! Es preciso sacar las heces del fondo. Si soy violento es porque se precisa violencia para que cese la violencia. Rabí Elazar habría sido revolucionario hasta el final: a él la violencia no le intimida. La corrupción de la viña ha producido violencia, a la cual detendrá Rabí Elazar, también con violencia. Él limpiará a la sociedad. A sangre y fuego; pero, entonces, sólo hay ciertas uvas cuyo vino jamás se convierte en vinagre.

2 ¡Todos somos judíos alemanes! Éste era uno de los gritos que proferían los manifestantes el 22 de

mayo de 1968, cuando Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes del movimiento estudiantil, le fue negado el permiso para volver a entrar a Francia tras haber realizado una breve estancia en Alemania Oriental, Cohn-Bendit, era hijo de judíos alemanes emigrados a Francia en 1933. Su origen fue usado por los opositores a las revueltas del Mayo francés para insinuar que él era un agitador exterior; de ahí el grito de solidaridad de los estudiantes parisinos.

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MÁS ALLÁ DEL PROBLEMA SOCIAL

La respuesta de Rabí Yehosúa bar Korha conserva entonces todo su sentido: deja que venga el propietario de la viña. QUE ÉL MISMO SEPARE LAS ESPINAS. No es en términos políticos, sino con la única alternativa de derecha e izquierda, cómo debe ser abordado el Mal desde el judaísmo y cómo el judaísmo mismo debe ser juzgado. Aun reconociendo en el judaísmo, al igual que en ciertas aspiraciones de la izquierda, un defensor de la persona humana —pues los derechos humanos se afirman al principio de este texto, incluso admitiendo que en circunstancias extraordinarias una acción violenta se impone, o una revolución—, no se sabría identificar el destino del judaísmo con el destino del proletariado. La causa judía no es únicamente una causa social.

Por ejemplo, la fórmula: judaísmo o responsabilidad con respecto al mundo entero y, en consecuencia, judaísmo universalmente perseguido. Llevar la responsabilidad de todo y todos es ser responsable a pesar de sí mismo. Ser responsable a pesar de sí mismo es ser perseguido. Sólo el perseguido responde de todos, incluso de su perseguidor. La responsabilidad última no puede ser otra que el hecho de un hombre absolutamente perseguido, no teniendo derecho a la palabra para librarse de su responsabilidad. Somos una viña más complicada que un pedazo de terreno que se explota; sólo su propietario —sublime particularismo— está autorizado para separar allí las espinas.

Es en la aceptación que Rabí Elazar que hace de la acción política, el lugar de toda revolución, donde ha visto el peligro Rabí Yehosúa bar Korha: la muerte del judaísmo en el hombre revolucionario.

¿En qué medida la revolución va a ser mortal para el judaísmo, no en cuanto éste sea supervivencia, sino porque el judaísmo está al servicio de valores más antiguos, más delicados que los que recomienda el socialismo, PORQUE SU RESISTENCIA Y SU PACIENCIA son también un punto de ruptura?

Porque fuera de todos los fines políticos, un ideal oscuramente sentido que impide la asimilación pura y simple y que expone a la persecución donde quizás atestigüe el reconocimiento, oculta para los demás, de esta irreductibilidad. Pueblo de Dios, en este sentido. Cómo si, más allá de la alienación social y económica, hubiese alguna otra alineación que asecha al hombre, como si sólo ese propietario de ese jardín secreto pudiese hacer ese no sé qué especial que desaliena definitivamente más allá de toda desalineación política. Para este propósito una carta, da testimonio en qué medida los no judíos pueden experimentar el particularismo judío y contribuirá así a lo acuciante de esta tensión entre judaísmo y universalidad; confiriendo al judaísmo, si puede decirse, una significación más allá de la universalidad.

UNA CARTA

El autor de esta carta, ha participado de lleno, peor con lucidez, en los acontecimientos de Mayo. Fue enrolado peligrosamente más allá del mes de mayo. Y he aquí que se aparta bruscamente, exponiendo sus motivos. Se ha apartado de sus amigos revolucionarios cuando se ha alienado en contra de Israel. Así termina su carta:

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No; había dicho siempre que pesa sería la barrera infranqueable para mí, pero ahora quisiera interrogarme por un instante… preguntarme por qué esas jóvenes gentes que se agitan en la violencia, pero también en la generosidad, han creído su deber el hacer tal cosa, haciéndole juego a la irreflexión, al uso de conceptos vacíos (imperialismo, colonización), y también al sentimiento de que los más débiles son los palestinos (como si Israel no fuese vulnerable, espantosamente vulnerable)».

(Los dos Israel; el señor Israel y el Estado de Israel, pues Israel es la vulnerabilidad misma).

No hay aquí antisemitismo, ni siquiera en forma latente. No es entonces cierto que antisionismo sea el antisemitismo de hoy en día. Es como si Israel fuese puesto en peligro por la ignorancia —sí, una ignorancia quizás inocente, pero desde entonces pesadamente responsable y privada de inocencia—, puesto en peligro por los que quieren exterminar lo judío por el mero hecho judío, y no por los que ignoran absolutamente lo que es ser judío. Así, en adelante, el antisemitismo tendrá por aliados quienes parecen privados de antisemitismo.

«¿No es un extraño rodeo y una prueba de que la ausencia de antisemitismo no es en absoluto suficiente?».

LA POLÍTICA EN DUDA

¿No conocía Rabí Elazar esta aguda tensión entre la acción política y la existencia judía, o al menos, la imposibilidad de comprender el judaísmo en función de una filosofía política? ¿Seguro que Rabí Elazar entra al servicio del rey reconociéndose en una función política? La continuación del texto es de tal naturaleza que nos induce a dudar.

Seguro que se encuentra inmerso en un camino de duda y conflicto interno. Comprendemos a partir de ahora el propósito. Pone en boca de Rabí Ismael ben Rabí José, a quién el profeta Elías también le reprocha el «abandonar a la muerte al pueblo de nuestro Dios». Rabí Elazar conocería la impopularidad de la audacia y se expone a la protesta: la duda Arrojada por Rabí Yehosúa bar Korha sobre la legitimidad de la colaboración con el Estado nutre las injurias del vulgo:

Un día un lavandero le reconoció y le llamó: «¡Vinagre, hijo del vino!». Rabí Elazar dijo: «Insolente como es, probablemente será un malhechor». Y dio órdenes de detenerlo.

Rabí Elazar olfatea el crimen detrás de la insolencia. PERO LA PURA VIOLENCIA VERBAL ES SÍNTOMA DE CRIMINALIDAD. El insulto injurioso es fatal para quien lo profiere. O TOMANDO CON MÁS PROFUNDIDAD LAS COSAS: la ruptura de los lazos del lenguaje, la profanación de sus leyes internas aumentan la criminalidad, como la primera brecha en el muro de las normas, como la desobediencia a la leyes rituales.

El insulto y la incontinencia —esa vuelta al grito, esa diseminación del logos— desencadenan un desorden que desde ahora escapa a la buena voluntad. El verbo encadena el caos, desgraciado aquel que hiere el lenguaje:

Rabí Elazar dice: «Insolente como es, probablemente será un malhechor». Y dio órdenes de detenerlo.

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La cólera de Rabí Elazar se calma, el perdón de la ofensa personal no tarda en venir, y he aquí que, desconociendo el encadenamiento implacable del orden público, Rabí Elazar intenta rescatar al hombre que él ha entregado a su propia cólera a ese determinismo. ¡Ay!, el orden —o el desorden— de la ley política es implacable. El hombre que le ha sido entregado jamás será recuperado.

En cuanto se hubo calmado, fue a liberarlo, pero no fue posible. Entonces dijo a propósito de sí mismo (Prov 21, 23): «el que guarda su boca y su lengua, se guarda de muchos tormentos».

Lo llora como a un inocente. Ni es respeto de las formas y el de su determinismo, ni la simple intuición justifica a sus ojos la condena de un hombre.

Cuando lo ahorcaron, él (Rabí Elazar) lloraba al lado del cadalso.

EL PODER DEL HOMBRE SOBRE EL HOMBRE

En cuanto a este punto, se puede ver el carácter irreductible de la política («es orden del rey») excusa que transforma al político en policía.

Entonces le dijeron: «Maestro, cálmate, el propio día del Gran Perdón él (el lavandero) y su hijo mantuvieron relaciones culpables con la prometida de un tercero». Golpeándose a sí mismo dijo: «Restauraos, entrañas mías, si aquellos que nos parecen dudosos lo son, como es sin duda el presente caso. Estoy seguro que la plaga no ejercerá su poder sobre vosotras».

¡«EL PUEBLO DE NUESTRO DIOS», ES, PUES, SUSCEPTIBLE DE TODOS LOS CRÍMENES! Sin duda alguna el Talmud quiere recordarnos esto para poner fin a tanta retórica fácil y mistificadora. ¡HAY ESPINAS EN EL JARDÍN DEL BUEN DIOS!

También es necesario comprender el resto que se dice como antifrase. CONDENAR A UN INOCENTE —INCLUSO CONDENAR A UN CULPABLE SIN PRUEBAS— ES UNA FALTA A LA QUE NI LA TUMBA PERMITE ESCAPAR. ¡Hay muertos después de la muerte! Pero dicho esto sin superstición alguna. LO QUE AQUÍ SE PLANTEA ES, EN TODA SU EXTENSIÓN, LA ANGUSTIA QUE CONLLEVA EL PODER DEL HOMBRE SOBRE EL HOMBRE.

«Pero como no se tranquilizaba con esto, le dieron un somnífero», etc. Son sometidas las entrañas de Rabí Elazar a una prueba y la discusión a la que da lugar el resultado de la prueba. La incertidumbre permanece. El instinto, por muy certero que sea, no porta en sí mismo su propia justificación. De ahí la prueba.

¿Hay alguna posibilidad de acuerdo entre Rabí Elazar y Rabí Yehosúa ben Korha?

Y a Rabí Ismael ben Rabí José le ocurrió lo mismo. Un día el profeta Elías lo encuentra y le dice: «¿Hasta cuándo entregarás a la muerte al pueblo de nuestro Dios?». Él responde: «Qué puedo hacer, es orden del rey». Elías le dijo: «Tu padre huyó a Asia, huye tú a Lacedemonia».

Según la tradición talmúdica, el profeta Elías, en los tiempos mesiánicos, resolverá todas las antinomias.

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No es necesario entregar al rey los hijos de nuestro Dios. Para combatir el Mal no es preciso entrar en el camino de las violencias políticas. El orden de lo político es recusable. Siempre se puede huir a Lacedemonia. ¿Volverse hacia lo privado? ¿Retirarse? ¿Huir? ¿Dejar hacer? ¿TIENE AQUÍ LA PALABRA DE ELÍAS LA MISMA PLENITUD DE VOZ QUE EN LOS TIEMPOS DEL MESÍAS? Y SE RESUENA CON FIRMEZA CONTRA TODOS AQUELLOS QUE NO SABEN CUESTIONAR LAS ÓRDENES DEL REY, ¿TIENE TAMBIÉN AUTORIDAD PARA DETENER A «AQUEL QUE PRETENDE ESCARDAR LA VIÑA DEL SEÑOR»?

I

La juventud de Israel

1

Texto del tratado TB Nazir (66 a-b)

MISNÁ

Samuel era nazir, según la propuesta de Rabí Nehoray, pues se ha dicho (I Sal 1, 11): «Y navaja (morah) no tocará en absoluto su cabeza». Puesto se ha dicho de Sansón (Ju 19, 5) la palabra morah (navaja barbera). Así como se dice morah a propósito de Samuel indicando nazirato, de igual modo si se dice a propósito de Sansón también indica nazirato. Rabí Yossi objeta: «la palabra morah ¿no significa acaso el miedo inspirado por seres de carne y hueso?». Rabí Nehoray responde: «Pero acaso no se ha escrito: “Y ¿cómo iré yo?, dice Samuel. Si Saúl lo sabe, me hará morir” (I Sam 16, 2). Entonces habrá conocido verdaderamente el miedo inspirado por un ser de carne y hueso».

GUEMARÁ

Rav dice a su hijo Hiya: «Apresúrate, tómala (la copa) y pronuncia la bendición». E, igualmente, Rav Huna dice a Raba, su hijo: «Vamos, apréstate y pronuncia la bendición». Lo que significa: mayor es quien dice la bendición que aquel que responde Amén. Pero, ¿acaso no tenemos una baraita que dice: “Rabí Yossi enseña: aquel que responde Amén es mayor que quien pronuncia la bendición”?». «¡Cielos!, le responde Rabí Nehoray, está bien así. Que sepas que es la infantería la que abre las hostilidades y es a las tropas de elite, que vienen al término del combate, a las que se les atribuye la victoria». Este problema fue tema de discusión para los tanaitas. Existe una baraita que dice: «Quien bendice y el que dice Amén, ambos están comprometidos en la recompensa, mas el que bendice la recibirá primero». Rabí Elazar dice en nombre de Rabí Janina: «Los doctores de la Ley multiplican la paz en el mundo, pues se ha dicho (Is 54, 13): “Todos tus hijos serán discípulos del Eterno; grande será la paz de tus hijos”».

LA ELECCION

1 Dedicado especialmente a la juventud, todavía bajo los efectos del Mayo del 68, pero ocupándose

preferentemente de la situación de Israel como Estado, el papel de la juventud en su construcción, etc. Se hacen constantes alusiones a la polémica entre los judíos de la Diáspora con respecto a aquellos que escogían la repatriación (repatriaciones masivas en las Repúblicas bálticas, Georgia, Marruecos, Etiopía, etc.). Se discutía también en torno a una cierta juvenilización de toda la política y de la sociedad israelí, y de las ventajas e inconvenientes que de ello podrían derivarse.

(21)

El texto, no tiene en principio, ninguna relación con la juventud. Es la poca relación en sus diversas partes. Pero la unidad profunda que ellas mantienen y que invitan a descubrir reside, quizás, su enseñanza más sugerente. El texto concierne al nazirato, institución expuesta en Números 6, 1-21. El nazir es un hombre que no se corta los cabellos: «Durante todo el tiempo estipulado por el nazirato, la navaja barbera no debe rozar la cabellera de su cabeza». «Pues la aureola de su Dios está sobre s cabeza; en tanto que él lleve esa aureola, estará consagrado al Señor».

Me impactó al leer en Le Monde, que todo lo sabe, que la juventud de largos cabellos quiere expresar, con su embarazoso peinado, su desacuerdo en la sociedad injusta a la que sin embargo, pertenecen. «No nos haremos cortar los cabellos mientras la sociedad no cambie», dicen estos jóvenes. Quiéranlo o no, ¡helos ahí consagrados al Señor! La segunda mitad del versículo es un reencuentro. ¡He ahí la aureola de Dios! Estoy seguro de que el texto bíblico jamás pretendió una aureola de Dios sobre la cabeza del nazir como no signifique, o ante todo no exprese, una exigencia de justicia en el fondo de su corazón.

ADMITIR LOS TÉRMINOS DE LOS TEXTOS

Pero la institución del nazirato en el libro de Números comporta otras reglas. Allí todo se expresa en términos religiosos, más, contrariamente a los prejuicios extendidos sobre el particularismo del pensamiento religiosos judío, empero, ese lenguaje conserva un sentido fuertemente universal, incluso para los que están tan seguros —absolutamente seguros— de su irreligión. ¡Los irreligiosos son gentes de creencias cerradas, no les cabe la menor duda en cuanto a su condición de librepensadores!

Internémonos, pues, a pesar de nuestra desconfianza, en este lenguaje o imaginería religiosa. Supongamos la sinceridad del texto y preguntémonos qué quiere decir; SUPONGAMOS QUE LOS TÉRMINOS QUE USA HAY PENSAMIENTO Y, EN CONSECUENCIA, SU DECIR Y REPRESENTAR ES TRANSPORTABLE A OTRO LENGUAJE Y A OTROS CONCEPTOS. Es dentro de esta transposición donde se opera probablemente la interpretación, la cual será imposible sin una presentación previa de los términos según el decir mismo del texto: «Dios», «consagrado a Dios», «aureola de Dios». Puede que incluso nos demos cuenta de que las estructuras complejas, o las inesperadas significaciones, mostradas por nuestro texto no pueden ser dichas más que en lenguaje religioso según su sentido multilateral, al cual las interpretaciones —incluida la nuestra— no pueden arrancar más que una aspecto.

Nunca he comp rendido la diferencia radical que se hace entre filosofía y el simple pensamiento, como si todas las filosofías no proviniesen de fuentes no filosóficas. A menudo basta con definir una terminología a partir de palabras derivadas del griego para convencer a los más recalcitrantes que acaban de acceder a la filosofía.

EL NAZIRATO Y SUS PROHIBICIONES

El nazirato comporta, además del compromiso de no cortarse su cabellera, otras dos prohibiciones: durante todo el periodo del nazirato, el nazir no beberá vino ni consumirá ningún producto derivado de la viña, ni uvas secas ni pieles de uva. Parece que el propio texto bíblico traza el modelo del «Cerrojazo de la Ley», al cual

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se ajustará la obra de los rabinos. Obra a la que se remontan los innombrables vetos añadidos a los enunciados por la Torá para asegurar el respeto a estos últimos.

El nazir, puede entonces volverse impuro al transgredir este marco de prohibiciones. En tal caso, está obligado a hacerse afeitar la cabeza, a hacer un sacrificio denominado Asham y a recomenzar el periodo de su nazirato tal y como lo había fijado en su voto inicial.

He ahí el estatuto del nazir resumido de una manera muy imperfecta: aparte de los veintiún versículos de Números que lo instituyen, todo un tratado del Talmud —sesenta y seis pliegos, ciento treinta y dos páginas— le son dedicadas. Y es al final de esas ciento treinta y dos páginas donde se encuentran las treinta líneas que se han traducido aquí para comentarlas.

PERO ANTES DE ABORDAR ESO, ¿me permiten aún a divinar una de entre las dos millones cuatrocientas mil significaciones que comportan las prohibiciones de Números y el tratado del Talmud? EN EFECTO, ELLO IMPLICARÍA conocimientos infinitamente más vastos que los que yo poseo y que ciertos oradores imaginan suficientes para abandonarse al ejercicio sobre «el pensamiento judío». Que los talmudistas aquí presentes —y que calibran, al menos, LA EXTENSIÓN DE MI IGNORANCIA en la materia— disculpen este ensayo de explicación; y que tal vez estará abocada a rebelarse contra las eternas prohibiciones a las que conduce tosa tentativa de aproximación al judaísmo. POCO ES LO QUE HE APRENDIDO.

LA MOTIVACIÓN

¿POR QUÉ LO VOLVERÁ IMPURO EL CONTACTO CON UN MUERTO? En el judaísmo la muerte es, en efecto, un principio de impureza. Incluso se le llama: principio del principio: toda impureza espiritual derivaría del contacto con los muertos.

Creencia mítica, dirán ustedes, pero con la ayuda de la etnografía la encontrarán en otras creencias. Sin embargo, en el judaísmo la impureza del muerto no hace referencia al registro de lo sagrado y lo profano. El contacto con el muerto no es una transgresión de un tabú. LA MUERTE ES FUENTE DE IMPUREZA PORQUE SE CORRE EL RIESGO DE ARREBATAR TODO SENTIDO A LA VIDA; ¡incluso cuando filosóficamente se ha triunfado sobre la muerte! Ya que con cada nuevo contrato con la muerte, todo sentido se arriesga también a quedar reducido al absurdo. LA CARRERA DETRÁS DEL DISFRUTE DEL INSTANTE —el carpe diem— SE TORNA ENTONCES LA ÚNICA Y TRISTE SABIDURÍA. Los grandes compromisos y los grandes sacrificios están ya a un paso de alterarse. La muerte es el principio de la impureza.

¿Por qué la prohibición del vino? Porque la ebriedad es ilusión, evasión del problema, fin de la responsabilidad, entusiasmo artificial, y porque el nazir no quiere ser engañado ni descargado del peso de la existencia, olvidando precisamente el Mal y la desgracia. LUCIDEZ, REALISMO, ABSOLUTA FIDELIDAD EN LA LUCIDEZ Y NO EN LA EBRIEDAD Y LA EXALTACIÓN.

En cuanto el nazir llega al final de su voto, se presenta frente al altar del templo, ofrece un sacrificio, se hace cortar los cabellos, los arroja al fuego y bebe vino. Pero los cabellos que se deja crecer mientras dura el nazirato, ¿no es una manera de ser “recto ante sí mismo” sin cuidarse de su apariencia?, ¿no es una

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